FIRMAS: Isabel San Sebastián, Erasmo, Lucía Méndez, Manuel Hidalgo, Pedro G. Cuartango, Enrique Rojas, Larry Bartels

LA TRASTIENDA
ISABEL SAN SEBASTIAN
Se busca líder
¿Hay alguien a cargo del negocio? ¿Alguien capaz de llevar las riendas? ¿Alguien con una idea que poner en práctica? No parece. El tinglado económico se hunde a toda velocidad y el presidente del Gobierno responde al desafío acudiendo al Congreso para confesar su impotencia. «No voy a anunciar medidas improvisadas», proclama con ese tono suyo solemne que pretende enmascarar la ausencia de cacumen. ¡¿Improvisadas?! ¡Si hace meses que todos los indicadores auguran la que nos está cayendo! ¿Para qué le pagamos un sueldo si en cuanto vienen mal dadas se limita a recomendanos agua, ajo y paciencia?
Lo peor, con todo, no es eso. Si su falta de liderazgo se redujera al terreno de las finanzas, podríamos estar ante un hombre de Estado poco preocupado por el vil metal. Pero en cuanto ampliamos el campo de observación la cosa empeora. Nos juró y perjuró que los nacionalismos andaban revueltos por la inflexibilidad crispadora de Aznar y que él, con su talante dialogante, lograría atraerles de vuelta al redil constitucional. Pues bien, ahí están los resultados: Cataluña, bendecida por su mano con un Estatuto cuajado de privilegios, celebra su Diada multiplicando los insultos a España y escupiendo sobre sus instituciones con total impunidad. Liquidada la última resistencia a la deriva independentista, los hooligans reparten estopa ante la pasividad absoluta de quien debiera ser garante de la ley y el orden. La calle es suya. Y sigue y suma.
En el País Vasco Ibarretxe va a lo suyo, momentáneamente frenado por los tribunales, aunque extendiendo sus tentáculos soberanistas hasta el corazón mismo de una sociedad atrapada entre el miedo y el pesebre. El y tantos otros. El idioma español desaparece de las escuelas vascas, gallegas, baleares y catalanas. La Historia común es sustituída por un compendio de mitos y leyendas locales. La Geografía se reduce a los confines de cada Comunidad Autónoma. ¿Y qué hace nuestro presidente Zapatero para honrar el juramento que hizo de cumplir y hacer cumplir esa Constitución que ya es poco más que papel mojado? Imponer a los chiquillos Educación para la Ciudadanía. O sea, adoctrinamiento ideológico en lugar de educación a secas, mientras el país escala puestos en la estadística mundial de fracaso escolar.
La alternativa, entre tanto, tampoco parece andar fina. A Rajoy se le desmanda el presidente navarro, se le difumina el perfil opositor allí donde hace más falta (Barcelona, Vitoria, Santiago) y se le ve el plumero de la componenda en el reparto de sillones del CGPJ.
Lo dicho. Se busca líder. Disponibilidad inmediata. Razón: España.
ERASMO
Bardem
Exhortación a este Javier, desde la fraterna conmiseración de los rugby men. Españoles, todos; no, sólo algunos, él mismo (what a mess): «bunch of stupid people». Pandilla de idiotas. Dice (N.Y. Times, Sección Moda de otoño para hombres). Mas añade («para muchos, la prensa es ahora el enemigo») su otra antidemocrática sandez (Derechos Humanos, Art. 19). Se sugiere: hablará sólo en presencia de su guionista
TRIBUNA LIBRE
ENRIQUE ROJAS
El díficil reto de la convivencia
A cabo de volver de vacaciones. No he hecho más que llegar y todo son problemas. Me llama un conocido mío relatándome que ha sido un verano lleno de tensones familiares, roces, disgustos y que está entre irritado y melancólico. Voy por la calle, en mi Madrid del alma, y me encuentro con una amiga que me dice: «me separo de mi marido, no sabes las vacaciones que me ha dado». Leo la prensa y claro, como todo lo que es noticia es negativo, voy bien servido. La crisis financiera tiene dos notas nuevas: una, que es global y otra, que en la sociedad del despilfarro y la abundancia se ha hecho fundamental lo accesorio y cuesta renunciar a ello.
Cojo mi ordenador y me digo: deberías sacar un articulo sobre la convivencia. Se lo comento a Isabel, mi mujer, y me dice: «siempre vuelves a lo mismo, la gente no quiere ni oír hablar de esa palabra, no te lo van a leer». Mis hijas me dicen: «dilo con claridad y da unas cuentas reglas...pero no seas demasiado teórico». Almudena, la pequeña, con 16 años, me dice: «es un tema que chirría y no se quiere hablar de ello porque es la dura realidad. Escríbelo. Yo te apoyo».
Bien, a pesar de todo, voy a diseñar algunos puntos. Me abro paso entre masas de pensamientos y quiero adentrarme en los pliegues de lo que aquí se esconde y bracear por las aguas procelosas del día a día y entenderse uno con los más cercanos y sortear las mil y una dificultades que asoman y sestean y vuelven a aparecer.
Quiero empezar con una declaración de principios: no conozco nada mas difícil y complejo que la convivencia ordinaria. Hablo de lo diario. Las dificultades de la convivencia producen estragos. Problemas que si no se enfocan bien o no encuentran una solución positiva, terminan por cambiar la vida y darle unos giros graves, severos, históricos.
¿Dónde está la clave, en qué espacios académicos se habla de ello? Llevo mucho tiempo interesado por todo esto. Observación y lectura, mirar la realidad de mi entorno y a la vez, buscar libros y personas que sepan de ello y los sepan contar con claridad, a lo que Ortega llamaba la «cortesía del filósofo».
La convivencia consiste en la capacidad para vivir con otras personas y establecer unas relaciones sanas, positivas, de diálogo, entendimiento y respeto, sabiendo compartir y, a la vez, aceptar al otro como es. Hay muchos matices que se hospedan en todo lo que acabo de decir. Es evidente que donde la convivencia alcanza su punto máximo es en la convivencia conyugal: ésa es la que ofrece más campo de inspección, y moverse ahí con soltura es un logro de excelencia, es haber acertado en una de las dianas más decisivas de la vida.
Para estar bien con alguien, hace falta estar primero bien con uno mismo. Esto me parece esencial. Es el abc. Y por obvio, no menos importante. A veces lo olvidamos. Cada uno debe hacer un trabajo de artesanía psicológica consigo mismo, puliendo y limando las aristas de la personalidad y, sobre todo, aquellas cosas que por el motivo que sea molestan a los demás. Una persona inestable, poco equilibrada, con cierta tendencia al descontrol, va a tener problemas con casi todo el mundo con que se relacione con cierta cercanía e intensidad. Yo, con un conocido mío al que veo cada equis meses y con el que me llevo bien, no voy a ponerme a discutir el día que me lo encuentro. En el frontispicio de la entrada del templo de Apolo, en Grecia, había una leyenda que decía: «conócete a ti mismo». Eso implica el ser uno mismo, en una mezcla de equilibrio personal, afán de pulir y corregir lo que puede molestar al otro y poner los medios adecuados para ir alcanzado un estilo que pudiera llegar a ser como un canto rodado, esas piedras del río que a fuerza de pasar por ellas la corriente las deja pulidas, suaves al contacto de la mano...
En segundo lugar, es importante recordar que en la convivencia es importante respetar las ideas y las actitudes de la otra persona. Respetar el espacio psicológico del otro. Soy capaz de entenderme con esa otra persona -cónyuge, hijo, persona cercana con quien comparto el trabajo diario, amigo con quien me veo con mucha frecuencia, etcétera- aunque su forma de pensar sea distinta de la mía. En la relación de pareja esto se ve muy claro: ¡qué fácil es enamorarse y qué difícil mantenerse enamorado! Es sencillo idealizar a alguien y elevarlo de nivel. Pero la vida diaria compartida pone las cosas en su sitio. Y cada uno se retrata en su comportamiento ordinario: deja a las claras cómo es su personalidad de verdad. Nadie es un gran señor para su mayordomo.
Otro punto a destacar es no equivocarse uno en las expectativas. Dicho de otro modo: saber que una buena convivencia es fruto de un trabajo esforzado, cuidadoso y deportivo. No esperar que las cosas salgan bien porque sí o que al final todo se vaya arreglando... No, ésa es una actitud errónea. Yo espero que todo funcione bien, porque he ido poniendo de mi parte en cosas pequeñas y medianas (las grandes llegan muy de tarde en tarde), para olvidarme de mí mismo, no ser egoísta, pensar en los demás, cuidar los detalles pequeños para hacer la vida agradable a esa o esas otras personas. Tarda uno mucho tiempo en entenderse con las personas con las que convive: a lo sencillo se tarda tiempo en llegar.
No menos importante es luchar contra una sensibilidad psicológica muy acusada. Dicho de otro modo: las personas hipersensibles, aquellas que por su forma de ser todo les cala muy hondo y van a sufrir mucho porque todo les afecta con más intensidad. En tales casos, hay que aprender a ponerse una cierta coraza protectora y relativizar hechos, acontecimientos, desacuerdos, roces... Si no cambian de actitud, se van a desilusionar muy a menudo y aflora un distanciamiento gradual que irá estando a la vuelta de la esquina y que, tratándose de la vida conyugal, puede llegar a ser un cierto callejón sin salida.
He ahí la importancia de aprender a darle a las cosas que nos pasan la importancia que realmente tienen. No dramatizar. Evitar convertir un problema en algo que magnificamos. Tener visión de la jugada. Este ejercicio psicológico trae serenidad y capacidad para relativizar lo sucedido, sabiendo que como he apuntado al principio, la convivencia diaria es el hecho diferencial más complejo que existe, donde son mayoría los que les cuesta entenderla correctamente... hasta llegar a ese punto de equilibrio en donde va apareciendo una cascada de elementos claves: tolerancia, sentido del humor, quitarle hierro a diferencias de criterio, saber superar el típico día o momento malo, etcétera.
A continuación, es necesario aprender a dialogar sin acritud. Hablar y decir las cosas que suceden, pero sin dureza ni agresividad, evitando actitudes radicales o irreconciliables. Saber hablar con alguien es un arte. No guardar cosas negativas, que se van pudriendo y que se almacenan y salen de forma intermitente, o lo que es peor, van creando un clima interior muy nocivo, que abre las puertas de un resentimiento de fondo que va a ser muy dañino. El resentimiento es un pasadizo que lleva a la ciudadela del rencor: sentirse dolido y no olvidar. Si uno no se escapa de ese paisaje duro y doloroso, se puede quedar atrapado en esas redes y se va convirtiendo en una persona neurótica: agria, amargada, dolida y echada a perder. Por eso evitar el rencor es salud mental.
Otro punto aconsejable es no sacar la lista de agravios del pasado. Esa colección de vivencias negativas de atrás que de pronto se ponen de pie y piden paso y pueden llevarse por delante todo lo que encuentren en sus recuerdos, haciendo hincapié en dificultades, momentos malos y todo el arsenal de fracasos y desencuentros que adquieren un nuevo perfil y una fuerza destructiva atroz. Una persona que es capaz de gobernar esa lista de hechos negativos y no la saca, demuestra un dominio de sí mismo muy sólido. Y por el contrario, el que se deja llevar por esa marea demoledora, arruinará su convivencia y será la debacle.
Lo diré de una forma más gráfica: el que domina su lengua se controla en un 90%. La palabra dañina, envenenada, mordaz, que trae el detalle negativo con toda su crudeza, está firmando el certificado de defunción de la convivencia.
Por todo ello es esencial aprender a pedir perdón. Así de sencillo y de grande. Pedir perdón y aceptarlo es la capacidad para no quedarse atascado en las relaciones interpersonales, dejando que se abra una brecha y que dos personas se vayan distanciando en todos los sentidos. Generalmente, quien pide perdón es el más generoso, porque se adelanta y busca la reconciliación pronta, echándose incluso las culpas aunque no las tenga. El perdón es un gran acto de amor. Y significa no llevar cuentas de los fallos del otro, sino que hay una disposición transparente y pronta para restaurar la armonía de las relaciones, poniendo freno al posible deterioro que arranca de esos desafueros.
Para que la convivencia sea posible son necesarios el respeto y la estimación recíproca. El respeto es atención, deferencia, tener en cuenta la forma de ser del otro, apreciándole en lo que vale. En una palabra, tolerancia. Voltaire, en su célebre Tratado sobre la tolerancia, la define como la gran herramienta de la vida en común. Locke, en su Epístola acerca de la tolerancia, la sitúa como un principio ordenador de las relaciones humanas. En el siglo XVIII, con el triunfo de la Ilustración, prosperó también esta idea. En el siglo XIX, con el Romanticismo, se produjo una exaltación de las pasiones y del mundo sentimental, que culminó en el pensamiento liberal. En el siglo XX, estas ideas traspasaron los umbrales de la vida política y social.
Por último, es imprescindible pensar en cómo mejorar la convivencia. Es decir, tratar de que ésta sortee las dificultades y busque una cierta excelencia. La vida diaria sigue siendo la gran cuestión. Lo ordinario está salpicado de detalles pequeños. La vida es cuidar esos detalles que hacen fácil la relación, y saber que comprender es ponerse en el lugar del otro. Comprender es aliviar.
La convivencia debe ser una escuela donde se ensayan, forman y cultivan muchos de los principales valores humanos: la sencillez, la naturalidad, el espíritu de servicio, el sentido del humor, la generosidad, el pasar por alto discusiones, enfrentamientos o malos entendidos, la sinceridad, la fortaleza... La capacidad diaria para convivir es un termómetro que mide la altura, la anchura, la profundidad y la categoría de cada uno. Donde más se retrata el ser humano es en el trato diario. El camino más exigente lleva a la meta mas valiosa.
Enrique Rojas es catedrático de Psiquiatría.
VIDAS PARALELAS
JUAN JOSE IBARRETXE / JOSE M. IBAR 'URTAIN'
Reyes del tongo
PEDRO G. CUARTANGO
Me resultaba muy tentador comparar a Juan José Ibarretxe con el canalla de Luis Napoléon Bonaparte, que utilizó el plebiscito como medio de legitimación del golpe de Estado.
Marx escribe sobre el sobrino de Napoleón que fue fruto de «las circunstancias y las condiciones que permitieron a un personaje mediocre y grotesco representar el papel de héroe». Sus palabras podrían hacerse extensivas a Ibarretxe.
Son muchas las similitudes entre aquel truhán que llevó a Francia al desastre y el jefe del Gobierno vasco, pero a quien en realidad se parece el lehendakari es a José Manuel Ibar Urtain, el boxeador que hizo una carrera meteórica en los años 60.
El llamado morrosko de Cestona se convirtió en un idolo nacional tras ganar una serie de combates amañados contra boxeadores de tercera fila, que se tiraban a la lona en los primeros asaltos.
Muchos ingenuos pensaban que Urtain, levantador de piedras, era un Cassius Clay a la europea, pero en realidad el boxeador vasco no era capaz de acabar ni con un camionero con 40 kilos de sobrepeso.
A Ibarretxe le ha sucedido lo mismo: de ser la esperanza blanca del nacionalismo se ha convertido en un cadáver político, al que sólo le queda la huida hacia adelante.
El Tribunal Constitucional le ha golpeado con un buen directo en su mandibula de cristal y le ha dejado K.O. Como los malos boxeadores, Ibarretxe culpa ahora al árbitro de su derrota para ocultar su fracaso sobre el ring.
Al igual que Urtain, el de Llodio se ha pasado la vida haciendo tongo. En lugar de gobernar y resolver los problemas de los vascos, ha apostado por utilizar el poder para llevar al País Vasco a la autodeterminación.
Por segunda vez, creyéndose más listo que nadie, ha intentado sacar adelante una consulta amañada para salir fortalecido políticamente. La jugada le ha vuelto a salir mal y, de nuevo, se hace la víctima.
En uno de aquellos combates con tongo, le pusieron enfrente a Urtain a un boxeador amateur jubilado, que no pegaba ni un sello en un sobre. Como el de Cestona no sólo era incapaz de derribar a aquel paquete sino que además empezaba a pasar apuros, los promotores tuvieron que apagar las luces del local para suspender la pelea.
Eso es lo que quiere ahora Ibarrexte: que se apaguen las luces del local para que nadie pueda ver su ridículo. Hasta su propio partido está avergonzado del espectáculo.
Urtain tenía un «hermano espiritual» que gorroneó sus ganancias hasta que llegó su hundimiento. Todos le abandonaron y acabó de portero en una discoteca de Burgos.
El hermano -o el padre- espiritual de Ibarretxe es Arzalluz, el gran responsable de la deriva de un nacionalismo vasco empeñado en imitar los métodos de Milosevic.
Tal vez algún día los vascos despierten y den la patada a estos políticos que han fomentado la división y el odio.
El nacionalismo -el vasco, el catalán y el español- es un gran tongo que engaña a la gente. Sin ese veneno ideológico, un político como Juan José Ibarretxe jamás podría haber llegado tan alto y tan lejos. Más dura será su caída.
ASUNTOS INTERNOS:
LUCÍA MÉNDEZ
La 'excelencia'
El Gobierno aprobó hace unos días un plan para que las universidades españolas estén entre las mejores del mundo en 2015. La ministra de Ciencia y Tecnología cree que hay que aplicar los criterios de «excelencia internacional». El objetivo es voluntarioso, qué duda cabe, si bien las casas conviene empezarlas por los cimientos, no por el tejado. Mejorar la enseñanza universitaria, sin antes hacer lo propio con la primaria y la secundaria, se antoja difícil. Y eso no es competencia de Cristina Garmendia, sino de otra ministra, Mercedes Cabrera.
No hace falta acudir a informes foráneos para hacerse una idea del nivel de la calidad de la enseñanza. Bastan un par de datos o tener acceso a los dictados de los escolares. El 70% de los alumnos de 15 años de una comunidad autónoma no supieron resolver un problema que consistía en una sencillla regla de tres. Casi idéntico porcentaje no fue capaz de explicar correctamente con sus palabras el significado de «depresión» y buscar un sinónimo les resultó imposible.
La situación dramática de la Educación en España no es un secreto para nadie. Todo el mundo lo sabe. La ministra, las comunidades que tienen las competencias educativas, los profesores, los directores de los colegios, los padres, los bedeles y si me apuran hasta los alumnos. Los niños españoles son muy felices -según el último estudio sociológico conocido- y se lo pasan pipa porque disponen en su habitación de todo tipo de aparatos de entretenimiento, pero llegan a los 14 años -e incluso hasta la universidad- sin ser capaces de entender lo que leen. Por eso no saben resolver los problemas. Un texto de más de tres líneas viene a ser tan laborioso como abordar la lectura del Ulises de Joyce. El suspenso no les pesa mucho porque un par de cates no les impide pasar de curso. Según el último informe de la OCDE, casi uno de cada tres estudiantes no completa la enseñanza secundaria y la proporción de repetidores de curso sigue aumentando cada año.
La pachorra del Gobierno ante estas luces de alarma es para nota. Admitamos que la culpa de lo que pasa también la tiene el Gobierno del PP que en ocho años fue incapaz de mejorar la calidad de la enseñanza. Admitamos que los elitistas colegios concertados tienen mucha cara porque se financian en parte con dinero público, pero desvían a los inmigrantes a la enseñanza pública. Admitamos que el PSOE tenga algunas dificultades para reconocer que sus leyes y su visión demasiado ideologizada de la educación no han dado buen resultado. Pero vamos a ver si queda claro que los más perjudicados por el deterioro de la educación pública son los pobres a los que la izquierda dice defender, ya que los ricos pueden envíar a sus hijos a colegios privados.
Mientras la enseñanza media -sobre todo en las escuelas públicas- no tenga la calidad que merece un país como España, hablar de planes de «excelencia» suena un poco a broma. La inversión en I+D+I tiene que ser compatible con que los españoles de 18 años no pongan faltas de ortografía.
SABATINA SABATICAMANUEL HIDALGO
La ronda
Hubo un incendio en unas viviendas, y un vecino, cirujano, demandó a los bomberos debido a que, según su criterio, los bomberos habían acudido tarde. A un cirujano le fue abierto un expediente por la reclamación de un paciente, un funcionario que había sido operado de amígdalas cuando tenía apendicitis. Un funcionario fue sancionado, tras la denuncia del dueño de un restaurante, por acumular y no resolver peticiones de reformas de su local. El dueño de un restaurante fue procesado tras la demanda de un cliente, maestro, intoxicado al ingerir en su local berberechos en mal estado. Un maestro fue despedido por causa de la denuncia de un taxista, a cuya hija había abofeteado en clase. Un taxista perdió su licencia por tener manipulado su contador, lo que fue advertido por un fabricante de ladrillos que tomó su taxi en el aeropuerto. Un fabricante de ladrillos fue encarcelado tras el derrumbamiento de un chalé, pues su propietario, un escritor, acertó al achacar el siniestro al fraudulento material de la construcción. Un escritor fue condenado a pagar doce mil euros de indemnización por atentado al honor al basar una de sus novelas en la historia real de una cantante presuntamente drogadicta. A una cantante se le retiró el carné de conducir por atropellar a un anciano cuando conducía en dirección contraria. Un anciano fue ingresado en un psiquiátrico por acoso sexual a su psicóloga. Una psicóloga fue expulsada de su colegio profesional, a cuya junta de gobierno pertenecía, tras ser denunciada por dar trabajo a su sobrina como secretaria sin respetar los resultados de unas pruebas convocadas. Una secretaria fue suspendida de empleo y sueldo durante tres meses por viajar con su novio a Laredo a cuenta de la empresa. A una empresa se le anuló la adjudicación de una contrata tras comprobarse, por la denuncia de un proveedor de fibra óptica, que había falseado los presupuestos. Un proveedor de fibra óptica fue ingresado en prisión tras comprobarse que había violado a su empleada del hogar. Una empleada del hogar fue despedida por sus empleadores, un matrimonio de abogados, al percatarse de que, en su ausencia, se acostaba con su amante delante de los niños. Un abogado fue expedientado por manifiesta indolencia en la defensa de su cliente, un joyero acusado sin pruebas de traficar con oro. Un joyero fue objeto de una demanda por plagio a cuenta de un diseñador que le reclamaba la autoría de los bocetos de sus joyas. Un diseñador fue requerido por Hacienda por falseamiento en su declaración de la renta durante tres años consecutivos. Un inspector de Hacienda fue denunciado por...
En fin, todos estos acontecimientos causaron variable alarma social y no pocas protestas de una sociedad indignada, siendo reflejados por la prensa, que les dedicó editoriales contundentes que señalaban como responsable al gobierno de turno por no hacer leyes mejores ni efectuar los controles adecuados etc., etc., lo que todavía indignó más a la sociedad, evidentemente ajena a todo esto.
EL MUNDO QUE VIENELARRY BARTELS
«La raza de Barack Obama va a dificultar que una parte de los votantes lo acepte como presidente»
LARRY BARTELS HA SIDO CONSIDERADO POR ALGUNOS COMO EL NUEVO TOCQUEVILLE QUE ILUMINA LAS CONTRADICCIONES DE LA SOCIEDAD AMERICANA. ESTE PROFESOR DE PRINCETON SOSTIENE QUE LA DESIGUALDAD SIGUE AUMENTANDO A PESAR DE LA APARENTE PROSPERIDAD QUE EXISTE EN EEUU.
PABLO PARDO
CARGO: Director del Centro de Estudios de Política Democrática de la Universidad de Princeton / FORMACION: Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Berkeley / EDAD: 51 años / CREDO: La democracia / AFICIONES: Los juegos de mesa / SUEÑO: Una sociedad más igualitaria
La Edad Dorada. Un cuento de hoy no es una de las obras más famosas de Mark Twain. Es una breve novela escrita a medias con Charles Dudley Warner que narra, fundamentalmente, los esfuerzos de una familia para que el Congreso de Estados Unidos apruebe una ley para comprar sus fincas. Era una sátira feroz de la corrupción que vivió EEUU en el último cuarto del siglo XIX, donde, como Twain y Warner recordaban citando a Shakespeare, el país vivía en medio de «un exceso despilfarrador y ridículo». Un exceso también cruel. En aquellos años, las desigualdades sociales en Estados Unidos se dispararon, los negros fueron desprovistos de los derechos políticos que habían obtenido brevemente tras la Guerra de Secesión y el fraude electoral se convirtió en una de las bellas artes.
En el año 2000, el semanario The New Yorker publicó una recopilación de artículos titulada The New Gilded Age (La Nueva Edad Dorada). Dos años después, el economista y Premio Príncipe de Asturias Paul Krugman utilizó el mismo término en un artículo en The New York Times. Acababa de nacer, para la izquierda estadounidense, la palabra perfecta para definir la situación de la primera potencia mundial. Porque el término La Edad Dorada evoca en Estados Unidos riqueza, despilfarro y corrupción. De hecho, la historia que narra el libro de Twain y Warner podría ser una crónica periodística de hoy, con su sucesión de lobbyistas en el Congreso, la compraventa de favores entre el sector público y las empresas privadas y las formidables movilizaciones de los votantes para apoyar a cada uno de los candidatos.
Pero la clave de la nueva Edad Dorada es la desigualdad. De rentas y de oportunidades. En el último cuarto de siglo, los ingresos del 0,01% más rico de la población de Estados Unidos se han incrementado dos veces y media más que el del resto del país. La clase política estadounidense está tan aislada de sus votantes y tan conectada por lazos familiares entre sí que, en palabras de la decana de los corresponsales de la Casa Blanca, Helen Thomas, «la desigualdad se ha convertido en un asunto de familia». Uno de los símbolos de Estados Unidos en el siglo XXI, Bill Gates, es hijo de un lobbyista millonario. Otro, George W. Bush, está emparentado con 23 de los 42 presidentes que le han precedido, e incluso con su rival demócrata en 2004, John Kerry. Según las estadísticas del Banco Mundial, EEUU tiene un índice de desigualdad comparable al de Brasil.
Pero, como señala Larry Bartels en su nuevo libro Unequal Democracy. The Political Economy of the New Gilded Age (Democracia desigual. La economía política de la Nueva Edad Dorada), los estadounidenses siguen votando, una y otra vez, a políticos en cuyos programas no figura la lucha contra la desigualdad. ¿Por qué? En pocas palabras, porque los ciudadanos no captan el crecimiento de las diferencias de rentas.
PREGUNTA.- ¿A dónde va a llevar este aumento de las desigualdades?
RESPUESTA.- Lo más probable es que acabemos teniendo algo que parezca una democracia, pero en el que la influencia esté concentrada en un reducido porcentaje de la población. La gran cuestión es hasta qué punto vamos a ir en esa dirección hasta que haya una reacción contra eso. Porque ya ha habido épocas previas en las que ha habido un proceso de elitismo, hasta que el sistema ha girado en la dirección contraria.
P.- O sea, que vamos a seguir en la Edad Dorada hasta que lleguemos a otra Depresión, como la de 1893, que acabó con aquella fase de la Historia de EEUU.
R.- Sí. Acaso necesitemos otra Depresión para salir de esta Edad Dorada. Es necesario que cambie la mentalidad de la opinión pública estadounidense, que se basa en que la esfera económica es un ámbito autosuficiente e independiente de la sociedad, cuya evolución no debe ser alterada por el proceso político
P.- Usted es muy duro con sus conciudadanos. En su libro, afirma que la desigualdad está creciendo en Estados Unidos porque los votantes toman las decisiones equivocadas. Y, en una entrevista en el blog del economista Dani Rodrick, ha declarado que eso se debe «a la estrechez de miras» del electorado.
R.- Mi argumento es que los votantes de ingresos bajos tienen, en términos generales, una manía, una tendencia irracional, a votar en favor de candidatos que no les favorecen, porque no proponen políticas que fomentan la igualdad. ¿Por qué? En buena media, porque basan sus decisiones en el corto plazo, en cómo ha ido la economía en el año en el que se celebran las elecciones. Y eso tiende a favorecer a los presidentes republicanos, porque, con ellos, la economía crece más al final de su mandato. En los últimos 12 meses de un presidente republicano, la economía crece en promedio un 3%. En el caso de los demócratas, sólo lo hace un 1%.
P.- Pero en su libro usted revela que los ingresos reales del 95% de la población crecen más con presidentes demócratas que con republicanos. Sólo el 5% con rentas más altas rompe con esa tendencia, y no del todo, puesto que a ellos les va igual de bien con un partido u otro en la Casa Blanca.
R.- Efectivamente. Pero eso el electorado no lo capta por tres razones. Una es la ya mencionada tendencia de la economía a crecer más en año electoral cuando el presidente es republicano. Otra, a la propaganda política. Los republicanos siempre se presentan como el partido del crecimiento económico, a pesar de que los hechos demuestren que no lo son. Ese partido también ha tenido éxito a la hora de vender la ideología de que la economía debe dejarse en manos del libre mercado, sin interferencia del Estado, al contrario que en Europa. Y, finalmente, está una consideración de política electoral pura y dura. Normalmente, quien más gasta en publicidad electoral, gana. Y los republicanos acostumbran a tener más dinero que los demócratas.
P.- En estas elecciones de 2008, sin embargo, las cosas pueden cambiar. Por de pronto, parece que la afluencia a las urnas va a ser mucho mayor. En los mercados de futuros electorales la mayoría de las posiciones apuntan a que va a votar más del 60% de la población, una cifra muy alta para Estados Unidos y que, en teoría, debe beneficiar a los demócratas.
R.- Creo que ese factor va a ser importante. El número de gente que se está registrando para votar es grande. Y la masiva afluencia de votantes en las primarias demócratas sugiere que la gente va a votar. Pero es una cuestión complicada. Si uno observa la pauta de las personas que suelen apuntarse en el censo electoral en la primavera previa a unas elecciones, ve que muchas de ellas a menudo no votan. Así que no está clara cuál va a ser la influencia de ese factor.
P.- También es cierto que en toda elección en cualquier país siempre se piensa que los nuevos votantes -sobre todo los jóvenes- van a marcar la diferencia y, al final, en el día de las elecciones, no aparecen en los colegios electorales.
R.- Probablemente ése sea el caso esta vez. Pero mi impresión es que la campaña de Obama está destinando una cantidad de dinero enorme para movilizarlos, y yo creo que va a conseguir una movilización popular bastante impresionante.
P.- Desde que el actual sistema de primarias se creó, hace 40 años, dando la posibilidad a las bases de los partidos de que elijan a los candidatos, los republicanos han encadenado una serie formidable de victorias electorales. Hace cuatro años, el máximo asesor electoral de Bush, Karl Rove hablaba incluso de un realineamiento político en Estados Unidos, en la forma de un control republicano de la Casa Blanca y del Congreso durante al menos una década. ¿Cuánto va a durar este cuasimonopolio político republicano?
R.- Es muy difícil que un partido logre estar en el poder durante un largo tiempo. Porque, para ello, debe mantener unida una coalición de votantes a lo largo de los años, y eso es muy, muy difícil. Justo después de las elecciones de 2004, me preguntaron en una entrevista radiofónica si yo pensaba que el Partido Demócrata estaba acabado. Y yo contesté que lo único que esa formación necesitaba eran cuatro años más de George W. Bush. No era una afirmación de índole partidista, sino simplemente la constatación de que, en Estados Unidos, con cada nueva victoria, el partido en el poder lo tiene más difícil para ganar.
P.- En cualquier caso, el Partido Demócrata da una sensación de extrema debilidad. En 2000, sin apenas desempleo, después de una década de paz y tras la mayor expansión de EEUU desde la Segunda Guerra Mundial, el entonces vicepresidente, Al Gore, no fue capaz de derrotar a George W. Bush. Ahora, teniendo en cuenta la impopularidad de la Guerra de Irak y la crisis económica, Obama debería ir, al menos en teoría, por lo menos 10 puntos por delante de McCain. Y, sin embargo, va por detrás de éste.
R.- El problema para el Partido Demócrata es no hacer que la opinión pública conecte su propia ansiedad por los problemas económicos que está atravesando con la desigualdad de la economía estadounidense. La gente siente que la economía no está yendo bien, pero no asocia eso a un problema del sistema político.
P.- Algo que no encaja en su análisis es que Barack Obama tiene más dinero que John McCain. Y, sin embargo, ahora va por detrás en las encuestas y ambos han estado esencialmente empatados desde julio.
R.- Las campañas están ahora empezando la fase en la que más gastan, que es justo antes de las elecciones. Y los datos que usted menciona no son muy representativos, porque no consideran todo el dinero que han gastado grupos que no forman parte de la campaña de McCain, y que son teóricamente independientes, pero que en realidad quieren que gane y que le ayudan de forma indirecta. Así que, aunque es muy difícil saber cuánto han gastado los dos candidatos en este momento, McCain probablemente tenga, de forma directa e indirecta, más recursos de los que parece.
P.- Las encuestas, por ahora, señalan un virtual empate, aunque desde la Convención a McCain le está yendo mucho mejor.
R.- Las encuestas son muy poco fiables en esta ápoca del año. Por dos motivos. Uno es que un número muy grande de electores está empezando ahora a pensar en quién va a votar en noviembre. El otro, que los factores económicos tienden a centrar la atención de los votantes en los meses previos a las elecciones, o sea, en otoño. Y este año la economía va a ser muy importante en las elecciones.
P.- ¿Qué le parece la estrategia electoral de McCain?
R.- Correcta. McCain está haciendo lo que debe. Por una parte, se está distanciando de George W. Bush y de su Administración sin irritar a los republicanos duros, que de otro modo se habrían rebelado en su contra. Por otro, crear dudas y preocupación entre el electorado con respecto a Barack Obama, en el sentido de que es un político inexperto, muy nuevo en la escena nacional y muy diferente de lo que estamos acostumbrados a ver.
P.- ¿No son mejores los republicanos que los demócratas a la hora de conectar con los mitos colectivos estadounidenses? Siempre están sacando conceptos como el heroísmo, el mito de los pioneros, la capacidad de vivir solo y sin ayuda de nadie en medio de la frontera... en sitios como, por ejemplo, Alaska. La retórica demócrata es mucho más urbana.
R.- Pero también hay muchos valores a los que la gente muestra una enorme fidelidad. Por ejemplo, en las encuestas la gente revela un enorme respeto por cuestiones como la igualdad de oportunidades. Sin embargo, paradójicamente, esas mismas personas no apoyan políticas destinadas a lograr ese objetivo.
P.- Martin Feldstein, el padre ideológico de la política económica que Estados Unidos está llevando a cabo desde la era de Ronald Reagan, opina lo contrario que usted. El cree que la explosión de la burbuja inmobiliaria ha generado un dramático incremento del intervencionismo del Estado en la economía, reflejado tanto en las ayudas a los particulares para que puedan pagar sus hipotecas como en los continuos rescates de bancos. Y la política económica de Obama es en algunos aspectos neokeynesiana.
R.- Por ahora, creo que esas iniciativas no son algo ideológico, sino simplemente una reacción a las realidades económicas del momento. Está por ver si esas iniciativas son realmente un cambio de la dinámica política de los últimos 30 años.
SU PROPIO MUNDO
«Lo que dicen los medios me parece una distracción»
¿Se habla de política en su casa?
- Sí, aunque acaso no tanto como cabría pensar si se piensa que soy un académico de Ciencias Políticas. Recientemente he jugado un cierto papel público en un caso legal en el que estaba en juego la redefinición de los distritos electorales del Estado de Nueva Jersey [donde está la Universidad de Princeton] y la defensa de la representación de unas zonas de población en su mayoría afroamericana. Y es interesante porque las actitudes de una de mis dos hijas son muy diferentes de las mías. Y no porque sea más o menos conservadora o progresista, sino porque ve las cosas desde una óptica diferente. Cuando hablamos en casa de política, esas diferencias generacionales siempre me sorprenden, y me llevan a plantearme, de alguna forma, hasta qué punto podemos realizar análisis objetivos, separados de nuestras propias preconcepciones o de nuestro entorno cultural.
Hablando de preconcepciones, en estas elecciones una de las ideas centrales de los candidatos -sobre todo, de las candidatas- es linchar a los medios de comunicación. Cada vez que los medios dicen algo que no es favorable de Hillary Clinton o Sarah Palin se les acusa de sexistas. ¿Qué le parece la cobertura que la prensa está haciendo de esta campaña?
- La verdad es que no veo mucho la televisión ni los periódicos. Fundamentalmente, yo sigo la política desde el punto de vista de un analista. Y lo que dicen los medios de comunicación me parece una distracción. En general soy un tipo poco mediático, y un poco desfasado tecnológicamente. Por ejemplo, no tengo teléfono móvil. Acaso por eso también sea un poco escéptico con respecto a todo lo que se dice sobre el impacto de internet en esta campaña. Porque yo creo que, en último término, quienes intervienen en la campaña a través de internet son sobre todo personas con educación y con un cierto nivel de ingresos. En definitiva: no sé si supone una verdadera democratización del sistema político.
Es curiosa esa frialdad hacia los medios, porque usted escribe en The New York Times.
- Bueno, el que escriba en el periódico no quiere decir que lo lea. Probablemente, con lo que pase más tiempo sea con la sección de Deportes.
Pero su deporte favorito es el Go, un juego de mesa chino con 2.000 años de historia que no suele aparecer en The New York Times.
- Sí, es cierto, sale muy poco. Aunque es un juego que tiene una creciente aceptación. Yo me acostumbré a él en un viaje por Asia y desde entonces no lo he dejado. Me paso horas jugando con amigos. Para mí es mucho más gratificante que jugar al ajedrez. Me ayuda a distraerme de mi trabajo.
LA CUESTION
- ¿Quién va a ganar las elecciones de noviembre?
- Probablemente, Obama. Por una sola razón: la situación de la economía de Estados Unidos. Pero es una victoria que dista de estar garantizada, por dos motivos. Uno es que la mayor parte de la evidencia que tenemos acerca de cómo afecta la situación de la economía a las elecciones procede de comicios en los que el presidente en ejercicio se presentaba a la reelección. Pero ése no es el caso este año. Así que los demócratas tienen que hacer un esfuerzo importante para vincular a John McCain a la actual Administración. Porque además, McCain está marcando mucho las distancias con Bush. Pero la campaña de Obama debe seguir vinculando a McCain al actual presidente, porque si no lo hace, la opinión pública no establecerá ese vínculo. El otro factor de incertidumbre es la raza de Barack Obama, que va a dificultar que una parte de los votantes lo acepten.
Etiquetas: Firmas




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