CRÓNICA: Alá se queda con los invernaderos españoles/ Una semana en el caos del Juez Tirado/ El hombre que NO fusiló a Lorca

CRÓNICAFENOMENO / LOS NUEVOS PROPIETARIOS DEL «PLASTICO»
ALA SE QUEDA CON LOS INVERNADEROS
EN ALMERIA se está produciendo un fenómeno imparable: los famosos invernaderos son comprados y explotados por marroquíes que llegaron sin nada. Brahim no cobra el paro del que habló Rajoy. Es dueño de 24.000 metros de tierra fértil
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PACO REGO
Brahim es un tipo con suerte. Antes de que el sol rompa en el horizonte cada mañana, con el rezo del Corán cumplido, Brahim El Kanzaoui, 40 años, casado y padre de cuatro hijos, sale de su casa de Campohermoso en busca de la fortuna. «Cuanto más doblo mi espalda bajo el plástico, más me favorece la suerte», dice curvándose adrede el espinazo. Hay más verdad que broma en las palabras de este bracero marroquí de origen humilde. El hombre que no pisó la escuela de Beni-Mellal, su ciudad natal, que empezó recogiendo melones y calabacines para hacendados españoles a cambio de 12 euros al día, hoy puede presumir de sus cinco invernaderos. Su tierra prometida, por la que un día cruzó el Estrecho en barco para poder alimentar a los suyos, suma ya 24.000 metros cuadrados. Brahim, el peón que se convirtió en patrón. No es el único.
En la semana en que Mariano Rajoy ha vuelto a poner a los inmigrantes en la diana de su discurso más duro -«Hay 180.000 extranjeros cobrando el seguro de desempleo mientras 20.000 andaluces se han tenido que ir a vendimiar a Francia», espetaba el pasado lunes en el Congreso de los Diputados el presidente del PP, como si el paro fuese un regalo -en los campos de Almería brota en silencio una nueva clase empresarial -jefes llaman en Africa a los propietarios de tierras- bajo los plásticos que cubren la llamada huerta de Europa. Se llaman Salah, Najat, Mohamed, Rachida... Nombres, todos ellos, que esconden historias de sufrimiento y desarraigo. De vidas, a veces, marcadas por una amarga y peligrosa travesía en patera que intentan olvidar. «No más. No más», murmura Salah, llegado casi desnudo en una barcaza a la costa de Tarifa y hoy dueño y señor de dos invernaderos que ocuparían un campo de fútbol de Primera.
Los hay en Ruescas, San Isidro, Puebloblanco, Campohermoso... Allí, a 45 grados a la sombra, decenas de inmigrantes, en su mayoría marroquíes, han echado raíces con sus familias. Son los nuevos triunfadores de la comarca de Níjar, cuya población, en su mayoría, habla árabe. Han empezado a adquirir o arrendar las tierras almerienses, a convertirse en empresarios de las fincas de labranza donde hasta hace poco cultivaban hortalizas de sol a sol por un mísero puñado de euros. El ejemplo cunde por los pueblos de la Andalucía oriental.
«En cinco o 10 años, como mucho, la mayoría de los invernaderos estarán en manos de marroquíes. Es gente muy ahorradora, que sabe sufrir. No como los españoles». El pronóstico lo hace Jesús Méndez, 26 años, agente inmobiliario y corredor de fincas. Sobre la mesa de su oficina de Campohermoso (www.aquitienesloquebuscas.com) se apilan montones de solicitudes de compra de terrenos, invernaderos y casas y un buen puñado de peticiones de préstamos a cajas y bancos. Aunque algunos empiezan a venir de países del Este, son «los empresarios marroquíes los que están tirando de la economía. Los nativos ya no quieren seguir pasando calor en los invernaderos. Muchos viven por encima de sus posibilidades y terminan endeudados hasta las trancas. Pero los inmigrantes no. Son buenos pagadores. Son el futuro», augura Méndez.
A media tarde los invernaderos se vacían. Faltan nueve días para que el Ramadán concluya y el obligado ayuno -no pueden probar bocado ni siquiera beber agua hasta bien avanzada la hora de la cena- ha restado energía a sus dueños y trabajadores. Brahim, fuerte como un toro, tiene que echar una corta siesta para reponerse antes de atender a Crónica. Vive en una casa de dos plantas, pintada de blanco por fuera y por dentro, que él ha ido ampliando ayudado por sus hermanos -tiene siete- y algún que otro amigo. Una foto enmarcada de Rosa, la popular cantante de Operación Triunfo, cuelga de la pared que da a un saloncito encalado. Hoy es fiesta en casa del patriarca. Zoubida, la esposa, carga una olla que podría dar de comer a un batallón. «Ahora puedo hacer fiestas. Invito a todos los que quieran venir a mi casa», dice orgulloso Brahim, que en cuanto puede se pone a hablar de lo buenos que son los calabacines, los tomates o lo melones que cosechan sus 10 empleados -todos marroquíes- en sus cinco invernaderos. Atrás han quedado los días de penurias. La habitación alquilada por 25 euros al mes en la que dormía (ganaba 12 euros por jornada), las 16 horas al día que pasaba, casi sin aliento, bajo los plásticos, los desaires de algunos patronos... «No guardo rencor a nadie», afirma. «Al contrario, estoy agradecido, incluso a quienes no me han tratado bien. Esta es ya mi tierra y la de mis hijos, y aquí quiero morirme». ¿No volverá a Marruecos? «No, nunca. Tampoco me gustaría que lo hicieran mis hijos. Me gustaría que estudiaran y formasen un hogar en España».
La misma ilusión que animó al bracero Salah Baih, vecino de Brahim en Beni-Mellal, a cruzar el Atlántico con lo puesto. Ahora es dueño de un invernadero y tiene otro alquilado. En total, 20.000 metros cuadrados de tierra fértil donde crecen tomates, sandías y pepinos. Se hizo con ellos hace dos años. «Me va bien», dice mientras fumiga su huerto. Para adquirirlo ha tenido que suscribir una hipoteca de 265.000 euros. «No es tanto dinero si uno es capaz de hacer realidad un sueño», justifica Salah, de 39 años. Ha podido traer a medio centenar de amigos y familiares. Con él trabajan cinco mujeres compatriotas, al frente de las cuales está su esposa, Rouzki.
La primera vez que pisó suelo español fue hace 16 años. No traía ni zapatos. Tras bajarse de la patera en Tarifa, echó a correr sin mirar atrás. Tuvo suerte. Al menos vivió para contarlo. «Me fui andando hasta Granada. Tenía tanto miedo, que decidí esconderme una temporada en la sierra. Sólo comía higos salvajes y hierbas». Hasta que otro marroquí le habló de Campohermoso. Y Salah volvió sobre sus pasos. Empezó de jornalero en los invernaderos de españoles, luego se cambió a una fábrica de ladrillos y de ahí otra vez a currar al amparo del plástico. A 16 euros el jornal. De sol a sol. Y aún así, dice, «pude ahorrar». Su fórmula: «En casa todo el mundo trabaja. No se derrocha un céntimo. No se tira nada. Por eso yo puedo ahora dar trabajo, como en su día otros me lo dieron a mi», remata satisfecho este padre de cuatro hijos y ya abuelo.
COLAS EN LA CAJA
Las cosas, sin duda, están cambiando. Según Jesús Méndez, el joven corredor de fincas almeriense, sólo en la comarca de Níjar, una de las zonas con mayor número de inmigrantes africanos, en la actualidad hay al menos un centenar largo de marroquíes que ya han pasado de peones a propietarios o arrendatarios de invernaderos. Síntoma inequívoco de este boom es la abundancia de inmigrantes que a diario acuden a la oficina de Cajamar en Campohermoso para enterarse de las condiciones de los préstamos.
Mientras, al otro lado del Estrecho, el país vecino intenta seducir a los empresarios españoles con prometedoras ofertas en el campo: casi 100.000 hectáreas de tierra fértil ha puesto el Gobierno alauita a disposición de quien quiera arrendarlas para su explotación.
A Rachida, sin embargo, la oferta apenas le inquieta. Su futuro y el de su familia, insiste, está entre los mares de PVC que cubren las tierras de la comarca de Níjar. Entre los ahorros de su trabajo como asistenta y los de su marido, perito agrícola y recolector de invernadero, más un crédito bancario que ha solicitado, quiere hacerse con un terreno y convertirse en empresaria. «Me piden 140.000 euros, pero si el español me hace una pequeña rebaja, se lo compro. Vendo esta casa y me hago otra más humilde al lado del invernadero. Y si triunfo...», imagina Rachida, madre de dos niñas de dos y cuatro años, mientras pela unos tomates para la cena que sigue al Ramadán.
Razones no faltan. Tampoco escasean las historias de éxitos. Uno de los más celebrados en el pueblo almeriense de Puebloblanco es el de Mohamed El Moudden, con fama de hombre serio, de buen pagador, y su esposa Najat. De ser un estanquero pobre en Tánger -«mal ganaba para comer»- ha pasado a vivir en una casa de 700 metros cuadrados, con dos furgonetas y un turismo, que mantiene gracias a los dos invernaderos que adquirió hace tres años. «Cuando voy a Tánger me tratan como a un rico, sin serlo aún. Me ven como alguien intocable, con poder, y entonces me acuerdo de cuando dormía en las calles de Lérida, adonde me fui la primera vez que pisé España para buscarme el pan. Y en Málaga y en tantos otros sitios. Me acuerdo de cuando, por ser marroquí, no me alquilaban una habitación para pasar la noche. Pero Alá es grande...». Y Mohamed vuelve su mirada al Corán que cuelga de la pared y da gracias. «De momento no quiero que se meta en más compras. Trabaja demasiado. Ya hemos conseguido vivir bien. ¿Para qué más?», tercia Najat, al tiempo que le acaricia el pelo a una de sus dos hijas pequeñas.
DESEMBOLSO MILLONARIO
Con su proyecto de vida a medio concluir, Mohamed es otro de los que no tiene pensado regresar a su país. Y aunque su esposa intente frenarlo, se le ve dispuesto a ampliar su negocio de invernaderos. No es fácil. Hacerse con una de estas parcelas en Almería supone tener que desembolsar entre 120.000 y 400.000 euros, dependiendo del tamaño.
Najat, que no deja escapar detalle, se aparta discretamente de la conversación y al rato aparece en el amplio salón con una bandeja de metal repujado. Nos invita a café. La mujer se ha puesto el velo. Curro, el fotógrafo, les ha pedido que posen para Crónica en familia. Una de las imágenes piden que sea bajo un cuadro en relieve del Corán. A Najat le hace ilusión, cuenta que el profeta enseña a vivir con humildad.
También en casa de Brahim El Kanzaoui los mandatos religiosos se siguen a rajatabla. «Nunca hagas daño. Sé honrado y triunfarás», sentencia el patriarca en estos tiempos de crisis. «¿El dinero? Sí, tengo. Gano y doy a ganar dinero. Mucho dinero. Y he triunfado. Soy feliz».
UNA SEMANA EN EL CAOS DEL JUEZ TIRADOAunque el calvario que está viviendo sólo lo sabe él, hay síntomas externos de que verse sentenciado por toda España le pasa factura. El juez que dejó libre al asesino de Mari Luz sigue desbordado de trabajo. Los funcionarios de su juzgado, que han pedido el traslado, han dejado de hacer horas extras porque no se las pagan
EDUARDO DEL CAMPO
Uno no querría que lo juzgaran en este edificio deprimente. Calle Menéndez Pelayo, 2. Juzgados de Instrucción y Penales de Sevilla. Las salas de vistas están bien amuebladas, pero las oficinas dan miedo, pena, agobio, indignación. Los antiguos letreros transparentes con letras doradas de molde que presidían cada puerta, dando prestancia y dignidad al lugar, están casi todos mellados y sucios: «Sr. ...uez», «S...ría». Para que los ciudadanos no se pierdan, ha habido que señalar las dependencias con papeles pegados de aquella manera.
El Juzgado de lo Penal número 1, del que es titular Rafael Tirado, envuelto en la polémica por su actuación en el caso Mari Luz, está en un pasillo sombrío de la tercera planta, en el ala izquierda del edificio. Crónica ha llegado hasta sus puertas siguiendo al juez la semana en la que su calvario parece haber tocado fondo. Aún no se ha acallado la controversia por la sanción que la semana pasada le impuso la Comisión Disciplinaria del Consejo General del Poder Judicial: 1.502 euros de multa que a él se le han antojado injustos, pero que a la familia de Mari Luz y a buena parte de la sociedad le han parecido un correctivo de lo más benigno. Ahora, además, acaba de enterarse que los cuatro funcionarios de su juzgado con plaza fija pedirán el traslado a final de año.
En el pasillo junto a la puerta del tribunal de Tirado, hay un tablón de anuncios donde se amontonan sin orden un puñado de ejecutorias y requisitorias antiguas firmadas por el juez y la secretaria. El magistrado, al ver que el periodista toma nota del contenido de los documentos y coge una copia, lo reprende y ordena retirarlos enseguida.
Algunas órdenes estaban caducas. Como la 59/2004, en el que acuerda sacar a pública subasta el coche Ford Escort de un condenado por atentado, falta de lesiones y falta de orden público. O la requisitoria del 2 de mayo de 2008 por la que pide a la Policía que busque, detenga y lleve al juzgado a una mujer para citarla a juicio por coacciones y daños. Una orden similar a la que Tirado dictó contra Santiago del Valle -el presunto asesino de Mari Luz- en marzo de 2006, en la que pedía que se le localizara para su ingreso en prisión tras haber sido condenado por abusos a su propia hija.
Mientras Tirado hacía a Del Valle en paradero desconocido, éste se dejaba ver los días 1 y 15 de cada mes en la planta de abajo, en el juzgado 8, que lo investigaba por un caso de abuso a una menor. Acudía a firmar puntualmente, cumpliendo la medida cautelar que se le había impuesto. Un sin sentido. Para colmo, el Juzgado Penal 4 (el CGPJ tampoco ha visto responsabilidad en su titular, Rafael Díaz Aroca), en la primera planta, lo había condenado por abusar de otra niña, pero no lo había encarcelado porque no sabía que tenía ya una condena firme dos pisos más arriba.
El decano de los jueces de Sevilla, Federico Jiménez Ballester, se admira de que su compañero no se haya dado de baja a pesar de la presión mediática, política y popular que pesa sobre él. «No se le está respetando su presunción de inocencia», dice. Cuentan que cuando en marzo pasado trascendió su nombre como el del juez que no había encarcelado a Del Valle, Tirado proclamó: «Es de cobardes irse ahora».
Y aquí está. Entre los pasillos y las oficinas vetustas de unos juzgados que parecen anclados en la España de hace 30 años. Se nota que a Tirado el caso Mari Luz le ha pasado factura. El síntoma externo más evidente es que ha perdido mucho peso. Añaden que también ha vuelto a fumar. Rechaza hablar con el periodista con el tono cortés y pausado que tantas simpatías le ha granjeado en la profesión.
Se dispone a comenzar su jornada laboral. Tirado es asistido por 10 funcionarios: la secretaria, Juana Gálvez, y ocho funcionarios (uno está de baja), entre agentes judiciales, oficiales y auxiliares. Ya trabajaban en un entorno deprimente -dos oficinas comunicadas entre sí no más grandes que un apartamento, con cajas de expedientes amontonados sobre las mesas y recubriendo las paredes- pero el foco bajo el que les ha colocado el caso Mari Luz ha acabado de fatigarlos.
Una funcionaria se lamentaba esta semana de las horas extras que han tenido que hacer desde que estalló el escándalo para acabar con los casos pendientes. Puesto que la Junta se niega a pagárselas, han decidido no esforzarse más allá de su horario oficial y se marchan a las tres. El enorme volumen de trabajo -en el juzgado desembocan además de los casos de delincuencia común los de violencia doméstica y los de seguridad vial- es la causa de que los cuatro funcionarios titulares hayan pedido el traslado.
COLAPSADOS
Porque, pese a saberse que si el juzgado hubiera funcionado con mayor diligencia y celeridad, Mari Luz Cortés probablemente seguiría viva, poco ha cambiado en los dominios de Tirado, siempre colapsados por el trabajo pendiente. «Este año no se va a crear ningún juzgado Penal nuevo, y en 2009 no se ha anunciado tampoco», se queja José María Soriano, delegado de personal en los juzgados del sindicato CSI-CSIF.Cierto es que tras el escándalo, la Junta de Andalucía ha reforzado tres juzgados penales de Sevilla con siete funcionarios, y que dos de ellos han ido al tribunal de Tirado. Pero se trata de dos novatas reclutadas de las listas del Servicio Andaluz de Empleo, una licenciada en Derecho y otra en Psicología, a las que hay que enseñar desde cero.
-¡Asesino!, ¡a la calle!
Rafael Tirado -45 años, 16 en la carrera judicial, casado y padre de cinco hijos- podría haber escuchado los gritos que se colaban a través de las ventanas desde la sala de vistas número 14, en la tercera y última planta del edificio. Los proferían hacia los despachos judiciales algunos de los manifestantes convocados por otro padre de familia: Juan José Cortés, de 38 años, pastor evangelista y entrenador de fútbol.
-¡Juez Tirado, asesino!
Los chillidos de algunos de esos vecinos del humilde y durante mucho tiempo marginado Torrejón de Huelva -donde vivía la pequeña Mari Luz- arrancaban escalofríos. No fueron secundados (aunque tampoco acallados) por Juan José Cortés, el padre la niña asesinada, cuyo lema aquel día era irreprochable de tan elemental: «Caso Mari Luz. Por una justicia justa».
La escena tuvo lugar el 7 de julio, después de que se filtrara que el instructor del expediente del CGPJ abierto contra el juez iba a proponer que se le sancionara sólo por una falta grave castigada con una multa inferior a 6.000 euros.
El juez Tirado no oyó en ese momento los gritos indignados de los 200 manifestantes porque ese día no acudió a los juzgados. Pero los pudo escuchar luego, mil veces amplificado, en los medios de comunicación que difundieron la protesta y esa acusación, ese desgarrado insulto: «¡Asesino, asesino, asesino!»
La indignación se redobló cuando el pasado 10 de septiembre se acordó sancionar a Tirado -miembro de la también conservadora Asociación Profesional de la Magistratura (APM) y su portavoz en Andalucía durante años- con 1.502 euros de multa. La decisión puso de acuerdo por una vez al Gobierno y a la oposición, a PSOE y a PP, a Zapatero y Rajoy, quienes la calificaron de inadmisible y pidieron un castigo más ejemplar para el juez.
Mientras la sociedad cargaba contra él, el pasado jueves, unos minutos después de las 10 de la mañana, Rafael Tirado comenzaba su rutina en la sala de vistas número 14. Tiene ante sí una tarea apabullante. Este año ha incoado ya 496 órdenes para ejecutar condenas y tiene en ejecución 800 sentencias y otras 300 pendientes de poner en marcha, 1.100 en total. Tres días a la semana, los consagra a celebrar litigios. Llega rápido, vestido con su brillante toga negra y sus puñetas blancas, da los buenos días al periodista que espera en la puerta y entra cerrando la puerta detrás. Ahora no admite cámaras en sus juicios. Y hoy tampoco deja entrar ni siquiera al redactor, a pesar de que la funcionaria que llama a los testigos confirma que la vista es pública.
El primer juicio que se celebra, cuentan los abogados, es contra un hombre ya mayor al que su mujer y el fiscal acusan de un delito de abandono de hogar por no pagarle la pensión. Pero el abogado defensor demuestra que el hombre sí ha pagado a su ex mujer y el fiscal retira los cargos. Las declaraciones de testigos y letrados se ventilan en apenas 20 minutos. Un juicio más, una sentencia -que tendrá que redactar en su casa, por la tarde o por la noche, como tantos jueces, porque las mañanas son para las vistas y para controlar los trámites del juzgado- y una ejecutoria más.
Los casos de esta mañana son pan comido para un juez que con 28 años, en su primer destino, en Barbate (Cádiz), ya instruía un sumario con tanta repercusión política como el caso urbanístico Puerto de la Plata contra Juan Guerra, hermano del entonces vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra. Luego condujo a buen puerto, con un acuerdo entre las partes, el macrojuicio del caso Bazar España, por el derrumbe de un muro que mató a cinco personas en Sevilla y que llevó al banquillo a arquitectos y funcionarios municipales.
Cuando acaba la vista, se entreabre la puerta. La abogada de la acusación particular le estrecha la mano y le expresa su apoyo. El se lo agradece. Antes de que empiece el segundo juicio, se levanta, se gira y se pone a mirar por la ventana hacia las jacarandas de la calle mientras se mesa con las manos su espeso pelo negro, como si buscara aire más allá de los muros de los juzgados.
Cuando acaba su jornada, emprende el viaje de regreso a su casa en el pueblo sevillano de Lora del Río, en cuyo juzgado tuvo su segundo destino tras Barbate (luego vendrían dos años en el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción 2 de Ceuta hasta su traslado a la plaza actual destino que le ha dado tanto prestigio y este último quebranto).
CINCO HIJOS
En Lora del Río conoció a la hija de un médico del pueblo, se casó con ella y tuvo a sus cinco hijos, todos aún pequeños. Algunas veces, en sus ratos libres, sale al bar de enfrente a tomar algo con amigos. Muchos vecinos se le acercan estos días para mostrarle su apoyo y darle ánimos. Hay quien dice que lo ha visto seguido por un escolta. Aunque el decano de Sevilla dice que ni siquiera le consta que hayan llegado mensajes amenazantes al juzgado, habría sido ofrecido por el Ministerio del Interior ante el temor de que sea agredido por algún simpatizante extremo de la causa de Juan José Cortés. Pero lo normal es que pasee en solitario.En la puerta de los juzgados, el abogado Ricardo Corzo lo defiende sin dudarlo: «Es de los mejores y de los más humanos. Muy justo. Nada autoritario. Sus sentencias las fundamenta muy bien. A nivel comparativo, le mete goles por la escuadra a otros jueces penales. No se le puede echar la culpa porque el responsable de la oficina judicial de un juzgado es el secretario», sostiene.
Otro abogado -venido de fuera de Sevilla, ha tenido esta semana su primer juicio con Tirado- aporta la única voz claramente crítica. «Hoy ha estado correcto. Era un caso sencillo. Pero si me preguntas mi opinión sobre su sanción, te diré que me parece vergonzosa. Es más baja que su sueldo. Ya se sabe, entre compañeros, le han pasado la mano, por ser de la mayoría conservadora. Aunque tenga 1.000 sentencias por ejecutar, las que se refieren a casos de abusos sexuales son una minoría manejable. Son tíos peligrosos a los que tiene la obligación de controlar. A ver cómo se lo dices a los padres de la niña. No, no tiene excusas. Su error no es grave, es muy grave. Lo que procede es la separación de la carrera. Pero quieren crear una especie de responsabilidad difusa».
En el gremio lo arropan. Entre los 4.543 jueces y magistrados en activo que hay en España -10,05 por cada 100.000 habitantes, 9,46 en Andalucía-, «le ha tocado a él», dicen en su defensa casi todos a los que se les pregunta en el edificio judicial. Como si fuera una confabulación del azar para hundir a un magistrado que, subrayan, no sólo no «pasa» de su juzgado sino que supera las 450 sentencias anuales que fija el CGPJ como tope medio razonable del trabajo de un juez.
Hasta ahora, el juez Tirado sólo tenía dos borrones en su historial. Una multa de 50.000 pesetas -300 euros-, en Lora del Río, por no ordenar a tiempo el reconocimiento de una niña de dos años con signos de haber sido agredida por su padre. Cuando lo hizo, varias semanas después, ya no quedaba ni rastro de los hematomas. Y otra condena menor por conducir superando los límites de alcohol cuando era joven. Esas tachas en su distinguida trayectoria se contrapesaban con los premios del Instituto Andaluz de la Mujer y la Fundación Plácido Fernández Viagas por su lucha a favor de las mujeres maltratadas.
Tirado no ha pedido disculpas ni se ha puesto en contacto con los familiares de Mari Luz. Se considera inocente. Entre sus compañeros recuerda que precisamente fue él, por el contrario, quien se empeñó en su día en condenar a Del Valle a pesar del criterio inicial de la Fiscalía. El error que propició que Santiago del Valle siguiera libre, lo achaca a que la Junta no sustituyó con diligencia a la funcionaria encargada de tramitar la ejecutoria, de baja por un esguince. Miembro de una familia donde hay otros seis magistrados, ha contado con la mejor defensa para preparar su recurso a la sanción, el abogado Francisco Baena Bocanegra, uno de los más prestigiosos penalistas del país, y el ex decano de los jueces de Sevilla y ahora letrado, Alfonso Martínez Escribano.
«Alguien sin escrúpulos, que lo único que ha intentado es salvaguardar su sueldo y su puesto de trabajo», ha dicho de él Juan José Cortés.
Con información de Silvia Moreno y Chema Rodríguez
DEL MAGISTRADO SUCIO A LA JUEZA QUE NO CASA GAYS-->
LIBRO / MEMORIAS AUTOGRAFAS DE QUEIPO DE LLANO
EL HOMBRE QUE «NO FUSILO» A LORCA
En la semana en la que la familia del poeta accede finalmente a la apertura de su fosa, extractamos las memorias inéditas del hombre al que muchos culparon del fusilamiento por la frase: «Dadle café, mucho café». Sus escritos y su hijo lo niegan. Queipo escribió a Franco en 1947 acusándole de ejercer «un régimen de dictadura totalitaria»
JORGE FERNANDEZ-COPPEL
¿Conoce usted el archivo de mi padre? Desde su muerte en 1951 no he dejado que nadie manosee sus papeles...». Así fue como empezó mi libro. O el libro del padre de quien me decía aquellas palabras, porque en realidad, y tras casi tres años buceando en aquellos documentos que al entorno de Franco le hubiera gustado destruir, lo que he escrito son las memorias de Queipo de Llano, el general que jugó, como militar sublevado contra la República, un papel fundamental en la Guerra Civil. Casi tanto como Franco, que terminaría ordenando su destierro en 1939, Gonzalo Queipo de Llano marcó el desarrollo de la contienda fratricida. No sólo en el campo de batalla. «Las tonterías e idioteces que en los primeros días [sus famosas alocuciones radiofónicas desde Sevilla comenzaron la misma noche del alzamiento] decía por la radio el ex general Queipo de Llano nos fueron más perjudiciales que el desembarco de los legionarios y los regulares», llegaron a admitir sus enemigos del mismo bando. Tanto se hizo oír -dicen que tenía la desgracia de pensar en voz alta- que hasta le atribuyeron la responsabilidad del fusilamiento de Lorca con aquella famosa sentencia: «Dadle café, mucho café». Pero sus archivos personales, con miles de documentos donde anotaba hasta el más mínimo detalle de aquellos días de guerra, dicen otra cosa. A continuación recojo extractadas algunas de las revelaciones con las que me sorprendieron sus memorias autógrafas.QUEIPO AVISA DEL «ALZAMIENTO» AL EX PRESIDENTE DE LA REPUBLICA
Queipo de Llano avisó con antelación al ex presidente de la República Niceto Alcalá-Zamora de que iba a producirse alzamiento militar de julio de 1936. En el archivo del general, he descubierto una carta de febrero de 1949, con motivo del fallecimiento del presidente, en la que Queipo ensalza su figura como gobernante y como persona, y en la que también revela que el republicano conocía de primera mano los acontecimientos que iban a producirse: «Desposeído el señor Alcalá-Zamora del cargo que desempeñaba, pensó en alejarse del país por una temporada. Yo le animé a que se marchase lo más pronto posible, porque el levantamiento del país era inminente, cosa que él no podía creer (...). Me costó mucho trabajo convencerlo de la realidad. Y cuando le aseguré que yo mismo era el que me iba a sublevar, me dijo sencillamente: "Bueno, si es así, sólo le advierto que no sea el primero, porque lo más probable es que lo dejen solo" (....). Si el señor Alcalá-Zamora no hubiera sido un caballero y hubiera hecho cualquier indicación al Gobierno, hoy gobernarían en España mandatarios de Stalin...».
FRANCO INTENTO SUBLEVARSE CONTRA PRIMO DE RIVERA
Las divergencias entre Francisco Franco y Queipo de Llano surgieron poco después del Alzamiento. Franco pronto olvidó que, sin el voto favorable del general, jamás se le hubiera encumbrado al puesto de Generalísimo. Quizá los secretos que Queipo tenía sobre su antiguo subordinado y sus actuaciones durante la Campaña de Africa le hacían un compañero de viaje algo molesto y desagradable. Por ejemplo, por primera vez conocemos el intento de sublevación por parte de Francisco Franco contra el dictador Miguel Primo de Rivera. Dice el general Queipo en sus memorias:
«Se presentó en mi despacho el teniente coronel Franco para hacerse eco de aquel ambiente, y al darse cuenta de mi manera de pensar, de acuerdo con él, me dijo, claramente, que se habían reunido todos los tenientes coroneles que tenían mando de unidad para cambiar opiniones y llegado a la conclusión de que para salvar a aquel ejército era preciso encerrar en El Hacho a todos los componentes del gobierno y obrar por nuestra cuenta; pero que como ellos eran tenientes coroneles, venía a verme en nombre de todos, para que yo me pusiese al frente de ellos y tomase el mando del Ejército. ¡Qué ocasión, si yo hubiera sido un hombre ambicioso!
Yo no podía estar conforme con tal proposición, pero juzgué que no podía ponerme abiertamente enfrente de ellos.
(...) Conociendo a Franco, conociendo su carencia, su bajura moral, he llegado siempre a la conclusión de que, temeroso del paso que había dado cerca de mí, pensó en "cubrirse con la manta" y se presentó al general Primo de Rivera para darle cuentas mediante promesa del más absoluto secreto de la imposición que yo le había hecho, de sublevarnos para encerrarle en El Hacho. Sólo así se comprendería todo lo que el dictador hizo contra mí a pesar de la buena amistad que nos había unido muchos años, que debió ser fundamento para que me pidiese una explicación. La promesa del secreto se lo debió impedir».
LAS DESAVENENCIAS CON FRANCO Y EL EXILIO «DE ORO» EN ROMA
No sólo los secretos que Queipo conocía de Franco, también su sinceridad en la exposición de las circunstancias en las que se encontraba el país y sus críticas públicas hacia el Generalísimo iban a truncar la hasta entonces brillante carrera, que acabaría con el exilio en Italia.
«Serví al Generalísimo con lealtad no superada por nadie. (...) Por eso puse en su conocimiento cosas que creía no se debían tolerar y era preciso corregir. (...) Al observar que esta manera de proceder no le agradaba, opté por retirarme poco a poco hasta quedar en un discreto término de alejamiento...».
El punto de inflexión en las relaciones con Franco se produce e1 19 de julio de 1939, cuando es convocado a una junta extraordinaria de generales en Burgos. De camino, piensa que le van a reconvenir por un duro discurso que había dado el día anterior en Sevilla, pero, en realidad, Franco iba a separarle del mando. Así explica el general su entrevista con el Generalísimo:
«Me dijo que yo me estaba metiendo con el gobierno, a lo que contesté que mi lealtad me obligaba a escribirle, como lo hice constantemente hasta que pude apreciar que le molestaba, los errores en que el gobierno incurría con grave perjuicio para la economía del país, y ya que no podía escribirlo, lo decía a personas que pudieran hacerlo llegar hasta él, para ver si se modificaba el rumbo que se llevaba, para bien del país.
(...) Estos y otros cargos por el estilo me hizo, para terminar diciéndome que había llegado a la conclusión de Primo de Rivera de que yo era un inadaptable.
-Sí -repliqué-, inadaptable contra toda situación de injusticia».
En otra carta inédita, fechada en Sevilla el 3 de junio de 1947, Queipo de Llano escribe un emotivo texto a Franco en el que le pide que termine con su régimen:
«Si dejases libertad a la prensa para que haga crítica severa y justa, pero sujeta a la sanción natural para los calumniadores y los injuriadores, te horrorizarías de las cosas que se han podido realizar al amparo del régimen que representas. ¡Nunca, nunca vivió España una época de inmoralidad tan grande como la presente, ni estuvo tan al margen de la justicia! (...) Apelo a la tuya (a la razón) y te exhorto a que pienses que no hay en la Historia un solo caso de dictaduras largas que no hayan terminado trágicamente. De nuestro tiempo son las de Hitler y de Mussolini. Más de cerca, vivimos la de Primo de Rivera y si ésta no murió ahogada por la tragedia, fue porque al lado de aquél se encontraba el Rey y éste trató de hacer la evolución, que es la única forma -cuando aún se está a tiempo- de salir con bien de las dictaduras. (...) Si hubieran procedido con la máxima lealtad aquellos a los que juzgabas más afectos, te darías cuenta de muchas cosas y habrías evolucionado, hace mucho tiempo, hacia una normalidad lógica y voluntaria, que sería muy distinta a las que nos podrían imponer y temo que nos impondrán.
Pero, quienes soñamos con el bien de la patria; quienes pensamos en los que, posiblemente, puede ocurrir en España, vemos con profundo dolor la persistencia en el error, pues error grande creemos la prolongación de tu régimen de dictadura totalitaria... Creo, con toda la sinceridad de mi alma, que se impone buscar una salida en la que tú podrías quedar respaldándola, como un recurso que volvería a ser empleado si fuese preciso».
GARCIA LORCA: «¡QUE MUERTE TAN INNECESARIA!»
Después de varios años de trabajo y el estudio de miles de cartas y documentos que se encuentran en el archivo del general Queipo de Llano, no he encontrado ni la menor referencia al poeta Federico García Lorca. Ni una sola vez, ni de refilón, es mencionado. Conociendo la idiosincrasia del general, que pensaba en voz alta y lo dejaba todo por escrito -lo que le provocó multitud de problemas- parece imposible que fuera él quien ordenara el asesinato del poeta granadino. Si se tiene, además, en cuenta que reconoce que mandó fusilar a personajes de la talla del general Campins, el coronel Mateo o el capitán Burguete, ¿por qué no reconocería el asesinato de Lorca?
En mis conversaciones con el recientemente fallecido Gonzalo Queipo de Llano y Martí, hijo del general, surgió varias veces este tema. Lo explicaba así: «Jorge, aún recuerdo cómo, mientras comíamos en la residencia de mi padre en Sevilla, le llegó la noticia del asesinato de García Lorca y cómo mi padre pegó un puñetazo en la mesa exclamando: Esto nos hará mucho daño. ¡Qué muerte tan innecesaria! Las venganzas canallescas nunca abandonarán a este pueblo... Aparte de que mi padre siempre me dijo que nunca tuvo nada que ver, qué mejor prueba puede haber de su desconocimiento sobre el tema que ni las izquierdas durante la guerra, ni tampoco las derechas posteriormente, utilizaron jamás, y repito jamás, el asesinato de García Lorca contra mi padre. ¡Y qué gran arma hubiera sido para ellos! Fue a partir de los años 70, con el libro de Ian Gibson El asesinato de García Lorca, cuando se empieza a decir lo contrario. Sin embargo, el mismo autor reconoce que no tiene pruebas contundentes para apoyar su teoría acusatoria contra mi padre. De esta frívola manera deberíamos acusar a todos los generales republicanos que estaban en Madrid de los fusilamientos de Paracuellos, entre otras responsabilidades...».
Jorge Fernández-Coppel es autor de «Queipo de Llano. Memorias de la Guerra Civil» , publicado por La Esfera de los Libros
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Etiquetas: CRÓNICAS






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