e-pesimo Auxiliar 1

Auxiliar1, Auxiliar2, Auxiliar3 y Auxiliar4 son Blogs auxiliares de epesimo y de e-pesimo

Actualización de madrugada

Mi foto
Nombre:
Lugar: Cantabria, Spain

martes, 16 de septiembre de 2008

ALBERTITO



LOS ESPECTADORES PREGUNTAN / El alcalde de Madrid, a examen
Gallardón se aferra en TVE al guión del PP y dice que prefiere «los Juegos a ser presidente»

Se suma al rechazo de los 'populares' a la nueva Ley del Aborto que propone Rodríguez Zapatero- Sólo el escepticismo de dos jóvenes participantes rompió el discurso casi prefabricado del alcalde

CARMEN SERNA

MADRID.-
Se había aprendido todos los precios de los billetes de Metro, cuánto cuesta más un café en la capital que fuera de Madrid o qué autobús pasa por Cibeles, pero no le hizo falta. La cuestión que más descolocó anoche al alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, de todas las que le realizaron en el programa de La Primera Tengo una pregunta para usted fue si tenía un cigarro. El regidor no fuma, pero aprovechó el ateísmo político confeso de su interlocutor, y de la siguiente interviniente, para llamar a los jóvenes a la participación y el cambio. Un discurso casi hecho a su medida.

«¿Por qué no vienes a transformar la realidad con nosotros?», le preguntó a una escéptica participante. «No, gracias», aseguró la chica, de sólo 18 años.

Puede que éste fuera el único momento en que Ruiz-Gallardón no convenció a alguien. El resto fue el triunfo del entrenamiento y la experiencia, como su conversación con una discapacitada a la que no aceptó el reto de estar tres días en una silla de ruedas, «porque no sería capaz de hacer las cosas que tú haces. Por eso admiro tu valor».

Algunos dicen que se había preparado a fondo el programa, y se notó. No se salió de su mensaje y ni siquiera se desvió del guión de su partido, confirmando que ha dejado en la maleta la etiqueta de verso suelto. «Yo me siento absolutamente cómodo en el PP, porque es el partido de la moderación».

Dentro del poema, el alcalde de Madrid aseguró que el mejor presidente del Gobierno no sería él, sino Rajoy: «A mí nunca me ha parecido mal la ambición en política. No critiquemos a aquellos políticos que buscan hacer cosas, pero quiero que el próximo presidente del Gobierno sea Mariano Rajoy [...]. Yo preferiría ganar los Juegos Olímpicos a ser presidente del Gobierno», llegó a decir.

Insistió en que su partido es de centro (alejando la expresión centro-derecha, por si acaso) y hasta se sumó a la posición de rechazo del PP a la nueva Ley del Aborto que propone Zapatero, ante dos preguntas de 28 que se realizaron en total. Con su respuesta -«no creo que sea necesario modificar el marco que actualmente tenemos»- dejó clarísimo que lejos quedaron los tiempos en los que Ruiz-Gallardón era sensible a propuestas sociales más próximas al PSOE que a su partido.

Eso sí, el invitado al programa insistió en que la postura de los populares nada tiene que ver con la Iglesia Católica, sino más bien con valores morales de su partido.

En el papel de buen dirigente del PP que exhibió ayer el regidor, no faltó la justificación a posteriori del apoyo del ex presidente del Gobierno José María Aznar a la intervención en Irak. «En realidad, España no participó en la guerra», sino en las tareas de reconstrucción y contra «un tirano de lo más sanguinario», empezó diciendo Ruiz-Gallardón, para acabar con que, «si Aznar hubiera tenido la información que no tenía en ese momento, hubiera obrado de forma distinta. Pero tomó las decisiones de acuerdo con la información que tenían los gobiernos de todo el mundo, aunque después se demostró que fue falsa».

A Ruiz-Gallardón sólo le tembló la voz para hablar de la denuncia que interpuso al periodista de la cadena Cope Federico Jiménez Losantos, y que ganó en los tribunales: «A mí no me extraña que en una sociedad plural haya gente que difame. Me sorprende que esa difamación se produzca desde la emisora de la Iglesia de España». Y aseguró que nunca se levanta por las mañanas escuchando esta emisora.

Su compromiso olímpico con Madrid, uno de los pilares de su discurso prefabricado, le vino muy bien para evitar las preguntas sobre sus aspiraciones presidenciales: «Si quieres hacer sonreír a Dios, cuéntale tus sueños», ironizó el regidor cuando le recordaron sus ambiciones ¿pasadas? Pero también como excusa para no contestar a quién prefería como presidente de EEUU. «Hay cosas que me gustan de Obama y cosas de McCain... Pero Obama es senador por Illinois, estado en el que se encuentra Chicago, que es una de las contrincantes de Madrid para 2016... y no puedo ir más lejos».

Por si acaso, Alberto Ruiz-Gallardón, que fue al programa de TVE después del presidente del Gobierno, de todos los portavoces del Congreso y del ex seleccionador español de fútbol Luis Aragonés, se puso la misma corbata con la que se enfrentó en el último debate electoral a Miguel Sebastián, hoy ministro de Industria y entonces candidato al Ayuntamiento. Sin embargo, no hubo tentación, ninguna pregunta personal salvo las alabanzas a su suegro, José Utrera Molina, que el regidor agradeció sin más comentarios.

Al final, o el formato ya no sorprende tanto a los invitados como al principio o este programa le viene al regidor como anillo al dedo para plasmar el regreso del hijo pródigo.

LOS ESPECTADORES PREGUNTAN
El alcalde de Madrid, a examen
LUIS ANGEL SANZ

DESENCANTO JUVENIL
«Ven a transformar la realidad con nosotros»

Dos jóvenes como Matías, de Sevilla, y Mallo, de La Coruña, mostraron su desencanto con los políticos ante el dirigente del PP. Una apatía juvenil que sirvió para que Gallardón hilara su discurso más ensayado: su defensa de «la capacidad de transformar la realidad» que tiene la política. De hecho, llegó a pedir a Mallo, de 18 años, que la «transforme» con él: «Transformar la realidad es fascinante, ¿por qué no vienes a transformar la realidad con nosotros?». Su invitación, que parecía una oferta de trabajo, tuvo una respuesta poco entusiasta: «No, gracias».

LA CENTRALIDAD DEL PP

«Es el partido de la moderación»

Varias preguntas situaron al PP en la derecha y a Ruiz-Gallardón en el centro. El alcalde de Madrid, sin embargo, se situó en el mismo plano que su partido: «Yo me siento absolutamente cómodo en el PP porque mi partido es el partido de la moderación y del diálogo; un partido de centro, no de centro derecha», matizó. Ruiz-Gallardón aseguró que el centro no es tanto una ideología sino «un talante, una forma de responder al adversario», y «ese es el discurso del PP». También negó que su mayor ambición sea ser presidente del Gobierno y afirmó que trabajará para que lo sea Rajoy.

JIMENEZ LOSANTOS

Las «injurias» de «la emisora de la Iglesia»

Uno de los momentos más tensos del programa se produjo cuando Sabino, un ciudadano de Sevilla, le preguntó a Gallardón por las críticas que recibe desde «la radio de la Iglesia» [la cadena Cope]. El dirigente popular quiso diferenciar «la Cope de una persona [en referencia a Federico Jiménez Losantos] que ha cometido un delito de injurias graves» contra su él. Gallardón aseguró que no le extraña que en España «haya gente que difame o haya gente que injurie», sino que lo que le sorprende es «que esas injurias y esas difamaciones se produzcan desde la emisora de la Iglesia».

ABORTO

«No entiendo la propuesta del PSOE»

Ruiz-Gallardón tuvo que responder varias preguntas sobre la Ley del Aborto y fue muy claro en sus respuestas: consideró la actual legislación como «adecuada» y dijo que no acaba «de entender la propuesta no concretada del PSOE para reformarla», en referencia a la anunciada nueva legislación. El alcalde de la capital insistió en que «un aborto es un fracaso» y en que las administraciones tienen que aprobar todas las «acciones positivas» posibles para que «una mujer no llegue a la situación traumática de tener que elegir entre abortar o seguir adelante con un embarazo no deseado».

A SANGRE FRIA
La domesticación del verso suelto

DAVID GISTAU

Mientras articulaba su primera respuesta, Gallardón se llevó la mano al bolsillo interior de la chaqueta y sacó un bolígrafo. Tal vez porque acabara de recordar el consejo de usarlo, como hizo Rajoy en su comparecencia, para conferir sosiego a los ademanes y paliar la desnudez de un escenario vacío de burladeros en el que cualquiera ha de sentirse expuesto. Es verdad que dominó el plató, que recordó llamar por su nombre a todos sus interlocutores, viejo truco con el que el político logra que quien habla con él se sienta importante, singularizado en el trato. Igual que los perros se olisquean en el primer encuentro, Gallardón dedicó las primeras preguntas, muy agresivas todas ellas, a calibrar a su auditorio, a descubrir a qué debía atenerse. Tan envarado todavía que buscó refugio en algunos cultismos, como las citas a Madariaga y a un «escritor francés» cuyo nombre no aclaró, que le castigaron con un matiz pedante ajeno al tono de colegueo que luego fue intentando de un modo tan forzado como el padre ortodoxo que intenta hablar con su hijo descendiendo a un lenguaje adolescente que no le pega. Hasta las risas parecían ensayadas, de poco naturales. Y procuró al mismo tiempo rebajar su aureola de soberbia y ganarse al público con un peloteo infame, demagógico: «Por el nivel de las preguntas, creo que ustedes son los profesores, y yo, el alumno».

Las preguntas menos complacientes revelaron cuál es la percepción que la gente tiene del alcalde de Madrid: la de un político ambicioso -el adjetivo saltó al menos tres veces-, tan ambicioso que no le alcanza con el cargo municipal y se le supone implicado siempre en una suerte de conspiración para asaltar su propio partido y desbrozar a codazos la senda a Moncloa. Sin embargo, la intervención de Gallardón no fue ya la de un verso suelto, sino la de un político perfectamente acomodado desde las elecciones en la estrategia y la jerarquía de la calle Génova y defensor sin fisuras del discurso oficial del partido. Por más que le tendieran trampas con la Guerra de Irak, con la Ley del Aborto y la del suicidio asistido, y hasta con Esperanza Aguirre, Gallardón no dijo nada que hubiera podido provocarle a Rajoy un mohín de disgusto. En ese sentido, mostró unas maneras estandarizadas que lo hacen menos revoltoso, y también más tedioso: está desactivado, y desde luego le complace que los nuevos versos sueltos del partido le permitan aparecer por comparación como un ejemplo de centrismo homologable en los foros progresistas y necesario para salvar de sí mismo al PP. Sólo abandonó el cálculo y amagó un arrebato vehemente cuando se refirió a un enemigo personal, Jiménez Losantos, contra quien se siente avalado por las sentencias judiciales.

Lo peor del cuestionario, tal vez porque el programa se propuso abarcar un interés nacional, es que Gallardón fue arrastrado a preguntas de alta política. Apenas de la municipal. Como si ya estuviera ejerciendo de candidato a una elecciones generales. Tan sólo una joven llamada Marta González recordó que estábamos ante el alcalde de Madrid cuando le preguntó por los túneles de la M-30 inundados durante una reciente granizada sobre la capital. Pero, aunque sólo fuera para sacarle de vez en cuando del tono doctrinario, faltó la presencia de algún iracundo amotinado contra los parquímetros. De algún insolente interesado por la corrupción municipal aventada por el caso Guateque. De algún madrileño harto del acoso recaudatorio, de las multas cuando menos severas, si no arbitrarias, con las que el alcalde financia el sueño faraónico que se ha propuesto para dejar huella. Tal vez fueran cuestiones demasiado prosaicas para ese programa tal y como está concebido. Pero son las únicas de las que Gallardón tiene responsabilidad directa. Y de ellas, se fue vivo, mientras jugaba al prócer que no es. Al menos, no todavía.

LOS ESPECTADORES PREGUNTAN / Los protagonistas
«A mí no me ha dado más confianza»

Los 100 ciudadanos compartieron más minutos con el alcalde en un cóctel que casi se transformó en corrillo periodístico

ALEJANDRO UGARRIO

MADRID.-
Lo que no une la ideología bien puede hacerlo un canapé. El posprograma de la novena edición de Tengo una pregunta para usted acabó con cóctel y corrillo en torno al alcalde de Madrid. Televisión Española organizó, como es habitual en este programa, una reunión informal entre los 100 ciudadanos «representativos», el equipo del programa y el líder político madrileño. Y en este sarao noctámbulo no hubo necesidad de dar turnos de palabra y, ya lejos de los focos, se contestaron muchas más preguntas.

Como en el plató, en la asamblea posterior Alberto Ruiz-Gallardón no ejerció tanto de alcalde como de miembro del renovado PP. Y es que, del centenar de españoles que acudió a los estudios Buñuel de la televisión pública con la esperanza de interrogar al dirigente popular, sólo 16 residían en la Comunidad de Madrid, y menos aún en la capital.

Francisco Julián Martín Castro era uno de los que se quedaron con la miel en los labios. Dirigiéndose al presentador del programa, Lorenzo Milá, se quejaba de que, de los cuatro canarios que se desplazaron a Madrid, ninguno pudo preguntar.

Lejos del político, en la periferia del tumulto que rodeaba al alcalde, permanecían los más jóvenes. Mallo Rodríguez, de la Coruña, la joven que respondió a Gallardón con un rotundo «no, gracias», cuando éste la animó a participar en política, se mostraba esperanzada en que la experiencia sirva «para que los partidos mejoren sus proyectos políticos» tras haber pulsado las necesidades de la gente. Con respecto a su posición personal era más escéptica. «A mí, desde luego, no me ha dado más confianza en los políticos», advertía.

Javier Ordiales, que preguntó a Gallardón si le parecía más duro soñar con Esperanza Aguirre o escuchar a Jiménez Losantos, decía con sorna: «Yo creo que a él le resultan duras las dos cosas».

Más allá, extrañamente solo después de haber sido asediado por todos los medios tras el programa, Matías Rubio, que utilizó su tiempo para pedirle un cigarro al dirigente popular, intentaba leer los mensajes de sus amigos. «Yo he venido porque mi novia vive aquí y me pagaban por preguntar», así que pregunté.

Oliva Rodríguez López, la madrileña de Pinto que se dirigió a Gallardón desde su silla de ruedas, estaba razonablemente satisfecha. El alcalde se acercó a ella tras el programa y le prometió que estudiaría «personalmente» sus peticiones. «He hablado por un colectivo, no sólo por mi caso», advertía ella.

Links to this post:

Crear un enlace

Home

Estadisticas y contadores web gratis
Estadisticas Gratis

Visitor Map
Create your own visitor map!