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domingo 24 de agosto de 2008

MERCADOS: Los 'agujeros negros' de SAS La aerolínea propietaria de Spanair ha volado en los últimos años con trenes de aterrizaje oxidados, piezas sin



Los 'agujeros negros' de SAS La aerolínea propietaria de Spanair ha volado en los últimos años con trenes de aterrizaje oxidados, piezas sin cambiar e ignorando normas de seguridad.

Por Pedro Poza / Copenhage

Hace exactamente una semana, Mats Jansson, presidente de SAS -la aerolínea propietaria de Spanair- empleaba palabras mayores para describir el sombrío panorama que contemplan las compañías aéreas.«La situación es peor que después del 11 de Septiembre de 2001», dijo Jansson, que habló de la funesta combinación de tiempos de baja coyuntura con los precios del combustible «más altos que nunca». Puede que lo hiciese para justificar la difícil situación económica en que se halla sumida su empresa. Pero después del siniestro del MD-82 de Spanair, la comparación, el menos en lo que a SAS se refiere, no resulta en absoluto exagerada.

En el norte de Europa, la credibilidad de la aerolínea escandinava respecto a los dos parámetros clave en toda compañía aérea que se precie -seguridad y rentabilidad- se encuentra bajo mínimos.El terrible accidente del pasado miércoles en Barajas no fue sino la culminación de un bienio calamitoso.

En los últimos tiempos, el objetivo principal de la compañía había sido el recorte de beneficios en detrimento del servicio de calidad. Los quebraderos de SAS comenzaron en el otoño de 2007 con una serie de accidentes sin víctimas protagonizados por aviones Dash 8 Q-400, que volaban con trenes de aterrizaje oxidados, según revelaron investigaciones llevadas a cabo por las autoridades aéreas escandinavas y por la propia compañía.

En septiembre, dos Dash 8 se vieron obligados a realizar dramáticos aterrizajes de emergencia en la ciudad danesa de Aalborg y en Vilna, la capital lituana, por problemas con el tren de aterrizaje.En Aalborg, la rápida evacuación del aparato, que perdió una de sus ruedas y se incendió, evitó que se produjese una verdadera tragedia.

En octubre, cuando se suponía que el fallo ya había sido resuelto y tras varios incidentes adicionales aunque menores, otro Dash 8 tuvo que hacer un nuevo aterrizaje de emergencia en Copenhague después de que uno de los pasajeros, piloto de profesión, advirtiese a la tripulación de que una de las ruedas no había bajado del todo. Al día siguiente, ante la presión de la opinión pública, SAS anunció que retiraba de su flota los 27 Dash 8 con que contaba, una decisión que le ha costado unos 33,5 millones de euros.

La responsabilidad por los trenes de aterrizaje oxidados fue plenamente asumida por el fabricante de los aviones, la firma canadiense Bombardier. Las partes oxidadas se encontraban situadas en sistemas cerrados a los que los mecánicos de SAS no debían acceder. En teoría estaban cubiertas «por una especie de garantía vitalicia», según declaró un portavoz de la aerolínea. Bombardier pagó a SAS una indemnización de 134 millones de euros, pero el daño ya estaba hecho. Medios y políticos escandinavos criticaron duramente a la compañía por no haber cancelado todos sus vuelos con Dash 8 después de los dos primeros incidentes.

En realidad, llovía sobre mojado. La dejadez de SAS en temas de seguridad llevaba un par de años ocupando portadas. En 2005, se supo que 10 de sus aviones habían realizado hasta seis vuelos transoceánicos con partes que debían haber sido cambiadas. En 2007, un informe oficial reveló que entre 2003 y 2006 SAS había efectuado de 8.000 a 12.300 vuelos en los que no siempre siguió los procedimientos de seguridad obligatorios.

Con semejante historial, el porvenir de SAS puede quedar gravemente comprometido tras el siniestro de Barajas, a menos que las investigaciones determinen que se debió a causas externas. En el peor de los casos, un accidente de este tipo puede ser el tiro de gracia para una compañía que en el primer semestre de 2008 presentó un déficit de 160 millones de euros y que para reducir gastos y salir de nuevo a flote se dispone a despedir a 1.500 empleados y dejar en tierra 18 aviones.

La venta de Spanair, aerolínea fundada por SAS junto a Viajes Marsans en 1986 para establecer una conexión chárter con España, era un elemento clave en el plan de viabilidad diseñado antes de conocerse este balance. SAS, cuya propiedad se reparten al 50% accionistas privados, por un lado, y los estados sueco, noruego y danés, por otro, pretendía concentrarse en el mercado escandinavo y los números rojos de la subsidiaria española representaban un lastre del que deseaba desprenderse a toda prisa. Lo que no quería era hacerlo a cualquier precio, por lo que el pasado junio renunció a la venta al estimar insuficientes las ofertas recibidas.

Ahora queda por ver si con la explosión del MD-82 de Spanair también ha saltado en pedazos el futuro de SAS, orgullo de la cooperación interescandinava.

Malos tiempos para el sector

Después de varios años de grandes beneficios, en los que las compañías compraban aviones casi a diario y sorprendían a los usuarios con ofertas de billetes a precios increíbles, las vacas flacas han llegado al sector aeronáutico. En el primer semestre del año, 25 aerolíneas de todo el mundo han presentado concurso de acreedores. Y otras muchas, europeas y norteamericanas, anuncian grandes recortes de empleos y rutas similares a las previstas en Spanair.

Los responsables de las compañías rechazan que se haya llegado a esta situación por su mala gestión y recuerdan a todo el que les pregunta que el precio del petróleo se ha disparado más de un 80% desde mediados de 2007. Y el problema podría empeorar, puesto que algunos analistas apuestan porque el crudo llegará a 200 dólares por barril antes de final de año (actualmente ronda los 120). En las estructuras de costes de las compañías el queroseno ya supone el 35%, frente al 15% de hace 12 meses.

Además, la crisis económica ha afectado duramente al turismo.Los aeropuertos españoles recibieron en junio 19,3 millones de pasajeros, un 1,8% menos que el año anterior.

La situación es preocupante y afecta a todo tipo de aerolíneas, desde las clásicas (como Alitalia), a las de bajo coste (como Clickair y Vueling, fusionadas para tratar de solucionar sus dificultades).

¿Está entrando España en una recesión?

RAFAEL PAMPILLON

Según confirmará el miércoles el Instituto Nacional de Estadística (INE), la economía española registró un crecimiento mínimo durante el segundo trimestre de este año. El Producto Interno Bruto (la producción total de bienes y servicios de la economía) creció en ese trimestre a una tasa intertrimestral del 0,1%, después de una modesta subida del 0,3% registrada en el primer trimestre.

Esta tendencia avala la posibilidad de que durante este año la economía inicie una recesión, probablemente durante el cuarto trimestre de este año o en el primer trimestre del año que viene.Todo dependerá de cómo sigan comportándose las variables económicas más importantes: el empleo, la producción industrial, la renta real disponible y las ventas del comercio minorista.

Los últimos resultados de estos indicadores son desastrosos.Sin embargo, durante este tercer trimestre, los 400 euros que nos devolverá el Gobierno darán algo de oxígeno a la economía.Este pequeño impulso, aunque tiene un coste fiscal muy alto, llega en un momento oportuno, ya que como viene señalando el INE las ventas del comercio minorista vienen cayendo desde diciembre del año pasado.

El consumo cae porque las familias españolas están sufriendo el aumento del paro, los elevados precios de la gasolina y de los alimentos, el aumento de pago de sus hipotecas, la reducción en el valor de sus casas, la caída de su patrimonio bursátil y el menor acceso al crédito. El mercado laboral muestra también señales de deterioro, ya que el paro aumenta mes a mes y más rápido de lo que se esperaba.

No se debe olvidar que el mercado laboral es un motor clave del crecimiento económico, y su debilitamiento amenaza con una crisis mayor para el año 2009. Como es sabido, los trabajadores parados compran una menor cantidad de bienes y servicios obligando a las empresas a reducir su producción, plantilla e inversión.La debilidad del mercado laboral acabará reduciendo el aumento de los salarios y por tanto del consumo en un contexto en el que los precios, como ya hemos dicho, están en las nubes.

¿Estos malos datos significan que España está en recesión? La Oficina Nacional de Investigación Económica de EEUU (NBER) define la recesión como dos trimestres consecutivos de caída en el PIB.La economía española crece muy poco, pero crece, por tanto según esta definición, que es la más utilizada, no está en recesión.Aunque la situación podría cambiar si, como desgraciadamente espero, el INE revisase a la baja los datos de crecimiento del PIB.

¿Se podría estar en recesión sin un descenso de la producción económica (PIB)? Para contestar a esta pregunta se puede acudir a otra definición de recesión que también utiliza la NBER: un declive significativo de la actividad económica en toda la economía, que dura más de unos meses. Para saber si este declive es significativo debemos analizar los indicadores económicos más importantes: crecimiento del PIB, empleo, creación y destrucción de empresas, producción industrial y consumo.

La mayoría de estos indicadores están teniendo en España, como ya hemos visto, un comportamiento muy débil o negativo en los últimos meses. Por tanto, según esta segunda definición, estaríamos en recesión.

A partir de ahora, los economistas tenemos dos opciones: declarar que estamos en recesión debido al crecimiento prácticamente nulo de la economía española, al aumento del paro y al mal comportamiento de casi todas las demás variables económicas. O, por el contrario, podría decir que no estamos en una recesión y seguir señalando que estamos en una fuerte crisis económica de proporciones desconocidas.

Sin embargo, en el futuro la combinación de un menor crecimiento salarial, la caída de los precios del petróleo y la disminución de la demanda agregada aumenta las posibilidades de que el Banco Central Europeo baje los tipos de interés. Y eso es una buena noticia para la economía española que se deteriorará menos de lo que lo haría si los tipos se mantuvieran altos.

También debemos mantener la esperanza de que el programa de reformas económicas aprobadas por el Gobierno este mes, y que se pondrán en marcha este año y el que viene, en sectores como la vivienda, el transporte, la energía, las telecomunicaciones y el medio ambiente, reanime una economía que está en franco proceso de deterioro.

Rafael Pampillón Olmedo es catedrático de la Universidad CEU-San Pablo y profesor de IE Business School

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