EDITORIALES: Éxito del Régimen totalitario chino... Y triunfo del deporte español/ Desolador panorama de la seguridad aérea

EDITORIALES DEL DÍA
EXITO DEL REGIMEN CHINO, SENSACION DE FRACASO EN OCCIDENTE...
Los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 ya son historia, y han supuesto un indiscutible éxito para China... y para su régimen totalitario. Pekín ha conseguido lo que quería: mostrar al mundo su milagro económico y presentar su credenciales como gran superpotencia mundial, despojando definitivamente a Japón del papel protagonista en Asia. China ha organizado los Juegos más espectaculares, ha hecho un alarde de medios y tecnología, ha sido un ejemplo de organización y, para poner la guinda, se ha aupado a lo más alto del medallero, desplazando a Estados Unidos del primer puesto, que había mantenido ininterrumpidamente desde Barcelona'92. Porque aunque los norteamericanos han obtenido 110 metales por los 100 de los chinos, el mayor valor de las medallas de oro inclina la balanza del lado de los anfitriones.
Ahora bien, los indiscutibles protagonistas de estos Juegos son Michael Phelps, que se ha confirmado como el mejor nadador de todos los tiempos tras lograr la hazaña de ocho medallas de oro y siete récords del mundo, y el jamaicano Usain Bolt, el nuevo rey de la velocidad, que ha logrado tres oros y otros tantos récords mundiales.
Pero tras el brillo y la espuma del acontecimiento deportivo ha quedado un regusto amargo y cierta sensación de fracaso en Occidente. El compromiso que asumió China para organizar estos Juegos era precisamente cumplir los ideales olímpicos de paz, amistad y apertura al mundo, con cambios que permitieran avanzar en el reconocimiento de los derechos humanos. De hecho, el Comité Olímpico Internacional aseguró que el acontecimiento daría un impulso a las libertades en el país. En cambio, nada se ha conseguido.
Sobre los Juegos pesó la amenaza de boicot tras la represión que el Ejército chino inició en Tíbet en el mes de marzo. El escándalo persiguió el recorrido de la llama olímpica y varios líderes occidentales lanzaron duras críticas a Pekín. El régimen las consideró exageradas e injustas y pidió que se deslindaran los asuntos internos de la organización de los Juegos. Bien fuera por la habilidad de la diplomacia china, bien por la tibieza o el tacticismo de la comunidad internacional, al final Pekín se salió con la suya. Por eso, tras la fachada de grandiosidad que China ha exhibido de puertas afuera, dentro ha seguido trabajando con normalidad su maquinaria represora, que igual hostigaba a los opositores, que encarcelaba a disidentes, que censuraba internet, que exigía requisitos imposibles de cumplir para ejercer la libertad de expresión o que limpiaba las calles de aquellos que podían dar una mala imagen, en línea con la sustitución de la niña que debía cantar en la ceremonia inaugural al considerarla demasiado fea.
El régimen ha logrado sus objetivos, entre otros el de afianzar su prestigio entre sus propios ciudadanos (súbditos), que han obtenido una inyección de orgullo y autoestima ante el resto del mundo. Se apaga la llama del estadio del Nido de Pájaro pero está por ver que al mismo tiempo se haya encendido la antorcha de la libertad en China. Más bien todos los datos invitan al escepticismo.
...Y TRIUNFO DEL DEPORTE ESPAÑOLLa delegación española ha obtenido en Pekín sus segundos mejores resultados de la historia, sólo superados en Barcelona'92. En Atlanta el bagaje fue de 17 medallas, 11 en Sydney, y aunque se obtuvieron 19 en Atenas, las 18 de estos Juegos incluyen cinco oros, lo que coloca a España en el puesto decimocuarto del medallero. Pero no sólo ha habido una mejora en el rango de las medallas; también hay que valorar que varias de ellas se han conseguido en algunos de los deportes de práctica más extendida y con mayores audiencias televisivas, como el baloncesto o el tenis, donde compiten además algunos de los profesionales más cotizados. Sirva de ejemplo el magnífico partido que ofrecieron ayer los jugadores de Aíto García Reneses frente a la todopoderosa selección de Estados Unidos, que pone el broche a unos Juegos que abrió Samuel Sánchez con un oro en ciclismo.
Con todo, había expectativas de hacer un mejor papel. El secretario de Estado Jaime Lissavetzky admitía ayer que el «gran salto» que auguraban los buenos resultados de nuestros deportistas en las últimas competiciones internacionales no ha llegado a producirse. Y es verdad que si bien ha habido participantes que han estado a la altura de lo que se esperaba de ellos -caso de Gasol, máximo anotador del torneo, Nadal, Barrufet o Llaneras- la decepción ha llegado en natación y, sobre todo, en atletismo, donde no se ha conseguido una sola medalla, señal de que habrá que introducir cambios. Dice mucho a nuestro favor, sin embargo, que de los seis grandes deportes colectivos de los Juegos (baloncesto, balonmano, hockey, fútbol, voleibol y waterpolo) hemos obtenido medalla en tres.
De Pekín sale además fortalecido el tándem Nadal-Gasol, nuestros deportistas más respetados del momento, con millones de seguidores en todo el mundo. Los dos han asumido con gusto la responsabilidad de representar a España. La identificación con la bandera que mostró Nadal tras ganar la final olímpica, o el inspiradísimo spot de Nike, con Gasol exhibiendo con orgullo su patriotismo -un anuncio que ayer vieron millones de personas en el tramo final del partido contra EEUU- demuestra hasta qué punto el deporte puede servir de catalizador de la identidad de un país y de sus valores constitucionales.
Desolador panorama de la seguridad aérea
Las declaraciones que hoy recogemos de uno de los dos únicos inspectores que Fomento tiene para controles en vuelo ponen los pelos de punta. Javier Aguado revela, por ejemplo, que el Ministerio sabe que hay aerolíneas «que ponen en peligro la seguridad» y, pese a ello, no interviene como debiera. Las manifestaciones que recogemos en nuestras páginas son un extracto de una entrevista más amplia que el inspector ha concedido a la cadena de Unedisa, Veo-TV, y que emitirá hoy en exclusiva en sus informativos. Aguado señala directamente a las autoridades y les acusa de inhibirse en un asunto de tanta trascendencia como la seguridad aérea. Los casos que cuenta y que ilustra con todo tipo de detalles y fechas son sangrantes. Recuerda, por ejemplo cómo una compañía estuvo reparando durante más de una década las fisuras de las bodegas de sus aviones con papel plastificado y cola de contacto, que no son precisamente los materiales más adecuados para garantizar el sellado en caso de incendio. Asegura también que Iberia hizo cuatro vuelos en 2004 con un aparato que tenía un motor que debería haber sido reemplazado. Y no se muerde la lengua tampoco a la hora de denunciar el acoso al que se ven sometidos técnicos y pilotos por parte de las compañías para que no denuncien las deficiencias que puedan detectar. Pero ya el colmo es que revela también las presiones que sufren los inspectores por parte de la propia Administración para que no pongan trabas a los vuelos. Aguado ofrece un panorama realmente desolador de la seguridad aérea en España que obliga a Fomento a dar un paso al frente para explicar los hechos y corregir en su caso la situación.
Solía repetir Adolfo Suárez: «Prefiero que los españoles me quieran menos y que me voten más». Lo decía en los tiempos en que, como candidato por el CDS, cosechó algunos fracasos, aunque envueltos en un gran afecto ciudadano. Como confirma el sondeo que hoy publicamos, la admiración por este político se agranda con el tiempo, hasta el punto de que hoy es el presidente de la Democracia mejor valorado por los españoles, que le dan una nota de un 7,63. Zapatero es, en el extremo opuesto, el menos valorado, y sólo consigue un aprobado raspadillo de un 5,24, si bien es cierto que la encuesta ha sido realizada en plena crisis económica, lo que ha perjudicado a buen seguro su evaluación. En lo que a Suárez se refiere, los ciudadanos reconocen las enormes dificultades en las que le tocó gobernar y cómo, pese a ellas, lo hizo con éxito. Además, se resalta su papel como defensor de la unidad de España y recibe un significativo notable alto como gobernante honrado, a gran distancia de todos sus sucesores. Pero la encuesta también ofrece paradojas como, por ejemplo, que Felipe González reciba una nota superior a la de Aznar como protector de las libertades públicas, algo que no se corresponde con la realidad. La explicación hay que buscarla en la baja puntuación que otorgan al segundo los votantes de IU.
Nos cuentan que... tanto la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, como el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, siguen al minuto las tareas de identificación de los cadáveres y no se han dado un respiro desde que el miércoles se produjo el terrible accidente de Spanair. El recuerdo de los gravísimos fallos que se cometieron tras el accidente del Yak 42 desde el departamento de Defensa que dirigía Federico Trillo está muy presente, y para evitar que ahora se produzca el más mínimo yerro, Rubalcaba y Fernández de la Vega están absolutamente pendientes del arduo trabajo de los forenses. La formación de Rubalcaba -es doctor en Químicas- le está ayudando mucho a comprender algunas explicaciones. También por razón de su cargo, el ministro está especialmente interesado en la investigación y confía en que los análisis de las cajas negras sean concluyentes. En su caso, además, tiene muy vivo el recuerdo del gravísimo accidente de avión que sufrió su padre, Alfredo Pérez, quien fue piloto de Iberia. Sucedió el 12 de diciembre de 1973 en el aeropuerto de Logan, en Boston. El DC10-30 en el que viajaba, procedente de Barajas, aterrizó, se salió de la pista y se partió en dos. Milagrosamente, las 168 personas que iban a bordo -154 pasajeros y 14 miembros de la tripulación, incluido el padre del ministro- resultaron ilesas. Entonces, las cajas negras fueron claves para esclarecer lo sucedido.





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