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Actualización de madrugada

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Lugar: Cantabria, Spain

martes, 22 de julio de 2008

FIRMAS: Luis María Anson, Martín Prieto, Erasmo, Ferrer Molina, Antonio Beteta, Fernando Sánchez Drago, Raúl del Pozo



CANELA FINA
LUIS MARIA ANSON
Rajoy, Zapatero y la reforma constitucional

Lo único que quiere sacarle Zapatero a Rajoy en la entrevista de mañana es que los populares cedan y el Gobierno organice la Justicia a su conveniencia, Montesquieu cadáver. La crisis económica la resolverá Solbes con fórmulas que no comprometan el gasto social, es decir, la compra de votos a la que, con el mejor estilo de Romero Robledo, se ha entregado Zapatero I el de las mercedes, con pingües resultados electorales, por cierto. El presidente circunflejo tratará una vez más de engañar como a un pardillo al débil Rajoy.

El único acuerdo serio y transcendente entre el centro izquierda de Zapatero y el centro derecha de Rajoy, o sea entre el 80% de los españoles, es el pacto de Estado para la reforma constitucional. El Régimen de 1978 se está agotando y solo perdurará si se contiene la hemorragia de las transferencias a las Autonomías. Salvo en casos de mayoría absoluta, cada cuatro años el PSOE o el PP se ven obligados a someterse al chantaje de unos partidos nacionalistas que exigen cada vez más y que hacen jirones del Estado. Cerrar definitivamente las transferencias y recuperar la Educación para la Administración Central, esa es la gran cuestión sobre la que deben decidir todos los españoles. No existe el derecho de los vascos, el derecho de los catalanes, a decidir sobre cuestiones de territorialidad que afectan a la soberanía de la nación. Es a los españoles vascos, a los españoles catalanes, a los españoles madrileños, a los españoles andaluces, a todos los españoles a quienes corresponde la decisión.

¿Ha rectificado Zapatero sus posiciones de la anterior legislatura o sigue creyendo que lo mejor para España es una República confederal al estilo de Suiza y conforme a las enseñanzas de Philip Pettit? Las malas lenguas aseguran que existe incluso un acuerdo subterráneo con Ibarreche para que el 15 de septiembre un Tribunal Constitucional politizado y controlado por el Gobierno dé paso con algunos retoques al referéndum del lendakari. Pienso que eso no es así, aunque del Zapatero embustero se puede esperar cualquier cosa. Nadie ha mentido con tanta intensidad, salvo Franco, en la historia contemporánea de España. Por eso, no hay que fiarse demasiado, «que la boca mentirosa -escribió Ruiz de Alarcón- incurre en tan torpe mengua, que solamente en su lengua es la verdad sospechosa». El falsus in uno falsus in omnibus de la sabiduría latina no ha perdido vigencia

Mariano Rajoy sigue oliendo con fruición el incienso con que le aroman Soraya y Dolores. No llega, pues, a Moncloa en las mejores condiciones para evitar que Zapatero le venda la burra. Pero es hombre inteligente, con una gran capacidad para la gestión, y habrá que confiar en que sortee las trampas zapaterescas. Tal vez, incluso, se decida a plantear de frente, y en contra de la información anticipadora y filtrada que ayer nos proporcionó el diario adicto, el gran asunto que exige el pacto de Estado entre los dos grandes partidos nacionales: la reforma constitucional.

Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española.

BAJO EL VOLCAN
MARTIN PRIETO
Los presos de ETA
'Yoyes' fue la más destacada dirigente etarra hasta que entendió que la lucha armada era un viaje hacia el infinito. Normalizó su situación jurídica y regresó a su pueblo desde su exilio americano. En la plaza llevaba de la mano a su hijo cuando un sicario le susurró al oído: «Esto de parte de 'Pakito'». Y la mató de un pistoletazo en la cabeza. Pero en el segundo previo a la muerte quiso que Yoyes supiera que la banda no toleraba deserciones. No se sabe si la cárcel reinserta, pero hace reflexionar. Hace cuatro años, Pakito y otros iluminados pedían a ETA la renuncia a la violencia, por lo que fueron expulsados de la organización. El círculo mental entre Yoyes y Pakito, la una en el cementerio y el otro en prisión, quedaba cerrado. Los dos, al fin, estaban de acuerdo.

Ya lo advirtió Domingo Iturbe, 'Txomin', el jefe etarra más carismático, hace mucho tiempo: «Francia se implicará contra nosotros y perderemos el santuario, caerán los dirigentes, se descubrirán los zulos y no podremos negociar desde la fuerza». Probablemente para mal, Txomin murió en Argelia, ejercitándose en una pista americana, cayéndose de un andamio o en un accidente de carretera, por acción o inducción, cosa que sólo sabrán con exactitud los servicios secretos argelinos.

Las recientes negociaciones de Zapatero con la mafia del hacha y la serpiente fueron gravísimas porque negaban los razonamientos de Yoyes, Txomin o Pakito y alimentaban la alucinación de la actual dirigencia etarra sobre su entrada triunfal en Vitoria, arma en mano, para ocupar Ajuria Enea: la victoria total.

Habría que repasar la disolución de ETA-pm, en tiempos más difíciles, el sentido común de los polis-milis y la generosidad de Adolfo Suárez, Bandrés o el tenido por duro ministro del Interior Juan José Rosón. Entonces no hubo un toma y daca entre el Gobierno y los pm, sino que el Estado solucionó los problemas de los que se querían reinsertar para hacer política, y se dio manga ancha hasta para los asesinos. Soares Gamboa es un experimento. Era de los deportados y pidió entregarse en Madrid. No se arrepiente de nada; lo que hizo hecho está y lo fue en otro estado intelectual. Abominó de sus compinches y aceptó sus innumerables juicios y sus penas, pero el Gobierno y la Justicia, que a veces son lo mismo, frotaron sus rejas con agua regia y hoy concede entrevistas en la calle con barba y bigote postizos, y nueva identidad.

El horizonte penal de algunos de los etarras en prisión pendientes de juicio puede llegar a los 35 años; otros, 20. Es lógico que el frente de presos y sus familiares busquen una solución a lo suyo antes de oxidarse en vida por una utopía inalcanzable. Hasta los Tupamaros uruguayos (de Túpac Amaru), tan admirados por los etarras, admiten que no hicieron la revolución, sino el desorden. La guerrilla debe nadar entre el pueblo como pez en el agua, y cualquiera que conozca el mapa electoral vasco sabe que esa fluidez es imposible.

Sólo les queda dejar las armas, buscarse la vida y esperar que el Estado sea benévolo con sus presos. Que lo será.

ERASMO
L. Cohen
Precursor de crooners roncos y otros Celentanos. En Madrid, tal rapsoda judío que susurra en los ámbitos sonoros de la tuba, padre de cantautores: brotó en el Chelsea Hotel (NY), do deambulaban tales desconocidos: Dylan, Hendrix, Janis Joplin, que le propinaba majestuosos blow jobs (fellatios), solos de clarinete, en los calurosos atarcederes del Chelsea. Ahora: «First, we take Manhattan/then we take Madrid»

DE GOLPE
FERRER MOLINA
Retoques

En la era del bótox, la silicona y el tuneado, la política infla también de unos lados y recorta de otros. En las primarias demócratas, Hillary Clinton quedó al descubierto cuando, para alardear de su arrojo y de su experiencia en política exterior, contó una supuesta peripecia vivida como primera dama en una visita a Bosnia en 1996. Según dijo, tuvo que correr en el aeropuerto de Tuzla para evitar los disparos de francotiradores serbios. Las imágenes de archivo de la CBS emitidas horas después de tales manifestaciones mostraban a la esposa del entonces presidente de los Estados Unidos bajando la escalerilla del avión con absoluta tranquilidad. Es más, tuvo tiempo para que una niña le leyera una poesía de bienvenida en la misma pista de aterrizaje.

También durante la campaña para su nominación, Obama presumió de un tío suyo que liberó Auschwitz. El ya candidato demócrata tuvo que rectificar en menos que canta un gallo. El campo de exterminio de los nazis fue liberado por el ejército soviético y nadie de la familia del senador de Illinois es ruso.

Es una regla infalible, fácilmente comprobable si se analiza este tipo de postizos, que la fabulación siempre beneficia al protagonista. Es decir, nadie se confunde jamás quitándose méritos.

Aquí tenemos un ejemplo reciente con Bernat Soria. El ministro de Sanidad hinchó su currículum añadiendo decanatos, medallas, premios y prestigiosas colaboraciones internacionales que no pudo acreditar ante los incrédulos.

No debe de sorprendernos que en España, el país donde más operaciones de cirugía estética se practican de toda la Unión Europea y, por tanto, donde hay una gran preocupación por la imagen, se apliquen retoques para maquillar la dura realidad. El mitin previsto hoy por Zapatero para festejar sus cien primeros días de Gobierno después de los mil cuatrocientos sesenta de la pasada legislatura, es un buen ejemplo.

La intención y el empeño de los socialistas es que los ciudadanos experimenten un efecto catártico parecido al que han sufrido los seguidores del culebrón Betty la Fea y de sus posteriores secuelas: que justo cuando crean que el Ejecutivo no está actuando ante la crisis -tal y como empiezan a revelar las encuestas- vean que la apariencia engaña y que hay un Gobierno ciertamente activo, eficaz y hasta resultón.

Hay quien defiende el valor democratizador de las operaciones de estética. Puede que reparen las desigualdades con las que llegamos a este mundo y que subsanen manifiestas injusticias de la Naturaleza. Pero aunque los expertos aseguren que la silicona proporciona un tacto similar al natural, siempre habrá quien defienda la primacía de la carne sobre el plástico.

TRIBUNA LIBRE
ANTONIO BETETA
Financiación por consenso

Con la celebración del Consejo de Política Fiscal y Financiera se pone en marcha, al menos oficialmente, el proceso de reforma del sistema de financiación de las Comunidades Autónomas. Se trata del modelo financiero a través del cual el Estado proporciona a las regiones los ingresos suficientes para que sus gobiernos presten en condiciones homogéneas los servicios que en su día les transfirió, desde el respeto a su autonomía política y financiera. Sin embargo, en esta ocasión, se han introducido en el debate elementos políticos de naturaleza territorial que provocan que, además, estén en juego los principios de solidaridad e igualdad que inspiran el modelo constitucional del Estado de las Autonomías.

En este sentido, la interpretación que se haga de los nuevos Estatutos de Autonomía no puede suponer privilegios económicos y sociales para unas u otras regiones. El sistema que se apruebe y los mecanismos financieros contemplados en él deben ser aplicables, en consecuencia, a todas las Comunidades Autónomas de Régimen Común.

Por otra parte, las reglas del juego que inspiran las relaciones financieras del Estado y las Comunidades Autónomas parten de un principio básico de transparencia y lealtad. Por ello, las decisiones que afectan al conjunto de las regiones se deciden entre todas ellas, en el seno de un órgano multilateral regulado por la Lofca y denominado Consejo de Política Fiscal y Financiera. En consecuencia, debe ser en este foro, y no en las Comisiones Mixtas Bilaterales, donde se negocie y debata la reforma del Sistema.

Además, el acuerdo para su aprobación debe contar con el consentimiento unánime del Estado y las Comunidades Autónomas. El nuevo sistema debe ostentar la legitimidad necesaria que le confiere el consenso entre gobiernos territoriales y el central, tal y como ocurrió, no lo olvidemos, en el año 2001.

Pasando al plano financiero, el sistema debe garantizar a las Comunidades Autónomas los ingresos necesarios para financiar todos los servicios públicos transferidos por el Estado, incluida la atención a la dependencia.

El cumplimiento de este principio de suficiencia financiera pasa, necesariamente, por un cálculo adecuado de las necesidades de gasto regionales en el que la población pondere como variable esencial del mismo. Son los ciudadanos los destinatarios de los servicios públicos que prestan las regiones y, en consecuencia, los que determinan el volumen de recursos que hay que destinar a cada una de las políticas sociales y económicas, sin perjuicio de que se tengan en cuenta otros factores influyentes como el envejecimiento, la insularidad o la dispersión demográfica, ya de hecho contemplados por el actual modelo de financiación.

Ante esto, la ponderación de la población y del resto de variables debe articularse en términos semejantes a los fijados en 2001, dado que ese modelo, y esa ponderación, se aprobaron por unanimidad de todas las regiones y las competencias transferidas no se han alterado desde ese ejercicio.

Para la Comunidad de Madrid resulta irrenunciable que el modelo contemple, por fin, el millón más de ciudadanos que viven actualmente en su territorio. El Gobierno central no ha querido desarrollar el actual sistema, dejando sin aplicar los mecanismos de actualización en él previstos, por lo que los recursos siguen estando referidos a la población de 1999.

Esta actualización va a generar irremediablemente un coste para el Estado que, por otra parte, se ha estado ahorrando desde hace años. Lo que no sería admisible es que el Gobierno, que se ha beneficiado financieramente del extraordinario incremento de población, intentara trasladar esta factura a los ciudadanos de cada región a través del pago de mayores impuestos.

No cabe duda de que el sistema debe elevar la autonomía financiera y la corresponsabilidad fiscal de las Comunidades Autónomas, pero sin que ello se traduzca en más impuestos para los contribuyentes.

La suficiencia de la financiación debe garantizarse, además, con independencia de la capacidad fiscal de las Comunidades Autónomas. El instrumento a través del cual se cumple esta función es el fondo de suficiencia cuya cuantía, como es lógico, es mayor en las comunidades de menor riqueza. El resultado de la reforma debe ser, pues, solidario, pero también debe ser justo, lo que implica que la financiación por habitante no debe variar mucho en cada territorio, ya que el coste de la prestación del servicio para cada ciudadano no varía sensiblemente en función de la región de residencia.

Actualmente, existen excesivas diferencias en los recursos per cápita que el sistema facilita a las regiones. Así, mientras que un extremeño recibe 2.791 euros para financiar la educación, sanidad, servicios sociales, políticas activas de empleo, etcétera, cada madrileño obtiene solamente 1.965 euros. No cabe duda de que esta disparidad no tiene justificación técnica alguna y termina convirtiendo el sistema en injusto para las regiones más dinámicas, como la madrileña.

El nuevo sistema debe conservar la vocación de permanencia con la que nació el actual. Este carácter exige la definición de mecanismos que garanticen su suficiencia financiera en el tiempo. En este sentido, se debe definir un mecanismo de actualización automática de la población con un nivel de concreción suficiente que permita su aplicación efectiva sin que dependa de la voluntad de cada Gobierno.

En la misma línea, el principio de lealtad institucional, como elemento de cierre, debe ser desarrollado metodológicamente. De esta forma, es perfectamente razonable -y deseable- que la Administración del Estado siga legislando sobre cuestiones básicas de los servicios públicos prestados por todas las Comunidades Autónomas o sobre el sistema fiscal, pero siempre que compense financieramente de forma automática a las regiones por los mayores gastos o los menores ingresos que dicha actuación les ocasiona y que no estaban recogidos inicialmente en el modelo.

La reciente publicación de las Balanzas Fiscales por parte del Ministerio de Economía y Hacienda no preocupa a la Comunidad de Madrid. Se trata de un ejercicio económico de investigación, que deviene en estéril en el ámbito de la política por cuanto su resultado no va a ser otro que el de producir enfrentamientos entre territorios. Sí nos preocupa el efecto que su publicación por parte del Gobierno puede tener para legitimar determinadas reivindicaciones nacionalistas; máxime cuando se la ha hecho coincidir en el tiempo con la reforma del modelo de financiación.

Más recientemente, el vicepresidente segundo del Gobierno, Pedro Solbes, ha hecho pública su propuesta de bases para la reforma del sistema. Si bien en el terreno de los principios puede parecerse bastante a la propuesta de la Comunidad de Madrid, tienen entre sí una importante diferencia. Mientras que esta última pone de manifiesto una visión clara sobre el nuevo modelo, dentro del documento presentado por Solbes caben infinitas interpretaciones y resultados. Si se reconoce el millón de madrileños más y su evolución; si se corrige la insuficiencia financiera provocada por la no actualización del sistema vigente; si la financiación del nuevo modelo no se realiza con nuevos impuestos, hay una vía para el acuerdo.

Estamos ante un momento decisivo, tanto por la importancia que tienen las decisiones que se van a adoptar para los gobiernos regionales y su capacidad financiera, como por el peligro que supone la incorporación al sistema de financiación de ciertas tesis nacionalistas dirigidas a recortar la solidaridad del mismo. Es por ello que Comunidades Autónomas y Estado debemos hacer un ejercicio de responsabilidad que permita conservar los principios inspiradores del actual modelo, garantizando así la vertebración territorial de España y el mantenimiento de un nivel homogéneo de los servicios esenciales a los españoles, con independencia de la Comunidad donde residan.

Antonio Beteta es consejero de Economía y Hacienda de la Comunidad de Madrid.

EL LOBO FEROZ
FERNANDO SANCHEZ DRAGO
La Gran Vía

Vivo cerca de ella. La recorro a menudo. Ayer volví a hacerlo y, como le ocurría a Quevedo con su patria, no hallé cosa donde posar los ojos que no fuese recuerdo de la muerte. ¿Exagero? Seguro que sí, pero la hipérbole es recurso lírico en el que aquel poeta fue maestro. Erase de una calle al Palacio de la Música pegada. Ya no existe. Lo han cerrado. También lo hizo, recientemente, el Avenida. Y junto a él, en sus bajos, cerró Pasapoga. Berlanga, otro maestro, no podrá filmar a obispos, como temían los censores, saliendo de esa sala de fiestas. ¿Sala de fiestas? Ya no las hay. Ni boîtes. En el Rex, que también era cine, funcionaba una, elegante, recoleta, discretísima. No es verdad que lo fugitivo permanezca y dure. Lo sabíamos, pero duele. Yo vi en el cine que acaba de cerrar Lo que el viento se llevó. Título premonitorio. Tenía catorce años, más o menos, y fui con mi madre para que me dejaran entrar, porque no era tolerada. También ella ha muerto. Todas lo hacen. En la fachada del Palacio de la Música, que ahora parece una dentadura mellada, queda el hueco de los inmensos carteles que anunciaban las películas. Hubo en la Gran Vía, cuando yo, adolescente, empezaba a caminar solo por ella, trece cines. Seis por cada acera y uno retranqueado: rive droite, rive gauche y... Un barrio latino. Quizá eran catorce. Se lo preguntaré a Garci, que lo sabe todo. Ahora quedan tres: el Callao, el Capitol y el Palacio de la Prensa, donde mi padre tenía su oficina, a la que nunca fui, porque lo mataron antes de que pudiese hacerlo. ¡Qué importa! ¡Pero si ya nadie va al cine! Este se ha refugiado en la soledad del deuvedé y en los nichos de los centros comerciales. La Gran Vía no era aún, cuando yo, en los años cincuenta, me atreví a explorarla, bulevar del crepúsculo, como lo es ahora, sino femoral de la gloria, arteria del esplendor, río de la vida y corriente del Golfo. Hemingway aún se paseaba por ella arponeando tiburones, boquerones, maletillas, toreros de cartel, amistades peligrosas, actrices de Cifesa y mujeres de lumbre con puñales en la mirada. Era aquello un malecón, un rompeolas, un bazar, un aleph, el escaparate del mundo. Todo era posible, todo pasaba por allí, todo bullía, todo estaba abierto hasta las tantas. ¿Fue París una fiesta? Sin duda, pero también lo fue, desde el Coliseum hasta -extramuros ya- Chicote y El Abra, la Gran Vía de entonces, la de los trece cines, la de los trece estrenos del sábado de Gloria, la de los mil cafés, la de las cien terrazas, la del mujerío de Fuyma, la de los billares del Callao y los ínferos de Los Sótanos, la de las bragas de Sepu, la que nunca cerraba, la de aquellos años en los que nosotros, los del verso de Neruda, aún éramos los mismos. Ayer, como digo, volví a pasar por ella, por la Gran Vía de hoy, por la de los cines cerrados, las hamburgueserías y el multiculturalismo, por la de la calavera desdentada del Palacio de la Música, y no hallé cosa donde posar los ojos que no fuese baile de criadas y de horteras.


EL RUIDO DE LA CALLE
RAUL DEL POZO
Cambiar de negro


Las universidades de verano, esa forma de trinque y de tedio que pagan Botín y otros banqueros, apenas sirven de pasarela de vanidades. En uno de esos chiringuitos Rajoy ha hecho una buena observación: «Más que ministros hay comentaristas». Actúan como palabristas, aunque no sean ellos los autores de los textos: suelen tener negros. La cuarta parte de las novelas, como la de los hijos, son de padres desconocidos.

Por 25.000 pesetas, Cándido se inventó mártires que después ha canonizado Roma; algunos de esos santos hacen milagros. Yo mismo he trabajado de negro; cuando cobrabas sentías la delectación del delincuente, la manteca te sabía a gloria porque el texto solía ser plagio. Ya saben, en la literatura lo que no es plagio es ladrillo. Por todo eso me sorprendió Leopoldo Calvo Sotelo una vez que le hice una entrevista que no le gustó y dijo: «Este texto no lo ha escrito usted, le aconsejo que cambie de negro».

Quien bien te quiere te hará sufrir. Ese refrán sádico, curil, se lo dedicó José Montilla, procónsul de ZP en Barcelona, a su jefe para chantajearlo con el nuevo sistema de financiación. (Digo curil y no papal, porque este Benedicto es un intelectual finísimo, jamás utiliza metáforas podridas). Después el charnego se hizo culterano: «Te queremos, José Luis, pero aún queremos más a Cataluña y a los catalanes». Refritó mal a Bruto, que se alzó contra César no porque amaba a César menos sino porque amaba a Roma más. ZP le podía haber contestado: «En César sólo manda César. Hemos reventado por la crisis y por vuestra voracidad la caja fuerte del Estado y aún pedís más».

Rajoy ha acertado al decir que el Gobierno está petrificado y se limita a hacer declaraciones voluntaristas que luego ni cumple. Actúan con la impunidad de los tertulianos. Habría que idear un basurero donde se arrojaran las metáforas trilladas, las frases hechas y los groseros refranes. Ya le preguntó antes de la campaña al presidente si hacía falta asesinar la ortografía para ganar elecciones. Esto ha empeorado con el Petit filósofo y los charnegos bolivarianos: utilizan el refranero, tan reaccionario, tan poco socialista.

Escribió Orwell que el lenguaje político se construye para lograr que las mentiras parezcan verdades y el asesinato, respetable. Pero tan desagradable como el asesinato son las frases que no transmiten emoción. Se empieza matando y robando, se acaba recitando refranes.

El que no sea capaz de inventar una metáfora como llamar al rey «el señor de los anillos» es mejor que deje el oficio porque acabará diciendo «me llama poderosamente la atención» o «como no podía ser de otra manera»; antes se repetía hasta la náusea «muerte anunciada» o «asignatura pendiente».

La lucha política es una guerrilla semántica, con el lenguaje al borde de la recesión. Zapatero ha sido el espadillero del tesoro del Estado. Ahora por lo menos tiene que cambiar los negros y los filósofos.


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