FIRMAS: Joaquín Leguina, Carmen Rigalt, Erasmo, David Torres, Cayetano González, Iñaki Gil, Lucía Méndez, Raúl del Pozo

TRIBUNA LIBRE
JOAQUIN LEGUINA
El reñidero español
«El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla»(Art. 3 de la Constitución Española)
El pasado 23 de junio, Fernando Savater presentaba junto a un grupo de intelectuales de ideología variopinta un Manifiesto por la Lengua Común que levantó, de inmediato, todo tipo de ronchas y descalificaciones. Pero no se produjo ni un solo argumento en su contra. Porque en España hace ya mucho tiempo que cuando algo no gusta no se exhiben razonamientos para contradecir lo afirmado por otros, no, se recurre al insulto o -entre los más finolis- al eslogan político descalificador.
El diario zapaterista Público recibía el Manifiesto de esta guisa: «El nacionalismo español hace de nuevo política con las lenguas». Por su parte, Miquel Iceta, la nueva estrella rutilante del PSC, se limitó a señalar que el
Manifiesto era «innecesario» y José Montilla (que es natural de Córdoba) afirmó que el Manifiesto incitaba a la «catalanofobia». Gran honestidad intelectual la de este charnego reconvertido en catalanista.
En efecto, el PSC es un partido que, según Félix de Azúa, se parece cada vez más a la corte de Catalina la Grande.
El aparato mediático del catalanismo lanzó 800 (sí, 800) artículos contra el Manifiesto, pero en ninguno de ellos se aludía a su contenido ni se argumentaba contra él.
Las fuerzas localistas del nordeste de España, como un solo hombre, se dieron al insulto -esa práctica tan española-: «Ataque contra el catalán», «franquistas», «fachas», «españolistas de mierda», «miserables» (Jordi Sánchez), todo eso y más lindezas dijeron. Antoni Puigvert aseguró -él, tan moderado- que el Manifiesto rompía los últimos puentes entre Cataluña y España... Naturalmente, todos esos artículos estaban escritos y publicados en español, la lengua que, según estos atacantes, quiere asesinar al catalán... y, para guinda del pastel, lo de Jordi Pujol sonó como el Tambor del Bruc: «Combatir con decisión y confianza, sin miedo y sin respeto para quien no nos respeta», eso dijo el veterano y, ahora, radicalizado líder.
Entretanto, las firmas de adhesión al documento escrito por Savater crecían, eso sí, movidas en parte por EL MUNDO, lo cual le vino de perlas a Rodríguez Zapatero, quien aprovechó que el Tormes pasa por Salamanca para sentar doctrina: «La derecha quiere apropiarse de la lengua común como antes lo intentó con la bandera común», dijo... y después de soltar semejante sandez, el actual presidente del Gobierno se fumó un puro.
De poco vale que más del 50% de los catalanes prefiera el castellano como primera lengua porque el nacionalismo catalán y sus adláteres están dispuestos -así lo dice el nuevo Estatuto- a obligar a todos quienes pisen (o sobrevuelen) el territorio de Cataluña a hacerles aprender y obligarles a usar aquella lengua «propia». Ya se sabe: «La letra con sangre entra».
Pero dejémonos de darle vueltas a la noria y recordemos, en primer lugar, que los poderes públicos -y desde luego el Gobierno de España- están obligados a guardar y hacer guardar la Constitución. Así lo han jurado o prometido todos ellos. Vayamos, pues, al grano.
1. ¿Puede un profesor, nacido pongamos que en Valladolid, ir a trabajar a una universidad catalana dando sus clases en castellano? La respuesta es no. Por lo tanto, a ese profesor se le está privando de uno de sus derechos (el de usar el castellano) y el Gobierno de España no puede mirar para otro lado.
2. ¿Puede un niño catalán que tenga como lengua materna el castellano ser escolarizado en ese idioma? La respuesta es no. Un derecho del que se le priva y que no puede dejar indiferente al Gobierno de España.
3. ¿Puede un funcionario español trasladarse a trabajar a Cataluña sin haber aprendido antes concienzudamente el catalán? La respuesta es no.
Y así podríamos seguir con los rótulos de las tiendas, los de las carreteras, con la expulsión de facto del castellano del Parlamento de Cataluña, con la exclusión de los escritores catalanes en castellano, pues sus obras -según los nacionalistas y sus abducidos del PSC- no pertenecen a la cultura catalana y por eso no se les permite acudir a la Feria de Fráncfort, etcétera.
En resumen, el derecho a usar el castellano que la Constitución consagra no se puede ejercer en los foros públicos de Cataluña... y el Gobierno no puede mirar para otro lado diciendo -como dicen sus voceros- que reclamar estos derechos elementales es de derechas (al parecer, en estos nuevos tiempos todo lo que no sea aplaudir a ZP y sus ocurrencias es de derechas).
Pero lo más peligroso -por irresponsable- del discurso de ZP y de sus conmilitones es que para ellos el nacionalismo periférico (vasco, catalán, gallego...) no existe y como no existe no puede hacer mal a nadie ni tener aspiraciones a la independencia. Por ejemplo, Convergencia Democrática de Cataluña, con Artur Mas a la cabeza, acuerda, imitando a Ibarreche, que su objetivo político es una «Cataluña Libre y Soberana»... y el Gobierno español no tiene nada que comentar.
¿Por qué no hablamos claro de una vez? Los nacionalistas y sus adláteres detestan el bilingüismo en sus territorios, lo mismo que rechazan el oír hablar de un Estado Federal... y de poco vale ocultar esa verdad haciendo oídos sordos a los voceros nacionalistas que no se cansan de repetir: «Derecho a decidir», «independencia», «fuera el castellano» y otras muchas lindezas anticonstitucionales.
Pero no es ésa -la de mirar para otro lado- una práctica que sólo concierna a este Gobierno. Sin ir más lejos, Aznar en 1997 se negó a recurrir la Ley de Política Lingüística de Pujol ante el Tribunal Constitucional, porque necesitaba los votos de CiU. Tampoco la recurrió el Defensor del Pueblo (Alvarez de Miranda), sobre quien se ejerció todo tipo de presiones para que no presentara recurso de inconstitucionalidad. Una ley que era y es anticonstitucional por los cuatro costados.
El Estatuto aprobado el 18 de junio de 2006 (con un apoyo popular, simplemente, ridículo, que todo hay que decirlo) echa un par de paletadas más sobre el asunto: 1) «Todas las personas en Cataluña tienen el derecho de utilizar y el deber de conocer las dos lenguas oficiales». Se establece así la obligatoriedad de dominar el catalán para todas las personas que vivan en Cataluña y 2) «La lengua propia de Cataluña es el catalán. Como tal, el catalán es la lengua de uso normal y preferente de todas las administraciones públicas y de los medios de comunicación públicos en Cataluña, y es también la lengua normalmente utilizada como vehicular y de aprendizaje en la enseñanza».
Si esto es constitucional, yo soy el obispo de Mondoñedo, pero sí es una discriminación contra los castellanohablantes. Y por serlo es también una discriminación para los menos dotados económica y socialmente, los inmigrantes del resto de España y sus descendientes. Estamos ante una descarada y consentida política que pretende tratar a los castellanohablantes como extranjeros en su propio país. «Si un español emigra a Inglaterra, lo que ha de hacer es aprender el inglés» es un argumento que los catalanistas suelen exhibir para exigir a todo el mundo en Cataluña el uso del catalán. Se olvidan -y no por casualidad- que un andaluz en Inglaterra es un extranjero, pero cuando se desplaza a Cataluña no sale de su propia nación.
Las normas internacionales, por ejemplo, las de la Unesco, respecto a la enseñanza recomiendan una obviedad: los niños deben ser escolarizados en su lengua materna. Es tan paradigmático como penoso anotar cómo notables pedagogos catalanes han sacrificado estas elementales normas en el altar de su catalanismo.
Pero no han sido sólo los pedagogos quienes han teorizado, practicado y ejecutado el ombliguismo catalanista. Muy representativos escritores también se han pronunciado en la misma dirección en lo tocante a la creación literaria. Veámoslo.
En el número de julio y agosto de 1977 -inmediatamente después de las primeras elecciones democráticas y en vísperas del debate constitucional- la revista Taula del Canvi, catalanista de izquierdas, planteaba una pregunta a una serie de intelectuales antifranquistas de indudable valía (Salvador Espriu, Manuel de Pedrolo, Joaquín Molas, Antoni Comas...).
El asunto se las traía desde la propia formulación de la pregunta, que era ésta:
¿A los catalanes (de origen o radicación) que se expresen literariamente en lengua castellana hay que considerarlos como un fenómeno de conjunto que hay que liquidar a medida que Cataluña asuma sus propios órganos de gestión política y cultural?
Antes de considerar las respuestas ha de tenerse en cuenta que a ese «fenómeno de conjunto» pertenecían -y pertenecen- los hermanos Juan, José Agustín y Luis Goytisolo, Vázquez Montalbán, Carlos Barral, Juan Marsé, Félix de Azúa, Eduardo Mendoza y un largo etcétera, amigos y compadres de quienes respondían así:
Salvador Espriu: «Espero y deseo que sí».
Manuel de Pedrolo: «No hemos de discutir a nadie el derecho a escribir en la lengua que quiera, pero nadie tiene derecho a convertir una lengua forastera en un arma de destrucción de la identidad del pueblo al cual pertenece o en el cual se inserta».
Antoni Comas: «Como hecho colectivo, como fenómeno de conjunto, hay que liquidarlo a medida que Cataluña recupere su autonomía».
Joaquín Molas: «Si las soluciones son las que deberían ser, los que utilizan la lengua castellana tenderían a desaparecer».
Entre tanto ardor guerrero y exterminador destaca, por extraña, una propuesta razonable:
Francesc Vallverdú: «La cultura catalana se puede manifestar y de hecho se manifiesta en diversas lenguas».
Tan tempranas y amenazadoras manifestaciones de catalanismo identitario y arrasador deberían haber puesto en guardia, al menos, a dos entes políticos: 1) A los inmigrantes llegados a Cataluña y, en general, a los castellanohablantes y a sus representantes políticos y 2) A los partidos de ámbito nacional. Pero todos prefirieron mirar para otro lado, pensando, quizá, que la sangre no llegaría al río, que tales posiciones radicales, como otras muchas de entonces, se atemperarían en el marco constitucional que ya se estaba elaborando. Mas, fuera como fuera, el hecho fue que nadie quiso señalar unos límites, al menos intelectuales, a semejante desbarre.
Dado que los artículos del Nuevo Estatuto referidos a la obligatoriedad de la lengua catalana están recurridos ante el Tribunal Constitucional (TC), conviene recordar aquí una sentencia de este Alto Tribunal; la del 26 de junio de 1986, cuando lo presidía Francisco Tomás y Valiente. En esa sentencia -contraria a la obligatoriedad de una lengua cooficial- se lee lo siguiente: «Pues el citado artículo (el 3 de la Constitución) no establece para las lenguas cooficiales ese deber (el de ser conocidas), sin que ello pueda considerarse discriminatorio».
Cabría esperar que el TC se atuviera en este asunto a su propia jurisprudencia, mas, para decirlo todo, los miembros actuales del TC han demostrado sobradamente que no son ni Tomás Moro ante Enrique VIII ni Becket ante Enrique Plantagenet; se parecen más a los jueces obedientes y obsecuentes que pululaban por España no hace tantos años... y a los que convendría olvidar para siempre. En fin, que mi fe respecto a las actuales instituciones políticas y judiciales es descriptible, por eso estoy dispuesto a pelear contra las canalladas que se están perpetrando contra el derecho a usar el castellano y contra los canallas que las cometen o que las permiten.
Joaquín Leguina es ex presidente de la Comunidad de Madrid.
ZOOM
CARMEN RIGALT
Reserva
Lo malo de la moda gay de ahora mismo (porque los gays han existido toda la vida, pero antes de ahora no daban la paliza sobre el amor y otros demonios) es que nos han enfrentado a las mujeres con los fantasmas de nuestro pasado. Me refiero al reparto de roles en la pareja, la promoción profesional («realizarse», que decíamos entonces), las crisis conyugales derivadas de la infidelidad y los celos (eso, lo peor), por no entrar en las clásicas miserias domesticas (yo trabajo y tú no, yo he sacado al perro y tú no has sacado la basura, a mí me gustan las cretonas y a ti el poliéster, los dos tenemos derecho a la misma cantidad de espacio en el armario y al mismo tamaño de balda en el cuarto de baño). A pesar de los años transcurridos, las viejas cantinelas de las parejas siguen siendo las nuevas. Nosotras, las sufridas heteros del 68, hemos sobrevivido para contarlo, pero ellos, los homos, nos impiden que disfrutemos ahora de una bien merecida amnesia. No seré yo quien les niegue el derecho a equivocarse. Si quieren vivir la película del amor con sus anacronismos, allá ellos. Que su ley les ampare.
Hace ya tiempo que no hablo de hombres ni para descalificarlos. Es la mejor terapia. Las mujeres de mi entorno también han evolucionado en ese sentido. Unas están casadas (felizmente) y otras divorciadas (alegremente) pero el referente masculino ha dejado de ser totalizador. El hombre ya no monopoliza nuestras conversaciones. La edad nos ha hecho más cabronas, pero también más sabias. Entre nosotras circula ahora una consigna tácita: cuando cumplamos unos años más, nos iremos a vivir juntas. Venimos de la dependencia y vamos hacia la libertad. La pulsión del amor nos hizo esclavas. La democracia de la amistad nos hará libres.
Hemos alcanzado el nirvana. Pero la cuota gay de nuestras vidas ha recogido el testigo y se encarga de refrescarnos la memoria con batallitas tenebrosas. Mi cuota gay (porque yo tengo amigos gays, como tengo amigos catalanes y hasta amigos negros) está reproduciendo las mismas preguntas que nosotras nos hacíamos machaconamente. Oyendo a mis gays da la impresión de que el tiempo ha estado quieto durante todos estos años. Ellos son un remake de todo lo que yo viví, del mismo modo que yo fui un remake de lo que vivieron mis abuelas hace un siglo.
He descubierto en mi recámara restos del naufragio de aquella señora Francis que repartía consuelo entre las afligidas de España. Mi amigos gays me obsequian con baterías de preguntas que despiertan todos los mecanismos de la pereza: «He ligado en una sauna: ¿debo contárselo a mi pareja?», «se ha olvidado de mi cumpleaños, ¿me enfado?», «temo agobiarle, pero no puedo vivir sin él: ¿le llamo o no le llamo? ¿o mejor, le pongo un mensajito de móvil?». Lo típico.
Definitivamente, ellos son la reserva de Occidente.
ERASMO
Coalición
Tan Grosse koalition. Erasmo, bien oiréis lo que decía: Alemania, su Gran Coalición (democristianos, socialdemócratas) para tan grande asunto (inflación desbocada). Qué hacer en España, grande kermés centrífuga de los nacionalismos, ETA, Ibarretxe, referendum, Cataluña, su dizque «constitución» (Estatut). Y Rajoy, su Abundio de Oro. Y Mari Tere, la vice: Que se besen (tal hacen).
A DIESTRA Y SINIESTRA
DAVID TORRES
Un millón para el mejor
Nada mejor para combatir la crisis galopante que se avecina que una buena dosis de imaginación. Ya lo advertía Solbes cuando se sacaba un conejo de la chistera por Navidad. Hemos seguido dejando un euro de propina en los bares y, claro, la economía mundial se ha ido a tomar por saco. Es que somos unos inconscientes. Los consumidores españoles funcionamos igual que ese personaje de No es país para viejos al que le preguntan qué ha hecho con los dos millones de dólares que había cogido prestados: «Verá usted, millón y medio me lo fundí en putas y alcohol. El resto lo derroché».
Si hemos estirado el ladrillo hasta los límites de la Muralla China, pues habrá que inventar nuevos oficios. Gonzalo Belaustegui, por ejemplo, ha salido en dos concursos televisivos a la vez y ya está preparando el tercero. Es conmovedor que la España de Zapatero, con lo moderna que es, acabe pareciéndose tanto a la España de Franco. La evolución del Ibex va de la peseta al euro, sí, pero también de Un millón para el mejor a Pasapalabra. La tele veraniega será una mierda, pero el electrodoméstico ancestral puede encarnar la tabla de salvación de miles de familias ahogadas por la hipoteca y la subida de precios, la patera de las ondas donde pueden alcanzar las costas de fin de mes, esa quimera.
En tiempos de crisis, cuando la Bolsa se desfonda y las inmobiliarias hacen aguas, los trabajos de toda la vida regresan por sus fueros. Concursante de televisión, faquir callejero, atracador de bancos. Ante el miedo de perder sus posesiones, ganadas duramente a muerto limpio, De Juana Chaos vuelve a exhibir el espectáculo grotesco de sus costillas. Una lástima que ningún concurso de Gran Hermano fiche a este saltimbanqui del hambre para hacer compañía a los friquis habituales con que suelen amueblar las habitaciones. De Juana daría un perfecto ejemplo de convivencia pacífica, como lo está dando con los familiares de sus víctimas. A ver quién tiene huevos a nominarle.
Para no quedarse atrás, El Solitario acaba de inventar un nuevo oficio: expropiador de bancos. Ya le ha salido un imitador en Sevilla. Esto no es más que una reedición de Brecht, aquel humorista que dijo que robar un banco no era nada comparado con fundarlo. También, cuando le preguntaron por las víctimas inocentes de los procesos de Moscú, dijo: «Cuanto más inocentes, más merecen morir». Hay panes manchados no con el honrado sudor de la frente sino con sangre de muertos. Si lo sabrán Brecht, De Juana y El Solitario.
CON ARGUMENTOS
CAYETANO GONZALEZ
Lo que queda de Ermua
Transcurridos 11 años desde el asesinato a cámara lenta de Miguel Angel Blanco y el nacimiento de lo que se conoció como el «espíritu de Ermua», uno puede preguntarse qué queda de éste y hacerlo en base al análisis de la evolución que en este periodo de tiempo han protagonizado cuatro piezas claves de la vida política y social del País Vasco: el nacionalismo, los partidos constitucionalistas, los movimientos cívicos y las víctimas del terrorismo.
El nacionalismo que lleva gobernando en Euskadi desde hace 28 años está inmerso en una deriva soberanista, la del referéndum secesionista de Ibarretxe, consumando de esta forma su profunda deslealtad hacia la democracia española que tan generosa fue con él en la transición política. Pero no sería justo echar toda la culpa al lehendakari. El PNV, cuando ETA asesinó a Miguel Angel Blanco en lugar de seguir al lado de los demócratas, se fue con los terroristas y firmó con ellos el Pacto de Estella, un acuerdo profundamente inmoral y excluyente. Entonces el lehendakari era José Antonio Ardanza y el presidente del PNV, Xabier Arzalluz. De aquellos polvos vienen estos lodos.
En cuanto a los partidos constitucionalistas, el PSE de Patxi López se encuentra en estos momentos con unas fundadas esperanzas de ganar las próximas elecciones autonómicas, aunque bien haría en no vender la piel del oso, es decir la del PNV, antes de cazarla. El problema que tienen los socialistas vascos es que, en caso de ganar, para gobernar tendrán que pactar o con el PNV o con el PP. La preferencia, tanto de Zapatero como de los actuales dirigentes del PSE, es la de entenderse con los primeros y no querer ni oír hablar de un pacto con los populares. Mientras tanto, estos últimos están intentando que cicatricen las heridas producidas por la marcha de María San Gil y hacer un discurso con algunos guiños al electorado del PNV, pero sin que se les vayan votos útiles al PSE o al partido de Rosa Díez, que en estos momentos encarna mucho mejor el discurso de firmeza y sin complejos frente al nacionalismo.
En cuanto a los movimientos cívicos, Basta Ya ha cerrado por liquidación y porque el núcleo duro se ha ido a UPyD y el Foro de Ermua vive desde hace meses una crisis de la que no acaba de recuperarse y que tendrá un próximo capítulo este domingo con una asamblea donde muy probablemente se releve a su actual presidente, Iñaki Ezkerra, cuya gestión al frente de este movimiento, desde que sustituyó a Mikel Buesa, ha sido manifiestamente mejorable. Las víctimas del terrorismo, después de una legislatura donde tuvieron que salir a la calle hasta en nueve ocasiones, acompañadas por cientos de miles de ciudadanos para pedir a Zapatero que no negociara políticamente con ETA, siguen sufriendo episodios de humillación como el que el terrorista De Juana Chaos vaya a vivir dentro de muy pocos días cerca de varias víctimas. O como que el Estado de Derecho sea impotente para impedir que haya plazas, calles o parques en el País Vasco que lleven el nombre de terroristas.
El balance de estos 11 años no es por tanto muy positivo, pero a pesar de ello, la rebelión cívica que se inició en Ermua transciende los avatares y las coyunturas políticas. Los ciudadanos han demostrado en este periodo de tiempo que no quieren que se negocie políticamente con los terroristas, que lo que desean es su derrota, que estarán siempre al lado de las víctimas. Y en el caso del País Vasco, además hay un cierto hastío respecto al nacionalismo gobernante que habrá que ver si se traduce en un castigo en las urnas. Si alguien no ha sido fiel al «espíritu de Ermua» no han sido los ciudadanos, sino algunos partidos y responsables políticos.
POR CASUALIDADIÑAKI GIL
Pérdida de valores
Sufre la sociedad una «confusión de conceptos» y una «pérdida de valores» fruto del «vacío espiritual que padecen las gentes». Lo dijo ayer en Madrid el rey de Arabia Abdalá bin Abdelaziz en presencia del Rey de España en la inauguración de la Conferencia Mundial para el Diálogo.
Luego aludió a «la extensión de los crímenes, el exceso del terrorismo, el desmembramiento de la familia y la explotación de los débiles» para concluir que no hay «otra salida que un acuerdo a través del diálogo entre las religiones y las civilizaciones».
Vamos a dialogar, pues. Contra el crimen, mano cortada al ladrón. Contra la desunión familiar, velo. Lo del exceso del terrorismo queda para una ponencia de Bin Laden, súbdito de Abdalá. Y para remediar la explotación de los débiles ya echará el buen rey mano del saco de petrodólares.
Considerando que en la Arabia de Abdalá rige una interpretación fundamentalista del islam que impide, entre mil cosas más, que las mujeres conduzcan, a uno le da como un escalofrío impío que haya que llegar a «un acuerdo entre las religiones y las civilizaciones» con este sanedrín.
Hablando de mujeres, quiero decir sobre la mujer, en el cónclave de ayer había 15 (entre 250 asistentes) y en ninguno de los discursos hubo referencia alguna a los derechos de la mujer. Toma paridad, Maritere.
Dado que el presidente del Gobierno fue el único de los sentados a la mesa principal que no tomó la palabra, cabe esperar que José Luis Rodríguez Zapatero le explicara luego a Abdalá sus recetas sobre el terrorismo y la crisis y el avance que en materia de derechos supone el matrimonio homosexual. No quisiera estar yo en la piel del intérprete.
Hay que decir, en honor de la verdad, que el rey Abdalá es un avanzado y un reformador. Ha tratado de descentralizar la Justicia erizando el cabello de los ulemas que controlan un país donde rige la sharia, hizo un pinito democrático en los concejos municipales donde votaron por primera vez los hombres, ha regulado la sucesión y ha permitido excavaciones arqueológicas, gran tabú para los rigoristas.
Esta conferencia tuvo su prólogo en otra celebrada en La Meca y puede que tenga su continuación en Arabia, donde poseer una Biblia es delito.
Bendigamos por tanto al reformador aunque sea tímido. Pero mucho me temo, majestad, que la «confusión de conceptos» que detecta y la «pérdida de valores» fruto del «vacío espiritual» de sus gentes no haya hecho más que empezar.
Nosotros los occidentales pensamos que los conceptos confusos son los suyos y que le vendría bien a su reino perder algunos de sus valores aunque esto no llenara su vacío espiritual. Supongo que en su diálogo de civilizaciones con Zapatero le habrá quedado meridianamente claro.
ASUNTOS INTERNOS
LUCIA MENDEZ
Nuestro Río Grande
La línea imaginaria que separa España de Marruecos, por tierra y mar, es la séptima frontera más desigual del mundo, según el ránking que mide las diferencias de renta per cápita. La séptima del mundo y, por supuesto, la primera de Europa. Para hacerse una idea más cabal del escalón inmenso que separa España de Marruecos, hay que tener en cuenta que la frontera entre Estados Unidos y México ocupa el número 17 en el citado ránking. Aunque en cuanto a creación literaria y cinematográfica, el Río Grande gana de calle al Estrecho de Gibraltar. Ceuta y Melilla no pueden competir en mito-logía con El Paso o Ciudad Juárez. Iñigo Moré, experto en inmigración, señala que mientras las desigualdades entre México y Estados Unidos han disminuido apreciablemente en los últimos años, el abismo económico que separa España de Marruecos ha aumentado y sigue aumentando. El lo tiene muy claro: «O se comparte riqueza, o se recibe miseria».
Nuestro Río Grande, el que se traga los cadáveres de las personas que quieren llegar al Primer Mundo, es el Estrecho. Y ahora también el Mar de Alborán. Un número indeterminado de niños y bebés descansan bajo sus aguas. Son los santos inocentes de la inmigración ilegal. Como dijo Zapatero, la tragedia de los cadáveres de los niños arrojados por la borda de los cayucos, donde sus madres inconscientes no tienen fuerzas para mantenerlos hasta llegar a tierra y darles un entierro digno, es insoportable.
El drama de los niños arrojados por la borda nos ha puesto delante de los ojos una frontera aún peor. La de Marruecos con los países subsaharianos. Una frontera donde mandan las mafias criminales que han sustituido el tráfico de droga por el tráfico con seres humanos. Muchos de los críos eran fruto de la violación de las mujeres inmigrantes que esperan en lugares infames e insalubres para embarcar en las lanchas. Según las ONG, estas parias de la Tierra son violadas incluso por policías sin escrúpulos.
La sociedad hipermoderna tiene mucha facilidad para digerir imágenes tan espantosas como las de los imponentes negros que se apiñan en el fondo de los cayucos a la espera de que la Guardia Civil les rescate con la ayuda de grúas porque ellos no pueden moverse. Hay que ser alguien sin entrañas para no permitir que esos parias se queden en España, después de un viaje por la laguna Estigia. Sin embargo, el blindaje de la frontera dicta que tienen que ser devueltos a sus países en cumplimiento de las normas sobre inmigración ilegal.
Grave dilema político y moral al que se enfrenta el Gobierno. Ser un desalmado o hacer cumplir la ley. Zapatero lo resuelve con palabras hermosas. Pero después su ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, tiene que hacer de malo y decir que los miserables de la frontera no se pueden quedar aquí. Es probable que el dilema se haya resuelto por la vía de en medio. Los más desgraciados podrán quedarse, pero sin que se sepa. Para que los criminales del otro lado de la frontera no tengan la tentación de ser aún más criminales.
EL RUIDO DE LA CALLE
RAUL DEL POZO
Las Cuatro Torres
Esta mañana me levanto y descubro que Madrid encabeza la solidaridad, Madrid es la que más aporta a las comunidades peladas. Hemos logrado la libertad de Amsterdam que alucinaba a los de Pulp Fiction, la modernidad de Berlín y el quede de Estocolmo. Y además de haber apoquinado a los lugares de donde huimos para que Madrid nos hiciera libres, no hemos padecido el embobamiento, el atontamiento del nacionalismo.
Entre los paletas, los ladrones y los pícaros construimos una vanguardia de torres y muslos, con persianas que ocultan la siesta de los adúlteros. Ahora llegan el pánico y las quiebras. Quebrar es cometer un robo, timar con hipotecas falsas, cosa que el Gobierno suele tomar bajo su protección en la hora de la bancarrota. En vez de construir, los promotores inmobiliarios especulaban con los terrenos. A veces no hacen falta ni las torres ni los puentes; obran simplemente para ganar dinero, para continuar ese abrazo del soborno.
No sé para qué se edificaron las Cuatro Torres que están delante de mi casa, rodeadas por la aurora. Pero las saludo. Recuerdo, cuando las presencio, aquel París que iluminaba el mundo un siglo después de la Revolución. Me acuerdo de las palabras deslumbrantes de Apollinaire en Alcoholes, sin signos de puntuación: «Torre Eiffel, pastora del rebaño de los puentes bala esta mañana». Las Cuatro Torres pastorean el nuevo Madrid. Los rebaños de mugientes autobuses son autobuses de emigrantes. Estos ladrilleros que ensancharon, alargaron y dieron altura al nuevo Madrid empezaron de poceros, surgieron de las cloacas. No se parecen a los mecenas clásicos, apenas saben leer, pero han levantado, antes de pasarse por los juzgados, la pequeña Manhattan o Torres Florentinas.
A Florencia los Médicis llegaron con el puñal y el veneno, ensancharon la ciudad-Estado, la convirtieron en el gran museo. Aquí el prodigio en los años de la violenta prosperidad se ha hecho con robo, no con crimen. No hemos sido capaces de escribir El Príncipe, el libro que llevaba el 'Che' en la moto, pero hemos repetido ese pacto sagrado entre la oligarquía y la política. Nos han guindado la tierra pero nos han dejado las Cuatro Torres, la del Espacio, la de Cristal, la de Sacyr Vallehermoso, la de Caja Madrid. Las Cuatro Torres Business Area pastorean las Torres Kio, el modelo del expolio: se burlaron de todas las leyes incluida la de la gravedad.
Nuestro Estado débil ha dado un Cosme que se llama Alberto, al que un día llevaremos a Moncloa. Y, como siempre, la corrupción ha creado vanguardias. Incluso Apollinaire, el ebanista de las palabras, robaba cuadros del Museo del Louvre como Picasso después con su mirada de gitano.
La burbuja de cemento ha dado origen al renacimiento de las Cuatro Torres. Y encima el Foro es la mano abierta, la que da más, en el alfabeto del pánico. Fueron 17 a cenar y, como en El Buscón, Madrid fue la cena.
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