ENCUESTA SIGMA DOS-EL MUNDO: ¿QUE HEMOS HECHO BIEN? ¿QUE HEMOS HECHO MAL? (IV) / PARTIDOS POLÍTICOS

CHEQUEO A 30 AÑOS DE DEMOCRACIA (4) / La encuesta / PARTIDOS POLITICOS
El 90% quiere más democracia y transparencia
MANUEL SANCHEZ
El poder que se concedió a los partidos políticos en la Transición ya no es respaldado por la mayoría de los ciudadanos. Un 40% piensa que los constituyentes no acertaron al dotar de tantos poderes a las formaciones políticas. Ahora, por el contrario, se les pide plena transparencia en sus finanzas y, sobre todo, que los partidos se abran a las decisiones que tomen sus militantes y simpatizantes.MADRID.- Los ciudadanos quieren que en los partidos políticos haya más democracia interna, una mayor transparencia y una menor financiación pública.
Así se desprende, de forma nítida, de las respuestas mayoritarias a la encuesta realizada por Sigma-Dos para EL MUNDO referida a la visión que la sociedad española tiene de sus formaciones políticas.
Ante la pregunta de si debería ser obligatorio por ley que todos los cargos internos de los partidos y sus candidatos fueran elegidos por votación democrática, nada menos que un 88,8% de los encuestados está a favor de la medida. No hay distinción ni por tramos de edad, ni por recuerdo de voto. En todos los segmentos más del 80% quiere que la democracia interna llegue plenamente a la vida de los partidos políticos en España.
Algo similar ocurre ante la pregunta sobre si hay transparencia en las finanzas de los partidos.
Nueve de cada diez encuestados piensan que son poco o nada transparentes las cuentas de las formaciones políticas. Y, al igual que en la anterior pregunta, apenas hay variaciones por posicionamiento ideológico o por tramos de edad.
Esta abrumadora mayoría que denuncia la falta de transparencia, además, pide más control en cuanto a la concesión o condonación de créditos a las formaciones políticas.
De hecho, el 87,8% de los encuestados considera que los partidos políticos reciben trato de favor de bancos y cajas de ahorro, frente a un mínimo 4,6% que cree que son tratados como otras entidades.
Por ello, también es ampliamente mayoritaria la opinión de que debería prohibirse que las cajas de ahorro -cuyos órganos de gobierno emanan en ocasiones de las instituciones políticas-, concedan créditos a los partidos. Así piensa un 59,6% de los encuestados, aunque un 31,5% cree que debe seguir estando permitido.
Un porcentaje similar, el 60,4%, también considera alto el límite de cien mil euros anuales, que marca la ley para las donaciones a los partidos políticos.
Por todo ello, no es de extrañar que una mayoría de encuestados -el 40,6%- considere que no fue un acierto la decisión de los constituyentes de dotar a las formaciones políticas de grandes poderes para crear un sistema de partidos fuerte.
Sólo entre los más jóvenes y entre los votantes del PSOE es mayoritaria la opinión -por apenas dos puntos- de que fue un acierto aquella decisión de hace más de treinta años.
En cuanto a la percepción que tienen los ciudadanos de las actuales formaciones políticas, tanto de su grado de democracia interna como dónde las sitúan ideológicamente, es el PSOE el partido político que sale mejor parado.
De hecho, es a la única formación política a la que los ciudadanos dan un aprobado a la hora de valorar su nivel de democracia interna. En concreto, le otorgan un 5,77 -entre una horquilla de 0 a 10-, y entre los más jóvenes esta nota sube hasta un 6,37. Sólo los votantes del PP suspenden al PSOE y, sólo los votantes del PP están dispuestos a conceder un aprobado a su partido por su funcionamiento democrático interno.
En concreto, el PP obtiene una nota media de 4,79, y no logra el aprobado en ningún segmento de edad, ni entre los votantes de otras formaciones políticas.
Una valoración similar obtiene Izquierda Unida (4,72), mientras que es el Partido Nacionalista Vasco (PNV) la formación política que, según los encuestados, tiene menos democracia interna. Concretamente sólo obtiene un 3,37.
En cuanto a cómo los ciudadanos sitúan ideológicamente a cada formación política, el PSOE vuelve a ser el partido que más se acerca a lo que podría considerarse el centro político.
Teniendo en cuenta que a los encuestados se les pide que califiquen de 1 a 10 -donde 1 es la extrema izquierda y 10 la extrema derecha - el PSOE es el partido que está más cerca del cinco. En concreto, es calificado con un 4,45 y, de nuevo, sorprende el dato de los más jóvenes al ser el segmento de edad que lo sitúa más a la izquierda, otorgándole un 4,15.
El PP, por su parte, es puntuado con un 6,34, situándose como la tercera formación política que más se aleja del cinco, sólo superada por Izquierda Unida (3,37) y ERC (3,15).
Resulta curioso que los votantes del PP sitúan aún más a la derecha a su partido que la media de los encuestados (6,42).
Otro dato llamativo es que el partido de Rosa Díez, Unión, Progreso y Democracia (UPD, es situado mucho más a la izquierda que el PSOE, y obtiene una nota de 4,04.
Es paradójico que los encuestados vean más a la izquierda que el PSOE a partidos claramente conservadores como son los nacionalistas Convergencia i Unió (CiU), PNV o hasta Coalición Canaria.
CHEQUEO A 30 AÑOS DE DEMOCRACIA (4) / La evolución de las formaciones políticasUn PSOE con todo de cara y un PP que tuvo que encontrarse
Los dos grandes partidos han tenido una trayectoria política muy diferenciada, que ha marcado a ambos
MANUEL SANCHEZ
MADRID.- Analizar la trayectoria de los dos grandes partidos de este país durante los últimos treinta años no es algo que puede hacerse de forma paralela.El PSOE, desde la llegada de la democracia, todo lo tuvo a su favor. Apenas tres momentos críticos ha pasado en este periodo. El Partido Popular (PP) tuvo que encontrarse, situarse, bucear en su esencia, sufrir mucho, para con gran esfuerzo y por menos de 300.000 votos, llegar a gobernar en 1996, y poder triunfar con mayoría absoluta en 2000.
A los socialistas, desde el primer momento, les sonrió la democracia. En contra de todas las previsiones, en 1977 y 1979 el PSOE se consolidó como primera fuerza de la oposición, muy por encima del Partido Comunista (PC), que estaba predestinado a ser la primera fuerza de izquierda, y con todas las opciones de llegar más pronto que tarde al Gobierno.
Fue en 1982 cuando el socialismo llegó a su éxtasis, al conseguir 202 diputados y la mayoría absoluta más absoluta que ha conseguido y que, posiblemente, conseguirá un partido político en España durante muchas décadas.
Repitió mayoría absoluta en 1986 y en 1989 y ganó contra pronóstico en 1993 y, finalmente, perdió las elecciones en 1996. Luego, ocho años después, el actual presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, llevó otra vez al PSOE al poder ganando en 2004 y 2008.
Sólo tres momentos críticos se conocen en la trayectoria democrática del PSOE: la crisis de 1979 con la renuncia de Felipe González como secretario general, al negarse su partido a abandonar el marxismo -pocos meses después, el partido le pidió que volviera y aceptaron sus planteamientos-; el rosario de casos de corrupción de 1991 a 1996, donde se vieron implicados desde el gobernador del Banco de España hasta el director general de la Guardia Civil; y la travesía del desierto político que fue de 1996 a 2000, con un liderazgo falso, una bicefalia temporal y una derrota humillante.
La sonrisa volvió al PSOE cuando en el 35º Congreso un desconocido José Luis Rodríguez Zapatero se hizo con las riendas del partido, por sólo nueve votos, para volver a llevarlo al poder cuatro años más tarde.
Tres momentos críticos
Pero, los tres momentos críticos del PSOE se multiplican por diez en el caso del PP. Alianza Popular, constituida el 9 de octubre de 1976, como una federación de pequeños partidos conservadores, muchos de ellos vinculados al antiguo régimen, estuvo trece años cosechando fracasos electorales consecutivos. En 1977 sólo lograron 16 escaños y un 8,7% de los votos. Peor les fue dos años después, en 1979, donde bajo las siglas de Coalición Democrática pasaron a tener sólo diez escaños. Fue en 1982, tras el hundimiento espectacular de la Unión de Centro Democrático (UCD), cuando la derecha se situó como el primer partido de la oposición, aunque a mucha distancia del PSOE. En aquella ocasión, lograron 107 escaños y más del 26% de los sufragios.
Pero la travesía duró todavía casi una década. El PSOE repetía mayoría absoluta, y el PP se instalaba en un limbo oposición, que ni molestaba ni inquietaba.
En 1987, con un Manuel Fraga agotado y desgastado, el centro-derecha buscó un nuevo líder en la figura de Antonio Hernández Mancha. No cuajó. Y Fraga tuvo que volver a coger las riendas dos años después, para designar un nuevo líder: José María Aznar.
Aunque sin carisma, con serios problemas internos y teniendo en frente a la poderosa maquina socialista -muy engrasada tras más de una década en el poder-, el pequeño gran hombre de la derecha española empezó a laminar al PSOE por todos los frentes.
En 1991 consiguió unos excelentes resultados en autonómicas y municipales, aunque todas las expectativas depositadas en él se desinflaron por la derrota de 1993.
Aznar no se rindió y, además, ya había logrado una estructura interna en el PP que le respetaba y le apoyaba, todo bajo el intenso trabajo interno que desarrolló Francisco Alvarez Cascos.
La victoria no podía tardar y sólo tres años después, la derecha española llegó al poder. Por poco, algo que se le cuestionó, pero que Aznar y su equipo gestionaron de forma inteligente para superar con comodidad la legislatura, y lograr una amplísima mayoría absoluta cuatro años después.
Luego, el sucesor de Aznar, dilapidó casi cuarenta diputados -sólo superado en democracia por el desplome de la UCD en 1982- y el PP volvió a la oposición.
No obstante, los dos grandes partidos casi siempre han estado dependiendo de los otros artífices de la trayectoria democrática española: los partidos nacionalistas.
Fue en 1993 cuando se visualizó la necesidad de contar con ellos, ya que ninguna de las dos grandes formaciones tenía mayoría absoluta. CiU se prestó al PSOE en esta etapa. El nacionalismo catalán y el vasco se entregaron a Aznar de 1996 a 2000. Y Zapatero vivió de sus pactos con ERC, BNG o IU-ICV los últimos cuatro años.
CHEQUEO A 30 AÑOS DE DEMOCRACIA (4) / La encuesta / PARTIDOS POLITICOSLa lección ética que supuso 'Filesa' para los socialistas
La financiación ilegal de los partidos políticos, desde la Transición, ha protagonizado múltiples escándalos. Desde las contratas de basura en Madrid allá por el año 1982 -que implicaba al PSOE-, hasta escándalos de mayor envergadura como el caso Naseiro -del que el PP se salvó de milagro-. Sin embargo, fue el caso Filesa, denunciado por EL MUNDO, quien puso de manifiesto el enorme fraude ético y político, así como el uso del más vil tráfico de influencias, que operaba en la actuación de los partidos políticos -en este caso, en el PSOE- para llenar sus arcas y, de paso, enriquecer a sus principales dirigentes. El caso Filesa, que tantos años después puede sonarle a chino a más de un tercio de la población, no fue otra cosa que la financiación ilegal del PSOE a través de pagos por informes falsos, que abonaban las principales entidades de este país, y que a su vez eran receptoras de favores del Gobierno. Costó sangre, sudor y lágrimas, y mucha investigación periodística, llevar el tema a juicio. Pero ganó la verdad, por el bien de la democracia. El PSOE fue condenado por financiarse ilegalmente, y los hechos quedaron demostrados. Y tuvo que ser un bisoño José Blanco, recién llegado a la secretaria de Organización del PSOE, quien se vio obligado a pagar de indemnización casi 300 millones de las antiguas pesetas. Pero Filesa fue una lección democrática. Los partidos, hasta lo que se sabe, han cambiado hábitos y cuidan hasta el extremo volver a repetir el error. Sólo han vuelto a detectarse casos muy localizados y muy locales de financiación ilegal. Todas las formaciones políticas captaron el mensaje y, lógicamente, el PSOE purgó su ilegalidad en las urnas. No obstante, sigue sin haber transparencia.
CHEQUEO A 30 AÑOS DE DEMOCRACIA (4) / La encuesta / PARTIDOS POLITICOSUna democracia interna con demasiados condicionantes
En los últimos Congresos celebrados por el PSOE y por el PP se han empezado a dar tímidos pasos para favorecer, de verdad, la democracia interna en ambas formaciones. El PP acordó un sistema de primarias que permitirá la votación indirecta (mediante compromisarios) de un candidato único a presidente del partido y de Gobierno, así como de los líderes autonómicos y provinciales. El modelo tiene rasgos comunes con el procedimiento de primarias que rige en Estados Unidos. El PSOE, por su parte, fijó el mínimo y el máximo de avales necesarios para ser candidato o concurrir a unas elecciones primarias: se necesitarán más del 20% de los avales, y ningún candidato podrá acumular más del 30%. Así, ambos partidos, han asentado, treinta años después, las primeras bases sólidas para que la democracia interna llegue a sus filas, aunque el poder de los aparatos internos hace todavía muy difícil que esto se materialice.
Hasta ahora, quien había dado los pasos más atrevidos había sido el PSOE a finales de los años noventa, en la etapa de Joaquín Almunia como secretario general. Lo hizo por necesidad, en el periodo democrático más difícil para los socialistas, y fue un experimento agridulce. Almunia fue derrotado por José Borrell, pero poco tardó en ponerse de manifiesto que el aparato manda más que la militancia. Eso sí, el experimento sirvió para que los socialistas celebraran un 35º Congreso abierto, democrático, con cuatro candidatos y de donde nació el liderazgo de José Luis Rodríguez Zapatero. Luego, los socialistas pusieron condiciones casi imposibles y, de hecho, en el PSOE casi han desaparecido las primarias. La democracia interna en los partidos sigue teniendo demasiados condicionantes.
Etiquetas: Sondeos





Links to this post:
Crear un enlace
Home