EDITORIALES: Un Gobierno con mucho de lo bueno y de lo malo de Zapatero

EDITORIALES DEL DÍA
UN GOBIERNO CON MUCHO DE LO BUENO Y DE LO MALO DE ZAPATERO
El primer Gobierno de la segunda legislatura de la era Zapatero, que el presidente dio a conocer ayer después de prometer su cargo ante el Rey, contiene las mejores virtudes políticas del zapaterismo -audacia, osadía, modernidad, innovación, imaginación- pero también bastantes de sus defectos: empecinamiento, frivolidad y sectarismo. La composición del Ejecutivo, así como la explicación que el presidente ofreció sobre sus criterios para formar Gobierno, indican que Zapatero quiere pasar a la Historia de España como el gran modernizador y para ello nombra a sus ministros con el objetivo de hacer «pedagogía» social. No porque sean los idóneos para gestionar los problemas de España, sino porque son los que mejor proyectan la imagen que Zapatero quiere dar de sí mismo. A tal fin, ha decidido tener más mujeres que hombres en el Ejecutivo, designar como titular de Defensa a una mujer catalana y embarazada, sin el menor conocimiento de los ejércitos, y crear un inquietante Ministerio de Igualdad que ocupará la ministra más joven de la Historia. MINISTERIO DE IGUALDAD
El nombramiento más sorprendente y llamativo es desde luego el de Carme Chacón como ministra de Defensa. La dirigente socialista catalana se ha definido como «verde» por fuera y «roja» por dentro. O sea, que tiene un perfil netamente pacifista y además pertenece a un partido, el PSC, que gobierna en coalición en Cataluña con los independentistas de ERC. No cabe ninguna duda de que su foto pasando revista a las tropas con un embarazo de siete meses dará la vuelta al mundo. Es asimismo indudable que su personalidad es muy distinta de los valores de la España tradicional que de alguna manera siguen vigentes en el Ejército. Carme Chacón será una ministra de Defensa completamente distinta y eso puede ser bueno -si logra el respeto de las Fuerzas Armadas- o malo, si no es capaz de ganarse la confianza del estamento militar. Con su nombramiento, Zapatero puede pasar a la historia de la modernidad o a la historia de la frivolidad, en función de que Chacón sepa gestionar con acierto una cartera trascendental para cualquier país.
La segunda novedad llamativa es la creación de un Ministerio de Igualdad, que aunque no tiene apellidos, se supone que se refiere a la igualdad entre hombres y mujeres. La marca de Zapatero al hacer política está presente en el nombramiento de Bibiana Aído, una gaditana de 31 años, como nueva ministra de Igualdad. Desde el punto de vista del márketing político y del poder de la imagen, la designación de Aído es una operación notable. Es la única ministra del Gobierno que ya nació en democracia. Ahora bien -y al margen del beneficio de la duda que merece la titular-, la creación del Ministerio de Igualdad no nos parece un acierto, sino todo lo contrario. La igualdad, como la libertad o la solidaridad, es un concepto que debe estar presente en la gestión de todos los ministerios.
La creación de un Ministerio de Igualdad -cuyo enunciado tiene una connotación algo orwelliana- no puede justificarse únicamente por razones «pedagógicas», porque un ministerio no es una agencia de relaciones públicas. ¿Qué competencias va a tener esta nueva cartera? Zapatero aclaró ayer que se ocupará de desarrollar la Ley de Igualdad, con especial énfasis en el combate contra la violencia machista y el fomento de la presencia de las mujeres en todos los ámbitos de la sociedad. Sobre el primer punto, nada tenemos que objetar. El combate contra la violencia que sufren las mujeres debe ser una prioridad, aunque los instrumentos más eficaces para ello están en el Ministerio del Interior y en la aplicación adecuada de las leyes. El segundo objetivo ya preocupa más, puesto que deja abierta la puerta a que la ministra de Igualdad encabece una brigada político-social de vigilancia y control para que ningún sector escape de la discriminación positiva que Zapatero quiere imponer.
Más acertada es la creación del Ministerio de Ciencia e Innovación, dentro de la reforma que Zapatero ha diseñado. El perfil de la ministra, Cristina Garmendia -doctora en Biología Molecular, especializada en genética y fundadora de varias empresas- resulta muy atractivo. Su procedencia del mismo ámbito científico que su colega de Sanidad, Bernat Soria, puede motivar algunos roces. Lo más problemático para la ministra Garmendia, que sería compartir competencias con Industria, parece conjurado, ya que es una persona de la confianza del ministro Miguel Sebastián, otra de las novedades del Gobierno.
El nombramiento de Sebastián demuestra que Zapatero le situó como candidato a la Alcaldía de Madrid para rodarlo como persona destinada a tener un papel importante en su futuro equipo de Gobierno. Tanto el fracaso que cosechó frente a Ruiz-Gallardón en las municipales como la brillantísima labor que hasta ahora realizaba como columnista en nuestro suplemento MERCADOS -hoy publicamos su última colaboración de esta etapa-, indican que hasta ahora Sebastián ha demostrado ser una persona más adecuada para la reflexión intelectual que para la práctica política. Veremos si además de predicar con elocuencia es capaz de dar trigo. Tendrá mucho poder en el nuevo Gobierno, donde también ha situado a otra mujer de su confianza, Beatriz Corredor, la nueva ministra de Vivienda, que tropezará con las mismas dificultades que sus antecesoras para gestionar una cartera que debería haber sido amortizada. Sebastián ya tuvo roces con Solbes como director de la Oficina Económica de La Moncloa y es posible que estos enfrentamientos puedan repetirse.
Extraña parece la fusión de Asuntos Sociales y Educación en una cartera dirigida por Mercedes Cabrera, cuya labor en Educación no se puede calificar de brillante. También la creación del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, del que se cae la denominación de Agricultura, ha sorprendido en algunos sectores. Los ecologistas se han quejado del desmantelamiento de Medio Ambiente y los agricultores de la desaparición de su nomenclatura. Es probable que la salida de Narbona se deba a la necesidad de acabar con el fundamentalismo en materia de política hídrica -contra los trasvases- y de gestión de las Costas. La vicepresidenta De la Vega se sintió muy irritada por el anuncio de poner patas arriba el urbanismo de la costa levantina, coincidiendo con su designación como cabeza de lista por Valencia. La titular del nuevo ministerio, Elena Espinosa, es una política discreta con una gestión razonable en Agricultura. También el perfil del ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho, parece el adecuado. Inmigrante él mismo, representante del sector menos nacionalista del PSC y con amplia experiencia como alcalde, puede desarrollar políticas de integración necesarias para asimilar tantos nuevos residentes.
Entre lo más aceptable del nuevo Gobierno está la continuidad de los dos vicepresidentes -con De la Vega muy reforzada-, la de Rubalcaba al frente de Interior -pese a nuestras objeciones sobre su pasado, hay que reconocer que está gestionando bien sus arduas responsabilidades- y la de César Antonio Molina como un muy digno titular de Cultura.
DOS ERRORES Y UN DISPARATE
En cambio, nos parece un grave error la confirmación de dos ministros cuya gestión ha sido nefasta. Miguel Angel Moratinos en Exteriores y Magdalena Alvarez como titular de Fomento. Zapatero debería haber aprovechado para dar un impulso a la manifiestamente mejorable y errática política exterior. La presencia de Moratinos dificultará, además, el pacto de Estado con el PP. Por su parte, Magdalena Alvarez cuenta con el dudoso honor de haber sido la única ministra reprobada por el Parlamento y llegó más que quemada políticamente a las elecciones por la crisis del AVE y las infraestructuras catalanas. Resulta patético e incluso una provocación que Zapatero diga que los catalanes han refrendado en las urnas la gestión de la ministra.
Y lo que ya es un disparate sin paliativos, e incluso una ofensa a los ciudadanos es la continuidad de Fernández Bermejo en Justicia. Probablemente no hay un español más inadecuado que él para contribuir a la solución de los grandes problemas a los que se enfrenta la Justicia, considerada una prioridad política por parte de Zapatero. Su sectarismo y malos modos harán casi imposible el diálogo con el PP.
No obstante estos estrambotes, Zapatero ha retomado la iniciativa política, dejando más en evidencia la timidez de las decisiones tomadas por Mariano Rajoy desde su derrota electoral. Extrapolando sin duda su propia experiencia, el líder del PP dijo ayer que el nuevo Gobierno es «continuista». Como se ve, pueden sacársele casi todos los defectos, menos ése.





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