
ENCUESTA EL MUNDO-SIGMA DOS EN EL 70º CUMPLEAÑOS DE JUAN CARLOS I
Notable alto para el Rey
Los españoles valoran con un 7,89 su papel durante sus 32 años de reinado El 82,9% cree que la Monarquía está consolidada en España y sólo un 12,8% se siente republicano Los nacionalismos separatistas, única amenaza seria para la Corona, según la mayoría
ANGELES ESCRIVA
MADRID.- Hasta el más republicano de los ciudadanos no va a tener más remedio que felicitar hoy a Don Juan Carlos por dos motivos: uno, por su 70º aniversario, sin mayor pero tampoco menor mérito que el de superar con evidente entusiasmo el paso de los años; y dos -de mayor enjundia dada la naturaleza inquieta de la sociedad española-, por haber logrado imprimir una gran solidez a su figura y, por ende, a la institución de la que es el máximo representante.
El caso es que los españoles han valorado con un notable alto (7,89) su papel durante sus 32 años de reinado. Además, mantiene la popularidad de sus mejores momentos, según refleja la encuesta elaborada para EL MUNDO por Sigma Dos.
Don Juan Carlos ha alcanzado un 7.89 en la opinión de los españoles que tan contenidos se muestran a la hora de valorar a figuras públicas tales como los políticos, a quienes aprueban en muy escasas ocasiones y con más que justificada dificultad -sin ir más lejos, y aunque el Rey juega en otra división, en nuestra última encuesta el presidente no sobrepasó el 5,4 de nota y Mariano Rajoy el 4,4-. Ha conseguido asimismo que la Monarquía se haya consolidado e incluso que las tendencias republicanas que empezaban a repuntar desde hace unos tres años se vean repentinamente estancadas e incluso remitan con rapidez -aunque nunca se sabe si coyunturalmente y con algún ligero matiz que veremos-.
Ese es el resumen de la encuesta elaborada esta misma semana en la que se revelan datos de indudable importancia como el que indica que, de todas las amenazas contra la institución monárquica ciertas o insinuadas desde distintos sectores, la que es percibida por la opinión pública como la única que puede adquirir entidad es la que procede, no de la derecha ni de la izquierda extremas, sino de los nacionalismos separatistas
Los resultados de la encuesta, en cualquier caso, lo que demuestran con meridiana claridad es que el Rey ha superado el bache relativo de popularidad por el que estaba atravesando, y que no ha sido en vano la campaña desarrollada en los últimos meses en la que se han publicitado sus gestos e intervenciones de un modo más intencionado si cabe. Tras el episodio de la quema de las fotos de miembros de la Familia Real por un sector de independentistas catalanes -reducido pero escandaloso-, los diferentes actos que han ido sucediéndose con Don Juan Carlos como protagonista parecen haber sido valorados de un modo enormemente positivo por la opinión pública.
Han tenido muy buena acogida en el ciudadano los viajes a Ceuta y Melilla con el escenificado enfado del monarca marroquí; el «por qué no te callas» dirigido al populista y esperpéntico presidente venezolano Hugo Chávez; el viaje sorpresa para visitar a las tropas españolas en Afganistán; el equidistante discurso de Nochebuena, e incluso la reivindicación que hace meses se vio obligado a realizar de su trabajo desde la Transición hasta hoy -así es la democracia-, ante los ataques que estaba recibiendo, sin que el Gobierno realizase inicialmente intervención alguna en su favor.
A la luz de la encuesta, con razón, la Casa Real considera que «éste ha sido un año muy positivo para el Rey y que todas las polémicas han servido para consolidar su figura», informa Marisa Cruz.
Según los datos del sondeo, los ciudadanos consideran que Don Juan Carlos merece casi un ocho en su papel como monarca constitucional. Tanto los electores socialistas como los populares lo valoran por encima de esa media, que se ve rebajada con la opinión de los ciudadanos que dicen haber votado a IU, y que le otorgan un 6,78%. La labor del Rey está mejor considerada entre las mujeres que entre los hombres -sólo tres décimas-, y, progresivamente, entre las personas más maduras que entre los jóvenes. Por ejemplo, los jóvenes de 18 a 29 años le dan un 7,1 de nota, mientras que los mayores de 65 años le ponen un 8,85; casi dos puntos de diferencia.
Para poner en su contexto cuál ha sido la evolución de las cifras hay que remontarse a dos encuestas anteriores en las que las preguntas guardaban cierta similitud. En sendos sondeos realizados en 2000 y en 2005, se pidió una valoración de la Monarquía: en el primer caso, los ciudadanos le concedieron un 7,49 y en el segundo caso un 7,06. Se solicitó asimismo a los españoles su opinión sobre si consideraban que la institución estaba consolidada y el resultado fue que en cinco años se había producido un descenso de 12 puntos, de un 84,4% a un 72,5%.
En ambas ocasiones se les interrogó sobre si se consideraban monárquicos o republicanos y resultó que, en otoño de 2005, una cuarta parte de la población se había levantado republicana, el 38% de los jóvenes prefería la República y, aunque más del 77% de los ciudadanos seguía teniendo una buena imagen del Rey, su nivel de aceptación había caído ocho puntos en un lustro.
La encuesta publicada hoy demostraría que Don Juan Carlos ha mejorado en el, por otra parte, alto nivel de aceptación de la ciudadanía y que, probablemente por este motivo, el resto de los parámetros ha experimentado un repunte al alza. Actualmente un 82,9% de los españoles considera que la institución monárquica está consolidada, en lo que constituye una mejora de 10 puntos respecto a 2005.
Respecto a las simpatías por la República, si hace un lustro aproximadamente uno de cada cuatro de los preguntados se declaraba partidario del citado régimen (el 23,5%), hoy sólo se manifiesta republicano el 12,8%. Sin embargo, en esta cuestión las cifras esconden algunos puntos de vista cuyas conclusiones resultan más interesantes de lo que pudiera parecer y que pueden tener cierta relevancia en un futuro.
Un 28,5% de la población se declara monárquica y un 14,6% juancarlista. En el mejor de los casos estos porcentajes indican que el 43,1% de los consultados -cinco puntos más que hace dos años- respalda la institución; incluso, aunque haya un 18% de jóvenes que se declara republicano, hace dos años había un 38,3%. Así pues, los datos son abiertamente favorables a la Monarquía.
Sin embargo, el porcentaje de ciudadanos que en estos momentos se declara «indiferente ante la forma de Estado» es mayoritario -39,9%-, y, aunque sea una conclusión más argumentativa que científica, los indiferentes y los republicanos -un 12,8%- superan ampliamente a juancarlistas y monárquicos. Son los socialistas, los más jóvenes y los que tienen entre 45 y 64 años, a los que más les da igual el sistema por el que se administre el Estado.
Es el matiz al que se hacía alusión en un principio. Viene rebatido en la actualidad por el resultado de otra pregunta: un demoledor 70,6% cree que la mejor forma de Estado para España hoy es la Monarquía pero, de nuevo, más de un 30% de los jóvenes piensa que esto no es así. Por cierto, que la encuesta indica que los jóvenes que son monárquicos, son monárquicos en su mayor parte y no juancarlistas que pasa a ser un concepto generacional.
Cortesanos
Hay otros elementos reveladores. A quienes hayan difundido la tesis -incluido el propio Rey- de que los ataques procedentes de la derecha van minando a la Monarquía; a quienes piensen que es la izquierda la que perjudica a la institución; a todos ellos, los encuestados les responden que bajo ningún concepto. Ni las peticiones de abdicación de Jiménez Losantos, ni la prensa del corazón, ni los cortesanos que pudieren aprovecharse del Rey son dañinos para la institución, según la opinión pública. Sí lo son los nacionalismos separatistas, y así lo considera un 47% de los encuestados. Es curiosa aquí la reacción de los votantes socialistas, que minimizan en un ¡no será para tanto!, el supuesto peligro, en sintonía con la política de pactos y el talante mantenido al respecto por el presidente del Gobierno. Una mayoría de los votantes de IU, por el contrario, parece encantada con la posibilidad, y, aunque sin grandes cifras, sin escandalizar, reconoce que los nacionalistas a los que respalda pueden horadar los cimientos monárquicos.
Hay casi siempre una cuarta parte de la población, más crítica, que en las diferentes preguntas considera que todo ha empeorado con el paso del tiempo. También la imagen de la Monarquía. Pero son más quienes piensan que la situación está estabilizada o incluso va mejorando.
De modo que, sin más, lo que hoy corresponde es felicitar al Rey.
CUMPLEAÑOS REAL / La crónica política
El Rey cumple 70 años con la Corona consolidada«Orgulloso del país», pero «preocupado por la falta de concordia»«Divisiones y desencuentros no pueden ser compañeros de ruta», advierte
Más de 32 años después de que Don Juan Carlos pusiese en marcha el motor del cambio político que permitió transitar en pacífico consenso de la dictadura a la democracia, la Corona es hoy una institución consolidada para ocho de cada 10 españoles. El mismo día en que el Rey cumple 70 años, EL MUNDO le dedica un amplio especial y hace pública una encuesta en la que los ciudadanos le otorgan una valoración, excepcional, de notable alto (un 7,89), muy por encima de cualquiera de los líderes políticos, y señalan a los nacionalismos como la única amenaza seria para la dinastía.
Como apunta Jorge de Esteban, el mérito en que se fundamenta esa tremenda penetración popular, tanto tiempo después de su papel en la Transición o en el 23-F, está en haber sabido cumplir rigurosamente con la misión que le otorga la Constitución sin permitir que las vicisitudes propias de la persona de Juan Carlos de Borbón hayan interferido en la función elevada que encarna, en «profundo y permanente compromiso de servicio y entrega a España y a todos los españoles», como reiteró el Monarca en su último mensaje de Navidad.
Precisamente porque en 2007 su figura se ha visto rodeada de algunas polémicas (la quema de fotos, su enfrentamiento con Chávez o la separación de los duques de Lugo), el cumpleaños es más celebrado. Y porque la legislatura que termina ha sido una de las más convulsas, más relevante es el balance que el Rey hace de su reinado: dice estar «muy orgulloso de su país, de su avance y de la fuerza de los españoles», pero preocupado «por la pérdida de unidad en cuestiones fundamentales».
MADRID.- El Rey cumple hoy 70 años y más de 32 de reinado. Don Juan Carlos, cuando hace balance de las tres décadas que han transcurrido desde su llegada al Trono y de las seis que han pasado desde que pisó por primera vez suelo español, asegura estar «muy orgulloso del país, de su avance y de la fuerza de los españoles».
Así lo explican los altos funcionarios de la Casa del Rey con los que el Monarca realiza su actividad a diario. Sin embargo, Don Juan Carlos, pese a su convencimiento de que reina sobre «una gran nación», que ha dado «un cambio impresionante» desde 1977, también está «preocupado» porque advierte evidencias de «pérdida de unidad y falta de concordia en cuestiones fundamentales como la lucha contra el terrorismo».
Al Rey, señalan en su entorno, le inquieta especialmente esa deriva hacia la confrontación que nace en los partidos políticos, hace mella entre los ciudadanos e incluso afecta a la solidez de las instituciones. Por eso, a lo largo de la legislatura que ahora termina el llamamiento a la recuperación del consenso ha sido constante. «Divisiones y desencuentros», advierte el Rey, «no pueden ser los compañeros de ruta».
Don Juan Carlos, cuando se refiere a este problema, siempre saca a relucir el espíritu de diálogo y la voluntad de entendimiento que desembocó en los Pactos de La Moncloa y en lo que él considera el hito más importante de la historia reciente española: la aprobación de la Constitución, «concebida», dice, «para integrarnos a todos».
«Esto es», insisten en La Zarzuela, «lo que le mueve especialmente al orgullo porque a partir del texto constitucional los españoles, con él en la Jefatura del Estado, construyeron un país nuevo y moderno que suscita admiración en el exterior». Don Juan Carlos asegura que los primeros años de su reinado fueron «muy difíciles» y que sólo cuando se superó el intento de golpe de Estado del 23-F vio con claridad que «el país tenía madurez y estaba listo para rodar».
Fiel a su papel, que le exige situarse por encima del juego político y no interferir en las decisiones del Ejecutivo, el Rey no se pronuncia acerca de la necesidad de revisar, 30 años después, algunos aspectos de la Carta Magna, ni siquiera el que afecta de lleno a la institución monárquica y que hace referencia a la supresión de la prevalencia del varón sobre la mujer en la sucesión.
La decisión de proceder a la reforma constitucional debe partir del Gobierno, recalcan en La Zarzuela, desde donde se incide en que la única puntualización que plantea el Monarca es que en caso de emprender esa vía se haga con el mismo espíritu que en el 78; de lo contrario, es mejor esperar.
Opiniones secretas
«El tiene lógicamente», añaden las fuentes, «su opinión sobre las cosas, a veces incluso se enfada mucho con algunas propuestas, con algunas afirmaciones, pero se abstiene escrupulosamente de hacer públicas sus apreciaciones». Cuando en alguna ocasión se ha conocido la opinión del Rey sobre algún tema de máximo interés político, siempre se ha levantado polvareda. Así ocurrió, por ejemplo, cuando trascendió que a Don Juan Carlos le parecía lógico que el Gobierno de Zapatero hubiera intentado la negociación con ETA.
Sus palabras inmediatamente suscitaron todo tipo de reacciones encontradas y, en opinión de la Casa del Rey, debe evitarse que los ciudadanos coloquen al Monarca en un bando político porque, añaden, «el éxito de su papel, de la Corona, radica precisamente en ser de todos los españoles».
Por este motivo, desde la Zarzuela se ha puesto cuidado extremo en impedir interpretaciones sobre la posición del Monarca en cuestiones tales como la ley de Memoria Histórica, el matrimonio entre personas del mismo sexo o las reformas estatutarias, por citar algunas que han despertado gran controversia.
Esta ha sido quizá la primera y más importante lección que Don Juan Carlos ha transmitido a su hijo, a quien, a punto de cumplir 40 años, el Rey considera «tan comprometido» como él mismo con la nación.
Desde el entorno del Monarca no se cansan de insistir en la «categoría intelectual y humana» del Príncipe, pero también admiten que Don Felipe tiene que «ser más conocido por los españoles» a fin de que el hecho sucesorio, cuando se produzca, no suscite dudas en la ciudadanía.
Reconocen igualmente que la personalidad del Rey es «tan arrolladora» que, ante la prensa y el público, hace palidecer todo lo demás. Sólo la Reina ha conseguido labrarse una imagen propia e independiente, un camino personal en las áreas de la cooperación y la cultura, en las que ella es la protagonista.
Don Juan Carlos, que en el último año ha visto cómo desde algunos sectores se le cuestionaba, no cree que el rechazo se dirija personalmente hacia él sino a lo que representa, a su figura como garante de la legalidad constitucional y de la unidad del país, y ello ha hecho crecer en el círculo que le rodea el temor a que la contestación, hasta ahora muy minoritaria, se recrudezca con motivo de la sucesión. El mensaje que Don Juan Carlos quiere recalcar, explican en La Zarzuela, es que con el Príncipe «no se partirá de la nada». En este punto radica, en opinión del Rey, una de las ventajas de la institución monárquica.
Don Juan Carlos mantiene con su hijo un contacto estrechísimo y el Heredero asume un papel cada vez más relevante. «El día que le toque estar al frente del Estado», recalcan los más próximos asesores del Rey, «el país se dará cuenta de la categoría que tiene».
elmundo.es Especial: Repaso en imágenes a la vida del Rey.
CUMPLEAÑOS REAL
Su primer...
Jaime Peñafiel repasó así la vida de Don Juan Carlos en el Magazine de EL MUNDO del pasado 23 de diciembre
Su primera carta a los Reyes Magos. El 6 de enero de 1947 coincidió con su primera comunión, por la que recibió muchos regalos. La carta que escribió a Melchor, Gaspar y Baltasar fue, más bien, modesta: «Queridos Reyes, os escribo porque a lo mejor me traéis algo. Pero os digo que no he sido bueno y no tenéis que darme nada. Sólo carbón. Si me permitís, voy a pediros unas cositas: una escopeta de aire comprimido, una pistola con balines y una cosa que se pone en los oídos con una antena con la que se puede oír la radio».
La primera vez que se separó de sus padres. En enero de 1946, para ingresar en el internado Ville Saint-James, en Friburgo (Suiza). Allí residió de enero a abril de ese año y, más tarde, desde septiembre de 1947 a junio de 1948. Los fines de semana los pasaba con su abuela, la reina Victoria Eugenia, que vivía en Lausanne.
Sus primeras lágrimas. En el colegio, un día, por su mal comportamiento, su profesor no le dio ni las buenas noches. «Cuando me fui a la habitación, escuché a un niño que lloraba mucho y durante largo tiempo. Hubiese sido muy fácil ir a consolarle, pero recordé las órdenes recibidas de sus padres: 'Juanito debe ser tratado como los demás'. Al día siguiente, le preguntó a su profesor: 'Señor, ¿podré darle esta noche la mano y despedirme?'».
El primer libro leído. Uno de la serie de Tarzán. También le gustaba Emilio Salgari. Pero su favorito era Platero y yo.
La primera gamberrada. Destrozó con petardos la cristalera de la galería del patio de la Academia Militar, con motivo del día de Santa Bárbara. Fue castigado por ello.
La primera vez que se afeitó. En la Academia Militar de Zaragoza, en 1955. El barbero se llamaba Prudencio Mur.
Su primera vez en el calabozo. Encontrándose en la enfermería de la Academia Militar, enfermo de hepatitis, se le ocurrió escaparse en pijama para ver pasar la vuelta ciclista, en la que corrían Bahamontes y Loroño. Le sancionaron con dos días de calabozo, al que tuvo que llevar su colchón y su almohada.
Su primera colección. De monedas.
El primer gran amor. Fue la princesa María Gabriela de Saboya, en 1958.
El primer coche propio. Lo compró en 1969. Se trataba de un Austin Mini por el que pagó 100.000 pesetas. Hoy lo conserva un taxista llamado Pedro Molina Padilla.
La primera vez que viajó a España. El 9 de noviembre de 1948, tras un acuerdo entre su padre y el general Franco para que realizara aquí sus estudios.
La primera vez que vio a Franco. El 24 de noviembre de 1948, en el Palacio de El Pardo. El único recuerdo que guarda fue ver un ratón paseándose tranquilamente por el despacho.
El primer juramento que no cumplió. El 23 de junio de 1969, de rodillas y ante Franco. Juró cumplir las Leyes Fundamentales del Movimiento. Cuando el 22 de noviembre de 1975 fue proclamado Rey, afortunadamente, actuó en contradicción con tal juramento.
CUMPLEAÑOS REAL / La obligación
Militar por deber y devoción
El ingreso de Don Juan Carlos en las Academias no estuvo rodeado de simpatía, pero en momentos de prueba se ganó el reconocimiento del estamento castrense
CARLOS TORO
MADRID.- Todos los militares de cualquier graduación (o sin ella) llevan en el pecho, en el lado izquierdo del uniforme de campaña, el apellido y la divisa de su empleo. También el Rey, aunque su identificación personal sea innecesaria.
En el uniforme del Monarca se lee: «Borbón». Simplemente, si puede decirse. La palabra, por si no fuera suficientemente expresiva, va acompañada de cinco estrellas de cuatro puntas, las que designan el generalato. Don Juan Carlos luce dos más que los tenientes generales, máximo grado del Ejército español. Y una más que dos de esos oficiales: los jefes de los Estados Mayores de Tierra y Aire (y el jefe del Estado Mayor de la Defensa, el Jemad), ya que el Rey es el único capitán general de nuestro Ejército. Y dado que también es el Jefe de la Armada, en la bocamanga de su uniforme de marino lleva una banda más (una estacha), que los almirantes.
Queda claro que Don Juan Carlos Víctor María de Borbón y Borbón es un militar. Y, por añadidura, el militar de mayor edad en activo. El nunca cesa en el empleo ni pasa a la reserva. También es un civil, un paisano. Como civil es el Jefe del Estado. Como militar ostenta constitucionalmente el mando supremo de las Fuerzas Armadas (FAS). Nació, naturalmente, civil. Pero desde los 17 años, en los que empezó los estudios (resumidos) en las tres Academias Militares, es un soldado. Y se siente más militar que civil.
Dentro de su indiscriminada campechanía, se le ve más a gusto entre los militares (ellos lo corroboran). Como es lógico, pasa más horas ataviado de civil que de militar. Pero ha vestido el uniforme siempre que ha podido, no sólo cuando ha sido necesario. Era preciso hacerlo cuando, en noviembre de 1975, tras haber asumido provisionalmente la jefatura del Estado por el agravamiento de la salud de Franco, visitó a nuestras tropas en el Sáhara, desorientadas ante la amenaza de la Marcha Verde. Era preciso hacerlo cuando apareció en televisión para desautorizar a Milans del Bosch, Tejero y compañía durante el 23-F. Era preciso hacerlo para recibir los ataúdes de las víctimas del Yak-42. Ha sido preciso hacerlo para visitar, días atrás, a nuestros soldados en Afganistán y brindar con ellos por 2008...
Pero no era preciso hacerlo en otras ocasiones. No obstante, el Rey ha escogido el uniforme para subrayar momentos especialmente importantes de su vida. Vestido de uniforme se casó, juró en las Cortes como Jefe del Estado y, tras el nacimiento del Príncipe Felipe, se fotografió oficialmente por primera vez con sus tres hijos. Siempre que puede o la ley se lo permite, se rodea de militares para el desempeño de sus tareas oficiales. Y, en cierto modo, ha arrastrado a su familia, no sólo, como es de rigor, al Heredero, a compartir esa vocación. Una fragata lleva el nombre de la Reina y dos corbetas, hoy patrulleros de altura, los de las Infantas.
Don Juan Carlos tuvo que ganarse desde un principio las voluntades castrenses, o al menos su benevolencia. Su ingreso en las Academias (permaneció dos años en Zaragoza, y uno en Marín y en San Javier) no estuvo rodeado precisamente de simpatías, por no decir hostilidad soterrada. Corría 1955 y entonces no existía en el estamento militar inclinación monárquica alguna. Pero el joven cadete, en momentos de prueba y delicados ajustes humanos e institucionales, actuó de forma irreprochable, mostrando una camaradería sin favoritismos ni exclusiones, superando correctamente los niveles académicos y comportándose con disciplina y lealtad hacia el mando.
Siempre ha mantenido un escrupuloso equilibrio entre las tres Armas. Si siente inclinación hacia alguna (¿la Marina?), jamás lo ha demostrado ni se le ha intuido. Se sugiere sotto voce que, por edad y formación, no ha estado de acuerdo con alguna de las reformas experimentadas en los últimos años por las FAS, resumidas en la supresión de las Capitanías Generales territoriales, la instauración del servicio militar profesional, la incorporación de la mujer, etcétera. Bajo su mando formal se han promulgado leyes revolucionarias para el ámbito castrense: el nuevo Código Penal Militar, la Ley del Régimen de Personal de las FAS, la Directiva de Defensa Nacional, la Ley Orgánica de la Defensa Nacional... Todas las ha fomentado o acatado, en apoyo a la plena integración de nuestros soldados en las organizaciones internacionales.
El Rey se interesa mucho por los nuevos sistemas de armas, de los que solicita frecuente información, e interviene con mayor asiduidad que en otras reuniones en las del Consejo de Defensa Nacional.
En todos los actos militares o cívico-militares que, con una copa de vino o un canapé por medio, se celebran en instalaciones del Ejército, el oficial de mayor graduación insta a los presentes a brindar «por el primer soldado de España». Hoy, con mayor razón, se levantarán las copas y se gritará: «¡Por el Rey!».
CUMPLEAÑOS REAL
Sus discursos
Desde que en 1976 presidiera por primera vez la Pascua Militar, Don Juan Carlos ha pronunciado el 6 de enero algunos discursos que, por su significación, han quedado grabados en la memoria
1979
Exigencia de disciplina. En el momento culminante de la Transición, recién aprobada la Constitución, el Rey pronunció uno de sus discursos más conocidos, en el que exigió a las Fuerzas Armadas lealtad y disciplina. La inquietud era palpable en los cuarteles y se había materializado el día 5, cuando, en el funeral del general Constantino Ortín, asesinado por ETA, un grupo de militares había recibido a Manuel Gutiérrez Mellado al grito de «mueran los traidores». Al día siguiente, Don Juan Carlos fue tajante: «El espectáculo de una actitud irrespetuosa originada por exaltaciones momentáneas en que los nervios se desatan, es bochornoso».
1982
La resaca del 23-F. Superados los meses más difíciles para la incipiente democracia, el Rey no pudo evitar referirse al golpe de Estado del año anterior. Primero, para dar «las gracias por la lealtad» de la mayor parte de los miembros del Ejército. Y segundo, para criticar «los panfletos y las hojas repartidas entre los militares y la planificación de unas versiones de los hechos, con que se ha pretendido intoxicar y desorientar a las Fuerzas Armadas, con la mentira como lema, la confusión como método y la afrenta como objetivo». 1986
La entrada en Europa. Cinco días después de que España se convirtiera en miembro de la UE, Don Juan Carlos pronunció uno de los discursos más optimistas que se le han oído en la Pascua Militar. Superados los duros años de la Transición, derrotada la intentona del 23-F y consolidada la Monarquía 10 años después de su coronación, el Rey pudo proclamar que «España se ha transformado en una democracia, alineada con las naciones europeas de su estirpe y condición». 1993
Las primeras misiones. Tras un año en el que España había tenido una proyección internacional inaudita, el Rey abrió 1993 señalando el fin del «aislamiento» español «para salir al exterior». La referencia, aparte de los Juegos Olímpicos y de la Expo recién celebrados, era a propósito de la primera misión en la que había participado el Ejército fuera de nuestras fronteras: Bosnia. 2005
En defensa de la Constitución. Cuando el sinfín de reivindicaciones nacionalistas parecía amenazar el orden constitucional, Don Juan Carlos hizo una férrea defensa del legado de la Transición, recordando que a la Carta Magna «debemos muchos años de armónica convivencia, de envidiable modernización y de avanzada articulación territorial». «Una Constitución de incalculable valor para que España siga progresando unida, en democracia y libertad», dijo.
CUMPLEAÑOS REAL / ... y la devoción
«Me apasiona la competición»Don Juan Carlos, un asiduo practicante del deporte, ha sabido asociar la imagen de la Corona a quienes hacen país desde la transversalidad ideológica
ORFEO SUAREZ
MADRID.- El deporte tiene una naturaleza transversal y vertebradora, porque es depositario de la identidad sin necesidad de contaminarse por la disputa de quienes luchan por ocuparla. Esa ha sido, precisamente, la aspiración de la Corona desde el advenimiento de la democracia, después de que Franco propusiera su reinstauración.
Desde ese punto de partida, sembrado de trampas e incertidumbres, el Rey Juan Carlos alcanzó el umbral de la legitimidad común en una España moderna, aunque todavía lastrada por su atávico cainismo. El Monarca comparte ese altar con muy pocos privilegiados y con algunos, además, tiene en común una pasión y una misión. La primera es el deporte; la segunda, España.
La llamada después de un triunfo, pero también de una derrota y de un llanto, ha merecido siempre poco más de dos líneas en las crónicas, porque a los periodistas nos ha faltado, a menudo, tiempo y pericia para reparar en los pequeños detalles, en el efecto que realmente producían en quienes las recibían. Sólo después de muchas conversaciones con Manolo Santana, Angel Nieto o Fermín Cacho es posible descubrir cómo esas rápidas llamadas despertaban en estos pequeños héroes el sentimiento de pertenencia. Nunca sabremos lo huérfanos de símbolos que se sintieron, sin himno o con una bandera en discusión, y cómo el Rey ejerció esa paternidad nacional.
Esa labor no fue en absoluto forzada, sino sincera, incluso placentera, porque Don Juan Carlos habría querido ser como ellos. La actividad deportiva jalona toda su vida, desde los inicios en la hípica, que segó el Generalísimo. Durante la recepción en La Zarzuela por el 70º aniversario de Marca, en la que recibió a su director, Eduardo Inda, el Rey contó que Franco le dijo: «Además del riesgo físico que entraña, si gana, dirán que es por ser quien es y, si pierde, dirán que es un manta. Búsquese otro deporte». Esta anécdota y otras muchas son reveladas por Don Juan Carlos en el suplemento que, con motivo del cumpleaños del Monarca, hoy también publica ese periódico deportivo. «Detesto que me den trato de favor», afirma, al mismo tiempo que reconoce: «La adrenalina de la competición me apasiona».
Dice que el deporte que más le gusta ver por televisión es el tenis, por encima del fútbol. Su equipo, oficialmente, es la selección española, pero Raimundo Saporta decía que era madridista y otros han aireado su supuesta afición por el Atlético. Sea cual sea, levantó junto a Puyol la segunda Copa de Europa del Barcelona, hace dos años, en París.
La negativa de Franco obró su efecto y la hípica, afición que heredó de su madre, doña María de las Mercedes, quedó a un lado. Podía haber sido olímpico en la ciudad donde nació, en Roma'60, unos Juegos a los que la futura Reina Sofía acudió como suplente en el equipo griego de vela, deporte en el que se refugiaría el que iba a ser su marido. El sueño esperó 12 años, hasta Munich, cuando Don Juan Carlos tomó parte como regatista. Para esa etapa no miró a la lucecita del Pardo. La embarcación de la que formaba parte acabó en decimoquinto puesto.
Ya en la madurez, la vela se convirtió en el espacio para desarrollar su afán competitivo, atemperado en el día a día por las obligaciones de la Jefatura del Estado. Lo hace anualmente en un clásico de este deporte, la Copa que lleva su nombre, a bordo del Bribón, armado por su íntimo José Cusí. El Monarca y su tripulación han conquistado el trofeo que se disputa en aguas de Mallorca en cinco ocasiones. Este deporte ha seducido a toda la familia. La infanta Cristina fue suplente en el equipo olímpico en 1988 y su hermano Felipe compitió en la especialidad de soling en 1992.
Cusí sostiene que Don Juan Carlos habría sido mejor jinete de competición que regatista, pero la hípica quedó prácticamente sólo para sus recuerdos, como sus inicios en el golf durante los años de refugio en Estoril. Ha preferido dedicarse a la caza -de ahí sus problemas con el oído derecho-, practicar el esquí o aprovechar su pasión por el motor y la velocidad siempre que ha podido, como Rey o de incógnito, según las leyendas que hablan de un motorista cubierto por los alrededores de la Zarzuela. Aficiones de un Monarca que se impuso como deber apoyar a quienes hacían lo mismo por hacer país.
El Mundial, los Juegos de Barcelona y la Copa América
MADRID.- En el palco del Bernabéu el Rey ofició de Jefe de Estado y de aficionado al compartir la emoción que levantó de su asiento a Sandro Pertini, presidente de la República Italiana, en la final del Mundial de fútbol de 1982. Era el primer gran acontecimiento deportivo que organizaba la España democrática, un año después del 23-F en el que Don Juan Carlos había tomado una postura capital para el futuro del país, y en el año del primer triunfo del PSOE. La excelente sintonía con Pertini en aquel partido fue un impagable servicio diplomático para un país que miraba a Europa.
Un decenio más tarde, al finalizar los Juegos de Barcelona, la revista 'Time' publicó una portada con la imagen de Fermín Cacho, oro en 1.500 metros, y este título: «El gran salto de España». Esa prestigiosa publicación analizaba en paralelo el éxito deportivo y de organización con el progreso de nuestro país, del que situaba al Rey como garante. La metáfora de ello se ejemplificó en su presencia y la de toda la Familia Real en las principales competiciones, ya fuera en Montjuïc, en las piscinas o el Camp Nou, donde la selección más plural conquistó una de las medallas más celebradas.
Tampoco fue ajeno el Rey al tercer gran evento organizado por España, la Copa América de Vela. La influencia de la Corona fue determinante para que Valencia organizara esa competición.
CUMPLEAÑOS REAL
«Ejemplo único»
Extractos de textos incluidos en el especial 'El Rey del Deporte' que hoy publica el diario 'Marca'
J. A. SAMARANCH
Presidente de honor del COI
«Su Majestad el Rey Juan Carlos profesa una verdadera pasión por el deporte. Lo ha practicado en diversas disciplinas [...]. Esta afición es compartida por la Familia Real, un ejemplo único en el mundo por su interés por el deporte y por su participación [...]. No hay ninguna Familia Real que se sienta tan implicada con el deporte. Un orgullo para todos los deportistas y aficionados españoles. Don Juan Carlos y Doña Sofía han estado presentes en nueve de las 10 ediciones de los Juegos Olímpicos que presidí durante mis 21 años al frente del COI [...]. Los Reyes vivieron con vibrante intensidad los Juegos de Barcelona 1992. El comportamiento de la Familia Real fue de gran espontaneidad, como un aficionado más [...]. Fueron un verdadero talismán para nuestros deportistas, que aseguraban que su presencia les traía suerte [...]. Señor, en tan señalada fecha de su 70º aniversario, reciba mi testimonio de respeto y lealtad.»
J. LISSAVETZKY
Secretario de Estado para el Deporte
«Desde su condición de deportista olímpico, Don Juan Carlos ha encarnado para los españoles la imagen del mejor espíritu deportivo. Durante más de tres décadas, nuestros deportistas han contado con el aliento y apoyo constantes del Rey, de la Reina y de los demás miembros de la Familia Real [...]. Esta identificación ha desempeñado un activo papel en la modernización de nuestro sistema deportivo, que alcanzó el pasado año los mejores resultados de nuestra historia en competiciones internacionales [...]. Para las generaciones de españoles que tenemos más de 50 años, el deporte fue la ventana que permitió asomarnos al mundo cuando éramos un país encerrado en sí mismo [...]. De hecho, el Rey es, junto con nuestros deportistas, el símbolo más conocido de la España actual en un mundo globalizado, donde el deporte se ha convertido en lenguaje universal y espectáculo de referencia de nuestro tiempo».
A. BLANCO
Presidente del COE
«El próximo 8 de agosto, mes 8, a las 8 de la tarde, dará comienzo la jornada inaugural de los JJ.OO. de Pekín 2008 [...]. Y nuevamente los deportistas españoles contarán con el aliento desde las gradas de Su Majestad el Rey, enamorado del deporte y del movimiento olímpico, o de los representantes de la Familia Real, a quienes Don Juan Carlos ha sabido transmitir e inculcar los más profundos valores del espíritu olímpico [...]. Llevo muchos años en el deporte y puedo atestiguar que toda la Familia Real vive con la máxima intensidad las competiciones donde participan representantes españoles. No hay acontecimiento deportivo de relieve en el que participe un deportista español que no cuente con la presencia, casi siempre talismán, de Don Juan Carlos, Doña Sofía, el Príncipe o las Infantas [...]. Por todo, Majestad, por transmitir los valores del deporte, por su dedicación y por ser ejemplo de concordia, tolerancia y respeto, deseo darle mil gracias y mi más sincera felicitación».
CUMPLEAÑOS REAL / La opinión
Los 70 años de un Rey
JORGE DE ESTEBAN
Es sumamente curioso, pero probablemente uno de los mayores logros de Don Juan Carlos de Borbón (contemplado a la altura de su 70º aniversario, que hoy celebra, después de sus 33 años de reinado), pudiera ser el hecho de que ha dejado en la más absoluta nebulosa, sólo válida hoy para algunos recalcitrantes, la vieja polémica que ha estado presente en los siglos XIX y XX en España, entre monarquía y república.
Por supuesto, desde un punto de vista racional, moderno y democrático, la república es mucho más defendible que la monarquía, pero los conceptos abstractos no son más que tipos ideales, como diría Max Weber, que deben ser contrastados en un contexto determinado para poder apreciarlos en su justo valor. Y, precisamente, en el contexto actual de España no cabe duda de que la monarquía está siendo útil y puede serlo más, a la vista de lo que se nos viene encima.
Esa es la razón de por qué el viejo debate entre monarquía y república, en la España de hoy, no tiene, por el momento, ningún sentido. Es más: si nos apuramos, la única distinción existente entre una monarquía parlamentaria, como la española actual, y una república parlamentaria, como la mayoría de las europeas, no reside sino en la forma de la Jefatura del Estado y, más concretamente, en la forma de su acceso al cargo, más que en las funciones que cumple la persona que encarna esta institución, pues prácticamente son muy similares.
En consecuencia, las diferencias entre ambos tipos de régimen político no son sustanciales, puesto que la organización política del Estado puede ser muy similar en uno y otro, como nos lo demuestran múltiples ejemplos.
'Los dos cuerpos'
De este modo, ya no hay razones de peso para reivindicar la forma republicana de gobierno, salvo que hubiese graves defectos en el funcionamiento del monarca como Jefe de Estado. A este respecto, puede ser útil la vieja doctrina medieval, estudiada últimamente por Ernst Kantorowitz en 1957, de los dos cuerpos del rey, que consiste en distinguir los dos aspectos que confluyen en un rey. Por un lado, la persona en concreto, con sus propios defectos y cualidades, sometida, como el resto de los mortales, a las enfermedades y a su desaparición. Y, por otro, la encarnación de una función en una persona, más elevada que ella misma, que la convierte virtualmente en permanente, o sea Rex qui ninquam moritur (El Rey nunca muere), queriendo señalar de esta manera tres caracteres: la perpetuidad de una dinastía, el carácter corporativo de la Corona y la inmortalidad de la función real.
Esta separación entre los dos cuerpos del rey, aunque proviene de la época de la monarquía absoluta, cuando alcanza su más profundo significado es justamente en el periodo actual de las monarquías parlamentarias. Y éste sería el mérito de Juan Carlos I, al haber logrado una clara diferenciación entre una y otra versiones, porque si las vicisitudes del cuerpo mortal afectasen gravemente al cuerpo inmortal, la polémica sobre monarquía y república volverían a plantearse de forma cruda. Ciertamente, esta interferencia se ha producido algunas veces, pero siempre en cuestiones no demasiado importantes. Y cuando así fue, el resultado posterior ha sido paradójicamente positivo, como ha ocurrido en el ya famoso incidente con el presidente Chávez.
Por consiguiente, el Rey debería vigilar por que no se entremezclaran las dos facetas de su persona, en aras del buen funcionamiento de la Corona. Que hasta ahora eso ha sido así, lo demuestra, como decía al principio, el hecho de que hoy ya no exista un enfrentamiento ideológico, como en otras épocas, entre los partidarios de la república y la monarquía. Y no lo hay por la sencilla razón de que el Rey ha cumplido rigurosamente con las funciones que le atribuye la Constitución. Por eso, hoy muchos republicanos, que indudablemente no son monárquicos, afirman que son juancarlistas.
Esperemos, pues, que en un futuro, si la Corona aspira a mantenerse, acabe debiéndose también a que muchos republicanos potenciales -que haberlos, haylos-, se declaren entonces felipistas.
Jorge de Esteban es catedrático de Derecho Constitucional y presidente del Consejo Editorial de EL MUNDO.
CUMPLEAÑOS REAL
En los libros
. M. PLAZA
La figura de Don Juan Carlos ha sido protagonista de una abundante obra editorial. He aquí los textos más relevantes.
La última obra sobre el Monarca es «la historia de un hombre y una mujer que hace 45 años decidieron unir sus vidas y sus destinos, para bien o para mal, hasta que la muerte los separe». Así se afirma en el primer capítulo de Juan Carlos y Sofía. Retrato de un matrimonio (La Esfera de los Libros) que saldrá a la venta el próximo jueves.
Su autor, Jaime Peñafiel, frecuentó el palacio de la Zarzuela cuando era cronista social de la revista Hola, fue testigo directo de parte de la vida de los Reyes y nos ofrece una visión humana y hasta doméstica de la historia de una pareja, «como cualquier otra», desde que se conocieron en el crucero Agamenón en 1954 hasta su último aniversario.
No es la única obra que nos acerca el lado íntimo del Monarca, ya que hace unos meses apareció El rey y yo (La Esfera de los Libros), de Antonio L. Bouza, militar, poeta y una de las personas que mejor conoce a Don Juan Carlos. Su relación se inició en la Academia Militar de Zaragoza, cuando a Bouza le nombraron acompañante y preceptor del entonces príncipe. Aquellas vivencias de juventud se convirtieron en amistad prolongada a lo largo de casi medio siglo. En este aspecto, es un libro singular y complementario de cualquier otro.
Ya desde una perspectiva política, una de las obras que mayor repercusión ha tenido fue Juan Carlos, el rey de un pueblo (Plaza y Janés), del historiador británico Paul Preston, un volumen no exento de polémica en el que se revisa la figura del Monarca al tiempo que se repasan los acontecimientos políticos de la España de los últimos años. El libro, del año 2003, está agotado y los editores no han pensado, por ahora, en recuperarlo.
Otro hispanista británico, Tom Burns, acaba de publicar La Monarquía necesaria (Planeta), obra en la que se analiza y defiende el papel de la Corona en el siglo XXI sin pasar por alto sus errores históricos. «La Monarquía es necesaria en España porque funciona», sostiene el autor, que en 1995 editó Conversaciones sobre el Rey (Plaza y Janés) y en 2003 Juan Carlos I, junto a José Carlos Clemente (Ediciones B), dentro de la colección Cara y Cruz, que mostraba las luces y sombras de los grandes pesonajes.
El historiador español Javier Tussell publicó en el año 2003 Juan Carlos I (Alianza), y recientemente, el periodista José García Abad, La soledad del Rey (La Esfera de los Libros).
En el año 2000, Julián Marías coordinó el volumen de reconocimiento y homenaje 25 años del reinado de Juan Carlos I (Planeta), donde 24 intelectuales españoles hacían un balance de la instauración y consagración de la democracia en España bajo la figura del Monarca.
Etiquetas: Sondeos