
LA TRASTIENDA
ISABEL SAN SEBASTIAN
De políticos y gladiadores
A los políticos españoles no les gusta debatir a pecho descubierto. Resulta curiosa esta constatación, ya que la esencia misma de su actividad debería llevarles a contrastar ideas no ya con normalidad, sino con entusiasmo. Pero es la verdad. Los políticos españoles huyen del cara a cara como de la peste, no sabemos si por miedo, falta de propuestas que defender, debilidad en las convicciones, o todas esas causas a la vez. Rechazan el duelo dialéctico tanto como les es posible, hasta que la inminencia de la cita con las urnas les obliga a demostrar que no son unos cobardes carentes de recursos. Se niegan a prestarse con regularidad a ese combate verbal que les pagamos con el sueldo, y delegan su responsabilidad en una nueva categoría profesional que podríamos denominar gladiadores mediáticos, muy del gusto de la España actual.
La conozco muy bien, créanme. El gladiador mediático es un asiduo de los medios de comunicación, generalmente periodista, que recibe una remuneración generosa -para lo que son las tarifas del sector, muy inferior en todo caso a la vigente en el campo de la víscera- por hacer el papel que debería corresponder al político. Las modalidades varían tanto como los individuos que integran el colectivo, pero grosso modo se dividen en dos grandes grupos: el de quienes comparten desde la independencia una posición más o menos coincidente con la de un partido, que defienden al margen de cualquier consigna, y el de aquéllos que se venden o se alquilan al mejor postor. Los primeros se reconocen porque siempre sostienen la misma postura, incluso cuando les perjudica personalmente, mientras los segundos mutan la opinión o la reajustan en sospechosa coincidencia con los cambios de aire en el entorno del poder.
El trabajo de unos y otros consiste en sustituir al auténtico profesional de la confrontación ideológica, que debería ser el político, y al mismo tiempo dar espectáculo. El circo mediático de la democracia tiene que hacer caja con el debate, como la hace con un culebrón, lo que requiere algo de acción. Pero las estrellas de la arena no desean arrostrar las heridas propias de la lucha. Para eso están los especialistas, los dobles, los espontáneos o los mercenarios, pagados para recibir las heridas que deberían lucir en la piel los auténticos llamados a la gloria. Estos últimos no van más allá del espacio protegido del Congreso o se limitan a formatos amañados previamente por sus pretorianos, tasados con arreglo a la legislación electoral. La sangre se la dejan a los gladiadores... hasta que sobreviene el hartazgo.
EL CORREO CATALÁN
ARCADI ESPADA
JUVENTUD TIROTEADA
(Leer AQUÍ Hoy escribe sobre Federico Jiménez Losantos)
VICIOS DE LA CORTE
RAUL DEL POZO
Hagan juego
En la Guerra Civil, cuando Durruti llegó a Sigena, atravesando el desierto de tomillos y zorros en los Monegros, vio que corría peligro el Monasterio y les dijo a los del comité revolucionario: «Cerrad este recinto porque una fotografía del incendio y la destrucción nos haría más daño que todos los cañones de los fascistas». Durruti intentó evitar la quema del románico tardío y las techumbres mudéjares al estilo de Alberti en Toledo, cuando iban a arrojar a la hoguera un santo. «Es un santo -les dijo- pero pintado por 'El Greco'».
Hoy el Monasterio de Sigena puede convertirse en una sala de juego; por las venas de esos hombres y mujeres duros como el esparto trotará la bola de marfil más pequeña que un huevo de jilguero, una vez que las serpientes se enrosquen en el cilindro de la ruleta. Dulcinea trabajará de crupier, Agustina de Aragón de vocalista y Sancho de aparcacoches. En la división del trabajo y de recursos a España le ha tocado ser tanatorio, green y casino, aunque los socialistas, maestros del eufemismo, llaman a esas ciudades del vicio ciudades de ocio.
A aquellos barbudos de Sierra Maestra que llegaron a La Habana destrozando las ruletas de Lucky Luciano, les han sucedido unos socialistas que, en vez de viajar a las reuniones de la Internacional fundada por Carlos Marx para agitar de la lucha de clases, van a Las Vegas con el dinero de las cajas de ahorro. Hace unas semanas fueron en comisión a la ciudad-ruleta los del Reino de Don Quijote, los de las cámaras de comercio y autoridades de Castilla-La Mancha. El proyecto les ha costado 10 años y ya está muy avanzado, porque ha contado con gentes de primera como Mariano Alvarez. Tuvieron que sortear un infierno burocrático de recalificaciones, permisos, problemas medioambientales; al final ha invertido un pastón Harrash's una de las potencias mundiales del azar. Han construido un aeropuerto en las llanuras donde Don Quijote se enfrentaba con los galeotes, los encantadores y los venteros que eran moriscos y hacían gatadas con la descuadernada.
Las Vegas es el modelo. La idea es buena, aunque llevará su tiempo. Un día en la solanera de la emigración surgirá un jeroglífico de neón, como aquella Babilonia que tiene tragaperras en los lavabos. Las Vegas se edificó sobre un paso de trote, un abrevadero donde bebían los caballos de los forajidos. Benjamin Siegel abrió Flamingo y convirtió el desierto en el edén. Benjamin murió asesinado. Pero el sueño de los jugadores subsiste en ese rodal de pizarra y esparto, muelas planas, calizas y cascajo. Un día habrá habitación para suicidas, trabajo para gafes, reclamo para gángsteres en lo que fue un desierto escoltado por montes negros. No olvidemos que España inventó los naipes y que españoles son los más apasionados jugadores del universo, junto a los chinos.
Hagan juego, mientras yo me mudo a otra sala a probar suerte.
ZOOM
CARMEN RIGALT
Noticias
Los Monegros será Las Vegas. El Gobierno recomienda comer conejo en Navidad. Un chaval mata a su abuela. Científicos coreanos clonan gatos que hacen caca fosforescente. La revista El Jueves vuelve a la carga. En la calle de la Princesa de Madrid se celebra un concurso mundial de gateos. Uf. Hay días en los que la realidad no parece real, y ni siquiera virtual. Simplemente, no parece. Esa sensación me asalta sobre todo cuando leo el periódico en la red. Internet lleva incorporado el factor sorpresa. Para empezar, la inmediatez. O sea, la novedad. El periódico impreso es distinto. Las noticias del periódico impreso ya se han leído antes en internet, de ahí que apenas causen asombro. No está bien que yo lo diga aquí (es más: está fataaaal), pero el periódico de papel nace muerto porque cuenta una vida que ya ha prescrito. Es como un yogur con fecha de caducidad de ayer. Sólo la red ofrece noticias en tiempo ajustado al tiempo real, es decir, al momento en que se produjeron. Hasta aquí la comedura de tarro. Ahora, la hilaridad. El factor sorpresa del periodismo digital no se reduce a la prontitud con que aparecen las noticias. También afecta a la naturaleza de esas noticias. Ciertamente, un golpe de Estado en Venezuela siempre será un golpe de Estado en Venezuela (sacúdanse la perogrullada, porfa), pero la red siempre va más allá porque persigue el gusto por lo estrafalario y hasta lo insólito, tipo «nace en Mongolia una mujer con cuatro cabezas y tres abdómenes». En los digitales estas noticias aparecen muy destacadas, mientras que en los periódicos de papel ocupan esquinas casi imperceptibles.
Lo curioso es que siempre navegamos con las antenas del mosqueo puestas. Cuando lo estrafalario y lo insólito dan en juntarse, entonces la noticia parece inventada. Es el caso de los gatos coreanos que hacen caca fosforescente, o el de la lluvia de millones caída en los Monegros, sin olvidar el consejo de consumir productos de sustitución (ahora le llaman así al conejo, es una segunda edición de las soluciones habitacionales) o el campeonato mundial de gateos infantiles celebrado en Madrid. En principio no habría de resultar extraño que una empresa australiana (aunque se llame algo tan ridículo como Aristocrat technologies: manda huevos) quiera invertir a lo bestia en un desierto español. Sin embargo, empiezas a desgranar la noticia y el asunto no sólo te parece extraño sino pelín sospechoso. A la pregunta de ¿qué necesitan ustedes?, los australianos responden: carreteras, luz y agua, mucha agua para regar los campos de golf.
Por si la situación no fuera bastante chistosa, va el Gobierno y suelta el conejo por Navidad, lo cual sería una idea estupenda si no la asociáramos a los gatos fosforescentes. Mi padre, cuando había conejo en la mesa, siempre protestaba de la misma forma: «Miauuuuuuu».
ERASMO
De Umbral
Contrafuerte de palabras en la última. Hospedaje ocasional de efímeros okupas formidables. Víctor de la Serna, Vázquez-Figueroa, et al. Y Guerra Garrido, ese Raúl. Firmaba libros en la Feria. «Fírmame. Tu castellano es el más bello del mundo», le acarició la lectora, al tenderle Las ninfas (Umbral). Leonés insistente, prolongó el regocijo de apócrifos, borgianos espejos: «A Fulanita de Tal, Miguel Delibes». Literatura
EL MUNDO QUE VIENE
DAVID TRIMBLE
«Ningún Gobierno debería mantener encuentros formales con terroristas porque supone legitimarlos»
LA PAZ EN EL ULSTER TIENE MUCHOS ROSTROS, PERO EL SUYO FUE UNO DE LOS PRIMEROS. GANO EL NOBEL EN 1998 Y PASO POR UN CALVARIO DE DESENCUENTROS EN LOS AÑOS SIGUIENTES. DESDE SU RETIRO DORADO EN LA CAMARA DE LOS LORES, HABLA DEL ULSTER MIRANDO DE REOJO AL PAIS VASCO
EDUARDO SUAREZ
CARGO: Miembro de la Cámara de los Lores / ESTUDIOS: Derecho / EDAD: 63 años / AFICIONES: Los libros de Historia, la ópera y la música de Elvis / CREDO: Protestante / SUEÑO: Una Irlanda del Norte de paz y prosperidad
No le ha sentado mal la paz a David Trimble, ex primer ministro norirlandés (1998-2001) y Premio Nobel por su papel en los Acuerdos de Viernes Santo. Los años le han otorgado kilos y sorna y también un puesto en la Cámara de los Lores, que le mantiene ocupado tres o cuatro días a la semana y le obliga a llevar una vida de nómada entre Londres e Irlanda del Norte.
Líder de la comunidad unionista del Ulster y artífice junto a Tony Blair y al católico John Hume de la paz en el Ulster, mira ahora todo aquello con ironía y con cierta distancia, consciente de que su nombre está escrito ya para siempre en los libros de Historia. Ahora pertenece al Partido Conservador, aliado tradicional de los unionistas del Ulster, y reparte su tiempo entre el Parlamento, las preguntas de los periodistas y sus dos grandes aficiones: la música y la lectura.
Se presenta a la cita sin bombín pero con gabardina, envuelto por un Londres que sucumbe a uno de los días más miserables del otoño. Trimble se resguarda a duras penas del vendaval con un paraguas que esconde una inesperada sorpresa.
PREGUNTA.- ¡Ese paraguas es español! ¡Pone Paradores!
RESPUESTA.- Pues sí. Me lo dieron cuando estuve en Galicia, hace muchos años y la verdad es que ha salido bueno...
[La anécdota del paraguas podría ser el reflejo de su cabezonería pero también de su gusto por España, un país al que regresa de vez en cuando como conferenciante y homenajeado y al que siempre mira con el rabillo del ojo, sabedor de los símiles que a menudo se establecen entre el Ulster y el País Vasco.
David Trimble habló durante algo más de una hora con EL MUNDO sobre el pasado y el presente de su tierra y sobre la resolución de conflictos en general. Sus palabras son una hoja de ruta inmejorable para saber cuáles fueron los ingredientes del éxito norirlandés y tal vez para atisbar las luces y las sombras del proceso español, ahora que está terminando la legislatura.]
P.- En primavera hubo una foto histórica en Stormont y usted no estaba en ella. ¿Qué pensó cuando vio juntos por primera vez a Ian Paisley y Martin McGuinness?
R.- Estaba encantado, porque al sumarse Paisley ya no quedaba ningún grupo significativo en Irlanda del Norte fuera de los Acuerdos de Viernes Santo. El Gobierno de Paisley y McGuinness puede fracasar, pero lo que está claro es que el sistema no fracasará.
P.- ¿Pero no se sintió algo desplazado?
R.- Hombre -se relame-, uno cree que quizá el anterior primer ministro -Trimble se refiere a sí mismo- debería haber sido invitado al acto.
P.- ¿Y por qué cree que no lo fue?
R.- Supongo que, conmigo delante, a Paisley le habría sido más difícil convencer a la gente de que estaba haciendo algo diferente de lo que se había hecho antes. Pero lo fundamental es la felicidad producida por la llegada de ese día. Ahora, me reí mucho viendo los gestos y las palabras de Paisley.
P.- ¿Cree que el Gobierno Paisley-McGuinness va a salir adelante?
R.- Están teniendo problemas. Son problemas pequeños comparados con lo que hemos vivido allí, pero hace unos días murió un chico en un establo [Paul Quinn] y hay buenas razones para pensar que lo asesinaron militantes republicanos. Hasta ahora el liderazgo del Sinn Fein no está respondiendo demasiado bien a esta situación. Y luego está el hecho de que republicanos y unionistas gobiernan en coalición, tienen que pactar todos los asuntos importantes. ¿Cómo lo van a hacer? No lo sé. Pero están empezando a tratar temas cotidianos y eso es una buena noticia.
P.- ¿Y por qué cree usted que Paisley cambió de opinión?
R.- Yo creo que lo intentó por todos los medios y se dio cuenta de que era imposible.
P.- ¿Hay algo de vanidad? ¿Quizá cierto sentido de la Historia?
R.- Son cosas que están ahí, desde luego, pero la realidad es que no le quedaba mucho más que hacer y sin hacer nada su liderazgo no habría durado mucho.
P.- ¿Le hace gracia ver cómo crece su prestigio de pacificador?
R.- No sólo a mí. Los norirlandeses están muy sorprendidos por el entusiasmo con el que ha abrazado su nueva vida.
P.- Desde la firma de los acuerdos en 1998 hasta este año, ¿alguna vez pensó que todo se podía derrumbar?
R.- No. Nunca creí que pudiera haber una vuelta atrás. Antes de los Acuerdos de Viernes Santo, sí. Nunca después.
P.- ¿Por qué?
R.- Porque los republicanos no habían dejado la violencia por la bondad de su corazón. No fue una conversión. Lo hicieron porque vieron que no tenían ninguna posibilidad de éxito y porque sabían que una nueva campaña de atentados significaría sólo más muertos. También porque eran conscientes de que estaban penetrados por las fuerzas de seguridad. Ellos no le dijeron eso a sus bases, su explicación fue que dejaban las armas porque así conseguirían sus objetivos, pero no lo han hecho y no lo harán.
P.- ¿Cómo da uno el paso de confiar en los terroristas?
R.- Yo nunca di ese paso. Nunca he confiado en ellos. Se trataba de hacer negocios con ellos siendo conscientes siempre de que estaban saliendo de la violencia y de que si hacían bien esa transición arrastrarían a una parte muy significativa de la población que estaba detrás de ellos.
P.- Quiere decir que hay que ir con cuidado.
R.- Desde luego, porque había gente en el bando republicano que podía respaldar cualquier escisión violenta si las cosas no se hacían bien. Tener a Adams y a McGuinness defendiendo pacíficamente sus ideas en Stormont es un paso muy importante.
P.- ¿Se puede dialogar con un grupo terrorista sin que se cumplan unas condiciones previas?
R.- Apresurarse a negociar con un grupo terrorista que está en activo sin poner unos requisitos previos es peligroso. Sucedió en 1972 en el Ulster y fue un desastre. Cuando la situación se volvió a dar a principios de los años 90, el Gobierno se movió de una forma muy cauta y puso ciertos requisitos y dejó claro también que el Gobierno iba a supervisar lo que saliera del diálogo. El proceso fue el resultado de algunos requisitos que el IRA debía cumplir, como la voluntad de no seguir con la violencia y el apoyo a vías políticas. El éxito de la paz en el Ulster no fue ni mucho menos el resultado de un diálogo incondicional con los terroristas.
P.- Hay mucha gente que defiende justo lo contrario: que el éxito norirlandés es el ejemplo de la importancia de dialogar pase lo que pase.
R.- Lo sé. Lo dice por ejemplo Peter Hain, el anterior ministro para el Ulster. Hain dijo este verano que el proceso del Ulster es un ejemplo de diálogo ilimitado e incondicional. No es verdad. Lo que dice esa gente es completamente erróneo y muy peligroso, porque si uno se apresura a negociar con los terroristas corre un riesgo muy real de que le salga el tiro por la culata. No estoy en contra de que se tomen iniciativas, pero es muy importante que estén muy bien planeadas y que se desenvuelvan en el contexto adecuado.
P.- Usted ha dicho en una ocasión que ser demasiado generoso con un grupo terrorista es como darle dulces a un niño malcriado...
R.- Por supuesto. La gente tiende a pensar últimamente que hay un asomo de racionalidad en un terrorista. Pero si pensaran de la misma forma que nosotros no estarían en una organización criminal. Viven en un mundo que sólo existe en su cerebro. Uno tiene que tener unos principios y unas líneas rojas muy firmes. No digo que haya que ser inflexible, pero demasiada flexibilidad puede ser contraproducente.
P.- Si uno habla públicamente con terroristas, ¿corre el peligro de legitimarlos?
R.- Desde luego. Eso ocurrió cuando Clinton recibió en 1995 a Gerry Adams en la Casa Blanca. Los estadounidenses creían que el gesto ayudaría a propiciar un alto el fuego. John Major pensaba exactamente lo contrario. Major creía que podía llevar a los republicanos a pensar que serían capaces de conseguir sus objetivos gratuitamente. Lo cierto es que los dos tenían razón en cierto sentido.
P.- ¿Qué hubiera hecho usted?
R.- Ningún Gobierno debería mantener encuentros formales con terroristas. Lo que sí deben hacer los gobiernos es asegurarse de que todos los sectores de la ciudadanía entienden cuál es su posición. Y ahí entran también los grupos que de alguna manera podrían respaldar a los terroristas. Pero el Gobierno debe ser en todo momento muy cuidadoso y exigir antes de sentarse a hablar el fin permanente de la violencia. De todas formas, esto no quiere decir que lo que ha funcionado aquí sirva para cualquier otra parte. Las circunstancias concretas lo son todo.
P.- De hecho, eso que ha dicho no sirve para el caso español. ETA dijo que su alto el fuego era permanente y ya ve.
R.- Es cierto. No fue permanente. Mataron a dos personas el pasado diciembre y a otras dos ahora. Tengo la impresión de que gran parte del problema es que no hay un liderazgo coherente dentro de ETA y, probablemente, ni en el nacionalismo vasco en general.
P.- ¿Y en el Ulster?
R.- En el Ulster sí. Una de las cosas más interesantes en Irlanda del Norte es que en 1972, cuando el Gobierno intentó negociar con los republicanos, los negociadores del IRA eran precisamente Gerry Adams y Martin McGuinness. Eso lo dice todo.
P.- ¿Y por qué han durado tanto tiempo?
R.- Esto nos acerca a los métodos de los servicios secretos británicos. Una vez identificado el liderazgo terrorista, la táctica no era derribarlo, sino marcarlo de cerca y desbaratar sus operaciones.
P.- A un español le sorprende que el atentado de Omagh no rompiera los puentes con el Sinn Fein.
R.- La clave fue que el atentado no lo perpetró el IRA sino el escindido IRA auténtico. McGuinness y Adams no están detrás de él.
P.- Pero sí del de Canary Wharf en 1996.
R.- De ése sí. Y la situación fue muy complicada. El Sinn Fein fue apartado de las conversaciones y se dijo que no se le admitiría hasta que el IRA declarara de nuevo un alto el fuego.
P.- ¿Cree que hubiera sido posible el proceso de paz sin el respaldo de la oposición?
R.- Ha sido una práctica habitual en el Reino Unido que la oposición estuviera bien informada y eso le garantiza al Gobierno un cierto respaldo. Las posiciones no siempre son idénticas, hay diferencias, pero en general el Gobierno ha tenido un respaldo grande, entre otras cosas porque era el interés nacional lo que estaba en juego.
P.- ¿Por qué cree que el Sinn Fein terminó por entrar en el juego político?
R.- No lo sé. Los republicanos no estaban a favor de tener un Parlamento norirlandés, pero apenas supieron que iba a haberlo de todas formas cambiaron de opinión y ahí están. Creo que han aceptado ocupar sus escaños porque piensan que eso les acerca a sus objetivos políticos, aunque no tienen razón.
P.- Usted ha dicho que las negociaciones de 1972 naufragaron por su precipitación.
R.- Por supuesto. Fue todo cosa de un par de días. Creyeron que iban a cambiar todo el contexto en un tiempo récord. Es el mismo tipo de fraseología barata que tanto se escucha hoy y que viene a decir: «Hable con ellos y logrará cambiarles».
P.- Suele decir que comparar el del Ulster con otros conflictos es un pasatiempo muy popular. Supongo que no está al tanto de los detalles, pero como observador foráneo, ¿cómo ve la situación del País Vasco?
R.- No conozco muy bien los detalles, pero sí recuerdo el día en el que ETA declaró el alto el fuego permanente.
P.- ¿Creyó que iba en serio?
R.- Por supuesto. Lo creí. Todos lo creímos. En realidad, uno de los problemas es que ETA no tiene un liderazgo ni una estrategia coherente. El otro es que los nacionalistas vascos no tienen ningún objetivo definido.
P.- ¿A qué se refiere?
R.- Quiero decir que no termino de ver qué más puede hacer el Gobierno español para neutralizar las excusas de la violencia. Hay una autonomía muy amplia y hay oportunidades para que la gente participe en la vida política, algo que durante muchos años miles de católicos norirlandeses no podían hacer. ¿De verdad hablan en serio cuando aluden a un Estado independiente? ¿Dentro o fuera de la Unión Europea? ¿Defiende la independencia la mayoría de las personas que viven dentro de las fronteras del País Vasco? Por supuesto, la respuesta es no. Y ellos lo saben. Quienes defienden la independencia no viven en el mundo real.
«Me gusta mucho la música, soy un gran fan de Elvis Presley»
Usted pertenece ahora a la Cámara de los Lores. ¿Qué le diría a la gente que piensa que es una institución que no sirve para nada?
- Que no es cierto. Hasta después de Navidades, no hay muchas votaciones previstas, pero luego sí y nuestro trabajo no difiere mucho del de cualquier otro parlamentario de la oposición en la Cámara de los Comunes. Nuestra misión es derrotar al Gobierno. Nosotros revisamos cada una de sus decisiones y en ocasiones le hacemos cambiar de opinión.
Usted es un gran aficionado a la ópera.
- Sí, lo soy. Me gusta mucho la música en general: la clásica, la pop... Soy un gran fan de Elvis Presley, por ejemplo.
¿Se siente cómodo en Londres?
- Irlanda del Norte es un lugar muy pequeño y siempre es difícil ser un ex líder. Una vez que el Sinn Fein y el DUP pactaron para gobernar juntos, decidí que lo mejor era trasladarme y seguir los acontecimientos del Ulster desde aquí. Fue una decisión consciente.
¿Y vive en Londres siete días a la semana?
- No, por Dios. Ahora es muy fácil ir y venir.
¿Cuánto le lleva?
- Unas tres horas y media desde el Parlamento a mi casa en el Ulster.
¿Está cómodo en el Partido Conservador?
- Por supuesto.
¿También en este nuevo Partido Conservador de David Cameron?
- (Risas) Tenía una relación muy próxima con Iain Duncan Smith [líder tory entre 2001 y 2003] y la tengo ahora con Cameron. El verano fue muy bueno para Gordon Brown, que acababa de llegar al poder, y una prueba muy difícil para David, pero creo que las encuestas demuestran que la ha superado con creces.
¿Por qué ese súbito cambio de opinión en torno a Brown? En verano tenía todo a favor y ahora todos hablan de que su reinado será muy breve.
- Creo que la gente se deslumbró al principio, pero poco a poco empiezan a preguntarse si este hombre tiene el carácter para ser un líder. Y la respuesta por el momento es no.
¿Hubiera sido posible el proceso de paz con Gordon Brown en Downing Street?
- Bueno, es una pregunta interesante. De todas formas, si Blair no se hubiera convertido en el líder del Partido Laborista, no tengo nada claro que el elegido hubiera sido Brown.
Pero supongamos que él hubiera sido primer ministro en 1997. ¿Hubiera salido la paz adelante?
- No lo sé. Una cosa que la gente suele olvidar es que Blair tenía una relación familiar con Irlanda del Norte. Su madre procedía de allí. Tiene parientes que viven allí. Por otra parte, en el oeste de Escocia viven muchos norirlandeses y la gente entiende muy bien lo que ocurre en el Ulster. Pero Gordon Brown no es un producto del oeste sino del este de Escocia, que es muy diferente en este sentido. No estoy seguro de que Gordon hubiera estado a la altura. En realidad, no lo estoy de que esté a la altura del cargo que ocupa ahora (risas).
LA CUESTION
- ¿Qué papel deben desempeñar las víctimas en el fin de la violencia? En España muchos tienen la impresión de que son inevitablemente las perdedoras del proceso.
- Es complicado, sí. Nosotros tuvimos un programa por el cual algunos miembros del IRA salieron de la cárcel antes de cumplir su condena, pero quiero dejar claro que no hubo una amnistía. Hubo gente que fue encarcelada después del acuerdo por hechos que habían sucedido antes del mismo. Pero no hay duda de que éste es un punto clave. Lo que quieren las víctimas es que se recuerde su sufrimiento. Que no se olvide. Y tienen miedo de que los políticos, en su deseo por alcanzar el fin de la violencia, corran a negociar con los terroristas y dejen a un lado su sufrimiento. En mi opinión, en un proceso de paz tiene que haber cosas que hagan ver a las víctimas que su sufrimiento no ha sido en vano. Y que sean capaces de explicarles que el resultado del proceso ha valido la pena y que si hoy tenemos paz es en parte por el sufrimiento de sus padres, hermanos, familiares. Y sí, desde luego que es muy duro ver a personas que estuvieron envueltas en la violencia paseando por la calle.
VIDAS PARALELAS: JAVIER BARDEM / MAXIMO GORKI:
La barbarie no tiene rostro humano
PEDRO G. CUARTANGO
Javier Bardem ha sido seleccionado candidato a los Globos de Oro por su gran interpretación en No country for old men, de los hermanos Coen.
En unas declaraciones al diario oficial cubano Granma, Bardem ha pedido esta semana el procesamiento de Bush, Blair y Aznar por su responsabilidad en el desastre de Irak.
No deja de ser coherente con sus ideas, pero lo que llama la atención es su clamoroso silencio sobre los crímenes y las violaciones de derechos humanos del castrismo. ¿Acaso piensa Bardem que están justificados porque Castro es un dictador de izquierdas?
Dónde «no hay país para los viejos», como dice el título de su última película, es en Cuba, un país convertido en campo de concentración en nombre de los ideales del comunismo.
La figura de Bardem, agasajado y ensalzado por el castrismo, recuerda a la de Máximo Gorki, que volvió de su exilio italiano en 1928 para convertirse en la figura oficial del stalinismo.
Gorki había apoyado a los bolcheviques en la clandestinidad, pero se marchó de Rusia en 1921 al constatar la deriva totalitaria que tomaba la Revolución de Lenin.
Cediendo a la insistencia y a los halagos de Stalin, Gorki abandonó su villa de Sorrento para instalarse en un lujoso palacio de Moscú.
El régimen comunista le rodeó de comodidades, le regaló una dacha y una casa en Sochi, bautizó su ciudad natal con su nombre, le nombró presidente de la Unión de Escritores y le concedió la gran orden de Lenin.
Sabido es que el propio Stalin, Mikoyan, Kaganovich, Yagoda y otros jerarcas soviéticos acudían a su residencia, cuyos sirvientes eran miembros de la NKVD, la policía secreta.
Gorki, nacido en una familia muy pobre, perdió el juicio en este clima de suntuosidad y culto a la personalidad y se prestó a apoyar la feroz represión contra los campesinos en Ucrania en los años 30.
El autor de La madre acabó su vida traicionando sus ideales a cambio de los lujos y honores que no escatimó Stalin.
No creo que Bardem -que es un gran actor- haya sacado ninguna ventaja material de su apoyo al castrismo, pero bien podría haber sido cegado por sus halagos o incluso simplemente por su afinidad ideológica.
La historia de Gorki le debería servir de lección porque los intelectuales y los artistas no están para justificar los excesos del poder sino para criticarlos.
Tengo a Bardem por un hombre honesto y sinceramente preocupado por contribuir a un mundo mejor. Por ello, me parece lamentable su apoyo a un dictador que ha provocado que dos o tres millones de personas se hayan tenido que marchar de Cuba.
La actitud de Bardem me recuerda a la de Pedro Almodóvar en la gran manifestación de Madrid contra la Guerra de Irak cuando cubrió de elogios a Sadam Husein, uno de los mayores genocidas del siglo XX.
Mal le irá a la izquierda si gentes como Bardem y Almodóvar se dedican a justificar los crímenes y los abusos de los regímenes totalitarios. Deberían saber ya que la barbarie nunca tiene rostro humano y que la iniquidad es igual en todas las ideologías
ASUNTOS INTERNOS
LUCIA MENDEZ
Remanso de paz
Dentro de cuatro semanas, Navidades por medio, el presidente del Gobierno disolverá las Cortes y convocará elecciones. Ocurrirá seguramente el 14 de enero, que es el plazo indicado en las previsiones constitucionales para que las elecciones se celebren el 9 de marzo. Hay mucha gente que lleva soñando con la fecha electoral de 2008 desde el 14 de marzo de 2004 a las once de la noche, cuando se conocieron los resultados de las últimas generales. El camino de la legislatura que ha conducido del 14-M al 9-M ha sido tan abrupto, escarpado y peligroso que nadie podía sospechar una recta final tan apacible. Quién nos lo iba a decir. Se acerca la fecha de las elecciones y el debate político, lejos de crisparse, está mucho más sereno y tranquilo que hace uno, dos o tres años. Comparado con el resto de la legislatura, este otoño-invierno es un remanso de paz. El presidente del Gobierno y Mariano Rajoy estuvieron versallescos en la sesión de control parlamentario. Hasta parecieron vislumbrarse ciertos guiños de complicidad entre Eduardo Zaplana y la vicepresidenta De la Vega. Todo dentro de un orden, naturalmente.
Es improbable que este ataque de moderación se deba al llamado espíritu de la Navidad, por lo que sólo nos queda una explicación: los políticos españoles han decidido ser buenos desde ahora hasta las elecciones para que los ciudadanos les den muchos votos. Igual que los niños se portan bien por estas fechas para que los Reyes Magos les traigan muchos regalos. Los politólogos lo llaman la búsqueda del centro, pero en realidad se trata de aparecer ante los votantes como candidatos bien educados.
Claro que también puede haber una explicación alternativa para este súbito remanso de paz: han sido tantas las burradas que se han dicho en estos años que apenas les queda ya munición dialéctica para echarse a la cara en la campaña. Incluso los máximos dirigentes del PP están desconocidos en su moderación. Para la última sesión de control de la próxima semana, el PP ha preparado una traca final con preguntas que resumen todos los temas candentes de la legislatura. Será un último desahogo.
El caso es que cada equipo de campaña va a lo suyo y tanto los estrategas del PSOE como los del PP han decidido que van a vender sus propias medidas y propuestas en positivo, olvidándose de las descalificaciones contra el adversario. Los colaboradores de Mariano Rajoy cuentan los votos provincia por provincia y llegan a la conclusión de que es imposible no aumentar el resultado de 2004 al menos en una decena de diputados. Mientras que el equipo que capitanea José Blanco -«ahora todos estamos en sus manos», dice Zapatero- va a seguir vendiendo modernidad y progreso en la creencia de que los ciudadanos ven al PP como una antigualla.
Sea como fuere, nunca es tarde si la dicha es buena. Y ojalá en la próxima campaña los candidatos sigan siendo buenos y prometiéndonos el oro y el moro.
TRIBUNA LIBRE
KEVIN WARKINS
Derecho y obligación de combatir el cambio climático
Hace 60 años, los autores de la Declaración Universal de Derechos Humanos se reunieron tras las secuelas que dejó una tragedia humana evitable, desencadenada por una depresión económica y un nacionalismo extremo que llevaron a una guerra mundial y al Holocausto. En aquel escrito se dice que «el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad». Y el documento sigue siendo la base de un sistema de derechos humanos y compromisos sociales que se fundamenta en los valores universales para todas las personas y para las generaciones venideras.
Delegados de gobiernos de hasta 180 países se han reunido a lo largo de toda la semana en la isla indonesia de Bali para negociar un acuerdo global de cambio climático que entraría en vigor a partir de 2012, en sustitución del Protocolo de Kioto. La cumbre debería haber servido para reflexionar y poner el acento en los valores implícitos en el artículo I de la Declaración Universal: «Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos».
Hoy en día, el calentamiento global nos empuja hacia la tragedia humana del siglo XXI. Aquella tragedia obligará a millones de las personas más pobres del mundo a enfrentarse a aumentos en la pobreza, el hambre y la vulnerabilidad. Dejará también a las futuras generaciones, a nuestros hijos y a sus hijos, frente a la amenaza de una catástrofe ecológica.
Ante esta situación, la inacción representaría algo mucho más grave que la constatación de que la de Bali ha vuelto a ser una cumbre internacional frustrada. Son evidentes las señales de alerta que da la ciencia del clima. Necesitamos respuestas políticas urgentes. Para decirlo claramente, el hecho de no comprometerse hoy a buscar e implementar verdaderas soluciones podría interpretarse como una contribución a violar sistemáticamente los derechos humanos de los pobres y de las generaciones futuras.
Muy a menudo, se describe el cambio climático como una indeterminada amenaza futura. Uno de los lujos que brinda la riqueza es una capacidad para adaptarse, a corto plazo, al cambio climático. Sírvannos de ejemplo las inmensas inversiones realizadas en toda Europa y en Estados Unidos en el refuerzo de sistemas de protección contra las inundaciones. Es cierto que la existencia de veranos más largos y calurosos podrán ocasionar incomodidades a las que los ricos siempre pueden adaptarse ajustando ligeramente el termostato. Pero los riesgos y las vulnerabilidades se presentan de manera muy distinta para las personas más pobres: unos 2.600 millones de individuos, el 40% de la humanidad, que subsisten con menos de 2 dólares al día.
La mayoría de ellos vive en la primera línea del cambio climático, en zonas agrícolas propensas a la sequía, zonas de litoral bajo y deltas fluviales, o en barrios de tugurios urbanos. Pese a que el cambio climático trae consigo muchas incertidumbres, hay un resultado que puede predecirse con confianza: los pobres sufrirán la peor parte.
Los pequeños agricultores en los países más pobres, en su mayoría mujeres, se enfrentan a riesgos especiales. El calentamiento global ya se relaciona con un aumento en el número de zonas afectadas por sequías en el Africa subsahariana; y la sequía es precisamente una de las principales causas de la pobreza. Los modelos climáticos, de una manera inquietante, señalan a una disminución a largo plazo en la productividad agrícola. En zonas áridas y semiáridas en países tales como Kenia, Sudán y Níger, aquella disminución podría ascender a más del 25% para 2060. Debemos ponernos a reflexionar sobre lo que esto supone para una región donde la mitad de la población vive en la pobreza y la malnutrición infantil es endémica.
A medida que suben los niveles del mar y los océanos más calientes producen ciclones más violentos, las personas que viven en zonas de litoral bajo y deltas fluviales propensas a inundaciones se enfrentan a amenazas graves. Las imágenes de sufrimiento humano que han acompañado a las inundaciones extendidas en Bangladesh representan una advertencia de la escala de estas amenazas. A lo largo del siglo XXI, las inundaciones podrían desplazar hasta a 400 millones de personas, lo que derivaría en una nueva ola de refugiados ambientales.
En el mundo desarrollado se perciben con demasiada frecuencia las crisis climáticas como emergencias que van y vienen de un día para otro, y que empiezan con una sequía o una inundación y concluyen cuando parten las cámaras de la televisión internacional. Esa perspectiva es desaconsejable. Los niños nacidos en una zona afectada por la sequía en Etiopía tienen un 36% más de probabilidades de estar malnutridos para cuando alcancen los cinco años de edad que otros niños. Si ponemos esa cifra en un contexto, ello resulta en dos millones de niños etíopes que están malnutridos hoy porque sus padres no pudieron afrontar un fenómeno de sequía aislado.
¿Por qué producen las crisis climáticas a corto plazo daños a tan largo plazo para el desarrollo humano? Las condiciones varían de país en país, pero surgen algunos temas conocidos. Con una existencia ya al margen de la supervivencia y sin acceso a programas de seguridad social, cuando las sequías o las inundaciones golpean a los pobres, éstos se ven obligados a vender sus activos productivos, recortar los gastos en nutrición y atención sanitaria, y sacar a sus hijos de la escuela.
Estas son las medidas de desesperación que conducen a una pobreza a largo plazo. Como sostiene el Informe sobre Desarrollo Humano de este año, existe ahora una posibilidad muy real de que el calentamiento global frene y luego revierta los avances en materia de desarrollo humano, no en un futuro remoto, sino durante nuestras vidas. Es más, esto sería el prólogo de los riesgos ecológicos sistemáticos a los que se enfrentarán las futuras generaciones, especialmente con la destrucción acelerada de las capas de hielo de la Antártida occidental.
Es poco realista esperar que los acuerdos alcanzados en Bali puedan resolver el problema del cambio climático. Pero será poco escrupuloso si, en la conciencia plena de los costos humanos, sociales y económicos de la inacción, los dirigentes políticos no convienen en cómo proceder por un camino común.
El punto de partida es establecer límites claros. Necesitamos reducir el promedio de las emisiones globales de unas siete toneladas de CO2 por persona a unas dos toneladas para 2050. Para lograr este objetivo, los países ricos tendrán que reducir sus emisiones en, por lo menos, un 80%. A fin de cuentas, son éstos quienes tienen la principal responsabilidad histórica del problema; además, cuentan con las capacidades tecnológicas y financieras para hacer las primeras y más drásticas reducciones.
Los países ricos tienen igualmente que demostrar liderazgo en otros ámbitos. Ningún acuerdo multilateral tendrá éxito si no se amplía con el tiempo para comprender todos los principales países responsables de emisiones, entre ellos India, China e Indonesia. Sin embargo, no se puede esperar que los países en desarrollo, con sus recursos limitados, comprometan sus legítimos objetivos de desarrollo humano a fin de resolver una crisis que no provocaron. Por ello, la reunión en Bali pudo haber sido una buena oportunidad para demostrar una cooperación internacional y responsabilidades compartidas en la financiación de la transferencia de tecnologías con emisiones bajas y programas para luchar contra la deforestación.
Finalmente, los países ricos no pueden invertir miles de millones de dólares en la fortificación de sus sistemas de defensa contra el clima mientras abandonan a los pobres del mundo a defenderse con sus propios medios. En términos diplomáticos, es vergonzoso que hasta la fecha se hayan movilizado solamente 26 millones de dólares para la adaptación al cambio climático en los países pobres, cifra que representa unos pocos días de gastos en protección contra las inundaciones en el mundo rico.
Aun con las medidas más estrictas de mitigación del cambio climático, tenemos que reconocer el hecho de que el calentamiento global perdurará en el futuro previsible. La justicia exige que los países ricos financien la limitación de los daños y así cumplan con sus compromisos existentes de invertir el 0,7% del PIB en ayuda internacional. Sin embargo, también quiere decir pagar los 86.000 millones de dólares aproximados en costos adicionales relacionados con la protección de personas vulnerables en los países en desarrollo a través de medidas ambientales y programas de protección social.
Reconocemos la enorme complejidad de las cuestiones que se han de abordar al negociar un acuerdo de cambio climático. No obstante, en el último análisis, la solución queda en nuestras manos; y seguir adelante como hasta ahora supone demasiada destrucción para contemplarlo.
Bali ha representado una oportunidad para fijar un nuevo camino. Aunque esta generación de líderes políticos no puede solucionar la crisis del cambio climático, recae sobre ellos mantener abierta la posibilidad de una lograda respuesta política a largo plazo. Si no actuamos, las generaciones venideras lo considerarán una elección política que merece la descripción de un acto de barbarie que refleja una despreocupación y un desdén por los derechos humanos.
Kevin Warkins es director del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
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