LA TRASTIENDA
ISABEL SAN SEBASTIAN
Una alineación ganadora
Cualquier sociólogo, incluído el que lleva lustros cobrando del PP por recomendar estrategias fracasadas, sabe cuál es la información más relevante de una encuesta preelectoral: la que indica la percepción de los votantes sobre quién creen ellos que va a ganar. Ese es el indicador que se verifica sistemáticamente en las urnas (salvadas situaciones de excepción como la del 14-M), independientemente de cuál sea la preferencia que manifiesten los encuestados. Pues bien, ahora mismo ese dato perjudica al partido de Rajoy, que no ha sido capaz de generar una moral vencedora entre sus propias bases.
Es verdad que nadie alcanza el éxito en las elecciones por méritos propios, sino por los errores del contrario. Y los de Zapatero son tantos y tan graves como para condenar al PSOE al ostracismo durante una larga temporada. Pero cuando uno juega en campo hostil, con las televisiones en contra y el nacionalismo radical aliado a la izquierda bienpensante en el empeño de estrechar ese cordón sanitario tendido para asfixiar a los populares, uno no puede sentarse a esperar ver pasar el cadáver de su adversario. Tiene que remangarse y jugar con lo mejor del banquillo.
Hoy por hoy eso no sucede. A falta de conocer la alineación definitiva con la que el PP concurrirá a las generales, lo que se va filtrando parece más de lo mismo, mientras las grandes figuras capaces de movilizar entusiasmo y generar confianza en el triunfo siguen aparcadas en diversos exilios. Hay quien ha confundido la renovación con la mediocridad, como si esta España amenazada en todos los frentes vitales pudiera prescindir de personajes de la talla de Rato (definitivamente enrolado en la empresa privada), Cascos, Mayor Oreja, Pizarro, Vidal Quadras o Rudi, por citar sólo a algunos reservas de lujo. Reservas que debieran ser titulares, sin demérito de quienes, como Zaplana o Acebes, dan la cara en el Congreso y sufren el correspondiente desgaste.
El equipo de Rajoy es incomparablemente superior al que encabeza Zapatero. Sólo necesita poner a cada jugador en la posición adecuada y pagarle la ficha correspondiente. Si finalmente le acompaña un único galáctico (o sea, Ruiz Gallardón, quien, según dicen, se autoproclama la persona adecuada para tender puentes con el PSOE y alcanzar un gran pacto de Estado para la reforma constitucional) será difícil evitar una lectura en clave perderora y sucesoria. Si, por el contrario, las listas van repletas de estrellas, el electorado sabrá que la oposición se ha cansado del papel y ansía realmente la victoria. Porque para convencer hay que empezar por creer. Y el tiempo se agota.
VICIOS DE LA CORTE
RAUL DEL POZO
Puñalada de pícaroDurante muchos años he asistido a las sesiones de control, a las investiduras y a las fiestas de la Constitución. Siempre me fascinó ese palacio rosa, gris y púrpura. La última conmemoración fue triste, por el asesinato de los guardias civiles en un diciembre sombrío. Siempre pensé que al neoclásico le sentaba bien el frío. No este año. Las cariátides que sostienen el abanico del lucernario miraban a los políticos como antropófagos pensando, tal vez, que sobrevivirá el mármol, los estucos, los testeros y no los diputados que convirtieron la legislatura en cacería.
El perfume de la tristeza ha configurado un periodo que ha dejado al país al borde de la fractura, con una política basada en el canutazo, el fanatismo del marketing y el progresivo descrédito de los políticos. Crece la abstención; los energúmenos aparecen por las esquinas. Anteayer, abuchearon a los diputados en la Carrera de San Jerónimo. Mientras la algarabía despertaba a los leones de Ponzano, un Manuel Marín de escorzo tieso, a pesar de haber asistido a las sesiones de Pilates y de haber aderezado costureros de nogal para aliviar el estrés, pronunciaba un sermón ético, de progresía mesetaria. ZP escuchó como si no fuera nada con él.
«Dicen que soy repipi», comentó el derribado presidente del Congreso. Repipi, es decir, afectado y pedante, campanudo, engolado o redicho. No, no es repipi su señoría, es que creyó que esto era América. Presidía una Cámara en la que la larga mano de los partidos sobaba al Poder Legislativo.
Lo de menos, los insultos. En los Comunes, los diputados se llaman unos a otros, hasta el culo de cerveza, Son of bitch, hijo de perra. Se han dicho en San Jerónimo hijos de puta, traidores, gilipollas. Marín ha tenido que mandar a la calle a algún vociferante. Pero el malestar que expresa el presidente del Congreso tiene causas más profundas. Es el diagnóstico de una Constitución a punto de descoserse, que dibuja una España plurinacional, no escrita en la Ley de Leyes. Ya no hay dos Españas, sino cuatro por lo menos. Aunque se reconciliarán ZP y Rajoy, quedarían flotando dos más, con un Tribunal Constitucional amordazado.
«La sociedad española no tolerará otra legislatura tan dura y tan ruda», dijo Manuel Marín. ¿A quién se refería cuando daba el cante? Se refería, especialmente, a los suyos. El presidente del Congreso recuerda los comienzos de la Legislatura, cuando cada miércoles, los de ERC montaban el pollo, exigiendo que se hablara catalán e incumpliendo el artículo 3 de la Constitución. Puigcercós era partido del Gobierno en Barcelona e independentista en Madrid. Cuando el diputado catalán pasaba por delante del presidente del Gobierno, los dos, se guiñaban el ojo, entre la risotadas de los nacionalistas y los insultos de la derecha.
Las palabras iban por un lado y las señas por otro. Marín recuerda ese guiño, símbolo de una política confidencial, como una puñalada de pícaros.
ZOOM
CARMEN RIGALT
OnanismoNo hay nada como un día festivo para gozar del aburrimiento. Ayer jueves (anteayer para ustedes) fue día festivo y por tanto, gozoso: una especie de jueves santo laico. Mañana (hoy para ustedes) será la Inmaculada. Y pasado (mañana para ustedes), domingo-domingo. Aburrirse está muy bien, es un deporte sensual y ensimismador. Empiezas rascándote la barriga y acabas practicando un onanismo creciente que alcanza su clímax en la paja mental.
El aburrimiento pertenece al mundo de las sensaciones añoradas, de cuando el tiempo tardaba mucho en pasar y no hacía falta ir al cine para montarse películas. Conste que me refiero a los festivos sin demasiada actividad festiva. Un punto rojo en el calendario y fuera. Fiestas de perfil bajo, como el día de la Constitución y el de la Inmaculada, o redondeando, el puente de la Inmaculada Constitución (no me digan que este esfuerzo de síntesis no tiene gracia: la sabiduría popular acuña expresiones magníficas). Las fiestas con implicación familiar severa (la Navidad, mismamente) son trabajosas y comúnmente tensas. No dan para aburrir. En cambio, la Semana Santa siempre ha arrojado días tontos, sobre todo antes, cuando no estaba bien visto disfrutar y en la tele se hinchaban a poner películas con muchos romanos dentro.
Los festivos sin demasiada fiesta tienen la particularidad de que ofrecen tiempo libre para perderlo a conciencia. Esa expresión mezquina y puritana -perder el tiempo- es propia de gente de países oscuros donde escasean las ganas de vivir y las sensaciones lúdicas. Gente septentrional, ahorradora y magra, puritana. Los mediterráneos estamos hechos de otra pasta y, aunque sólo sea de boquilla, nadamos en la abundancia. Nos gusta la pólvora y la comida cromática, las tertulias, el chispeo del alcohol, la música alta. Dormimos poco por no privarnos de televisión y farra y, cuando llega el buen tiempo, solemos estar recogiditos en la calle. Somos desorganizados y generosos, dejamos para mañana lo que podemos hacer hoy y vivimos sin método. Para nosotros, perder el tiempo es una forma de ganarlo.
Hoy he madrugado espontáneamente, sin necesidad de que el radio despertador me taladrara el cerebro con editoriales sobre ETA. He notado que era festivo porque la casa estaba quieta y afuera no se oía ni el sonido de las ambulancias. También la luz parecía distinta. Era una luz abierta, sosegada, no exactamente de domingo, porque los domingos tienen una luz poco ceñida a las cosas, pero sí muda. O sea, luz de día vacío e infructuoso. El teléfono no ha sonado en todo el rato. Esa ausencia de señales me ha permitido construir una pequeña vida al margen de la vida misma. Lo hago con frecuencia: como cuando tengo hambre y duermo cuando tengo sueño, no hago la cama ni veo la tele. Sólo pongo música para solapar los ruidos que puedan atemorizarme. El tiempo, en mis manos, es plastilina. Un lujo.
ERASMO
PsychoLa geografía del juvenile psycho demuestra tan inquietante, enfermiza predilección por los USA. Robert Hawkins, teen ager (19), alevín de fracasado: mi vida, a shit. Dijo. Y acaso ante el insoportable esplendor de la opulencia de la grande cúpula mediática, perpetró su carnicería en Nebraska. Buscaba sus 15 minutos de gloria (Warhol). Un rifle ruso SKS y su unlucky strike; suicidio, tras sus ocho cadáveres de gloria.EL MUNDO QUE VIENE KLAUS WOWEREIT«Una gran coalición de Gobierno como la alemana sólo tiene sentido donde no exista ninguna alternativa»
DESDE HACE SEIS AÑOS, ESTE DIRIGENTE DEL PARTIDO SOCIALDEMOCRATA DE ALEMANIA ES ALCALDE DE BERLIN. SEGUN LAS ENCUESTAS, UNA MUY AMPLIA MAYORIA DE CIUDADANOS RESPALDA SU EFICAZ GESTION Y CADA VEZ MAS VOCES LE ANIMAN A LANZARSE A LA CONQUISTA DE LA PRESIDENCIA FEDERAL
CARLOS ALVARO ROLDAN
CARGO: Alcalde de Berlín / FORMACION: Licenciado en Derecho / EDAD: 54 años / AFICIONES: El arte, la cultura, jugar al golf y esquiar / CREDO: Serenidad jovial / SUEÑO: Que no haya más parados en Berlín, sólo gente con trabajo
El inquilino de la Casa Roja, como se conoce en Berlín a la sede del Ayuntamiento, junto a la mítica Alexanderplatz, es un hombre muy popular entre sus conciudadanos y entre los alemanes en general. Así lo demuestran las encuestas, que siguen otorgando al político socialdemócrata apoyos de hasta el 70%. Y el propio Klaus Wowereit se ha mostrado ya dispuesto a dar el salto a la política federal, aunque en ningún caso se ve enfrentándose a su admirada canciller, la conservadora Angela Merkel, tal como reconoce mirando al horizonte que se erige más allá de las elecciones federales de 2009.
Pese a los graves problemas financieros que acucian intermitentemente al Ayuntamiento de Berlín -«el taller de la Unificación» alemana, según llama Wowereit a su ciudad-, su apuesta por la cultura, la tolerancia y la convivencia -uno de los leitmotiv de su idolatrado canciller Willy Brandt- ha convertido la urbe en un hervidero de ideas de la vanguardia europea que se funde cada día con algunas dosis de tradición alemana y la vida de ciudadanos de más de 180 nacionalidades y costumbres diferentes. Berlín, además, se ha convertido en el destino soñado de la mayoría de estudiantes Erasmus españoles.
Klaus Wowereit es gay -«¿y qué?»-, como aseguró al salir del armario en la primavera de 2001, poco antes de las elecciones que le llevarían triunfante a la Alcaldía de Berlín. Ahora acaba de publicar su autobiografía -«un balance intermedio», admite- donde destaca el papel de una madre luchadora sacando adelante a sus hijos siempre con problemas de dinero, igual que la ciudad que ahora dirige él.
PREGUNTA.- Alcalde, es usted uno de los políticos más respetados y populares de Alemania y ya ha revelado que se siente preparado para saltar en cualquier momento a la política federal. ¿Es éste un paso inminente? ¿Se ve en una competición, por ejemplo, con la canciller Angela Merkel, por la que usted, pese a las lógicas diferencias ideológicas, reconoce sentir una especial admiración?
RESPUESTA.- No, no me veo en ninguna competición con la canciller. Yo ya actúo en la política estatal como miembro del Bundesrat -la Cámara Alta de la República federal- y también al formar parte de la dirección nacional de mi partido, el SPD -Partido Socialdemócrata-. Tal y como he hecho hasta ahora, seguiré dando mi opinión sobre temas políticos en el conjunto del país, siempre que sean relevantes para Berlín. Y lo son la mayoría de los asuntos políticos.
P.- ¿Qué significa para Alemania tener su primera mujer canciller? Porque la sociedad germana no deja de ser bastante conservadora, como han demostrado las numerosas críticas a la ministra Ursula von Leyen por su proyecto de crear 750.000 plazas de guardería como ayuda a la incorporación de las madres al trabajo.
R.- Fue una gran sorpresa que dos partidos conservadores como la Unión Cristianodemócrata (CDU) y la Unión Social Cristiana (CSU) nombraran como candidata a una mujer y que ésta, además, procediera de la antigua República Democrática Alemana (RDA). Esto ha sido un éxito personal de Angela Merkel. Yo creo que, en general, en Alemania éste no ha sido un tema de gran debate, ya que desde hace tiempo es algo normal que en nuestro país las mujeres desempeñen un cargo directivo. En el caso de la Cancillería sí se trataba de una novedad, pero en seguida se vivió con una gran naturalidad.
P.- Dos años después de la gran coalición entre socialdemócratas y conservadores, ¿cuál es su balance? ¿Los éxitos son algo más que una recuperación económica?
R.- En Alemania siempre ha sido difícil un Gobierno de gran coalición, porque los dos grandes partidos quieren imponerse en cada tema político a abordar, por lo menos en el 50% de cada asunto, y esto significa tener que buscar constantemente acuerdos. De ello se deriva que ninguno de los partidos consiga imponerse por completo. Asimismo, supone que a menudo no se puedan articular las diferencias de manera contundente. Se ha conseguido mucho en esta gran coalición entre el SPD y CDU-CSU, pero todavía queda mucho por hacer. El pacto es para todo este periodo legislativo, hasta 2009. Creo que una gran coalición sólo tiene sentido si ésta es imprescindible, es decir, ahí donde no exista otra alternativa posible.
P.- Usted ha sido de los pocos políticos del SPD que ha pactado para gobernar con los ex comunistas de la antigua Alemania Oriental, hoy fusionados con disidentes socialdemócratas en Die Linke (La Izquierda). ¿Es hoy posible, con Oskar Lafontaine, repetir la experiencia a escala federal?
R.- Sí, ya hubo antes una coalición de izquierdas en el Estado de Mecklenburgo-Pomerania Occidental antes que la nuestra. Pero por el momento, y de cara a las elecciones legislativas del 2009, no será posible una coalición de izquierdas nacional. Esto se debe, por un lado, a la lista de la propia Die Linke, pero, por otro, también a su programa. Tanto en cuestiones de política exterior, como en temas sociales y de política interna no es capaz de formar Gobierno y tampoco muestra ninguna intención de serlo. Por eso no va a haber ninguna coalición en los comicios de dentro de dos años.
P.- Los socialdemócratas alemanes han ofrecido estos días una imagen de cierto desconcierto. Pese a los éxitos del Gobierno del que forman parte, se hunden en las encuestas por debajo del 30%. Usted ha apoyado al presidente Kurt Beck pero también ha criticado ciertas prácticas internas. ¿Qué ofrece el SPD frente a La Izquierda?
R.- El Partido Socialdemócrata se encuentra en una situación difícil. Die Linke de Oskar Lafontaine recibe siempre en las encuestas el 10% de los votos y esto significa que hay en Alemania tres partidos de izquierda: Los Verdes, el SPD, con un techo electoral próximo al 30%, y Die Linke.
Tenemos que desarrollar de nuevo de manera clara y rotunda un perfil social, que en parte ya lo hemos conseguido en el reciente congreso del partido celebrado en Hamburgo. Gracias al programa, pero también a las decisiones adoptadas, como, por ejemplo, la prolongación del subsidio de desempleo para los mayores de 50 años o el tema del salario mínimo. Es decir, dejar claro qué es lo que significa para nosotros la justicia social. Y ahí tenemos que ponernos a trabajar y será entonces cuando el SPD pueda volver a ganar más fuerza.
P.- Sin duda, Berlín es hoy una de las ciudades más interesantes y activas de Europa. ¿Qué imagen de ella vendería su propio alcalde?
R.- Berlín es una ciudad abierta hacia el exterior y muy tolerante. Aquí viven personas de 180 naciones diferentes y lo hacen en su mayoría de manera pacífica; aquí se puede vivir y ser feliz cada uno a su manera. Y como dijo Fritz el viejo [Federico II de Prusia], es una ciudad con un clima muy abierto, con mucha tolerancia y aceptación. Esta debe de ser la imagen que represente a la ciudad de Berlín, una urbe con espacio para todos, incluidas las personas que vienen del resto del mundo y que quieren seguir su camino, conjuntamente y de manera pacífica.
P.- «Berlín, pobre pero sexy», según sus propias palabras. Poco trabajo, poco dinero, austeridad y recorte de gastos, al tiempo que se apuesta con éxito por proyectos de prestigio y en la cultura popular. ¿Hay luz al final del túnel?
R.- La hay, es el curso de la consolidación. El punto duro del curso presupuestario del Gobierno ha dado sus frutos. Ahora tenemos un presupuesto público más equilibrado, no existe ya necesidad de crear nuevas deudas, podemos incluso devolver el próximo año 476 millones de euros y tenemos de nuevo un margen mayor para inversiones necesarias en investigación, educación y otros campos de futuro. Evidentemente, aún no somos ricos y seguimos teniendo problemas financieros, pero estamos muchísimo mejor de lo que estábamos hace solamente dos años. Le aseguro que en un tiempo casi récord se ha conseguido mucho más de aquello por lo que muchos hubieran apostado.
P.- Se considera uno de los hijos del mítico canciller Willy Brandt. ¿Qué aspectos de él habría que recuperar hoy?
R.- Creo que Willy Brandt fue una persona que durante su vida postuló siempre por la reconciliación, por el equilibrio. En temas tan importantes como la problemática Norte-Sur, ya en su tiempo abogó por ayudar a los países en vías de desarrollo. En el caso de las relaciones Este-Oeste, fue él quien, gracias a su política de apertura, alivió a muchas personas. Es decir, era un cosmopolita que defendía en todo el mundo una buena convivencia entre las personas. Y éste es, con seguridad, un leitmotiv que debería seguir cada político del mundo.
P.- En Berlín podemos ver su proyecto para cuatro millones de habitantes. ¿Cómo sería para 80 millones en caso de saltar a la política federal?
R.- Los berlineses y berlinesas son una parte de esos 80 millones de personas que hay en Alemania. Berlín es el lugar donde se unieron el este y el oeste, donde, desde el primer momento de la unificación, personas con distintas biografías y con una socialización distinta tuvieron que formar una ciudad. Esto se ha conseguido en su mayor parte y por ello Berlín es algo así como el taller de la unificación alemana y tiene que resolver algunas cuestiones que incumben a la totalidad de la república. Esta es ya una tarea bien importante.
P.- El conflicto entre los kurdos y el Ejército turco que se ha recrudecido en los últimos meses en el área fronteriza entre Turquía e Irak parece haberse extendido también en las últimas semanas a las calles berlinesas, donde han tenido lugar manifestaciones de protesta y algunos incidentes violentos.
R.- Espero que sólo haya sido un acontecimiento aislado. En las últimas décadas hemos visto a menudo que hay tensiones en otros países que causan sus efectos en Alemania, y más concretamente en Berlín, con protestas e incluso enfrentamientos. Y debe estar permitido poder protestar, claro, pero tiene que hacerse de manera pacífica y no existe justificación alguna para que se den aquí en Berlín enfrentamientos violentos en representación de los países de origen de quienes los protagonizan. Y en ese caso actuaremos con todos los medios que nos ofrece el Estado de Derecho.
P.- Las pocas críticas que este corresponsal de EL MUNDO ha podido recoger en la calle contra su gestión al frente de la Alcaldía se refieren a la falta de ampliación de los carriles-bici, ya de por sí impresionantes para alguien procedente de España, y al gran problema de la ciudad: los excrementos de los perros que inundan muchas calles.
R.- Si éstos fuesen los únicos problemas, entonces coincidirá conmigo en que tendría motivos para sentirme muy contento. Berlín es una ciudad que acoge con gusto a los perros, animal muy importante para un alto porcentaje de berlineses. Está prohibido que los dueños permitan a sus mascotas que hagan sus deposiciones en la calle, por supuesto; cada cual tiene que retirar los excrementos. Pero muchos no lo hacen y por ello es un problema para los servicios de limpieza. En cuanto a los carriles para bicicletas, estamos ampliando la red. Esta es ya buena, pero se tiene que ampliar, aunque no lo acepta todo el mundo. Pero es muy importante para la movilidad en la ciudad.
P.- ¿El alcalde Wowie va aún en bicicleta, como cuando sólo era Klaus Wowereit?
R.- Desgraciadamente, casi no ando en bicicleta porque no tengo tiempo, pero sí la tengo en el sótano para cogerla en cuanto surge la oportunidad.
«Decir en público que soy homosexual apenas afectó a mi resultado electoral»
Usted fue uno de los primeros políticos europeos en declararse públicamente homosexual. En su caso, en 2001, poco antes de ganar la Alcaldía. ¿Ha condicionado esta salida del armario su posterior forma de gobernar?
- No creo que haya influido en mi modo de afrontar el gobierno. Sin embargo, indudablemente fue, dada la atención mediática que se le prestó a mi anuncio, una cuestión política de relevancia nacional. Con ello conseguí otro grado de fama, distinto al que es habitual para un político de un Estado federal. No sé si me ha perjudicado o me ha beneficiado políticamente, sobre ello hay diferentes opiniones; seguro que algunos electores se han distanciado de mí al saberlo, mientras que otros habrán sido captados precisamente por ello. Pero, en general, el paso dado fue el correcto y, como se vio después, apenas afectó al resultado de las elecciones.
Una curiosidad, acaba de publicar su autobiografía, ... Y es una buena cosa. La exclusiva se la ha dado al Bild, un diario que en los últimos meses parecía enzarzado en una guerra larvada desde sus páginas contra usted. ¿Supone esto que han firmado la paz?
- Creo que nadie debe pensar que se puede firmar una tregua con el periódico Bild, ya que funciona con los mecanismos de la prensa sensacionalista, y esto lo lleva a cabo consecuentemente. Por ello hay momentos en los que nos llevamos bien y otros momentos en los que nos enemistamos. Ahora se ha anunciado la paz.
Una infancia difícil, una madre luchadora, siempre con problemas de dinero, dificultades para acceder al instituto... ¿Por qué ahora una autobiografía?
- Fue una idea del editor Karl Blessing, que hace años logró atraerme al proyecto. Durante años lo dudé y no lo llevé a cabo. Pero el año pasado decidí hacerlo. Y sí, es un balance intermedio. Hace poco me comentó una señora mayor que hacía bien en escribir a tiempo estas cosas porque con la edad se olvida tanto. Sin duda, es un balance intermedio.
Muchos en otras ciudades ven con envidia a un alcalde como usted, que preside los desfiles del Día del Orgullo Gay, apuesta abiertamente por una sociedad multicultural, sale por las noches e incluso interviene en series de televisión y películas o escribe libros. ¿Dónde está el secreto?
- Trabajar, trabajar y trabajar. El trabajo nunca tiene un final y en una ciudad como Berlín hay tantos asuntos pendientes que no se consigue hacer todo lo que uno quiere. Y, sobre todo, dura disciplina, no se hace nada por sí solo.
LA CUESTION
- En Berlín vive la mayor comunidad turca fuera de Turquía, casi 400.000 personas. ¿Cuáles son los errores y los éxitos en las políticas locales de integración?
- Hablamos mucho sobre integración y sobre los problemas de la integración. Hay que decir que desde hace décadas funcionan de manera excelente muchos modelos diferentes de integración. Muchas personas que en los años 60 vinieron desde Turquía a Alemania se han integrado y son hoy personas con éxito. Pero desgraciadamente existen personas, de la segunda y tercera generación, que hoy en día desarrollan su vida aparte, que no se han integrado. Y esto es un gran problema para los niños, pues si no hablan el idioma, si no saben alemán, entonces quedarán excluidos de una carrera profesional, quedarán excluidos de la seguridad material y de ello surgen los conflictos, los problemas. Esta es nuestra gran preocupación, dejar claro que en las familias se tienen que preocupar de que los niños aprendan alemán, que reciban una buena educación y tengan un deseo de superarse. Es decir, una generación sin perspectivas, éste es nuestro mayor problema y todavía tenemos mucho que trabajar.
VIDAS PARALELAS Pedro G. CuartangoMANUEL MARIN / MARCO AURELIO: En la hora de los adioses
Es imposible no pensar en las Meditaciones de Marco Aurelio tras escuchar el meláncolico discurso de despedida de Manuel Marín, exhortando a los políticos a ser buenos.
Antes de morir, cuando sus tropas sitiaban la ciudad de Vindobona (Viena), el emperador escribió: «El verdadero modo de vengarse de un enemigo es no parecérsele».
Marín ha preferido renunciar a la política antes que parecerse a los políticos. Ahí queda su postrero mensaje: «Hay que trabajar en política con otros modos y otras maneras».
A Marco Aurelio, el gran general que llevó a Roma a su máxima expansión territorial, le incomodaba la guerra. A Marín le han molestado los modos de los líderes de los partidos: «No se deberá repetir otra legislatura tan dura y tan ruda».
La paradoja de ambos personajes es que se ven obligados a sobrevivir en medio de luchas implacables mientras añoran la paz del espíritu.
Marco Aurelio tuvo que combatir hasta el final de sus días contra las tribus bárbaras del Este. Marín ha sufrido peor suerte: ha tenido que partirse el pecho contra Rubalcaba y Zaplana.
El drama de ambos es muy similar: son hombres de luces, de principios, de reflexión, a los que el destino coloca en un lugar donde para prosperar hay que repartir mandobles.
Marco Aurelio jamás flaquea en el campo de batalla y se muestra inflexible cuando hace falta. Marín también ha sabido sacar las uñas a sus enemigos. Pero ambos sienten el recurso a la fuerza como una debilidad interna.
El gran drama final de Marco Aurelio es que era perfectamente consciente de que su hijo y sucesor, Cómodo, era un inepto sin escrúpulos.
Manuel Marín se ha revuelto en su sillón al sufrir la última humillación de Zapatero: el anuncio sin esperar a las elecciones de que Bono será su sucesor si gana el PSOE.
Tal vez ahora Marín se dedique a escribir sus memorias, siguiendo los pasos de Marco Aurelio, que ha pasado a la posteridad no por sus éxitos militares sino por las Meditaciones, el catecismo del estoico.
«El verdadero placer de un hombre es hacer las cosas para las que fue hecho», escribió el emperador. Marín está hecho para la virtus romana, que es la principal cualidad de los hombres públicos.
Trajano y Adriano se preocuparon de construir grandes monumentos para que las futuras generaciones les recordasen. Marco Aurelio -además de su impresionante estatua ecuestre en el Campidoglio romano- nos legó sus cualidades morales, su mesura y su ecuanimidad.
Marín también ha procurado reformar los malos hábitos de los diputados y ha intentado inculcarles una pedagogía del buen hacer político. Pero ha fracasado porque los diputados están acostumbrados a seguir la disciplina que les imponen sus jefes. Eso de la autonomía personal es para quienes se dedican a las artes y las letras.
El todavía presidente del Congreso es como un instrumentista acostumbrado a tocar en solitario, que desafina en un gran orquesta cuando está bajo la batuta de otro. Ya le veo de monje de clausura en algún monasterio castellano porque esto de la política es para gentes como ZP o Bono.
INDOLENCIA PASAJERARAFAEL MARTINEZ-SIMANCASLa escala gramatical Una mala digestión de los clásicos puede llevar a una diarrea de conceptos, eso le ha pasado a Hugo Chávez, que de admitir una victoria «pírrica» ha pasado a decir lo que realmente piensa, que era una victoria de «mierda». A pesar de que pírrico tiene erre doble y se puede enfatizar, decir que era una victoria asquerosa tiene más fuerza verbal. En la deyección del adjetivo está la carga de la frase. De continuar por esa escala gramatical lo que le queda es admitir que todos son bobos menos él que es un hombre sensato y limpio de coprolitos electorales. Las declaraciones de Chávez son de las que hay que tirar de la cadena después de escucharlas, les ocurre con frecuencia a los caudillos infalibles.
Cuenta Tico Medina que conoció a un borracho en Granada que cada noche le decía al tabernero: «Sirve vino hasta que ocurra una desgracia», y ese punto llegaba cuando aquel hombre decía lo que pensaba en alto, como si todo el mundo llevara un bozal de la buena educación que le reprimiera soltar lo primero que pensara. En ese sentido podemos vivir la semana de la sinceridad, el matarife de Oklahoma antes de disparar contra la multitud dejó escrita una carta en la que admitía su condición: «Soy un pedazo de mierda, pero ahora voy a ser famoso». Efectivamente acertó con el calificativo aunque para su desgracia no recuerdo bien su nombre. Lo peor de un asesino es que pretenda pasar a la posteridad como si tuviéramos la obligación de recordar su apellido junto al de los grandes ríos de Europa. Ese joven mató a ocho personas sólo para que en su lápida escribieran que había sido alguien.
También Marín dobló el folio escrito en la recepción del Congreso e improvisó su testamento político al decir que había sido una legislatura «dura y ruda», dos adjetivos que llevan a otro mayor cruda. Marín sintió la necesidad de liberar el pitorro de presión que daba vueltas en su olla exprés tras una legislatura en la que ejerció de Don Quijote en una venta revuelta donde los clientes le perdían el respeto a las mesoneras y las peleas a navaja terminaban por romper las jarras de barro cocido. Es verdad que el reino de Marín no es de esta tierra, por eso habla con la sinceridad de un jubilado y con la imprudencia de un adolescente. Lola Flores lo había dicho con menos talento: «Si me queréis, irse», que es otra manera de plastificar el enfado y decir que la gente no ha estado a la altura. Marín pronunció la parte final de su discurso con la bata de cola, si hubiera rematado con una repiqueteo de castañuelas no hubiera parecido extraño. A veces un taconazo a tiempo tiene una fuerza expresiva innegable.
Chávez no domina el adjetivo y por eso cocea el diccionario. La oposición le podría decir: «¿Por qué no te limpias?», sería muy deseable.
TRIBUNA LIBREBERNARD-HENRI LEVYLlamamiento en pro de Ingrid BetancourtC
onozco El Caguán, esa zona de Colombia en la que Ingrid Betancourt fue capturada, hace ya casi seis años, y donde se encuentra secuestrada en condiciones abominables. También conozco a Iván Ríos y a Joaquín Gómez, los jefes marxisto-mafiosos de las FARC, a los que, poco antes de su captura, había ido a entrevistar a su feudo, primero para Le Monde y, después, para mi libro sobre «las guerras olvidadas».
Tras haber pasado algún tiempo con estos auténticos secuestradores y falsos revolucionarios, tras haberme molestado en escuchar el discurso a la vez demente y, como suele ser habitual, de una lógica implacable y heladora de estos comunistas estilo escuadrones de la muerte, me perece tener una idea más o menos clara de aquello en que podría consistir el intento de la última oportunidad de liberar a Ingrid Betancourt.
Porque, en el fondo, ¿qué quieren las FARC? Está claro que no quieren dinero. Son los primeros productores de coca del mundo y los proveedores de heroína de la mayoría de los camellos de Europa y de Estados Unidos. Es, pues, la guerrilla más rica del planeta. Más rica, en cierto sentido, que el propio Estado colombiano.
Tampoco quieren ese «intercambio humanitario» al que, desde hace años, no cesan de añadir nuevas condiciones. El presidente Uribe liberó, el pasado mes de junio, a cerca de 200 guerrilleros. Y lo hizo unilateralmente, con coraje, sin condiciones. Pues bien, su gesto no tuvo efecto alguno. Más aún, los propios liberados acogieron su puesta en libertad de mala gana, al menos de boquilla, y sólo tras haberse asegurado que eso era lo que querían y habían decidido sus jefes.
No creo que sea tampoco cierto que les importe tanto como se dice esa famosa zona desmilitarizada que Uribe, con toda la razón del mundo, les niega. Porque, ¿de qué se trata en realidad? ¿De los 800 kilómetros cuadrados de los municipios de Florida y de Pradera? ¿De los 180 kilómetros cuadrados de El Retiro, que es la zona que evocan otras fuentes? ¿Y para qué serviría, en cualquier caso, cuando la guerrilla controla gran parte de El Caguán, una región tan vasta como Suiza, y que ya fue desmilitarizada, hace nueve años, por Pastrana, el predecesor de Uribe?
No. Lo que realmente quieren las FARC, el leitmotiv que surge, una y otra vez, en sus comunicados, lo que me dijeron a mí, entonces, y lo que me sorprende que algunos se obstinen en no entender, es algo más extraño, más esencial y más sencillo a la vez. El auténtico fondo de su demanda, habría que decir mejor de su obsesión, es el siguiente: «Queremos ser considerados como beligerantes, auténticos beligerantes, y no sólo como bandidos (tal y como los califica, con toda razón, la prensa) o como terroristas (como los catalogan, también con justicia, las listas negras del Departamento de Estado)».
Pues bien, examinadas todas las variables, me parece que esta demanda es asumible. Creo que la Colombia que conocí y que coloqué -junto a Angola, Sudán, Burundi y Sri Lanka- en mi serie de «las guerras olvidadas» es, efectivamente, un país en guerra en el que las partes enfrentadas son pues, en sentido estricto, partes beligerantes.
Me siento, pues, tentado de decir que, si ésa es la condición para que sean liberados cientos de rehenes que se pudren con Ingrid Betancourt en la jungla, si la exigencia de los asesinos es ser reconocidos como combatientes de una guerra sin nombre, quizás haya que concedérsela.
Sé que, al hacer esto, algunos temen dotar a los verdugos de una legitimidad evidentemente indebida. Y todavía oigo al presidente Pastrana decirme, en su oficina de Bogotá bunquerizada, que «el Estado se deshonraría», concediendo ese «estatus» a asesinos de crímenes abominables.
Puede que sí. Pero, ¿qué hacer, si la única solución es ésa, una vez más? ¿Hay que sacrificar, como lo hicieron antaño los italianos en el caso de Aldo Moro, en aras del «honor del Estado» la vida de una combatiente de la libertad y de sus compañeros de cautividad? Si la solución de todo esto reside en una palabra que, además es exacta, ¿no vale la pena intentar, sólo intentar, pronunciarla?
En lo que al beneficio que sacarían los interesados se refiere, seamos honestos. ¿Sería, ahora, mucho más importante que en la época en que veía al alto comisario para la paz del Estado colombiano, Camilo Gómez, pasar la mayoría de su tiempo, en el campo de Los Pozos, hablando y negociando con los asesinos?
En definitiva, ésta es mi propuesta. Que un mediador, un auténtico mediador (por lo tanto no Hugo Chávez, por definición) vaya de inmediato a El Caguán. Que consiga que, entre Marulanda y Uribe, sea pronunciada y asumida la palabra que tanto le interesa al primero. Y que, en el espacio del diálogo así abierto, se negocie el tránsfert (intercambio) de los prisioneros, al que, en principio, ninguna de las dos partes parece oponerse.
De esta forma, cada cual se vería entre la espada y la pared. Por vez primera, cada cual se vería confrontado a su verdad. La verdad de sus cálculos y la de sus crímenes. Porque decir «guerra» es decir, también, «leyes de la guerra», o sea, la prohibición de desapariciones forzadas, del reclutamiento de niños soldados o, naturalmente, de toma de rehenes.
¿Guerra? ¿Ha dicho usted guerra? Pues sí, guerra. Y en la guerra como en la guerra. La ventaja es para el que tiene la mejor estrategia.
Bernard-Henri Lévy es escritor y filósofo, y está considerado como uno de los intelectuales más influyentes de Francia.
TRIBUNA LIBREJUAN WILLIAMSLa frontera del color de Obama
Barack Obama está llevando a cabo una campaña sorprendente. No sólo está saliendo mejor parado en las encuestas que cualquier otro candidato negro en la historia de los Estados Unidos, sino que también ha recaudado más dinero que cualquier otro candidato de cualquiera de los dos partidos, excepción hecha de Hillary Clinton.
Lo más asombroso es que Obama ha cimentado su apoyo político entre los votantes de raza blanca. Cuenta entre los blancos con un respaldo sin precedentes a un candidato negro. De hecho, entre los votantes negros de toda la nación va por detrás de Hillary Clinton con una diferencia de nueve puntos porcentuales, según una encuesta reciente.
A primera vista, la respuesta de blancos y negros a Obama parece que representa un avance espectacular hacia el día en que candidatos y electores sean capaces de dejar a un lado la cuestión de la raza. Sin embargo, resulta extraño que los votantes negros estén divididos ante el esfuerzo tremendo de Obama por llegar a donde ningún candidato negro ha llegado antes. Su reacción no parece obedecer tanto a un idealismo político postracista como a una política negra contraproducente.
El éxito de Obama está produciendo preocupación, incertidumbre y celos entre los políticos negros tradicionales. Los activistas políticos y sociales de raza negra anclados en el movimiento de derechos civiles de los años 60 recelan de que haya tantos blancos que encuentran aceptable a este negro.
La mayor parte de esos recelos nacen de la trayectoria vital de Obama. Era demasiado joven para salir en manifestación con Martin Luther King hijo. Su madre es de raza blanca y su padre era un negro de Kenia. Obama pasó su infancia en Indonesia y Hawai y luego fue a universidades de la Ivy League (elitistas); primero a una facultad de Columbia y luego a la de Derecho de Harvard. Tampoco ha ido subiendo poco a poco la escalera política por las vías tradicionales de la política negra; de hecho, perdió su primera cita con las urnas ante Bobby Rush, un ex miembro de los Panteras Negras al que se enfrentó en Chicago por un escaño en el Congreso.
En una entrevista con la National Public Radio, Obama reconoció que no tenía nada que ver con la forma en que los políticos negros abordaban la relación con los norteamericanos blancos. «En la historia de la política afroamericana siempre ha habido una cierta tensión entre hablar en términos generales y hablar en términos estrictamente raciales sobre las condiciones difíciles de los afroamericanos. Yo me inclino más a hablar en términos generales».
La marginación, la rabia y el pesimismo que marcan los discursos de los dirigentes negros más destacados están ausentes en Obama. El senador habla de los EEUU como «un lugar mágico» para la diversidad. En la misma línea de King, apela al sueño de superar la división racial y que los hijos de los esclavos y los hijos de los amos sean capaces de elegir al presidente más adecuado con independencia de su color de piel.
La biografía y el discurso de Obama han llevado a algunos a plantear interrogantes de inspiración mezquina, del tipo de si es «lo suficientemente negro», o de si está actuando «como si fuera blanco», según comentó Jesse Jackson. Sin embargo, el interrogante más serio que están planteando los votantes negros escépticos es el siguiente: si triunfa en la carrera hacia la Casa Blanca, ¿cuáles serán sus valores y prioridades?
Puesto que él proclama con orgullo que representa a una minoría históricamente oprimida, Obama tiene que responder a esa pregunta. Ha habido demasiados políticos negros que se han escudado en el color de su piel para evitar responderla.
El 50% de los norteamericanos negros creen que Obama comparte los mismos valores que ellos, de acuerdo con una encuesta reciente realizada por el Pew Research Center. El caso es que eso le sitúa enfrente de la otra mitad, que no se fía de él porque considera que tiene sólo «un poco» o «no mucho/nada en absoluto» en común con los valores de los norteamericanos negros.
En el seno de la sociedad negra de los Estados Unidos se está produciendo una división sobre los valores. El 61% de los norteamericanos negros cree que los valores de los negros de clase media y de los negros pobres se están volviendo «más diferentes».
Dentro de la sociedad negra de los EEUU, son las personas que al menos han cursado algo de educación superior las más inclinadas a considerar que Obama «comparte en mayor medida los valores y los intereses de la sociedad negra». Sin embargo, sólo el 41% de los negros que como mucho han llegado a cursar estudios de enseñanza media consideran que Obama forme parte de la sociedad negra.
En su conjunto, sólo un 29% de los norteamericanos, cualquiera que sea el color de su piel, cree que Obama refleja los valores de los negros. El senador está considerado el paradigma de lo que el senador Joe Biden ha denominado torpemente el sector «decente» y «educado» de la sociedad negra, ese número creciente de negros que manifiestan sentirse sincronizados con la mayor parte de los norteamericanos blancos en cuanto a valores y prioridades.
En una nación, en fin, en la que una tercera parte de la población está integrada en la actualidad por personas de color, Obama figura en la vanguardia de una nueva fórmula de política multirracial. Está pidiendo a los electores que le acompañen, más allá de las razas y más allá del movimiento de derechos civiles, al encuentro de una política de valores compartidos. Si los votantes blancos y negros dieran una respuesta por igual a los valores de Obama, el senador habría conseguido por fin arrastrar a la nación a la política postracial. El que consigan llegar a esa meta, él y los EEUU, es todavía una pregunta sin respuesta.
Juan Williams es un famoso analista político de la National Public Radio y del Fox News Channel. También es autor de
Enough: The Phony Leaders, Dead-End Movements and Culture of Failure That Are Undermining Black America
(Ya está bien: falsos líderes, movimientos sin futuro y la cultura del fracaso que están acabando con la sociedad negra norteamericana).
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