Editoriales: Garzón: entre el 11-M y el estrellato televisivo

EDITORIALES DEL DÍAGarzón: entre el 11-M y el estrellato televisivo

Baltasar Garzón tiene previsto viajar como enviado especial de TVE a Irak y Afganistán para hacer un reportaje sobre derechos humanos, lo que ha obligado a tres ministerios a preparar un dispositivo especial. La afición de Garzón tanto por Irak como por ponerse delante de las cámaras no es nueva: en marzo escribió un artículo en el que se mostraba partidario de exigir responsabilidades penales al ex presidente Aznar por respaldar la Guerra de Irak y, el pasado mes de abril, la cadena pública emitía un documental suyo sobre la dictadura militar argentina. Ahora, en vísperas de su nueva incursión televisiva, el reportero Garzón critica a quienes han destacado la absolución de los presuntos cerebros de los atentados del 11-M. «El debate de la autoría intelectual es falso y absurdo», decía ayer. El juez se equivoca dos veces. Primero, al reincidir en las actividades extrajudiciales que le distraen de su trabajo, al que debería dedicar todo su esfuerzo, pero también al ponerse una vez más del lado del Gobierno en un caso, el del 11-M, en el que tendría que ser el primer interesado en permanecer con la boca cerrada. Porque fue Garzón quien hizo pasar un calvario a los peritos del ácido bórico al acusarles de falsedad documental y someterles a un interrogatorio inmisericorde, pese a que, como quedó demostrado, actuaba fuera de su jurisdicción. Y fue Garzón quien, mientras compatibilizaba la Audiencia Nacional con sus hobbies, tenía pendientes de traducir, hasta el mismo día del 11-M, unas 200 cintas grabadas por la Policía a islamistas que supuestamente participaron en los atentados, cuyo contenido podría haber sido de valor para la investigación. Sorprende, además, el desprecio que hoy muestra el juez por la «autoría intelectual», cuando fue él quien, en 1999, pidió al Supremo el procesamiento de Felipe González como instigador de los GAL.
ANTE UNA VISITA HISTORICA A DOS CIUDADES ESPAÑOLAS
Por una vez, precisamente porque no hay precedentes, la visita de los Reyes a dos ciudades españolas -Ceuta y Melilla- debe calificarse de histórica y acertada, aunque el Gobierno -el tiempo lo dirá- pueda haberse equivocado al calibrar la respuesta del régimen marroquí. Pese a la seguridad con la que la diplomacia española advierte que la reacción estaba prevista, hay que ser precavidos ante la llamada a consultas con carácter indefinido del embajador de Marruecos. Ni las buenas relaciones de los últimos tres años ni las comunicaciones previas de Madrid a Rabat sobre la visita han evitado una crisis diplomática cuyo alcance está por ver.
La mejora sustancial de las relaciones bilaterales desde que los socialistas volvieron a La Moncloa en 2004 y la oportunidad de recuperar la imagen perdida de defensores de España tras el desgaste sufrido por el proceso de paz y el Estatuto catalán, pueden haber hecho creer al Gobierno que los posibles efectos negativos de la visita de los Reyes se verán compensados con creces en las urnas en marzo de 2008. Pero ni el hipotético error de cálculo en cuanto a la respuesta marroquí ni el posible oportunismo político restan un ápice de nuestro apoyo a esta visita.
El Ejecutivo ha sido extremadamente cuidadoso y tanto Mohamed VI como su Gobierno, dirigido por el partido nacionalista Istiqlal -el más beligerante en la defensa de la marroquinidad de Ceuta y Melilla- fueron informados de la visita. Definir a Ceuta y Melilla, como ha vuelto a hacer el Ejecutivo marroquí, como «ciudades expoliadas», entra dentro de su lenguaje habitual, por más que se trate de una falacia: ambas son españolas desde los siglos XV y XVI, varias centurias antes de que exisitiera Marruecos. No cabe hablar, pues, de colonialismo.
De forma recurrente, tanto el monarca de turno como los políticos marroquíes sacan a la luz la reivindicación de Ceuta y Melilla. Lo hacen según conviene a sus motivos internos. Para evitar que España tenga que estar pendiente de esos vaivenes, el ministro Fernando Morán imaginó cuatro alternativas posibles: desde las más razonables -reforzar la posición española en ambos enclaves o conectar su desarrollo socioeconómico con las regiones marroquíes más próximas- a las más abandonistas -crear instituciones de autogobierno dirigidas por españoles y marroquíes, o internacionalizar las plazas a la manera del Estatuto de Tánger-. En realidad, se ha dejado pasar el tiempo y no se ha avanzado prácticamente en ninguna. Pese a todo, los atentados de Casablanca (2003) y de Madrid (2004), y la crisis migratoria de otoño de 2005 -cuando avalanchas de subsaharianos intentaron saltar las verjas de las dos ciudades- multiplicaron los contactos entre Madrid y Rabat, que han desembocado en una cooperación más intensa y eficaz.
La visita que el lunes realizan los Reyes a Ceuta y Melilla es un hecho extraordinario: por la excepcionalidad -ningún jefe de Estado español, incluido Franco, había estado allí en 80 años-, por el valor sentimental y estratégico que tienen para España, por la importancia crucial de las relaciones entre Madrid y Rabat frente al enemigo común yihadista, y por la carga simbólica del viaje en momentos en que la Monarquía representa más que nunca la unidad de España.
Otro vídeo que pone los pelos de punta
Un menor golpea brutalmente a otro mientras un compañero lo graba en su móvil: «Dale más que esto va a tener su precio en oro». Ha sucedido en Boiro (La Coruña) y es la última prueba de que los snuff vídeos, las grabaciones de actos violentos para su comercialización, han dejado de ser un recurso del cine de terror para convertirse en un hecho demasiado frecuente entre las generaciones más jóvenes. El autor de la paliza y el que la graba han ingresado en un centro de menores, una respuesta que poco reconforta a la hora de prevenir y erradicar un fenómeno abominable y reflejo de una sociedad devaluada en valores. Cabe preguntarse el porqué. Tal vez hallemos la respuesta -o parte de ella- en la violencia televisiva como moneda corriente, o en el contenido de los videojuegos más exitosos. En cualquier caso, la educación moral de los menores siempre es responsabilidad de los padres.
UNA DECISION VALIENTE DE ALONSO
En la ruptura de Fernando Alonso y McLaren Mercedes subyacen los mejores ingredientes de un drama shakespereano. El fichaje de un bicampeón mundial por una escudería llamada a reinar en la Fórmula 1, el desencuentro entre un deportista profesional y un equipo tan tecnificado como cautivo de un protocolo asfixiante de pleitesías internas, los celos feroces, la deshonra del campeón por el favoritismo hacia el novato mimado Lewis Hamilton y, finalmente, la pérdida del campeonato como consecuencia del enfrentamiento entre los herederos. Se trataba de un divorcio anunciado mucho antes de que Kimi Raikkonen arrebatara a McLaren el título mundial por la incapacidad de Ron Dennis para reconducir la crisis desatada por los egos enfrentados de sus pilotos.
Desde que, a primera hora de ayer, elmundo.es adelantara la noticia, las entradas a nuestra web se multiplicaron a un ritmo de vértigo, lo que prueba no sólo el interés por este deporte, sino también el vigor de la alonsomanía. No cabe reparar en las razones de la ruptura, sino en la etapa que ahora inicia el piloto asturiano. Ojalá que la separación de Alonso y McLaren no sea tanto el final precipitado de una historia que comenzó mal, como el inicio de la gesta por la recuperación del título mundial al volante de otra escudería. Alonso ha sido muy valiente al preferir cortar una situación absurda y apostar por buscarse la gloria fuera de la escudería en la que -según él mismo ha confesado- quiso conducir «desde que era niño». No va a ser fácil empezar ahora en otro equipo, pero nadie puede dudar de la capacidad de Alonso. Fue él quien levantó Renault con dos títulos consecutivos en 2005 y 2006. Y gracias a su pericia mecánica, el equipo de Ron Dennis ha logrado ocho victorias en una temporada que no ha acabado mejor para el magnate porque, como dijera Lincoln, «una casa dividida contra sí, no puede sino caer».
Alonso ha logrado que su adiós a McLaren, dos años antes de vencer el contrato, no vaya acompañado de cargas para él o para su futura escudería. Ya se especula con una vuelta a Renault o con su fichaje por Toyota. En cualquier caso, el asturiano ha dado un volantazo valiente a su carrera que dice mucho de su talla de campeón.
Etiquetas: Juicio 11-M
































