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sábado, 13 de octubre de 2007

Editoriales: UN RESFRIADO MAL CURADO TE PUEDE LLEVAR A LA TUMBA


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UN RESFRIADO MAL CURADO TE PUEDE LLEVAR A LA TUMBA

La Fiesta Nacional transcurrió ayer con menos tensión de la que esperaba el PSOE y con más indiferencia de la que hubiera querido el PP. En la víspera, los socialistas habían hecho sonar las alarmas al responsabilizar a los populares de los altercados que pudieran producirse durante la jornada. Pero los silbidos y abucheos al presidente del Gobierno en el desfile de Madrid fueron similares -algo más intensos tal vez- a los de años anteriores. La ausencia de incidentes deja en evidencia al PSOE, que había asumido el papel de víctima entre aspavientos para presentar a Rajoy como un peligroso desestabilizador que alienta la violencia. Ni siquiera las excesivas prevenciones del presidente Zapatero en el acto (no apareció hasta la misma llegada del Rey y entró y se fue por una puerta trasera) parecen justificadas. Por otra parte, si el PP pretendía que la fiesta se viviera con un especial fervor patriótico, fracasó a medias en su intento. El día transcurrió como otros años: con poco trasiego en la calle -más banderas, eso sí, en los balcones- y con muchos ciudadanos disfrutando de un largo fin de semana.

Zapatero trató ayer de quitar trascendencia a la oleada de ataques a los símbolos constitucionales: «Esto ni siquiera llega a un resfriado», dijo. Pero, ¿puede llamarse resfriado a lo visto en San Sebastián, con 500 jóvenes organizados protagonizando una batalla campal con técnicas de guerrilla urbana? El optimismo es libre, pero ha de ser consciente de que una buena parte de la población ve tras estos síntomas una gripe fuerte y que, para los más pesimistas, podemos estar incluso ante una neumonía aguda. Sea de mayor o menor envergadura la dolencia, lo realmente grave es que ésta se haya fomentado desde el propio Gobierno. Es muy revelador que embajadores de distintos países se dirigieran ayer a Rajoy para expresarle su sorpresa por el aluvión de críticas que ha recibido por su vídeo en el que animaba a los ciudadanos a participar en la Fiesta Nacional, algo que se contempla con absoluta normalidad en el resto del mundo.

El presidente del PP denunció que faltan «certidumbres y rumbo» en el Gobierno para los asuntos fundamentales y ayer mismo Zapatero venía a darle la razón. El presidente, al referirse a ETA, subrayó la «profunda incapacidad de hacer política» de quienes apoyan a la banda, cuando les ha tenido como interlocutores hasta hace sólo unos meses y después de haber despreciado las advertencias de quienes alertábamos que ése no era el camino. Por cierto, ANV lanzaba ayer un nuevo desafío al mostrar su determinación de concurrir a las elecciones generales en plena investigación sobre su legalidad.

Si el diagnóstico de Zapatero sobre los ataques a España es certero o no, se verá con el tiempo. Pero es bien sabido que ante un paciente débil -como hoy puede serlo el Estado-, un simple catarro puede ser definitivo. Lo preocupante, en cualquier caso, es que el Gobierno no acabe de encontrar una medicina eficaz contra la enfermedad. Sobre todo porque, como dice la sabiduría popular, un resfriado mal curado puede acabar por llevarte a la tumba.

UN NOBEL PARA DEFENDER LA TIERRA

La mala suerte evidencia la tozudez de Luis

Putin amaga con la ruptura de otro tratado

FIESTA NACIONAL: Abucheos y pitidos a Zapatero/ Alergia de Montilla a la bandera/ Batalla campal/ El resfriado/ Análisis/ El Pilar/ Merchandising/ Dis



FIESTA NACIONAL / El desfile
Abucheos al presidente en pleno homenaje a los caídos

El jefe del Ejecutivo evitó los gritos del público al principio, pero tuvo que escucharlos en el momento más solemne del desfile

ROBERTO BENITO

MADRID.-
Puede que José Luis Rodríguez Zapatero tuviera un plan para evitar que, un año más, le abuchearan en el desfile del Día de la Fiesta Nacional. Pero si es así, desde luego le salió mal.


El presidente del Gobierno sorprendió a los presentes, evitando aparecer en la zona central del acto hasta el último momento. Al contrario que en anteriores ediciones, Zapatero llegó a la plaza de Colón por la calle de Génova y esperó detrás de la tribuna de autoridades a que hicieran aparición los Reyes.

Evitó así que el público le abucheara al comienzo del desfile, como ha ocurrido en años anteriores y como era previsible que volviera a suceder en esta ocasión. Sin embargo, con ello provocó que los gritos aparecieran en el peor momento posible.

Algunos asistentes estaban decididos a abuchear al presidente y no dudaron en hacerlo en el momento en que se levantó: cuando, junto al Rey y a los presidentes del Congreso y el Senado, se dirigió a rendir homenaje a la bandera y a todos los caídos por España.

Los silbidos y los gritos de «¡fuera, fuera!» resonaron en la plaza de Colón en un momento en el que el silencio se imponía. Para los militares, el homenaje a los caídos es el momento más solemne tanto del desfile del Día de la Fiesta Nacional como de cualquier acto castrense.

Estaban presentes, además, los familiares de los dos soldados que fallecieron el pasado 24 de septiembre en Afganistán, víctimas de un ataque talibán.

Destacados miembros de la cúpula militar señalaron en la recepción posterior a la parada militar que había sido «vergonzoso» lo que había sucedido. Alguno, incluso, culpaba al presidente del Gobierno de lo sucedido: «Ha destrozado el acto culminante y ha manchado la imagen del Rey. Tendría que haber aguantado los abucheos al principio, y punto».

Zapatero, en cambio, no le dio mayor importancia. En el encuentro con los periodistas en el Palacio Real, aseguró irónico que los abucheos son ya «un clásico» y que no hay que darle mayor relevancia. Mariano Rajoy, por su parte, no reprobó explícitamente lo sucedido y se limitó a señalar que «todo el mundo tiene derecho a la libertad de expresión», aclarando que él nunca lo haría.

Pese a todo, el ambiente no estuvo tan caldeado como se esperaba. Al final del desfile se repitieron los abucheos -esta vez, lo más oído fue «Zapatero, dimisión»-, pero por lo general, el público -la mayoría familias con niños pequeños- se centró en el desfile, aplaudió al Rey Juan Carlos y a los militares y lanzó constantes «vivas» a España y al Monarca.

Había mucho público en el desfile, más que en años anteriores. La polémica por el uso de los símbolos y por el vídeo de Mariano Rajoy animaron a muchos a acudir a la parada militar, incluyendo a altas autoridades, que tuvieron una presencia masiva.

El desfile fue presidido por los Reyes y el resto de la Familia Real: los Príncipes de Asturias, los duques de Lugo y los duques de Palma. Junto a ellos estaba todo el Gobierno, salvo la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, los presidentes del Congreso y el Senado y los del Tribunal Supremo y el Constitucional.

Además, fueron todos los presidentes autonómicos, menos Juan José Ibarretxe (País Vasco) y Ramón Luis Valcárcel (Murcia), la cúpula militar, autoridades locales y muchos miembros de partidos políticos, con el líder de la oposición, Mariano Rajoy, a la cabeza.

La parada militar, que discurrió entre la glorieta de Emilio Castelar y la plaza de la Cibeles, se prolongó durante casi dos horas. Se inició con el espectacular salto de tres paracaidistas sobre la plaza de Colón, justo enfrente de la tribuna principal. Recibieron muchos aplausos, especialmente el último, que portaba una gran bandera nacional.

Tras los homenajes a la enseña y los caídos comenzó la parada militar en sí, con el paso de los aviones -incluido un Awacs de la OTAN-. Luego se dio paso al desfile terrestre, donde destacaron los representantes -con sus respectivas banderas- de los 27 países que participan junto a España en la misión de la ONU en el Líbano (Finul), además del de EEUU, invitado como anfitrión de la sede de las Naciones Unidas.

Los más ovacionados, como es habitual, fueron los miembros de la Legión, que una vez más desfilaron con su particular ritmo por el paseo de la Castellana, cabra del cuerpo incluida.

Tras el desfile, un pequeño grupo de ultraderechistas permaneció en la plaza de Colón, donde enarboló banderas preconstitucionales y cantó el Cara al sol.

Vea el vídeo de los abucheos a Zapatero en: www.elmundo.es


FIESTA NACIONAL
La 'alergia' de Montilla a la bandera

MADRID.- El presidente de la Generalitat, José Montilla, protagonizó ayer una de las anécdotas de la jornada.

Momentos antes de comenzar el desfile de la Fiesta Nacional, un ujier acompañó a las autoridades hasta sus asientos. En la tribuna donde se situaban los presidentes de las comunidades autónomas, Montilla tenía que ocupar un sitio entre el presidente andaluz, Manuel Chaves, y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre.

Encima de cada uno de los asientos se había colocado una bandera española con la que muchos se entretuvieron hasta que comenzó el desfile. El presidente cántabro, Miguel Angel Revilla, y su mujer 'jugaron' con sus banderines e incluso algunos, como Chaves, sostuvieron la enseña durante todo el tiempo que duró la ceremonia.

Sin embargo, el presidente catalán permaneció de pie sin coger la bandera de su asiento hasta que un ujier la retiró. Sólo entonces, tomó asiento.

Este gesto fue muy comentado entre los presentes, que no entendieron muy bien la actitud de Montilla. Sin embargo, preguntados por este periódico, no pudieron precisar si el presidente catalán le había pedido al ujier que retirara la enseña o fue el funcionario quien la cogió para que Montilla se sentara.

En total, ayer se distribuyeron entre los asistentes y autoridades 8.000 banderas españolas, que algunos ondearon con un gran énfasis y que otros prefirieron ni siquiera rozar.

El presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, fue uno de los más entusiastas defensores de la bandera. Su mujer y él no dudaron en levantarse y agitar sus enseñas en cuanto escucharon los primeros acordes del himno nacional.


FIESTA NACIONAL / Incidentes en Cataluña
Los independentistas queman en Lérida imágenes de los últimos 10 borbones

Las juventudes de CDC engancharon carteles contra varios de los símbolos españoles en los contenedores de basura de Barcelona

LERIDA.- Un millar de personas participó ayer por la tarde en una manifestación en Lérida convocada por la Comisión 12 de Octubre, una plataforma integrada por grupos independentistas de toda Cataluña. Durante la manifestación, un joven quemó la fotocopia de una imagen del Rey, y después un retrato de Felipe V de un metro de ancho por metro y medio de largo.

Al final de la manifestación, en la plaza Sant Joan, una traca hizo arder durante medio minuto una hilera con fotocopias con imágenes de los últimos Borbones que han reinado en España. Después, empezó un concierto del cantante Feliu Ventura.

La marcha se inició en la Seu Vella de Lleida y pasó por la calle de Cavallers, donde está el convento del Roser, futuro Parador Nacional. Cerca de este recinto, uno de los jóvenes quemó la fotocopia con la imagen del Rey. Entonces varios manifestantes gritaron en catalán: «Caña contra España», «Independencia» y «Los Borbones son unos asesinos». A la altura del parador, dos jóvenes se encaramaron a las rejas exteriores del actual convento del Roser para colgar una pancarta en que se leía Paradores Nacionales de España.

El portavoz de la Comisión 12 de Octubre, Ferran Dalmau, dijo que, «aunque en España hoy [por ayer] se celebra el Día de la Hispanidad, lo que se celebra en Lérida es el 300 aniversario de la masacre de 1707» a la localidad de Almansa (Albacete), haciendo alusión a que «hace 300 años de la ocupación borbónica y española de los Países Catalanes».

Los manifestantes, procedentes de toda Cataluña, llegaron a Lleida en 14 autobuses. La presencia policial fue discreta, y no se registraron detenciones.

Al margen de lo sucedido en Lérida, los actos en contra del Día de la Hispanidad proliferaron durante toda la jornada en Cataluña. Por ejemplo, varios militantes de la Joventut Nacionalista de Catalunya (JNC), las juventudes de CDC, engancharon en los contenedores de Barcelona carteles contra los símbolos. También colgaron pancartas contra la festividad en las carreteras de acceso a Barcelona y las principales vías interurbanas. En los carteles se podía leer El 12 de Octubre, haz limpieza acompañado de una imagen de un contenedor lleno de símbolos españoles como la bandera rojigualda, las matrículas con la E de España, el toro y las caras de José Luis Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy y José María Aznar.

De todas formas, las banderas española, catalana y municipal ondearon en las sedes institucionales de las cuatro capitales de provincia de Cataluña, salvo en algunas sedes de distrito de Barcelona. Además, un mensaje sms que circuló el jueves reclamaba la senyera en las fachadas: «Rajoy ha pedido que el día 12 demostremos lo que sentimos, ¡cuelga la senyera! Pásalo». Pero hasta en los departamentos de la Generalitat dirigidos por ERC, ayer ondeaba la rojigualda.


FIESTA NACIONAL / Incidentes en el País Vasco
Batalla campal en el centro de San Sebastián


Dos arrestados y numerosos destrozos tras los enfrentamientos entre simpatizantes de la izquierda 'abertzale' y efectivos de la Ertzaintza que se prolongaron durante tres horas



RAMON SANMARTIN

SAN SEBASTIAN.-
El centro de la capital guipuzcoana se convirtió durante la tarde de ayer en el escenario de una auténtica batalla campal entre simpatizantes de la izquierda abertzale y efectivos de la Ertzaintza. Los graves incidentes registrados, que precedieron una manifestación de la Falange, se saldaron con dos detenidos e importantes destrozos, entre los que destacan la quema de una sucursal bancaria y numerosos contenedores.




Además, los radicales prendieron fuego a una bandera de España e intentaron hacer lo propio con un autobús urbano que no llegó a arder gracias a la rápida intervención de la Policía autónoma vasca.

Los disturbios, escenificación de la «declaración de guerra» anunciada por el portavoz de Batasuna Pernando Barrena tras la detención de la Mesa Nacional de la formación ilegalizada, dieron comienzo a las 16.15 horas en el bulevar donostiarra, donde desde hacía una hora y cuarto se estaba celebrando el Festival Antifascista organizado por colectivos afines a la izquierda abertzale. Este evento había sido convocado en respuesta a la manifestación que la Falange tenía previsto realizar en esta misma calle a las 17.00 horas en conmemoración del Día de la Hispanidad.

La primera señal de lo que se avecinaba llegó cuando el medio millar de personas que asistía al Festival se congregó en el extremo del bulevar que conecta con la calle de Hernani. Los radicales, entre los que se encontraban jóvenes de la CNT y del Partido Comunista, comenzaron entonces a proferir proclamas contra la Ertzaintza, que había montado un notable dispositivo de seguridad compuesto por 10 furgonetas en la otra punta del bulevar.

Los violentos pasaron rápidamente de la palabra a la acción y lanzaron unos petardos contra los ertzainas más próximos. Poco después, la Policía autónoma vasca procedió a acordonar la emblemática avenida donostiarra, adornada por los radicales con numerosas ikurriñas y pancartas contra los falangistas.

Una vez despejada la zona, efectivos de la Ertzaintza cargaron contra la multitud, que se dispersó entre la Parte Vieja y la calle de Hernani. En este punto, los radicales cruzaron un coche y varios contenedores en la calzada, aunque volvieron a recular ante las cargas policiales.

Esta retirada acabó convirtiéndose, no obstante, en el anticipo de los disturbios más graves, ya que los violentos, empujados por los ertzainas al centro de la ciudad, encontraron en este conglomerado de calles el mejor terreno en el que desarrollar sus tácticas de guerrilla urbana.

Distribuidos en diferentes grupos arrasaron con aquello encontraron a su paso, dejando una estela de contenedores calcinados por todo el centro de la capital guipuzcoana. Además, los violentos -muchos de ellos encapuchados- hicieron frente a las patrullas de la Ertzaintza con las que se toparon.

Uno de los enfrentamientos más duros tuvo lugar en los alrededores de la plaza de Guipúzcoa. Allí, parapetados tras varios contenedores, los radicales arrojaron botellas, piedras de gran tamaño y pelotas de golf a los agentes, que a su vez contestaron con el lanzamiento de pelotas de goma.

La escaramuza se prolongó desde las 16.45 hasta las 17.20 horas y se extendió a la avenida de la Libertad, donde los jóvenes abertzales intentaron quemar un autobús. La rápida respuesta de la Policía autonómica vasca lo evitó, aunque no ocurrió lo mismo con la oficina de la Caja de Ahorros del Mediterráneo emplazada en la calle de Idiaquez, que resultó totalmente calcinada.

Los focos de kale borroka fueron apagándose paulatinamente hasta que el orden quedó restablecido poco después de las 19.00 horas. Durante los altercados, la Ertzaintza arrestó a dos personas e identificó a otras siete, según informó Interior del Gobierno vasco.

Por su parte, los 500 falangistas desplazados a San Sebastián para manifestarse Por la Unidad Nacional pasaron la tarde retenidos por la Policía autónoma vasca en el peaje de la A-8 en Zarauz.

Una vez finalizados los incidentes en San Sebastián, la Ertzaintza condujo los ocho autobuses que transportaban a miembros de la Falange al centro comercial Garbera, ubicado en la periferia de la capital guipuzcoana.

Los falangistas realizaron una concentración en la que su jefe nacional, Manuel Andrino, anunció que no desarrollarían la marcha en este lugar para «no sentir la vergüenza y el deshonor de hacer un acto a escondidas». Los congregados, entre los que se encontraban Ricardo Sáenz Ynestrillas, portaron una pancarta de ETA, ni olvido ni perdono y profirieron gritos de «Euskal Presoak, a la cámara de gas» y «Falange Armada, ETA acabada».

Por su parte, el alcalde de San Sebastián, Odón Elorza, denunció «la sucesión de actos fascistas de kale borroka» registrados ayer en la ciudad y «la falta de previsión» de las autoridades responsables de garantizar la seguridad.

Vea el álbum y el vídeo de la 'kale borroka' en San Sebastián en: www.elmundo.es


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FIESTA NACIONAL / El presidente insiste en que la polémica ha sido alentada por el PP porque carece de proyecto alternativo / Rajoy le responde que las tensiones actuales son fruto de su falta de «certidumbres y rumbo»
Zapatero afirma que los ataques a España 'ni siquiera son un resfriado'

Apenas dos horas después, cientos de jóvenes encapuchados iniciaban una larga batalla campal contra la Ertzaintza en San Sebastián empleando técnicas de guerrilla urbana

MARISA CRUZ

MADRID. - La bandera y el Rey -los símbolos nacionales- protagonizaron ayer el día de la Fiesta Nacional y acapararon la atención y las reflexiones de los líderes políticos.


Para el presidente del Gobierno «no hay debate», se trata simplemente de una polémica «artificial» montada en torno a unos hechos que «ni siquiera» llegan a la categoría de «resfriado», en tanto que para el líder del PP todo es consecuencia de la errática política del Ejecutivo socialista, que carece de «certidumbres y rumbo en los asuntos fundamentales».

Tanto Rodríguez Zapatero como Mariano Rajoy se empeñaron en transmitir un mensaje de respaldo a la figura del Monarca, a la bandera y a las instituciones, intentando no abundar en su propio enfrentamiento. El líder del PP lo hizo con más contundencia; el presidente del Gobierno con más recato. Sigue en

Para Zapatero no hay «ningún debate mínimamente relevante» en la sociedad española acerca de las instituciones democráticas y los símbolos que las representan. «Gozan de buena salud», aseguró, y lo que está sucediendo ahora «no es ni siquiera un resfriado».

Apenas dos horas después de que el presidente del Gobierno hiciera este análisis en la recepción que ofrecen los Reyes con motivo de la Fiesta Nacional, en las calles de San Sebastián se desataba una batalla campal entre jóvenes encapuchados y efectivos de la Ertzantza.

Sin embargo, en opinión de Zapatero, la polémica en torno a los símbolos constitucionales, la unidad de España y el renacer de los independentismos más radicales es un puro artificio que se derrumbará completamente «tras las elecciones de marzo» porque, en realidad, responde sólo a la «incapacidad absoluta» del primer partido de la oposición de elaborar «un proyecto alternativo, salvo que», ironizó, «el proyecto alternativo sea poner más banderas».

Para él, quienes queman fotos de los Reyes o rechazan la presencia de la bandera no suponen un problema preocupante. Es más, el presidente considera que en todos los países democráticos existe un cierto debate de tipo minoritario respecto a sus símbolos y ello no es sino una muestra de que se vive en democracia. «Parece que esto se nos olvida», recalcó.

«¿Quizá vamos a tener que hacer una acción defensiva por 100 o 150 personas que queman la foto del Rey?», se preguntó Zapatero. «Tenemos un gran jefe del Estado que siempre está bien en su papel y mi responsabilidad es», añadió, «que ése papel sea el que está constitucionalmente establecido. El Rey está siempre donde tiene que estar».

El presidente insistió, además, en que el Gobierno «aprecia y valora la bandera». «Nos sentimos orgullosos», dijo, «cuando sus colores nos representan en el mundo». «Así entiendo yo el patriotismo: las instituciones y los símbolos tienen que ser respetados, pero debe haber respecto a ellos una cierta distancia porque así tienen más potencial de unir», argumentó.

En relación con el video grabado por el líder de la oposición, Mariano Rajoy, animando a los españoles a salir a la calle a celebrar la Fiesta Nacional y honrar a la bandera, el presidente del Gobierno apenas quiso hacer comentarios.

Zapatero se limitó a enmarcar dicha iniciativa en el ejercicio del derecho a la «libertad de expresión». «Cada uno hace publicidad como quiere, pero yo no habría hecho una cosa así porque los días institucionales son los días institucionales».

El líder del PP, evidentemente, ve las cosas de otra manera. Mariano Rajoy se defendió ayer de las críticas que ha cosechado por la grabación del polémico vídeo, haciendo notar que en el mismo no se refiere en ningún momento al Gobierno y añadiendo, además, que, desde su punto de vista, «era bueno decirle a los españoles que la bandera es de todos y que la deben honrar».

Rajoy reveló a los periodistas, en un aparte durante la tradicional recepción ofrecida por los Reyes, que un buen número de embajadores le había trasladado su extrañeza por las críticas que se han vertido contra su vídeo. Según el líder de la oposición, todos estos representantes extranjeros están acostumbrados a que en sus países los políticos se manifiesten en torno a sus símbolos nacionales y a nadie le cause sorpresa.

Es más, él insistió en que se sentía «muy satisfecho» de haber hablado «en favor de España, del Rey, de la Constitución, de la democracia, la sensatez, la responsabilidad y el sentido común».

En su opinión, los problemas que ahora padece el país no son sino la consecuencia de las dos principales iniciativas del Gobierno en toda la legislatura. Y citó: «Abrir el melón estatutario y dialogar con ETA; en estos dos temas es en los que mantengo grandes discrepancias con el Gobierno». A



continuación, Rajoy añadió a la lista la Ley de la Memoria Histórica.

Para el líder del Partido Popular, la tensión que se vive en España es únicamente fruto de la falta de «certidumbres y rumbo» del Gobierno de Zapatero.

La negociación con ETA se convirtió en un reproche abierto en labios de Rajoy, en tanto que en boca de Zapatero no fue sino un ejercicio de responsabilidad.

El presidente del Ejecutivo se muestra ahora convencido de que el mundo que respalda la violencia es «profundamente incapaz de hacer política». «Lo único evidente en estos momentos es», afirmó, «que quien ha respaldado la violencia es incapaz de poner la palabra por delante, las ideas democráticas y la razón». ETA y su entorno, según el presidente, son «profundamente incapaces de utilizar el diálogo» y sólo deben saber que «no tienen ningún futuro».

Zapatero está, además, seguro de que el «99,9% de los ciudadanos vascos» piensa, al igual que el resto de los españoles, que hizo «un esfuerzo enorme de diálogo para lograr la paz».

Ahora, lo que se necesita es «más tiempo y más perspectiva» para valorar en su justa medida «los efectos de lo que ha sido el tiempo de diálogo». «A día de hoy», añadió, «no podemos objetivamente hacer una valoración de futuro».

El presidente, además, se mostró contrario a la petición del Partido Popular de revocar la resolución del Congreso de los Diputados que permitía el diálogo con ETA, porque en su opinión hacerlo «no aportaría nada».

Esta idea supone, en su opinión, «un nuevo intento» de los populares «de abrir un debate y discutir sobre asuntos en los que en el fondo estamos de acuerdo», como sucede, insistió, con la Monarquía y la bandera.

Más asistencia que nunca en la ofrenda floral a la Virgen del Pilar en Zaragoza
JAVIER ORTEGA. Corresponsal

ZARAGOZA.-
La ciudad de Zaragoza duplicó ayer su población, alcanzando hasta 1.300.000 de personas, en el día grande de las fiestas del Pilar, cuyo acto central, la ofrenda de flores a la Virgen, contó con casi 400.000 participantes.


Desde las 7.30 horas hasta pasadas las 17.00, el centro de la ciudad fue una riada de gente, venida de todas

partes de España y de diversos países de Latinoamérica, que, con sus trajes, cantos y bailes típicos, ofrendó a la Virgen hasta ocho millones de flores.


Con los ramos, principalmente de claveles rojos y gladiolos blancos, se formó un manto de 15 metros de altura y 16 de anchura. Como si fuera un ensayo de la Expo del próximo año, se batieron todos las cifras de grupos, unos 400, y de participantes, así como de organización.

Durante el recorrido abundaron las banderas españolas colgadas de los balcones de las viviendas particulares. Algunas cubrían toda la fachada del edificio, en una muestra de patriotismo en el Día de la Fiesta Nacional.

Las manifestaciones reivindicando la bandera y la Nación española se repitieron en otras ciudades durante todo el día de ayer. En Sevilla, por ejemplo, se concentró cerca de un millar de personas en la plaza Virgen de los Reyes, bajo el lema Un sevillano, una bandera.



FIESTA NACIONAL / El desfile
'Merchandising' con sabor español

ROBERTO BENITO

MADRID.-
La anunciada presencia masiva de simbología nacional en el Día de la Fiesta Nacional quedó reflejada en los asistentes al desfile, que lucieron todo tipo de complementos con la enseña nacional.



A primera hora de la mañana, muchos balcones del centro de Madrid lucían la bandera española, aunque sin llegar a ser una manifestación masiva de patriotismo. De hecho, la mayoría aseguraba que el número de enseñas era muy similar al de años anteriores.



Los puestos que vendían todo tipo de cosas relacionadas con la bandera sí que estaban abarrotados. Desde banderas, que muchos asistentes llevaban encima de los hombros, a cinturones, pasando por pulseras, mecheros, bufandas y hasta collares de perro, el rojo y el gualda se adivinaban en buena parte del público.

Otros prefirieron ser bastante más explícitos en mostrar sus convicciones. Por ejemplo, los que llevaban una bufanda en la que se leía: «Esto es España. A quien no le guste que se vaya», que, según uno de los vendedores, fue el producto 'estrella' del día, informa Efe.

Llamativa era también la camiseta que lucían algunos asistentes y que llevaba un mensaje directo contra el presidente del Gobierno: «Fuck ZP (jódete, Zapatero)».


FIESTA NACIONAL / El análisis
La España oficial tiene buenos modales

Sólo los pitos callejeros a los políticos rompieron la tranquilidad del día

LUCIA MENDEZ

MADRID.-
Más o menos, los españoles celebraron ayer el día de la Fiesta Nacional como todos los años. Algunas banderas más en las ventanas se hicieron eco del llamamiento de Mariano Rajoy para sacar a España del corazón y pasearla por la calle. La tensión previa hacía sospechar que este 12 de octubre iba a ser diferente tanto en la España real como en la España oficial. Nada de eso.


Los madrileños con ropa de sport se arremolinaban sobre las 13.00 horas en los alrededores del Palacio Real observando los cochazos negros de los invitados a la recepción que ofrecieron los Reyes. Afortunadamente, en la calle de Bailén los abucheos habían cesado. Porque a lo largo del paseo de la Castellana no hubo coche oficial alguno que se librara de los silbidos. La presidenta de la Asamblea de Madrid, Elvira Rodríguez, que se desplaza en un coche como el de los ministros, tuvo que soportar estos abucheos que, obviamente, no iban dirigidos a ella.

Dejando atrás al pueblo llano, los más de 1.000 invitados a la recepción subieron las escalinatas de Palacio bajo la atenta mirada de los guardias vestidos de gala. Esto sí que impresiona. Una vez en los salones, los invitados -políticos, periodistas, empresarios, diplomáticos, militares, banqueros- mataban la espera hablando de sus cosas.

El protocolo del besamanos fue el mismo que todos los años, pero los invitados eran más que nunca. Sólo en eso se notó que esta Fiesta Nacional no era como las demás. «He venido para que se sepa y porque hoy tenía que estar aquí», dijo Alfonso Guerra. «Nunca vengo, pero este año no podía faltar», aseguró la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá. Los presidentes autonómicos, que no suelen asistir a la recepción y menos cuando hay un puente, estaban todos menos Ibarretxe y el murciano, Ramón Luis Valcárcel, aunque la ausencia de éste estaba justificada.

Los abucheos al presidente del Gobierno en la plaza de Colón fueron lo más comentado de los corrillos, sobre todo, por parte de los mandos militares. El Jemad Félix Sanz Roldán no ocultó que, «como soldado», se había sentido «ofendido» por la actitud del público al silbar a Zapatero cuando se celebraba el homenaje a los caídos, un momento sagrado para todos los militares. A

su lado, el ministro de defensa, José Antonio Alonso, se lamentaba: «Para los que hemos asistido a muchos entierros esto es muy triste». Mariano Rajoy comentó que en España hay libertad para protestar, pero que él nunca lo hubiera hecho. Zapatero, según su costrumbre, restó importancia a las protestas porque está acostumbrado.

La tensión política no se trasladó a los salones del Palacio Real. Más bien todo lo contrario. Dirigentes del PSOE y del PP, ministros, altos cargos, ex ministros y eurodiputados del PP conversaron amigablemente e incluso coincidieron en el diagnóstico de que el clima de enfrentamiento no favorece a nadie y perjudica a todos.

No se puede ocultar que entre los asistentes -sobre todo entre los periodistas- había mucha expectación y cierto morbo por saber qué dirían este año en los corrillos los Reyes, los Príncipes y el resto de los miembros de la Familia Real. Todos estuvieron en su papel más que nunca si cabe.

Don Juan Carlos brindó por la fiesta y dijo que se alegraba mucho de ver a todo el mundo allí tan unido. Doña Sofía habló de sus nietos, de sus viajes y de las 30.000 fotos que guarda en el ordenador. La Princesa Letizia habló de sus hijas y de lo mucho que aprende Leonor en la guardería. Y Don

Felipe estuvo especialmente simpático con todo el mundo. La recepción fue más numerosa que nunca y duró también más que otros años. Empezó a las 13.00 horas y eran las 16.30 cuando los últimos representantes de la España oficial abandonaban los salones.


EL DISCURSO DE LA SEMANA


Símbolos de todos, para no ser nadie

LOURDES MARTIN SALGADO

...«Mi deseo es que este año, por razones que todo el mundo conoce, los españoles celebremos de manera especial esta fiesta, porque somos una Nación y queremos celebrarlo»...


-Mariano Rajoy, en un vídeo (10/10/2007).


El pasado miércoles, Rajoy expresó su «deseo» de que este año, «por razones que todo el mundo conoce», los españoles celebrasemos «de manera especial» el 12 de Octubre. Si este mensaje se hubiese formulado en el curso de una entrevista o de un mitin, es muy posible que hubiera pasado casi inadvertido, pues, pese a la novedad del llamamiento, no había en él nada que desentonase con las ideas expresadas antes por el PP. Ha sido el formato, la elaboración de un vídeo ex profeso y el tono solemne que el orador emplea, los que convierten este discurso en un caso excepcional. La cuestión a dilucidar sería, por tanto, si estamos realmente en un estado (con minúscula) de excepción que hacía pertinente la convocatoria.

Ahí es donde el Gobierno y el PSOE deberían haber encontrado la veta más razonable para su crítica. Si de verdad los socialistas se identificaran con ese «orgullo de ser español» que manifiesta Rajoy, podrían haber calificado su mensaje de innecesario por redundante. Claro está que, para llegar a esa conclusión, primero tendrían que admitir su conformidad con ciertas premisas. Por ejemplo, tendrían que creer que Zapatero sería capaz de hacer un llamamiento semejante en caso de que fuera realmente necesario y, desde luego, tendrían que tener constancia de que el presidente ya está defendiendo cuanto puede a aquéllos que, especialmente en el País Vasco y en Cataluña, no pueden -aunque quieran- colgar la bandera nacional. Puesto que las premisas son inasumibles, el problema es otro: ¿cómo atacar al PP a sabiendas de que éste defiende algo que tendría que secundarlo quien gobierna?

Para resolver esa paradoja, José Blanco ha decidido aplicar las enseñanzas de Concepción Arenal pero al revés. Decía la insigne escritora que «cuando la culpa no es de nadie, es de todos». Para el PSOE, por contra, los símbolos de España «son de todos», lo que en la práctica significa que nadie puede defenderlos. Quien lo haga o apele a su exhibición, inmediatamente será tachado de «apropiación indebida», de «usurpación» y de convertir bandera, himno y Corona en «símbolos de división».

Poco le importan al Gobierno los términos en los que se haga esa defensa: aunque Rajoy pusiera especial cuidado en dirigirse «a todos, por encima de cualquier diferencia ideológica», el Gobierno lo ha calificado de «sectario». Y aunque el líder de la oposición hiciese hincapié en que el patriotismo se proclame «sin aspavientos», el PSOE le acusó de buscar «ruido y bronca» el 12 de Octubre. No hay lugar para matices cuando se trata de llegar a la conclusión final y más reveladora, y es que, según el Ejecutivo y el Partido Socialista, el mensaje del PP es propio de «otra época» que, eufemismos aparte, es la dictadura de Franco.

Por ahí asoma el verdadero sentir del Gobierno respecto a los símbolos de España. Rajoy no se apropia de nada, sino que se identifica con algo con lo que el PSOE prefiere no hacerlo de forma expresa. La tesis de los dirigentes socialistas es que los símbolos de España son «de todos», y por eso es mejor hacer como que no existen: nunca han dejado de pensar que quien los defiende activamente es un facha y ahora reaccionan ante quienes los vulneran mirando para otro lado. Es en medio, es decir, en tierra de nadie, donde pretenden quedarse ellos.

LA POLEMICA NACIONAL
Pausa nacional en el festejo multinacional

VICTOR DE LA SERNA

La noticia del momento en España, la de la celebración del 12 de Octubre con el trasfondo del mensaje televisado de Mariano Rajoy sobre la bandera y los símbolos nacionales, brillaba ayer por su absoluta ausencia en la variadísima portada de El País, y eso que en ella cabían 12 titulares. Es una decisión editorial que llama tanto la atención como la de Público, el nuevo diario que había anunciado que no publicaría opiniones editoriales, pero convirtió su portada del jueves en un enorme editorial de sólo cuatro palabras: sobre fondo rojigualda y foto de Rajoy en You Tube, el titular Se cree el Rey lo dice casi todo. El resto se espeta, con el habitual estilo alambicado, desde un comentario de Manuel Rico, titulado El hombre que no conocía su identidad, en el que el dirigente del PP aparece como una botarate mentiroso y sin rumbo. También en esa línea de demonización se explaya, en Barcelona, El Periódico: «El intento de convertir el 12 de Octubre en un arma arrojadiza contra el Gobierno es una de las mayores manipulaciones intentada jamás en democracia por la derecha radical española».


Las dos formas tan dispares de enfocar el asunto por parte de la prensa de izquierdas (la minimización o la sobrepuja anti-PP) quizá reflejen su dificultad, a estas alturas del mandato del presidente de la nación «discutida y discutible», para analizar de manera equilibrada y reflexiva una importante cuestión nacional.

El propio El País opina que el «consenso se rompe cuando un partido trata de apropiarse de lo que pertenece a los ciudadanos de todas las creencias y constituye el núcleo imprescindible para que funcione el juego democrático», a lo que responde otro editorial, en La Razón: «La respuesta más coherente del PSOE ante la campaña popular hubiera sido la apuesta por el uso de los símbolos de todos y no ese ataque tremendista en el que subyace la identificación falsa de los símbolos constitucionales con un pasado que se remueve con una intencionalidad política evidente y demagógica, como si pedir que se exhiban banderas constitucionales fuera una incitación al odio y al enfrentamiento».

En ABC, Ignacio Camachorecuerda cómo su generación, hastiada del patrioterismo excluyente del franquismo, se alejó de los símbolos nacionales para luego, en democracia, reconciliarse con ellos, «sensatamente satisfechos con nuestra autoestima colectiva», hasta que llegó el estallido de los nacionalismos: «De pronto se desató un desvarío quejoso y victimista en el que gentes excitadas comenzaron a reclamar privilegios de desigualdad en nombre de no se sabe qué derechos históricos, y a apostrofarnos a los demás españoles como supuestos represores de sus fantasmales delirios identitarios. Amparadas en la pasiva inepcia de un Gobierno desorientado y torpe, contemplativo o desidioso, cuando no cómplice, se han empeñado en crear una crisis que compromete un proyecto de libertad tan sereno que ni siquiera necesitábamos reivindicarlo».

La modernidad de nuestra democracia es el lema de un editorial de EL MUNDO: «En este 12 de Octubre, cuando asistimos a un desafío separatista y disgregador sin precedentes en nuestra etapa democrática, se hace más necesario que nunca reivindicar el patriotismo constitucional, el que alienta sin duda en la mayoría de los ciudadanos, tan alejado del olor a naftalina de los pocos nostálgicos que quedan como de los acomplejados de una izquierda que se avergüenzan de los símbolos de su país, al punto de que no se atreven a enarbolar su bandera».

Pero, como advierte José García Domínguez en la Cope, a los separatistas no les molesta mucho el florecer de rojigualdas. Lo utilizarán para predicar (a sus fieles) que la más negra reacción les acecha.

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