Editoriales: UN PRIMER PASO PARA ACABAR CON LA IMPUNIDAD DE BATASUNA // ¿NUESTRAS PENSIONES GESTIONADAS POR LA BANDA DE INTERMONEY?

EDITORIALESUN PRIMER PASO PARA ACABAR CON LA IMPUNIDAD DE BATASUNA
Zapatero explicaba en la entrevista televisiva de anteanoche que la decisión del Gobierno de enviar a De Juana a la prisión de Aranjuez se debe a «la circunstancia». No hay duda de que «la circunstancia» es distinta y, tal vez por eso, el fiscal mantuvo en la vista celebrada anteayer en el Supremo contra Otegi una actitud opuesta a la de su colega de la Audiencia Nacional cuando pidió su absolución por un delito idéntico hace pocas semanas o cuando hace apenas unos días se opuso a la reapertura contra él de una causa parecida.
Gracias a que en esta ocasión la Fiscalía sí ha cumplido con su obligación, el Supremo ha podido confirmar la condena de 15 meses de cárcel impuesta por la Audiencia Nacional al considerar que el líder de Batasuna participó activamente en un homenaje al sanguinario etarra Argala en 2003.
Como consecuencia de esta sentencia, Otegi ingresó ayer en la prisión de Martutene por orden de la Audiencia Nacional, que esta vez se coordinó con el Supremo para detener al líder de Batasuna sin darle la oportunidad de montar un escándalo o de poner en evidencia a la Justicia, como hizo cuando obligó a las Fuerzas de Seguridad a capturarle tras eludir su obligación de sentarse en el banquillo.
Aunque el Constitucional podría decretar su libertad si acepta a trámite su recurso de amparo, Otegi ha vuelto por cuarta vez a la cárcel. Y tiene pendientes tres sumarios, uno de ellos, ese reabierto por el juez Marlaska por otro delito de enaltecimiento en el funeral de un etarra.
La pregunta que cabe formularse es si la Justicia habría tomado estas decisiones contra Otegi en una «circunstancia» distinta, o sea, si ETA no hubiera anunciado la ruptura de su tregua.
No estamos, por supuesto, criticando que Otegi haya sido condenado y enviado a prisión sino poniendo de relieve el contraste de estas recientes resoluciones judiciales con la permisividad mostrada por la Fiscalía, que en lugar de acusar al líder de Batasuna parecía su abogado defensor hasta hace cuatro días.
La actitud del Gobierno y del fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, han permitido actuar a Batasuna como si fuera un partido legal, de suerte que esta formación ha podido celebrar sus reuniones, dar ruedas de prensa y organizar actividades públicas sin ningún tipo de molestia.
Sin ir más lejos, Pernando Barrena, portavoz de Batasuna, calificó ayer el arresto de Otegi como un hecho de la «máxima gravedad» por afectar a «un interlocutor principal de la izquierda abertzale». Barrena aseguró que el Gobierno «está ofertando barra libre a la represión» y auguró «una espiral de acción-reacción», lo cual sólo puede ser interpretado como una grave amenaza.
Hora es ya de que la Fiscalía comience a actuar contra el brazo político de ETA, que ha gozado de una impunidad escandalosa en estos últimos dos años, lo que le ha permitido volver a hacerse con el control de la calle y obtener unas elevadas dosis de protagonismo. Si de verdad quiere derrotar a ETA, Zapatero debe comenzar por hacer sentir el peso de la ley a la cara visible de la organización terrorista.
EDITORIALES DEL DÍA
BUENA IDEA SIN CAUTELAS NI CONSENSO
El Consejo de Ministros aprobó ayer un proyecto de ley que permitirá invertir en Bolsa una parte indeterminada del Fondo de Reserva de la Seguridad Social, el excedente de las cotizaciones que el Estado utiliza como colchón financiero para el futuro pago de las pensiones. Si hasta ahora la ley permitía colocar el dinero del Fondo en determinados activos -deuda pública y renta fija-, el futuro proyecto autoriza las inversiones en productos de renta variable, mucho más rentables pero más arriesgados también. La propuesta sigue las recomendaciones del Tribunal de Cuentas, que en 2005 dio un toque de atención al Gobierno, al advertir de que España apenas sacaba un rendimiento del 5% a los más de 40.000 millones de euros del Fondo de Reserva, cuando países de nuestro entorno alcanzaban porcentajes de hasta el 10%.
Nada que objetar, pues, sobre el espíritu del proyecto: el Ejecutivo debe velar por sacar el máximo partido a un dinero que -recordemos- no es del Estado sino de los millones de trabajadores que cotizan mensualmente a la Seguridad Social. Las formas, sin embargo, son muy discutibles. El proyecto se ha consensuado con sindicatos y empresarios, pero no con la oposición. En este caso, el Gobierno no puede ni siquiera refugiarse en el mantra habitual de que el PP rehuye los acuerdos, puesto que hace unos meses ambos pactaron la Ley de OPA y los populares siempre se han mostrado dispuestos al consenso en los temas económicos. Una prueba más de que el Ejecutivo no ha buscado el acuerdo es que ni siquiera ha reunido la Comisión de Seguimiento del Pacto de Toledo, el organismo donde se deben tratar estos asuntos.
Al margen de la exclusión del PP -que aún se puede subsanar durante la tramitación de la ley en el Congreso-, hay muchos interrogantes que el texto final debe contestar. El proyecto asegura que el dinero se invertirá con criterios de responsabilidad social, económica y ambiental pero, ¿quién establecerá esos criterios? ¿Habrá un baremo público que los fije? ¿Cómo evitar que se dé la siniestra paradoja de que el dinero de un trabajador termine en manos de un tiburón financiero que compre su empresa y lo deje sin empleo? ¿Con qué criterios se adjudicará la gestión de esos fondos? ¿De qué manera se minimizarán los riesgos? ¿Cómo evitar la corrupción cuando está en juego semejante volumen de negocio? El texto final de la ley deberá clarificar estas y otras incógnitas, cuya importancia exige el concurso del PP. Al fin y al cabo, se trata del dinero de todos los españoles.





















