EDITORIALES: El Gobierno se saca el conejo de la chistera/ Y encima del Olmo se hace la víctima

EDITORIALES DEL DÍA
EL GOBIERNO SE SACA EL CONEJO DE LA CHISTERA
La recomendación del secretario de Estado de Agricultura de comer conejo estas Navidades suscitó ayer la hilaridad general. No faltó quien se preguntó si el presidente del Gobierno va a seguir este consejo. Todo indica que, como dice el viejo dicho popular, el Gobierno se ha sacado un conejo de la chistera para distraer la atención de los ciudadanos sobre las verdaderas causas y consecuencias del fuerte incremento de los alimentos, que han subido en los últimos 12 meses un 6,3% mientras que los salarios pactados en convenio crecían solamente un 2,8%.
Pese a que Zapatero insistió ayer en que ni los trabajadores ni los pensionistas van a perder adquisitivo, la realidad es la contraria porque existen millones de asalariados que no disfrutan de cláusulas de revisión.
En cuanto a los 1,3 millones de pensionistas que cobran menos de 500 euros, la subida del precio de la leche en un 29%, del pan en un 14% o del pollo en un 11% -todos ellos alimentos básicos en cualquier dieta- va a tener un impacto sobre sus economías que resulta imposible de negar. Hablar en este contexto de «productos sustitutorios» es una broma de mal gusto: el cordero podría ser reemplazado por el conejo, pero ¿el pan y la leche?.
No estamos sólo ante un fenómeno nacional, ya que, como informaba la semana pasada The Economist, los precios de los alimentos han subido casi un 75% en los últimos tres años. El precio de la tonelada de maíz, por ejemplo, se ha duplicado a pesar del incremento de la producción.
Las causas que han impulsado este fuerte alza de los precios de los alimentos son el crecimiento de la demanda (China e India han aumentado drásticamente la importación de cereales, legumbres y otros productos básicos) y la fabricación de biocombustibles con materias primas alimentarias como el azúcar o el maíz.
Lo cierto es que los alimentos básicos, que habían bajado de precio en términos relativos desde finales de la década de los 70 hasta el 2005, han vuelto a encarecerse hasta el punto de que se empieza a hablar ya del final de la era de la comida barata.
Ello no debe ser excusa para que el Gobierno no adopte las medidas necesarias para luchar contra este alza de los precios que, en algunos casos, está totalmente injustificada.
El circuito de distribución de los alimentos sigue siendo muy poco transparente, con márgenes abusivos para los intermediarios, como lo demuestra el hecho de que hay frutas y verduras por las que el consumidor paga 10 veces más de lo que recibe el agricultor.
Existen recursos -como las importaciones de choque - para frenar los aumentos desproporcionados de los productos, pero ello requiere una política activa del Gobierno que ha brillado hasta ahora por su ausencia. Menos conejos de la chistera y más medidas para fomentar la competencia y la transparencia de los precios.
Y ENCIMA DEL OLMO SE HACE LA VICTIMA
El juez Juan del Olmo hizo público ayer un comunicado en el que respondía a la información publicada por este periódico según la cual el juez había solicitado un permiso de cuatro meses en París para investigar la «instrucción de casos extremos», aprovechando su experiencia como instructor del sumario del 11-M. En la nota, Del Olmo se rasga las vestiduras y se muestra muy ofendido en su «dignidad» y en sus «principios», asegurando en respuesta al titular de este diario: «Jamás me he aprovechado del 11-M en ningún aspecto y jamás lo haré».
Los hechos, sin embargo, desmienten esta campanuda afirmación del juez y ratifican lo publicado por EL MUNDO. El escrito que remitió el propio Del Olmo al Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) para justificar la petición de una licencia retribuida con el fin de analizar en profundidad el modelo de instrucción judicial arranca con una mención directa a su papel como instructor del 11-M. «La vivencia en España, con ocasión de los atentados terroristas del 11 de marzo y 3 de abril de 2004, de una manifestación tan cruda del terrorismo, obligó a una instrucción judicial compleja».
Es el juez quien se remite al 11-M para justificar la insólita petición de un permiso para un trabajo de análisis que es únicamente idea suya, puesto que ninguna institución cultural ni académica de Francia le ha reclamado como investigador.
Al margen de este ridículo intento de hacerse la víctima, lo más reprochable desde el punto de vista de su responsabilidad como juez es que abandone su importante puesto en la Audiencia Nacional durante cinco meses, dejando en manos de su sustituto las piezas separadas del sumario para investigar algunas cuestiones cruciales en la organización de la masacre del 11-M. Entre ellas, el papel del sitio Moutaz Almallah Dabas o las imputaciones a Abdelilah Hriz, cuyo rastro genético fue encontrado en el piso de Leganés y en la casa de Morata.
Recordemos además que en los próximos días viajará a Marruecos para obtener una muestra de ADN de Saad Huseini, condenado por los atentados de Casablanca, para compararla con los perfiles genéticos de Leganés y Morata. Abandonar todas estas investigaciones es una grave irresponsabilidad, se ponga el juez como se ponga.
Conste como estrambote final la hipocresía de su conducta al mencionar sus pasados donativos a las víctimas para intentar justificar que nunca se ha aprovechado del 11-M «en ningún aspecto». El juez asegura que destinó a la Fundación de Víctimas el importe de varias conferencias. Estamos seguros de que la mayoría de los afectados por la masacre habrían preferido encontrar en él más celo profesional que limosnas.





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