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domingo, 30 de septiembre de 2007

FIRMAS: Luis María Anson/ EN LA RED: ¿Debe seguir siendo un delito la quema de imágenes del Rey?



LAS CARTAS BOCA ARRIBA
LUIS MARIA ANSON

El brevísimo saludo de Bush a Zapatero, en la sede de la ONU, sirve al autor para ironizar sobre el lugar al que el presidente ha llevado a España en el escenario internacional. De este fracaso diplomático al acierto del presidente Botín de contagiar optimismo económico desde la ciudad financiera del Santander, donde acogió al jefe del Ejecutivo. Y desde ahí, al sueño de Hollywood de Belén Rueda con El orfanato.

GEORGE BUSH

La bofetada que ha propinado usted a Zapatero ha sido cruel

Señor presidente...

No sabe usted lo que vale un peine en la España de Zapatero.

No tiene ni idea de lo caro que le puede costar el desprecio público, la bofetada tan cruel y en pleno rostro que ha propinado al presidente del Gobierno español. ¿Es que no le han explicado sus asesores que Zapatero es el faro de la alianza de las civilizaciones, el hombre que con un ademán puede domesticar a Ben Laden, someter a Al Qaida, borrar del mapa a Felipe González, Cebrián y el grupo Prisa, implantar la paz zapateresca en todo el mundo? Hay que ser inconsciente para ofender al líder que con Castro, Chávez y Evo forma el eje más poderoso del planeta. Que no se entera usted, señor presidente. Que por no leer, no lee ni siquiera al ministro Moratinos.

Zapatero es un hombre de ocurrencias. Y muy orgulloso de su indiscutida valía. Con su no aprecio le ha ofendido gravemente ante los ojos de toda Europa y se puede encontrar usted con que tenga la ocurrencia de ordenar mañana la clausura de la base de Rota. «Otan, no. Bases, fuera», es el grito que el presidente español repitió hasta dolerle la boca cuando era un joven revolucionario, deseoso de vengar a su abuelo. En cualquier momento Zapatero, consciente del gran poderío militar de España, puede ordenar al ministro Alonso que ponga en orden de combate a los Ejércitos españoles y destruya la VI Flota en un arquear de sus cejas de acento circunflejo.

A mí me parece, señor presidente, que, atendiendo al equilibrio mundial, debería pedir perdón públicamente a Zapatero, ese hombre, ese líder del progresismo mundial, defensor de los gays, lesbianas, transexuales y bisexuales, impulsor del matrimonio homosexual con éxito arrollador en todo el mundo menos en Irán, porque el presidente Ahmadineyad ha dicho que no hay un sólo maricón en territorio persa. Claro, es verdad, ha fusilado a todos los que lo eran. Si Zapatero finalmente le concede su perdón, lo menos que puede hacer usted, señor Bush, es repudiar a Aznar y trasladarse a España para ser recibido en audiencia por el líder socialista en el palacio de La Moncloa y seguir dócilmente las enseñanzas por él impartidas.

(Ah, señor Bush, eso entre usted y yo, no hay guerras santas ni justas ni necesarias ni inevitables. Todas son una atrocidad. Fui corresponsal de guerra en el Congo, en Israel, en Camboya, siete veces en Vietnam. La guerra es una salvajada sin paliativos. A usted le gusta jugar a películas de vaqueros tejanos, y está siempre dispuesto a desenfundar el revólver y liarse a tiros con quien sea. Si no le hubiera salido tan mal la aventura iraquí, estaría ya en guerra con Irán, que es lo que le pide el cuerpo. Da miedo verle con el colt en la mano, impaciente por levantar el percutor y hacer el primer disparo).

EMILIO BOTIN

Has hecho bien en subrayar los aspectos positivos de la situación económica

Querido Emilio

Me han contado que el domingo al salir de misa se te acercó un pobre,

te reconoció y te dijo: «Señor Botín, una limosnita por el amor de Dios». Tú seguiste tu camino hasta el coche y allí te abordó otro mendigo: «Una limosna, señor Botín. Se lo pido por Dios y por la Virgen Santa». Te volviste hacía él y le dijiste: «Si la solicitud viene avalada por dos firmas, entonces sí». Y le entregaste un generoso donativo.

Si la historia que me han contado no es verdadera, está bien encontra-da, porque la prudencia, las garantías, la seguridad para el dinero que la gente deposita, la seriedad de tu gestión es lo que ha hecho que millones de personas en el mundo hayan confiado en el Banco de Santander. Aquel pequeño negocio bancario familiar se ha instalado en el top ten de la Banca, hazaña conquistada gracias a la inteligencia con que has actuado, también a esa forma tuya de gestionar con sencillez y sin altiveces.

Escribí en alguna ocasión que tienes una mano de hierro y otra de seda, que estás enamorado de tu trabajo, como un colegial; que hay espinas entre las rosas porque has subido tan alto que te has convertido en blanco de envidiosos, de resentidos, de gentecillas y gentuzas. Algunos no te perdonan que hayas conseguido para la economía española lo que Juan Ramón para la literatura, Severo Ochoa para la ciencia, Indurain para el deporte.

Fuiste siempre impermeable a los rebuznos de unos y a las espaldas serviciales de otros, porque te dedicaste a trabajar sin otra preocupación que hacer bien tu tarea. Si has cometido errores, el balance entre ellos y los aciertos resulta abrumadoramente favorable para tu gestión. Eres ya uno de los diez banqueros más poderosos del mundo y has conquistado el mayor éxito de la banca española de todos los tiempos. Los elogios y las críticas te resbalan. Seguramente ni leerás esta carta. La he escrito porque me ha gustado que, tras tu desayuno con Zapatero, subrayaras los aspectos positivos de la situación económica. Negar la evidencia por hostilidades políticas es la posición ruin de los mediocres. Tú estás por encima de esas debilidades. Atraviesas la selva de la alta competencia internacional, dije en una ocasión, con el paso seguro, ajeno a los mosquitos que pugnan por picarte y también a las zarpas de algún felino enmascarado.

BELEN RUEDA

'El orfanato' ha sido elegida en gran parte por tu interpretación

Querida Belén

Mil enhorabuenas porque tu película El orfanato ha sido elegida para

competir en los Oscar. Me han dicho en la Academia de las Ciencias y las Artes Cinematográficas que la interpretación que haces de Laura, tu personaje, resultó decisiva para la elección, muy difícil por la durísima competencia de Trece rosas y, sobre todo, de la espléndida Luz de domingo del gran José Luis Garci, el director sabio del cine español. Este chico nuevo, José Antonio Bayona, me cuentan que no es tonto y que se ha enamorado de ti, claro, como todos.

No me ha extrañado tu éxito. Después de algún papelito acaramelado en televisión, te vi en cinco capítulos de Los Serrano. Pregunté entonces por ti, asombrado de la calidad de actriz que demuestras en esa serie. Me dijeron las cosas más pintorescas porque hay gente que no te quiere nada. Después tardé un año en ver la película de Amenábar. Me agobiaba la parafernalia de El País y sus acólitos en torno a la obra. El director de Mar adentro no es un genio como Almodóvar, pero me gustó mucho su trabajo, publicidades aparte. Escribí entonces lo que pienso: el 50% del Oscar de Amenábar te corresponde a ti. Bardem estaba muy bien en un papel un poco lineal. Tú te salías de la pantalla sobre todo al final, devastada sobre la arena de la playa, reflejado el desescombro de la vida en la expresión atroz del rostro, mientras te temblaban entre los dedos las rosas del amor tardío.

Con todo, lo que me impresionó de fondo fue el salto que diste al teatro. Lo han intentado desde la televisión y el cine muchas actrices. Casi todas han fracasado. La última ha sido la erizante Julia Roberts. Fuiste, Belén, sobre el escenario del teatro Lara en Closer de Marber, la mujer deshabitada que intenta salir del pozo de los tiempos perdidos. Pasaste a chorros la batería. El actor con que compartiste protagonismo no era un chisgarabís. Es un actor de cuerpo entero, excelente, que quería darte la réplica y, como no podía, sobreactuaba. Te lo comiste crudo. Dije entonces que te movías en tablas como una sombra herida de candilejas y diablas, con tu palabra indoblegable y hembra, oxidada en la boca incandescente. Entre bastidores, no sé como eres, Belén, por culpa de Pedro Pérez que siempre anda presumiendo de que me va a invitar a cenar un día contigo y luego se va con Zaplana y Carlotti y, claro, el probrecillo se aburre como una ostra.


EN LA RED
¿Debe seguir siendo un delito la quema de imágenes del Rey?
Protección del Estado


Ayer se vivió en Manresa el último de los actos que, en las últimas semanas, han reunido en Cataluña a centenares de radicales para quemar retratos de la Familia Real, delito tipificado como injuria a la Corona en el Código Penal. Dos de los autores de la quema de las imágenes ya han declarado en la Audiencia Nacional, y fueron puestos en libertad con cargos, aunque sin que se les impusieran medidas cautelares. Se ha reabierto el debate de si esta forma de protesta entra dentro de la libertad de expresión, o si actos así deben continuar siendo considerados delictivos, por atentar contra la dignidad de la más alta institución del Estado.

Protección del Estado


LUIS ANTONIO SOLER


El contexto en el que se pretende dar una respuesta a la cuestión no resulta en absoluto favorecedor de la calma y sosiego precisos para efectuar el análisis que, probablemente, requeriría la cuestión. No porque, a mi entender, debieran tenerse dudas sobre el fin de la protección a la Corona como institución suprema del Estado constitucional español, sino porque la consulta se ha descontextualizado del mero dilema jurídico para adquirir hoy tintes casi estrictamente políticos que, por otro lado, como no podemos ignorar, están en la naturaleza misma de aquella institución, acentuando el conflicto entre derechos que dimana de la regulación penal, particularmente, el del honor y el de la libertad de expresión.

Cuando de la protección del honor de los particulares se trata, todo se reduce, en palabras del Tribunal Constitucional, a la protección de la buena reputación de una persona, protegiéndola frente a expresiones o mensajes que lo pudieran desmerecer en la consideración ajena en tanto dirigidas al descrédito o menosprecio o, simplemente, cuando, desde un punto de vista público, se trata de expresiones o actos que son tenidos en el concepto público por afrentosos. Es lo que al Código Penal son expresiones o actos, dirigidos contra una persona, lesivos a su dignidad, fama o propia estimación.

Ahora bien, la protección al ciudadano no es idéntica fuera de su estricta consideración individual, dado que en función del rol que en la sociedad se asuma, se puede producir una ampliación o una restricción en dicha protección. El ejercicio de una actividad pública supone, a la hora de enfrentar derechos, una evidente relajación en los juicios de valor. Dicho de otro modo, el personaje público está más expuesto que el privado. Pero en algunos casos, la institución representada puede tener un valor que justifique el paso inverso. Este es el caso, a mi parecer, de la Corona.

Y es que, aun cuando la institución monárquica tiene un marcado carácter político, generador del conflicto entre los límites de su protección y la de las libertades de expresión y crítica a que el ciudadano tiene derecho, es lo cierto que, con existir, no por ello queda injustificada una específica protección cuando, a diferencia de otras instituciones, el valor que representa la Corona constituye un elemento que por su relevancia, lo autoriza sin detrimento de otros derechos que en todo caso, están siempre sometidos a límites.

En efecto, cuando el artículo 56 de la Constitución afirma literalmente que el Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, está atribuyendo al titular de la Corona la personificación no sólo de la Jefatura del Estado sino también de sus elementos esenciales, esto es, del Estado mismo, con lo que la protección al Rey deviene inescindible de aquél en tanto a su través se articula uno de los medios propios para la preservación del funcionamiento del orden constitucional y por derivación, del ejercicio pacífico de los derechos y libertades ciudadanas. Así entendido, desaparece la pugna entre poder y libertad y, por tanto, la contradicción antes apuntada entre protección de la institución y derechos que a la postre son los protegidos por aquella. De este modo, protegiendo a la Corona, se garantiza el derecho a la crítica política pero se elude la indefensión de la institución cuando de actos que exceden del normal ejercicio de derechos se trata.

La crítica y la censura a la Monarquía es, por tanto, perfectamente tolerable, si bien con una connatural valoración de límites en el ejercicio de tales derechos que deben tener como margen, no sólo los actos de carácter vejatorio dirigidos frente a la misma y a sus representantes, sino también ante los innecesarios, entendiendo como tales el empleo de cauces idóneos para la libre expresión de opiniones, ideas y pensamientos, que deben considerarse como expresiones que extravasan el ejercicio legítimo de aquella libertad en el marco de un Estado que rechaza la violencia, y en el que no hay justificación racional para el ejercicio de ningún pretendido derecho de resistencia.

En conclusión, la Corona, lo que representa, constituye sin duda alguna un valor que se identifica con el respeto de los fundamentos del orden político y la paz social, valores que pasan, dice el artículo 10 de la Constitución, por el respeto a la ley es decir, a la propia norma constitucional que garantiza derechos y límites, deberes y proporciones, configurando un marco de auténticas «relaciones de vecindad» entre derechos, también los fundamentales, que son el entramado que permite la convivencia. Abogar por la convivencia es por tanto hoy, abogar por frente a lo innecesario, frente a la violencia y sus representaciones, que así entendidas, merecen una respuesta proporcionada, también en el marco del ordenamiento jurídico-penal.

SI

Luis Antonio Soler Pascual es magistrado y miembro del Comite Ejecutivo de la APM.

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