Rajoy advierte a Zapatero que Navarra afecta al «ser de España»

Rajoy advierte a Zapatero de que Navarra afecta al «ser de España»
Acusa al Gobierno de haber «encizañado» en tres años la «convivencia» alcanzada en 30 años de democracia
CARMEN REMIREZ DE GANUZA
MADRID.- Rendido ya a la evidencia de que los
ediles de ANV tomarán hoy posesión de sus cargos, pese a la «sugerencia» hecha el lunes a Zapatero de que impugnara sus actas cuando todavía estaba a tiempo, Mariano Rajoy echó ayer el resto con Navarra.El presidente del PP aprovechó la conmemoración del 30º aniversario de las primeras elecciones democráticas para advertir a Zapatero de la «gravedad» de un posible pacto de Gobierno entre PSN y Nafarroa Bai. Rajoy argumentó que ello contravendría una larga tradición de consensos entre los dos grandes partidos en torno a «la estructura del Estado» y el propio «ser de España».
De esta manera, el líder popular no se limitó, como días atrás, a enmarcar el futuro de Navarra en el propio rumbo de la política antiterrorista, sino que hizo de él una cuestión nacional y constitucional por cuanto, según insistió, los nacionalistas vascos -posibles socios de los socialistas en la Comunidad Foral- cuestionan la Carta Magna.
«Yo soy de los que creo que nuestra vida política debería recuperar amplios niveles de acuerdo», afirmó; «por ejemplo, en la estructura del Estado, en el ser de España, en nuestro sistema de ordenación territorial».
«Estos días», pasó a decir a continuación, «se habla de pactos electorales. En Navarra siempre gobernó el más votado de los partidos que defienden la existencia de Navarra y el texto constitucional. Sería de una enorme gravedad -y quiero decir a todos los españoles que yo no lo haría nunca- que por puros intereses partidistas el Partido Socialista se uniera a aquéllos que quieren que Navarra deje de ser Navarra y que no quieren el texto constitucional».
La solemnidad con que Rajoy se refirió a Navarra en su discurso se transformó en auténtica dureza al comentar más tarde a los periodistas, en una conversación informal, que, pese a la gravedad apuntada por la interinidad en Navarra, no cabe admitir el «chantaje» del PSOE para arrebatar la Presidencia a UPN.
En el mismo contexto, Rajoy se quejó también de la falta de «contundencia» contra ETA esgrimida por el presidente del Gobierno en su alocución en el Congreso tras la ronda de contactos con los grupos parlamentarios. Pero su verdadera andanada contra Zapatero, a la espera de lo que hoy declare su partido tras la toma de posesión de los ediles de ANV, la lanzó Rajoy a micrófono abierto, en el discurso pronunciado en la azotea de la sede nacional del PP, ante sus militantes de Nuevas Generaciones -organizadoras del acto- y de los altos cargos de su partido. Lo acusó de «destruir» en estos tres últimos años los «consensos» de 30 años de democracia.
«Estamos celebrando una fecha», dijo, «que se caracteriza por que alumbró un gran espíritu de entendimiento (...), establecimos unas reglas, escritas o sin escribir, lo que se llaman los consensos, que eran el reconocimiento explícito de que España no era propiedad de nadie, sino patrimonio de todos, y que las decisiones que afectaban a ese bien común debían tomarse por acuerdo de todos (...) Ese espíritu representó para los españoles poco menos que encontrar un tesoro. A los extranjeros les pareció un milagro, pero era real. Y lo ha seguido siendo hasta hace unos pocos años en que, lamentablemente, el Gobierno ha puesto todo su empeño en destruirlo: destruir los consensos, encizañar la convivencia, desenterrar los enfrentamientos y sembrar cuñas de insolidaridad».
Según Rajoy -quien habló después del presidente de Nuevas Generaciones, Nacho Uriarte, y del ex secretario general de UCD y ex ministro Rafael Arias Salgado-, ha habido tres momentos en la democracia en los que los españoles han forjado su nueva conciencia patriótica. El primero, las propias elecciones del 15 de junio de 1977; el segundo, el fracaso del golpe de Estado del coronel Tejero en febrero de 1981; y el tercero, la movilización espontánea de protesta al asesinato del concejal del PP Miguel Angel Blanco, en julio de 1997, que desembocó en el «espíritu de Ermua».
El presidente del PP invocó dicho «espíritu» para reeditar, entre otros muchos, el consenso contra ETA. Pero no reivindicó el Pacto Antiterrorista, sino sólo su contenido. «Sería urgente», dijo, «volver a un método que tan buenos resultados ha demostrado».





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