El PP exige que España intente lograr ventajas adicionales si se abre un debate

El PP exige que España intente lograr ventajas adicionales si se abre un debate
La oposición pide al Gobierno que consiga aumentar en dos o tres escaños la representación española en el Parlamento Europeo
M. C.. Enviada especial
VARSOVIA.- Tal y como anunció Zapatero, sus dos sherpas en la negociación sobre el futuro Tratado europeo, el secretario de Estado para la UE, Alberto Navarro, y el director de la oficina Internacional de la Presidencia, Carles Casajuana, acompañados de dos asesores, mantuvieron una primera reunión la noche del jueves en Madrid, con el equipo de expertos en cuestiones europeas del PP, integrado por el secretario de Relaciones Internacionales del partido, Jorge Moragas y los eurodiputados Gerardo Galeote, Iñigo Méndez de Vigo y Francisco Millán.
El objetivo del encuentro era el de informar al primer partido de la oposición, que también pidió el sí en el referéndum sobre la Constitución Europea, de la marcha de las negociaciones con vistas al desbloqueo de un texto que ya no será constitucional, sino simple minitratado.
Los representantes del Gobierno informaron, los de la oposición escucharon y, al final, plantearon una serie de ideas con la intención de que la posición que lleve España al Consejo Europeo del próximo jueves y viernes sea «más nítida».
Desde las filas del PP se pretende adoptar una actitud «constructiva», aunque recalcan que a estas alturas es ya demasiado tarde para perfilar una verdadera posición común con el Gobierno. En cualquier caso, dicen echar de menos aspiraciones concretas del Ejecutivo para el caso de que finalmente en Bruselas las negociaciones se reabran.
Según los populares, a los españoles, además de explicarles que lo que previsiblemente entrará en vigor ya no será una Constitución, habrá que asegurarles que, si hay un nuevo debate, España intentará conseguir alguna ventaja adicional. Una sugerencia se ha puesto ya sobre la mesa: conseguir al menos un incremento de dos o tres escaños en la representación española en la Eurocámara y, por encima de todo, no aceptar en ningún caso que los asuntos de Justicia e Interior se caigan de la lista de políticas que a partir de ahora deberían decidirse por mayoría cualificada.
Polonia mantiene invariable su intención de reabrir la negociación sobre el sistema de voto
C. A. ROLDAN / MARISA CRUZ. Corresponsal / Enviada especial
BERLIN/VARSOVIA.- El presidente del Gobierno español garantizó ayer que su país se mostrará «flexible» el próximo fin de semana en el Consejo Europeo a fin de facilitar un acuerdo que permita la aprobación de un nuevo tratado para la UE. Así se expresó Zapatero ayer en Berlín junto a la canciller Angela Merkel, aunque apenas unas horas más tarde, en Varsovia, tras reunirse con el primer ministro polaco Jaroslaw Kaczinski, el jefe del Ejecutivo español reconocía que llegar al pacto será «muy difícil».
Merkel llamó al jefe del Gobierno español «aliado», porque no hay duda de que el presidente está empeñado en salvar lo más que se pueda del viejo texto constitucional que aprobaron los españoles en referéndum. También aseguró que su postura y su actitud es «constructiva e importante» porque, puestos a ser posibilistas, Zapatero admite que el tratado que se apruebe «no recogerá todas las aspiraciones» de España.
Pero el acuerdo, según Alemania, tendrá unas «líneas rojas» que no se traspasarán. En la medida que éstas coinciden con las demandas básicas españolas, el documento recibirá el visto bueno de Madrid. No será «el ideal», aseguró Zapatero en Varsovia, pero será el «texto posible».
El presidente quiso mostrarse «optimista». Es su talante. Sin embargo, los altos diplomáticos que le acompañaron en sus visitas a Alemania y Polonia aseguraron que la posición de los gemelos Kaczinski se mantiene hoy por hoy irreductible. Polonia quiere reabrir el paquete más difícil del tratado: el sistema de votos de la UE con 27 miembros.
Por la mañana, en la cancillería alemana, Zapatero apostó por «avanzar ante el reto» y se mostró convencido de que, al final, «ningún país se querrá quedar atrás». Por la tarde, en el palacio Belvedere de Varsovia, insistía en que la cita del próximo fin de semana en Bruselas será de la máxima importancia para conseguir que la UE «siga siendo eficaz y mejore el bienestar de sus ciudadanos». «España quiere», dijo, «que Europa funcione, que sea ágil, que se vuelque en sus ciudadanos y, por todo ello», añadió, «necesitamos un tratado».
Ni con Merkel ni con Kaczinski Zapatero empleó la palabra constitución. Esa batalla ya se da por perdida. Lo que queda ahora por salvar es la ampliación de la toma de decisiones por mayoría cualificada; la creación de la figura del ministro de Exteriores europeo, aunque sea con otro nombre; la de un presidente permanente del Consejo la UE; que la Carta de Derechos Fundamentales tenga relevancia jurídica; y que la política de inmigración sea común. Madrid y Berlín también quieren mantener sin retoques el sistema de votos por doble mayoría, y es aquí donde topan con la postura de Varsovia, que prefiere una fórmula basada en la raíz cuadrada de la población de cada país.
Ayer, Zapatero aseguró haber escuchado «con atención y sensibilidad» la posición de Polonia, e incluso recordó que, desde que este país ingresó en la UE, ha habido muchas ocasiones en las que ha demostrado tener intereses muy similares a los de España, dado que ambos tienen un tamaño geográfico y una población similar. El primer ministro polaco fue incluso más allá y llegó a decir que los dos países tienen «muchos paralelismos en políticas sociales». En este punto Zapatero prefirió callar y optó por dedicar sus elogios al crecimiento económico que está experimentando Polonia y ofrecer, a modo de ayuda, la experiencia de España en la gestión de los fondos estructurales y de cohesión recibidos de la Unión Europea y que, a partir de ahora, beneficiarán masivamente a Varsovia.
El primer ministro polaco aseguró sentirse satisfecho por haber podido transmitir al Gobierno español su posición en relación con el Tratado de la UE. «Eso ya es un logro», aseguró Kaczinski, quien además, no dudó en insistir en que su posición en relación con la distribución de poder y votos en el seno de la Unión es firme y no será sometida a «trueques».
La diplomacia española está convencida de que Varsovia no se moverá hasta el último minuto. Las negociaciones en la UE son siempre así, los órdagos se mantienen hasta el final para, en el camino, lograr contrapartidas.
Polonia, aunque ayer no quiso admitirlo su primer ministro, podría ser tentada con la financiación de grandes infraestructuras (un tren de alta velocidad Varsovia-Berlín); con la reducción de algunos periodos transitorios que se le impusieron en el Tratado de Adhesión o con la aceptación de una cláusula de solidaridad energética. Este último apartado será también muy interesante para un país como España.
La visita de Zapatero a Polonia tenía oficialmente el formato de cumbre bilateral. Los dos países firmaron un memorando de entendimiento sobre cooperación en el sector de los transportes.





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