El análisis: Entre el deseo de cambio y el miedo a sus consecuencias, por Felipe Sahagún

LA CARRERA AL ELISEO / El análisis
Entre el deseo de cambio y el miedo a sus consecuencias
FELIPE SAHAGUN
Salvo un milagro, los franceses elegirán el 6 de mayo al sucesor de Jacques Chirac en la Presidencia entre Nicolas Sarkozy y uno de sus dos rivales principales en la primera vuelta de hoy: la socialista Ségolène Royal y el centrista François Bayrou. Es el único pronóstico con alto porcentaje de acierto. El número de indecisos es tan elevado -entre un 20 y un 30%- y las variables nuevas tan importantes que todo está en el aire.
Entre esas variables destaca el millón largo de nuevos votantes; Jean-Marie Le Pen, que desbancó a Lionel Jospin en 2002 y casi destruye al partido socialista; los graves errores de las encuestas en el pasado; el injusto reparto de tiempos en los medios audiovisuales, que da los mismos minutos a todos ellos; los seis candidatos de la izquierda radical, la cruz que persigue siempre a los socialistas; la porosidad y ambigüedad de los programas electorales de los principales candidatos, fácilmente intercambiables; el desencanto de los electores con la clase política; la paradoja de un pueblo que pide cambio y, a la vez, se resiste a él; y tres silencios que dicen más que mil discursos.
El más clamoroso de todos es el que han guardado los candidatos sobre el legado del presidente saliente, Jacques Chirac, quien, tras 12 años en el Elíseo, deja una economía anémica, que crece sólo un 2,1%, con un paro de casi el 10% -el doble entre los menores de 25 años-, un Estado que gasta más de la mitad de la renta nacional, una sociedad completamente dividida entre el deseo del cambio y el temor a perder los privilegios alcanzados durante el último medio siglo, empezando por la jornada de 35 horas, y unos subsidios de paro que lastran la productividad y la competitividad. Aunque nunca ha mantenido buenas relaciones con Chirac, Sarkozy lo tenía complicado: como ministro de Finanzas y de Interior de sus Gobiernos conservadores, y como presidente de su partido, arremeter contra el legado chiraquiano era tirar piedras contra su propio tejado. Que tampoco lo hayan hecho Bayrou y Royal es menos comprensible, aunque algo tienen que ver en ello las cohabitaciones. A pesar de los intensos debates y de la larguísima precampaña, tampoco ha habido una confrontación clara entre los candidatos sobre las causas y las consecuencias de la crisis de identidad por la que atraviesa Francia desde el fin de la Guerra Fría, y sobre los sacrificios necesarios para superarla. Todos los candidatos han prometido ruptura (Sarkozy), cambio profundo (Royal) o el fin de la vieja división entre la izquierda y la derecha (Bayrou), pero ninguno se ha atrevido a tocar los fundamentos del sistema. Directa o indirectamente, los tres hablan de la necesidad de una refundación, pero ninguno ha concretado la hoja de ruta para llegar a la VI República.
Una clara mayoría de electores culpa a Bruselas, a la globalización, a los inmigrantes y a su clase política de la crisis económica, y de la pérdida de influencia en Europa y en el mundo. El arraigo de estas ideas es tan profundo que ningún candidato se ha atrevido a decirles que sin la UE, sin globalización y sin inmigrantes, Francia no sería una gran potencia en declive sino, seguramente, una vieja potencia en ruinas. Gane quien gane el 6 de mayo, será el primer presidente francés nacido después de la II Guerra Mundial. Aunque Sarkozy es el más experimentado y con las ideas más claras, los tres se lo deben todo al sistema político que la mayoría de los franceses hoy considera ineficaz, Royal lo aprendió todo en el Elíseo, donde trabajó ocho años para el presidente Mitterrand. Bayrou, que se presenta como el outsider, fue ministro en los Gobiernos de Eduard Balladour.
Felipe Sahagún es periodista y uno de los miembros del Consejo Editorial de EL MUNDO




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