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sábado, 9 de septiembre de 2006

ETA también estuvo allí. ...




11-M LA INVESTIGACION / El análisis: ETA también estuvo allí



JAIME IGNACIO DEL BURGO. En su comparecencia ante la Comisión del 11-M, el presidente Rodríguez Zapatero negó con contundencia que ETA hubiera tenido nada que ver con el atentado que cambió el curso de la Historia de España. Pocos días después, el 15 de diciembre de 2004, compareció el ministro Alonso, a petición del Grupo Popular, para informar acerca de las últimas informaciones periodísticas que demostraban que en la cárcel de Villabona, en Asturias, se había tejido una estrecha relación entre presos etarras e islamistas, circunstancia que había sido negada en un informe elaborado por la directora general de Instituciones Penitenciarias.

El ministro del Interior rechazó la existencia de ninguna clase de colaboración entre ETA y el integrismo islámico por tratarse de dos tipos de terrorismo «absolutamente incompatibles». Y añadió: «Son relaciones que nunca han existido, como puso de manifiesto el presidente del Gobierno en su comparecencia de hace dos días y como pongo yo de manifiesto hoy en mi comparecencia en esta Comisión. Es una tesis extravagante a la luz de los hechos fríos, objetivos y racionales. Después de ocho meses de investigación policial, judicial y parlamentaria, no ha aparecido ningún tipo de relación... La relación ETA-integrismo islamista es una relación establecida sobre bases extravagantes, por decirlo finamente. Son relaciones que han sido desmentidas punto por punto por los hechos fríos, ineluctables, objetivos, ineludibles, que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y el juez de instrucción han hecho en los últimos ocho meses».

«¿Con toda rotundidad?»

Fue en el curso de esta comparecencia cuando pedí al ministro Alonso que comprometiera su carrera política dando respuesta a esta pregunta: «¿Está usted en condiciones de afirmar con toda rotundidad que ETA no aparecerá jamás por ninguna esquina?». El ministro Alonso ni siquiera se dignó en contestarme.

Tampoco lo hizo cuando, en el pasado periodo de sesiones, pregunté al ministro sobre la veracidad de una información publicada por EL MUNDO que revelaba que el día 17 de marzo de 2004, Emilio Suárez Trashorras, antes de ser detenido, informó a la Policía de que Jamal Ahmidan, alias El Chino -Mowgli para sus amigos- le había confesado tener amistad con los terroristas de ETA detenidos en Cañaveras el 29 de febrero de 2004 cuando trataban de introducir en Madrid una furgoneta con más de 500 kilos de explosivos. Dando muestras de un cinismo a prueba de bombas, el ministro me espetó que todavía no me había enterado de que vivimos en un Estado de Derecho donde la investigación de los delitos se efectúa bajo la dirección de los jueces. Y cuando le repliqué que había eludido mi pregunta, Alonso me contestó: «¡Viva la Constitución!».

Pues bien, ahora resulta que ETA también estaba allí, en el 11-M. Así se desprende al menos de las declaraciones efectuadas por Emilio Suárez Trashorras a ese magistral periodista de investigación que es Fernando Múgica y que acaba de publicar el diario EL MUNDO.

El asturiano cuenta con pelos y señales cómo aquel 17 de marzo se reunió en Asturias con un grupo de policías y un teniente coronel miembro del CNI a instancias del jefe de estupefacientes de Avilés, alias Manolón, de quien Suárez Trashorras era su confidente, para contar todo cuanto sabía de sus relaciones con la banda de El Chino, a quien las investigaciones policiales apuntaban ya como posible autor material del atentado. En el curso de esa declaración informal, y en su papel de confidente, el asturiano reveló que El Chino le había comentado que era amigo de uno de los etarras detenidos en Cañaveras. Fue entonces cuando le dijeron que a ellos «les interesaba implicar a los moros y dejar a ETA aparte, alegando el momento político que se estaba viviendo en España».

Si no fuera porque esta declaración ya la había efectuado Suárez Trashorras ante el juez Del Olmo hace un par de años pensaríamos que se trata del recurso desesperado de un imputado que arriesga una condena de tres mil años de cárcel para enmarañar los hechos por los que se le juzga y obtener un veredicto de inocencia. Pero esta circunstancia confiere verosimilitud a la confesión de Suárez Trashorras al diario EL MUNDO, donde confirma algo que ya sospechábamos desde el comienzo de los trabajos de la Comisión del 11-M: que los contactos entre ETA y los asturianos se habían iniciado en 2001, tras el paso por la cárcel de Villabona de Antonio Toro, cuñado de Emilio.

Desde el inicio de las investigaciones policiales han sido varios los candidatos al infame título de autor intelectual. Mientras el CNI apostaba por Lamari, el ministro Alonso lo hizo por El Tunecino. En la UCIE se barajaba el nombre de Abú Daddah, acusado de colaborar en el 11-S. También surgió a la palestra otro islamista apodado El Egipcio. Pues bien, los últimos informes aportados por la Comisaría General de Información al juez Del Olmo atribuyen la autoría intelectual de la masacre de Madrid a Jamal Ahmidan, El Chino. Captado por el integrismo fundamentalista durante su estancia en una cárcel de Marruecos, la Policía considera que un Chino encapuchado es quien lee el comunicado de reivindicación del atentado de Madrid en el vídeo grabado por los terroristas el 13 de marzo por la tarde. Jamal Ahmidan ha pasado, por tanto, de ser un narcotraficante de tres al cuarto, utilizado por los elementos más fundamentalistas de la célula de Lavapiés para conseguir los explosivos por su amistad y negocios con los asturianos, a ser el jefe de la banda terrorista.

Hay otro elemento a tener en cuenta. Al Qaeda como tal no tuvo nada que ver con el 11-M. Ya lo dijo Jorge Dezcallar en la Comisión y nadie sostiene a estas alturas lo contrario. Y aun cuando el CNI, el 15 de marzo de 2004, al analizar el vídeo de reivindicación del día 13 de marzo, se esforzó en convencernos de que el terrorista encapuchado (¿El Chino?) que dio lectura al comunicado se sentía ya cadáver y anunciaba con su indumentaria su voluntad de suicidarse -adivinando con sorprendente clarividencia lo que ocurriría tres semanas después al hacer explosión el piso refugio de Leganés-, lo cierto es que el atentado de Madrid es el único de los perpetrados por el terrorismo islamista donde falta la huella del terrorista suicida, a diferencia de lo sucedido en el 11-S, Casablanca, Bali y Londres, entre otros. Los servicios de inteligencia también informaron de que tenían el propósito de seguir atentando en España, pues, aunque el presidente electo había anunciado su decisión de retirar las tropas españolas de Irak, se proponía incrementar nuestros efectivos en Afganistán y esto suponía un nuevo agravio para sus hermanos musulmanes.

Pues bien, si el autor intelectual fue Jamal Ahmidan y este islamista era amigo de uno de los terroristas de Cañaveras, ¿por qué resulta «extravagante» deducir que ETA pudo prestar su colaboración para perpetrar el atentado, o que pudo haber sido ETA la que contratase los servicios de la banda de El Chino?

Suárez Trashorras niega toda participación en el atentado perpetrado por ETA el día 3 de diciembre en Santander mediante la explosión de un coche bomba en un aparcamiento de la capital cántabra. Sin embargo, no cree que fuera casual el robo del vehículo utilizado por los terroristas en las proximidades de su domicilio en Avilés. La circunstancia de que hasta ahora la Policía no haya podido determinar la clase de explosivo utilizado en el atentado de Santander induce a pensar que pudo tratarse de Goma 2 ECO, obtenida en Asturias, pues si hubiera sido Titadyne se hubieran encontrado restos de nitroglicerina, sustancia que aquélla no contiene (recuérdese cómo uno de los grandes enigmas del 11-M lo constituye el hecho de que el laboratorio de los Tedax dictaminó que en los focos de explosión se habían encontrado «los componentes habituales de las dinamitas», es decir, nitroglicerina, lo que excluye la utilización de Goma 2 ECO en el atentado de Madrid).

Por otra parte, el asturiano confirma que, desde 2001, a petición de Manolón, mantuvo contactos con ETA. Las denuncias de Lavandera a la Guardia Civil sobre una posible venta de explosivos a los etarras cobran así plena verosimilitud. Lo mismo que las efectuadas en 2002 por el confidente Nayo, que implicaban además a un miembro de la Guardia Civil de Bilbao. Precisamente, la desaparición de este narcotraficante y el nulo interés demostrado hasta ahora para conseguir su extradición -a pesar de conocer que se encuentra refugiado en Santo Domingo, donde fue localizado por EL MUNDO-, demuestran que hay un afán deliberado en evitar que este confidente comparezca ante la Justicia.

La voluntad de ocultación por parte del Gobierno se pone de manifiesto en otros aspectos que podrían demostrar la connivencia entre ETA y los islamistas. Es el caso de las andanzas del tristemente célebre Chino en el País Vasco, donde se movía como pez en el agua, sobre las que nadie ha querido saber nada a pesar de que en la Comisión de Investigación exigimos conocerlas de forma reiterada.

Piso franco

La furgoneta de Cañaveras constituye al parecer un gran secreto de Estado a juzgar por la opacidad que rodea todo cuanto a ella se refiere. Se sabe que en los primeros días de marzo de 2004 los cuerpos policiales investigaron la posibilidad de que los etarras detenidos hubieran tenido un piso franco en Mieres, y enseñaron a los vecinos de las viviendas próximas a la antigua estación del ferrocarril El Vasco una fotografía de la locomotora que lo recuerda en la localidad asturiana. La fotografía habría aparecido en poder de los etarras detenidos en Cañaveras. Pues bien, nuestros intentos de esclarecer lo ocurrido acabaron en un rotundo fracaso. Se nos negó que hubiera existido tal investigación policial en Mieres, a pesar de haberse publicado con todo lujo de detalles en la prensa asturiana. Se rechazó que existiera tal fotografía. Y cuando pedimos la remisión del acta de recogida de efectos de la furgoneta de Cañaveras, obrante en poder de la Guardia Civil, se nos dijo que estaba amparada por el secreto del sumario.

Por otra parte, Suárez Trashorras afirma haber proporcionado a Manolón numerosos datos sobre la infraestructura de ETA en el Principado. Pero si esto es cierto, el jefe de estupefacientes de Avilés no consideró oportuno informar de ello a la Comisión ni, al parecer, a sus superiores jerárquicos, que tampoco dijeron nada al respecto.

No cabe duda de que el episodio de Cañaveras es realmente extraño. La salida de la caravana de la muerte hacia Madrid se produjo casi a la misma hora en que El Chino puso rumbo desde Avilés a Morata de Tajuña. Por cierto, que Suárez Trashorras afirma que la famosa caravana estaba controlada en todo momento por la Policía. Ello explicaría que superara sin problemas su detención en las proximidades de Burgos por una pareja de la Guardia Civil de Tráfico, que se saldó con una simple multa a pesar de que circulaban con un coche robado, que carecía del seguro y de la documentación, y de que su conductor exhibió un pasaporte falso.

Otro episodio que tampoco se ha querido investigar es la confidencia efectuada por un colaborador de la Policía de Badajoz, que 15 días antes del atentado informó haber detectado en el aeropuerto de Fráncfort la presencia de Josu Ternera, a quien escuchó lo siguiente: «Dentro de poco los españoles se van a enterar de lo que somos capaces de hacer». En la Comisión del 11-M se confirmó la existencia de tal confidencia y que su autor merecía crédito a juzgar por su trayectoria. Pero cuando pedimos mayor información se nos remitió un informe de la Comisaría extremeña en el que se decía que no podían facilitar más datos porque su confidente «tenía el móvil desconectado».

Si las paredes de la cárcel de Villabona pudieran hablar, seguramente nos llevaríamos grandes sorpresas. En la prisión asturiana se encuentra encarcelado Abdelkrim Benesmail, peligroso terrorista argelino. Se ha dicho que Allekema Lamari, uno de los supuestos suicidas de Leganés, acusado por el CNI de ser el autor intelectual del 11-M, era su lugarteniente. Benesmail coincidió con Antonio Toro y varios etarras en el mismo módulo penitenciario. Trabó amistad con los etarras, uno de los cuales dejó constancia de cómo le profesaba una admiración sin límites. Pues bien, Benesmail fue acusado en octubre de 2004 por el juez Baltasar Garzón de preparar un atentado con coche bomba contra la Audiencia Nacional y se sabe que otro de los implicados -Mohamed Achraf-, contactó con el etarra Juan José Rego Vidal (condenado por regidicio frustado) para ver la posibilidad de que ETA les proporcionara los explosivos. Para complicar más las cosas, resulta que este peligroso islamista es amigo de Fernando Huarte, dirigente socialista asturiano y colaborador o agente del CNI. Pues bien, Lamari, tras haber sido excarcelado por un error de la Audiencia Nacional en junio de 2002, pasó a la clandestinidad y se refugió en Tudela de Navarra. Ya hemos dicho cómo Lamari fue considerado por el CNI autor intelectual del 11-M. Lo cierto es que lo tenía controlado hasta el punto de haber alertado, en una nota informativa fechada el 6 de noviembre de 2003, que este antiguo miembro del sanguinario grupo terrorista argelino GIA se proponía realizar un gran atentado contra un edificio mediante un coche-bomba conducido por un suicida. La Guardia Civil, en su informe sobre la furgoneta de Cañaveras, dice que los etarras se proponían tal vez entregar el vehículo a otro grupo de terroristas. ¿Podría tratarse de una aportación de ETA para el proyecto de voladura de la Audiencia Nacional, objetivo asumido por Allekema Lamari, lugarteniente de Benesmail? Es evidente que entre Lamari y El Chino existía una estrecha relación y que este último estaba al corriente de los planes homicidas del argelino.

Hay otro dato a tener en cuenta. Nadie sabe a estas alturas quiénes fueron los terroristas que colocaron las bombas en los trenes. Suárez Trashorras afirma que la Policía trató de que implicara a Jamal Zougam y a El Tunecino. ¿Pero fueron los presuntos suicidas de Leganés los autores materiales del atentado?

Por último, las declaraciones de Suárez Trashorras sugieren algo más. ¿Cómo es posible que si El Chino, Lamari, El Tunecino, El Egipcio y el resto de sus compinches se hallaban estrechamente vigilados por los cuerpos de seguridad, se produjera el atentado? ¿Se trataba de una operación policial que se fue de las manos? En tal caso, ¿de quién fue la responsabilidad? Si no se da una respuesta clara y contundente a estos interrogantes, en la opinión pública podría anidar otra gran pregunta: ¿Hubo una mano negra capaz de mover los hilos de islamistas y etarras? Sería terrible una respuesta positiva.

Posible conexión

¿Dice la verdad Suárez Trashorras? No lo sabemos. ¿Estuvo ETA allí? Tampoco lo sabemos. En cualquier caso, las declaraciones del asturiano demuestran la necesidad de abrir una investigación a fondo sobre la posible conexión etarra. ¿Lo hará el juez Del Olmo? Hay una cosa clara: el Ministerio del Interior no ha dicho la verdad ni al juez ni a la Comisión de Investigación al afirmar que lo ha investigado todo sobre ETA y que ésta no sale por ninguna parte.

Aunque en el 11-M resulta aventurado sacar conclusiones, a estas alturas estamos en condiciones de proclamar que si podría ser temerario hablar de la existencia de una conspiración interior, en cambio sí puede afirmarse -y así lo afirmo- que ha habido una infame conspiración para evitar que se conozca la verdad.

El Congreso no puede permanecer impasible ante este anormal funcionamiento del Ministerio del Interior. Si hubiera habido negligencias, omisiones o complicidades antes del 11-M, caiga sobre sus responsables todo el peso de la Ley. Se dirá que también podrían extenderse las responsabilidades políticas al anterior Gobierno del PP. Ocurre que, si las hubo, éstas quedaron saldadas con creces el 14 de marzo, aunque si se llegara a demostrar que ETA estuvo allí, en tal caso habría motivos suficientes para reclamar al inquilino actual de La Moncloa daños y perjuicios.

En cualquier caso, no creo que el Congreso cumpla con su deber constitucional porque, para ello, la mayoría gubernamental tendría que reconocer que la Comisión del 11-M se cerró en falso para proteger los intereses políticos del presidente Rodríguez Zapatero. Sea lo que fuere, si Pérez Rubalcaba no ordena a la mayor brevedad una auditoría de la investigación, se hará corresponsable político de la conspiración para obstruir la acción de la Justicia y de mentir al Parlamento. Habrá que aplicarle su propia medicina: los españoles no nos merecemos un gobierno que nos mienta.


http://www.elmundo.es/diario/espana/2022414.html

Un rumor inquietante. ...



LA TRASTIENDA: Un rumor inquietante
Isabel San Sebastián.

Circula por ciertos mentideros próximos a ETA un rumor inquietante, que ha llegado a oídos de los que escuchan a uno y otro lado de la frontera jugándose la vida en el empeño. Un runrún que habla de mucho dinero procedente del bolsillo de los contribuyentes, pagado a un miembro de la banda por liquidar (física o metafóricamente) a un compañero y desbrozar con ello el camino de la negociación con el Gobierno. Un chisme según el cual en el origen de las conversaciones estarían, por una parte, los fondos reservados manejados por personajes acostumbrados a disponer de ellos con total libertad, y, por otra, el deseo de impunidad y enriquecimiento de un influyente cabecilla etarra ya veterano y con familia manchada de sangre inocente.

Es un rumor, sólo un rumor por el momento, que no hace sino enconar el enfrentamiento existente en el seno de la organización terrorista entre los partidarios de aceptar la oferta de Zapatero, acogiéndose a su paz, y los que prefieren seguir el ejemplo de Iñaki Bilbao, consistente en «arrancar la piel a tiras» a la democracia española «hasta que Euskal Herria sea independiente». Unos y otros tienen las espadas en alto. La unidad de la que se habla desde Moncloa es sencillamente inexistente. Una mentira más de las muchas que nos han contado respecto de este turbio asunto. En ETA siempre ha habido división de opiniones en torno al proceso, lo que ha llevado a impulsar desde Madrid los esfuerzos del sector proclive al pacto, aun a costa de hacer cosas inconfesables en un Estado de Derecho.

Los terroristas que andan sueltos coinciden con muchos de los presos en poner el listón de sus exigencias más alto todavía de lo que el presidente está dispuesto a entregar (que incluye Navarra, para lo cual ya ha sido designado digitalmente el candidato socialista idóneo; un nuevo estatuto para el País Vasco más soberanista incluso que el de Cataluña, la plena reintegración de Batasuna a las instituciones y un acercamiento masivo de reclusos a cárceles vascas, acompañado de generosas medidas de reinserción), y consideran que las cosas no están yendo como ellos desean. Quieren más, y más deprisa, aunque saben que con un Ejecutivo del PP se quedarían sin nada, lo que hace que, por el momento, sigan apostando por ayudar a ZP a ganar las próximas elecciones, con el fin de pasarle a continuación la correspondiente factura. De ahí que algunos, como el optimista antropológico, sigan viendo la botella medio llena, mientras otros, como Rubalcaba, empiezan a ver que se vacía.

http://www.elmundo.es/diario/opinion/2022296.html

Señalados por el 11M



REESTRUCTURACION EN INTERIOR / Las causas
Señalados por el 11-M
Las investigaciones antiterroristas, en particular la de la matanza de Madrid, habían dejado muy tocados a García Hidalgo y Rubio, al igual que al aún jefe de los Tedax, Sánchez Manzano

MADRID.- Pese a las buenas palabras de Alfredo Pérez Rubalcaba, hay suficientes actuaciones polémicas entre los mandos apartados ayer como para sospechar que han influido notablemente en el relevo. El ejemplo más claro es el de Telesforo Rubio, pero también puede aplicarse a García Hidalgo y a alguien que, pese a seguir en el puesto, sin duda lo abandonará en breve: el máximo responsable de los Tedax Juan Jesús Sánchez Manzano.

Las cosas empezaron mal. El 8 de julio de 2004, cuando apenas llevaba un mes al frente de la Comisaría General de Información, una pregunta de Jaime Ignacio del Burgo en la Comisión del 11-M dejó a Telesforo Rubio fuera de juego. Tras interrogarle sobre su colaboración en el programa electoral del PSOE, el diputado popular quiso saber si apenas 10 días antes, con la investigación parlamentaria ya en marcha, había visitado la sede socialista de Gobelas. Tras cierto alboroto en la sala, Rubio se negó a responder alegando que se trataba de una pregunta de tipo «personal».

Durante su comparecencia, Rubio admitió dos cosas relevantes: que nunca había estado destinado en unidades especializadas en la lucha contra ETA o contra el terrorismo islamista y que no había abierto ninguna línea de investigación sobre el papel de los confidentes en la trama del 11-M.

Entre estos confidentes estaba José Emilio Suárez Trashorras, detonante de otra actuación polémica del comisario Rubio. El pasado mes de marzo, este diario informó de que durante un interrogatorio el ex minero había hecho referencia a la amistad entre El Chino y dos etarras, sin que el dato le hubiera llegado al juez. Rubio reaccionó contactando con algunos de los agentes presentes en el interrogatorio para que negaran la información.

La polémica en torno a Telesforo Rubio en sus primeros meses en el cargo prosiguió por su forma de dirigir la Comisaría General de Información. También por una serie de nombramientos que muchos interpretaron como una purga y que provocaron el malestar entre sus nuevos subordinados.

Se le acusó además de haberse rodeado de personas que no son expertas en la materia principal de su Departamento. Las críticas se extendieron a su obsesión por controlarlo todo y no fiarse de nadie.

Pero las sospechas sobre el principal responsable antiterrorista alcanzan también a la lucha contra ETA. En una decisión sin precedentes, el juez Fernando Grande-Marlaska decidió hace tres meses apartarle de la causa que instruía sobre una trama de extorsión. La razón fue que había tardado tres días en comunicarle que una importante operación se había frustrado por un chivatazo a uno de los implicados.

Víctor García Hidalgo.

Como superior de Telesforo Rubio, a este ex secretario de Libertades Públicas de la Comisión Ejecutiva de los socialistas vascos se le puede atribuir cierta responsabilidad por las actuaciones del ya ex jefe de la Comisaría General de Información.

Pero, además, en algún caso ciertos asuntos del 11-M le han alcanzado de manera directa.

Por ejemplo, cuando el inspector Miguel Angel Alvarez le remitió en octubre de 2004 un informe en el que le llamaba la atención sobre dos asuntos relevantes: que los efectos recogidos en El Pozo -de donde supuestamente provenía la mochila de Vallecas- «no fueron supervisados» por él mismo y que, para su «sorpresa», «dichos objetos y efectos fueron llevados al Parque Ferial Juan Carlos I» sin su autorización. En el escrito solicitaba que estos datos «sean puestos en conocimiento» de la Audiencia Nacional.

La policía reaccionó asegurando que en ningún momento se había roto la cadena de custodia de la mochila que condujo a las primeras detenciones.

Juan Jesús Sánchez Manzano.

El jefe de los Tedax ha sido el responsable policial más cuestionado en la investigación del 11-M. Para complicar aún más las cosas, una reciente remodelación puso a su unidad a las órdenes del departamento dirigido hasta ahora por Telesforo Rubio.

Manzano aún conserva el cargo, pero sólo porque sus superiores no han encontrado a quien quiera ocupar el puesto. Es una cuestión de tiempo. Más de dos años de errores y confusiones en la investigación de los explosivos desembocaron el pasado mes de julio en su comparecencia ante el propio juez del Olmo.

El jefe de los Tedax tuvo que reconocer ante el magistrado que no era un experto en explosivos y que sus palabras sobre la aparición de nitroglicerina en los focos del 11-M -en su comparecencia ante la Comisión de Investigación- habían sido «un error». Hasta entonces, Manzano había proporcionado a Del Olmo informes con errores, enmendados con otros informes con nuevos errores, y había llegado a ocultar algunos datos que el propio juez luego consideró relevantes para la investigación.

http://www.elmundo.es/diario/espana/2022409.html

Destituida la cúpula policial sospechosa de manipular el 11-M y dar el chivatazo a ETA



Destituida la cúpula policial sospechosa de manipular el 11-M y dar el chivatazo a ETA

El Gobierno cesa al director general García Hidalgo Sustituye al comisario general de Información, Telesforo Rubio -apartado por el juez del sumario del chivatazo a la banda terrorista- - Busca sucesor para Sánchez Manzano al frente de los Tedax

FERNANDO LAZARO

MADRID.- Alfredo Pérez Rubalcaba puso ayer en marcha la mayor reestructuración del Ministerio del Interior de la democracia constitucional.

Los múltiples errores detectados en las investigaciones policiales sobre la trama de los atentados del 11-M y el chivatazo de agentes de la Comisaría General de Información a la organización terrorista ETA sobre las pesquisas en torno al entramado financiero han sido el detonante de esta reorganización, que afecta sobre todo a la Policía Nacional. Rubalcaba ha destituido a la cúpula de la Policía que investiga los atentados del 11-M y las finanzas de ETA. Entre ellos, el director general Víctor García Hidalgo y el comisario general de Información, Telesforo Rubio.

La reestructuración hace que por primera vez la Guardia Civil y la Policía tengan un mando único que asume Joan Mesquida, hasta ahora responsable del Instituto Armado.

Así, el Consejo de Ministros, en su reunión de ayer, dio el visto bueno al Real Decreto por el que se crea un único mando político para la Policía Nacional y para la Guardia Civil.

Ambos cuerpos estarán dirigidos por Joan Mesquida, quien desde el 4 de mayo ocupaba la dirección General del Instituto Armado. De esta manera, Víctor García Hidalgo regresará al País Vasco, donde se dedicará de nuevo a la actividad política.

Interior también informó de que próximamente se producirá el relevo de Juan Jesús Sánchez Manzano, al que se le busca sustituto como comisario jefe de los Tedax.

Algunas fuentes apuntan a que García Hidalgo, ya ex director de la Policía, pidió a Alfredo Pérez Rubalcaba que le relevara cuando sustituyó a José Antonio Alonso al frente del Ministerio del Interior. Sin embargo, otras fuentes sostienen que se enteró ayer mismo de su destitución.

Mesquida se convierte así en el mando único de ambos cuerpos. De esta manera se crea una nueva Dirección General y desaparecen tanto la de la Guardia Civil como la de la Policía Nacional. La creación de un mando único era un compromiso electoral del PSOE.

Los hasta ahora números dos de cada Cuerpo se convierten en directores adjuntos al mando único: así, el que fuera subdirector general operativo de la Policía, el comisario Miguel Angel Fernández Chico, será director adjunto de la Policía; mientras que el subdirector general de operaciones, el general García Varela, también ascienden y se hace cargo de la dirección adjunta en el Instituto Armado.

Tras su victoria electoral, el Gobierno ya aprobó la creación del Comité Ejecutivo del Mando Unificado (CEMU) como órgano cuya finalidad era aglutinar la información de Policía Nacional y Guardia Civil sobre terrorismo para evitar los episodios de descoordinación.

Este órgano, en el que se encontraban representadas las dos direcciones generales y el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), estaba bajo la dirección del secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho. Ahora, el mando unificado está bajo el control de Mesquida quien, no obstante, según el nuevo organigrama de Interior, dependerá directamente de Camacho.

El ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, explicó que esta unificación de mandos no significa la unificación de los cuerpos policiales ni que estemos ante el paso previo a la desmilitarización de la Guardia Civil. Defendió el nuevo modelo para mejorar la coordinación entre la Policía y la Guardia Civil.

Con ser significativo este cambio, no es menor, ni mucho menos, el relevo que se produce al frente de la Comisaría General de Información. El ministro del Interior ha destituido al comisario Telesforo Rubio y ha puesto al frente de los servicios antiterroristas de la Policía Nacional al comisario Miguel Valverde, quien hasta el momento dirigía el Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista, órgano creado por el Gobierno tras el 11-M para tratar de evitar nuevos episodios de descoordinación policial.

Telesforo Rubio estaba ya en el alero desde hacía meses. Su gestión al frente de las investigaciones sobre los atentados del 11-M ha estado siempre en entredicho.

Además, Interior ya decidió que había que removerle del cargo tras detectar, incluso, que la contestación interna entre sus subordinados era muy importante.

Otro grave episodio le salpicó el pasado mes de mayo, cuando dos agentes de la Comisaría de Información alertaron a un etarra de que iba a haber una operación policial. Rubio tuvo conocimiento de esos hechos tan graves un viernes y hasta el lunes siguiente no informó al juez que llevaba las investigaciones, el magistrado Fernando Grande-Marlaska. Éste decidió apartar a Rubio, en una decisión sin precedentes, de las investigaciones contra el entramado financiero de ETA que estaban realizando. Ésa fue la gota que colmó el vaso.

Ahora, Rubalcaba le ha dado una pequeña patada para arriba y le ha nombrado subdirector de la Policía, ha pasado de dirigir la comisaría más poderosa a ocupar un cargo más burocrático, según explicaron fuentes policiales.

El ministro del Interior tenía tomada la decisión de destituir a Telesforo Rubio al menos desde el pasado mes de junio, pero estaba buscando el momento y la manera de hacerlo. Este comisario tuvo que comparecer ante la Comisión parlamentaria del 11-M y no aclaró, a preguntas de los diputados, si su comparecencia la había preparado en la sede socialista de Gobelas.

En el seno de la propia Comisaría General existía una fuerte contestación interna hacia este comisario. Sectores críticos hacia su gestión recuerdan que lo primero que hizo cuando llegó a la sede de la carretera de Canillas fue una auténtica purga de antiguos mandos policiales de la lucha antiterrorista y, después, puso en marcha un fuerte dispositivo de vigilancia interna para evitar fugas de información.

Su sucesor al frente de la Comisaría General de Información será Miguel Angel Valverde, quien hasta ahora ocupaba la dirección del Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista (CNCA), gran apuesta del Gobierno para poner fin a los innumerables episodios de descoordinación que se detectaron tras los atentados del 11-M.

Al frente de ese órgano quedará ahora un coronel de la Guardia Civil. Cuando se creó este organismo se anunció que cada dos años se pondría al frente a un mando de cada cuerpo policial. Dentro de la reorganización, el Gobierno también ha decidido aglutinar todos los organismos que había en Interior relacionados con la inmigración en una sola dirección general que se llamará de Relaciones Internacionales y Extranjería, que dependerá de la Secretaría de Estado de Seguridad.

Esto supone recuperar algo de peso específico por parte de Interior en materia de inmigración, después de la cesión de competencias al Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales tras la victoria electoral de hace dos años.

La crisis migratoria que se está viviendo en España durante los últimos meses ha llevado al Gobierno a volver a otorgar más poder al Ministerio del Interior. En esta materia, el ministro también anunció que se había decidido relevar al actual comisario general de Extranjería, José Ignacio Araújo, que será sustituido por Felipe Hernández.

Algunas fuentes apuntan que la creación de esta nueva dirección general en Interior supone una recuperación de lo que era el anterior modelo del PP, la Delegación de Extranjería. Interior recupera muchas de las competencias cedidas a Trabajo que, prácticamente, se queda con la gestión del papeleo de los inmigrantes legalizados, según explicaron estas fuentes policiales.

Víctimas del terrorismo

La reorganización de Interior también afecta al ámbito penitenciario. Así, hasta ahora, la directora general de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo, dependía de la Subsecretaría de Interior. Ahora, Gallizo dependerá también del secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho.

Uno de los hechos más llamativos de esta nueva estructura ministerial es la creación de la Subdirección General de Medio Abierto y Medidas Alternativas, en el ámbito penitenciario.

Desde Interior se apunta que es una potenciación del organigrama encaminada a la reinserción social de los presos. Sin embargo, otras fuentes alertan de la implicación de esta nueva subdirección general ante el denominado proceso de paz y ante una eventual modificación de la política penitenciaria con los presos de la organización terrorista ETA.

Por otra parte, se crean también el Centro de Inteligencia Contra el Crimen Organizado y el Gabinete de Estudios de Seguridad Interior (GESI), dependientes de la secretaría de Estado de Seguridad.

El ministro también ha decidido sustituir a la directora de Protección Civil, Celia Abenza, por Francisco Javier Velázquez.

Como ya adelantó EL MUNDO, el Gobierno, tras la destitución de Gregorio Peces-Barba, ha eliminado la figura de Alto Comisionado de Apoyo a las Víctimas que dependía de La Moncloa y ha retomado la Dirección General de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo, que dependerá también del Ministerio del Interior y no de La Moncloa. Al frente estará José Manuel Rodríguez Uribes, que ya ocupaba una Dirección General en el Alto Comisionado y que es familiar de Peces-Barba.


http://www.elmundo.es/diario/espana/2022458.html

viernes, 8 de septiembre de 2006

UN ESPECTACULO QUE DEJA ENTRE LA ESPADA Y LA PARED A ZAPATERO



EDITORIAL: UN ESPECTACULO QUE DEJA ENTRE LA ESPADA Y LA PARED A ZAPATERO

Poco antes de que Zapatero anunciara solemnemente y arropado por Kofi Annan que se avecinan «momentos trascendentes» en el proceso de paz con ETA, el terrorista Iñaki Bilbao amenazaba con «pegarle siete tiros» y «arrancarle la piel a tiras» al presidente del tribunal que lo juzgaba. Las escalofriantes imágenes del etarra insultando a gritos primero a Alfonso Guevara y después a Baltasar Garzón cuando declaraba como testigo mostraron ayer a millones de españoles el rostro descarnado de la banda, que no se arrepiente de sus crímenes ni pide perdón por ellos.

No es la primera vez que un etarra se comporta de esta manera ante los magistrados. Hace apenas un mes, Txapote llamó a uno de ellos «monigote de circo» y a finales de junio Jesús María Exteberria y Angel Aramburu la emprendieron a patadas contra la mampara de cristal blindado que les separaba del resto de la sala. Lo llamativo en el caso de Iñaki Bilbao es la terca reincidencia. Lo que se juzgaba ayer era precisamente un incidente similar, cuando en 2003 el etarra dio un puñetazo en la mesa del despacho de Garzón, arrojó al suelo una cruz de Caravaca y le gritó en la cara que iba a acabar «como Carrero Blanco». Desde entonces, Bilbao ha protagonizado incidentes similares con los magistrados Fernando Andreu y Teresa Palacios.

Pero más allá de la nauseabunda sarta de insultos que Iñaki Bilbao les espetó ayer a Guevara y Garzón -«fascista», «enano mental», «pelamangos», «borracho», «parásito» o «cerdo»-, lo más importante de sus palabras es el anuncio de que él y los suyos continuarán en la lucha armada «hasta la constitución de una Euskal Herria independiente, reunificada, socialista y euskaldún». Esta declaración refleja la posición del sector duro de ETA, cuyo descontento con la línea negociadora de Otegi y Josu Ternera ha generado tensiones en el entorno de la banda. Este desencuentro desembocó en agosto en la huelga de hambre del sanguinario De Juana Chaos, que en un mes ha perdido 14 kilos. Es evidente que los pistoleros más contumaces de la banda quieren forzar al Gobierno a que modifique su política penitenciaria sin que Batasuna condene antes la violencia. Éste es probablemente el motivo por el que Otegi le exigió anteayer al PSE la firma de un preacuerdo que incluya compromisos sobre los presos y la autodeterminación.

Es probable que Otegi y De Juana Chaos no sean exactamente lo mismo, al contrario de lo que dijo ayer el hijo del socialista asesinado Fernando Múgica, pero Zapatero no debe olvidar que sin el sometimiento de los más extremistas el proceso de paz está condenado al fracaso. Y ésta es precisamente la razón por la que el presidente está entre la espada y la pared. Si accede a las concesiones sin que la banda entregue las armas, un buen sector de la opinión pública le acusará de ceder al chantaje terrorista. Si no lo hace, el proceso puede encallar definitivamente. Antes de deslizarse por una pendiente irreversible, debería visionar una y otra vez las imágenes del siniestro espectáculo de ayer para ser consciente de quiénes son los interlocutores que se esconden bajo las capuchas.

http://www.elmundo.es/diario/opinion/2022081.html

Ven aquí cabrón que te pego siete tiros y te arranco la piel a tiras"

miércoles, 6 de septiembre de 2006

«'Manolón' me dijo: 'Tranquilo que cuando vengas de la boda detengo a los moros'»



«'Manolón' me dijo: 'Tranquilo que cuando vengas de la boda detengo a los moros'»

11-M LA INVESTIGACION / La Policía grabó las conversaciones del minero con sus familiares en la cárcel de Alcalá Meco sin que lo supiera / Insiste en que fue engañado por el inspector jefe de policía de Avilés

Una grabación realizada a Trashorras en la cárcel con autorización judicial demuestra que informaba al policía de sus relaciones con 'El Chino'


CASIMIRO GARCIA-ABADILLO
MADRID.- El minero José Emilio Suárez Trashorras, cuya entrevista concedida a EL MUNDO ha supuesto un varapalo a la versión oficial sobre lo ocurrido el 11-M, informó puntualmente al inspector jefe de Avilés, Manuel García Rodríguez, Manolón, de sus actividades con El Chino y su banda. Esto convierte en inverosímil la tesis de que les vendió dinamita sin conocimiento de dicho inspector.

La Policía grabó, con orden judicial y, naturalmente, sin que él lo supiera, sus conversaciones mantenidas en la cárcel con su esposa, sus padres y algunos de sus familiares y amigos.

Las grabaciones tienen un valor indudable por cuanto Suárez Trashorras habla sin cortapisas con sus allegados sobre su relación con el atentado. En ellas no sólo revela datos muy valiosos sobre su conexión con los presuntos autores materiales de la masacre de Madrid, sino que deja claro su enfado con Manolón por haberle engañado y amenaza con contar todo lo que sabe, dejando así de proteger al policía al que había suministrado información sensible sobre diversos asuntos.

Las citadas conversaciones aparecen incorporadas al sumario que instruye el juez Del Olmo y, hasta hace poco, estaban consideradas como secretas.

La primera de ellas fue grabada el 21 de abril de 2004 (cinco semanas despues del atentado de los trenes) en la cárcel de Alcalá Meco (Madrid II). Suárez Trashorras recibió ese día la visita de su cuñado (José Rodríguez), su hermana (Mercedes Suárez), su padre (José Manuel Suárez) y su esposa (Carmen María Toro).

La grabación policial (en la que sólo están reflejados los momentos en los que se hace alusión a los aspectos relacionados con el 11-M) tiene como protagonistas principales a Suárez Trashorras (identificado en el documento con I -interno-) y a su esposa (identificada como C).

Muy excitado

La transcripción de la conversación evidencia que Suárez Trashorras está muy excitado. De hecho, Carmen Toro le recomienda: «Relájate, ¿eh?».

En un momento dado, Suárez Trashorras le pregunta a su esposa si Manolo (el inspector jefe de Avilés) la ha llamado, a lo que ésta contesta que no.

(I).- «Claro. Manolo es el guapo, que se lo llevo diciendo desde que pasaron los atentados, 'que los iba a detener por tráfico de drogas en Asturias', y ahora no llama ni manda nada, pero que no se preocupe que se viene para la Audiencia. Le dices a José Luis [su abogado], que quiero volver a declarar, ¡que venga ya! Quiero ampliar la declaración ante el juez, porque Manolo se viene conmigo a la Audiencia Nacional, así de claro. Porque a Manolo se lo dije, lo que estaba pasando de tráfico de drogas y dijo que los iba a detener».

La esposa de Suárez Trashorras, a la que el propio Manolón buscó un empleo en un centro comercial de Avilés, reconoce:

(C).- «Sí, me dijo a mí que lo sabía».

El enfado de Suárez Trashorras con su controlador policial va en aumento hasta provocar en él una de las confesiones más trascendentes de toda la conversación.

(I).- «¡Ah, ya! Pues que lo venga a explicar aquí, porque yo llevo colaborando con ellos tres años, ¿no? Yo traficaba y la Policía me dejaba mientras yo colaboraba. Cuando pasó, le dije: 'Manolo, aquí está pasando esto con los moros'. Y me dijo: 'Tranquilo, cuando vengas de la boda los detengo'. Vale. El día 11 de marzo, cuando el atentado, le pregunté: '¿Son los moros?'. Y qué me dijo él: 'Que no, que era ETA'. Dice: 'No te preocupes que es la ETA'. Le dije: 'No es la ETA, son los moros, te lo digo yo'. Pero, claro, en Comisaría me dijo: 'Tú ves a hablar con los de Madrid y tú te vas para casa'. ¿Verdad o mentira? Y dice: 'Pero no te precupes...' Pues ahora que venga a declarar él a la Audiencia Nacional».

Ese párrafo implica que Suárez Trashorras debió de informarle a Manolón de que El Chino y su banda disponían de dinamita, ya que si sólo hubiera existido tráfico de drogas, sería imposible que relacionara a «los moros» con el atentado del 11-M.

El minero quiere dejar claro que él no fue quien les dio la dinamita a los que cometieron el atentado y se empeña en que su mujer le lleve a la cárcel las nóminas de cuando trabajaba. Suárez Trashorras quiere demostrar con ellas que él nunca pudo darles dinamita a los que cometieron el atentado, ya que, cuando faltaba un cartucho, se lo descontaban del sueldo.

(I).- «Porque aquí, el que tenga su responsabilidad, la Policía se lo permitió. Que se coma su pollo... No tienen por qué desaparecer 200 kilos. Si han desaparecido y no han forzado las llaves, ¿ha aparecido alguna denuncia? Y las llaves, hay ocho llaves que abren ocho cajas fuertes. Pues alguien tuvo que dar esas ocho llaves ¿me entiendes? El responsable, El Gumba [al que la transcripción no identifica], El Tronco [también sin identificar] y el capataz, pues que vayan al juez y declaren por qué las ocho llaves las tenían los moros ¿Entiendes? Ya que me han jodido. ¿Qué me dijo Manolo cuando vine para acá? 'No te preocupes, que te sacamos'. Pero es que sacar, llevo aquí un mes, ¿entiendes?».

La conversación se corta y Suárez Trashorras continúa acusando al policía Manolón de estar al tanto de que «los moros» disponían de dinamita.

(I).- «Que me da igual, que éstos se van delante mía. A ver, tú si eres policía y te estoy diciendo... Lo que pasa es que se quieren tapar, de que han muerto 200 personas... Yo tengo facturas de teléfono de que me llamo todos los días con el policía ¿Por qué me llamo todos los días con el inspector jefe de Policía? Y voy a ir preso un año o dos, pero ellos van a ir unos cuantos más que yo, no pasa nada».

Finalmente, Suárez Trashorras dice reconocer su error al haber ocultado cosas en su primera declaración ante el juez Del Olmo.

(I).- «De aquí no voy a salir. Voy a denunciar hasta a mi madre. Me los voy a llevar a todos por delante. Porque yo me callé ante el juez. La culpa fue mía por ir tapando equis cosas, para tapar a Manolo. Porque de comisaría me sacaron cenando... a cenar en el Joses [restaurante]. ¿Verdad o mentira? ¿Quién me leyó mis derechos? Me dijeron para firmar la detención: 'Fírmala porque si hay un accidente por el camino vas asegurado'».

Y su esposa, lo reafirma: «Sí, eso sí lo dijeron».

Hay que recordar que Suárez Trashorras fue llevado a Madrid desde Avilés el 18 de marzo de 2004, tras haber ido a cenar al citado restaurante con Manolón y un grupo de policías, además de un agente del CNI.

Atando cabos



LA TRASTIENDA: Atando cabos

Isabel San Sebastián.

Si no fuera por lo que ocurrió en España antes y después del 11-M, las declaraciones de Emilio Suárez Trashorras a Fernando Múgica podrían tomarse por el delirio de un enfermo mental en pleno brote. Sabiendo lo que sabemos, cobran una dimensión espeluznante, preludio de nuevas revelaciones ominosas. Basta con atar cabos.

Veamos; en síntesis, lo que desvela Trashorras es que siempre estuvo en contacto con un policía llamado Manolón, que le proporcionó información suficiente como para haber podido evitar el atentado más sangriento de nuestra Historia, que una vez cometido éste comunicó a los investigadores la relación existente entre ETA y los presuntos autores islamistas, y que fue inducido, con engaños, por un agente del CNI a implicar únicamente a éstos últimos en su declaración oficial, silenciando cualquier vinculación con el terrorismo vasco. ¿Mentiras destinadas a salvarse de una condena milenaria? Es posible. ¿Pero por qué contestan de manera tan lógica y precisa a las preguntas que algunos nos formulábamos sin encontrar respuesta? ¿Por qué explican lo hasta ahora inexplicable?

Meses antes de las elecciones, cuyo desenlace cambió a raíz de la masacre, el Partido Socialista negociaba en secreto con ETA los términos del proceso que ha conducido a la ruptura del Pacto Antiterrorista, la legalización de facto de Batasuna y el fin del acoso a la banda. ¿Cómo podían saber unos y otros que Zapatero saldría vencedor de esos comicios? ¿Con qué expectativas prometían los representantes del PSOE y en qué se basaba ETA para otorgarles el rango de interlocutores capaces de hablar en nombre del Ejecutivo español? Si lo que afirma el asturiano es cierto, alguien guardaba un as en la manga que se materializó en los trenes de la muerte, aquella trágica mañana de marzo. Un as por el cual, algunos miembros del entonces partido de la oposición conocieron, antes que el Gobierno, la identidad de los asesinos. Un as que dejó al Ministerio del Interior en paños menores, ante una trama urdida para alterar el veredicto de las urnas, aún a costa de segar vidas inocentes. Un as propio de profesionales avezados, que exigía manipular testimonios, alterar pruebas y eliminar rastros para entorpecer la labor del juez. Un as que permitiría comprender también, por qué un personaje llamado Rafael Vera, familiarizado con el mundo de las cloacas del Estado, está en la calle sin haber devuelto un euro de lo que robó de los fondos reservados. ¿Coincidencias? Tal vez, pero tal vez no. ¿A quién benefició el 11-M? Ni a Trashorras ni a Bin Laden. Los beneficiarios fueron otros.

http://www.elmundo.es/diario/opinion/2021040.html

Un punto de inflexión



Un punto de inflexión

LO QUE 'HABIA QUE HACER'.
Pocas horas después de que 10 bombas segaran la vida de 192 personas y dejaran un reguero de 1.700 heridos, la gran campaña de intoxicación se puso en marcha. Había que alejar de los trenes la mirada de los españoles; había que evitar que se preguntaran qué es lo que realmente había pasado; había que impedir a toda costa que la opinión pública pudiera detenerse a reflexionar de manera serena. El frenético ritmo de aparición de pruebas falsas entre el 11 y el 14 de marzo no fue inocente: era necesario sacar a escena el siguiente elemento -furgoneta, mochila, detenciones, vídeo reivindicativo- antes de que se hubiera llegado a asimilar el anterior, para fueran aceptados de manera acrítica por una opinión pública en estado de shock.

En lugar de analizar el estado de los trenes, nos hicieron fijar la mirada en una cinta coránica encontrada en Alcalá. En lugar de hablar sobre qué explosivo se utilizó en las bombas, nos hicieron debatir sobre la dinamita encontrada en una comisaría de Vallecas. En lugar de meditar sobre por qué se eligió ese jueves 11 y por qué se atentó en los trenes del Corredor del Henares, nos obligaron a hablar sobre Irak, sobre Bin Laden y sobre unos islamistas que nadie podía definir.

A partir de ahí, nos construyeron una versión oficial en la que cabía absolutamente de todo: islamistas con espoleta de suicidio retardado, dinamita marcada y sin marcar, confidentes esquizofrénicos, agentes marroquíes que juegan al dominó, traficantes de droga que roban ropa para venderla en el top manta, policías incompetentes o corruptos, macarras de discoteca, guardias civiles metrosexuales, miembros del CNI pluriempleados como imames de mezquita, e incluso chilenos que roban coches a franceses para vendérselos a marroquíes. No ha faltado de nada en esa versión oficial, excepto una cosa: los propios trenes de la muerte, que fueron cuidadosamente eliminados de la escena desde la misma mañana de los atentados.

¿Se da usted cuenta de que, en estos dos años y medio, se ha hablado de todo, menos de lo que realmente sucedió en los trenes? ¿Se da cuenta de que han tenido que pasar dos años y medio para que nos diéramos cuenta de que nos estaban ocultando los análisis químicos de los únicos explosivos que realmente importan, que son los que se utilizaron en los trenes? ¿Se da cuenta de que el actual Gobierno sigue negándose a exhibir esos informes de análisis?

Medios independientes

Han tenido que ser de nuevo los medios independientes, y en especial EL MUNDO, los que hicieran esa labor de reflexión que a la opinión pública se le negaba. Han tenido que ser esos medios los que demostraran, a lo largo de este tiempo, que en la furgoneta de Alcalá no había ningún resto de explosivo en la mañana del 11-M; que la mochila de Vallecas jamás estuvo en los trenes de la muerte; que el coche Skoda Fabia fue depositado en Alcalá después del 11-M por los propios servicios del Estado. Han tenido que ser esos medios, en definitiva, los que demostraran la falsedad de todas y cada una de las supuestas «pruebas» con las que se construyó una versión oficial cuyo actual olor nos muestra que está ya putrefacta.

Sin embargo, lo que al final prevalece no es la verdad, sino lo que se perciba como verdad por parte de la opinión pública. Una opinión pública cada vez más consciente, con cada sucesiva revelación, de que la versión oficial hacía aguas, pero todavía renuente a aceptar la evidencia de que nos habían mentido prácticamente en todo.

Desde este punto de vista, la importantísima exclusiva de Fernando Múgica, con la entrevista al principal implicado en la trama, Suárez Trashorras, representa un auténtico punto de inflexión. Porque esa entrevista tiene el valor del testimonio de primera mano. Por mucho que nos empeñemos, afirmaciones como la de que «estamos ante un golpe de Estado encubierto tras una trama islamista» no tienen el mismo efecto de cara a la opinión pública, si quien realiza esa afirmación es un periodista, que si la realiza alguien que está implicado de manera directa en los hechos.

Fernando Múgica se ha erigido, con esta entrevista, en notario de las primeras palabras (verdaderas o falsas) que dirige a los españoles la persona a quien se acusa de ser el responsable de suministrar el explosivo que acabó con la vida de 192 españoles; la persona para la que se pide la condena más alta (3.000 años de cárcel) por su presunta participación en la masacre.

Esta entrevista nos ha permitido conocer la visión de los hechos que nos quiere dar en este momento ese ex minero asturiano sin el cual (según la versión oficial) el atentado no habría podido producirse.

La versión oficial nos cuenta, con relativa exactitud, el supuesto papel de Suárez Trashorras en los atentados. Este ex minero esquizofrénico se dedicaba a traficar con todo aquello que le reportara un beneficio: droga, coches robados, dinamita... En el último trimestre del año 2003 trabó contacto con el grupo de Jamal Ahmidan, un traficante de droga transformado en islamista radical que se terminaría suicidando en Leganés.

El marroquí Jamal Ahmidan le pidió a Suárez Trashorras que le suministrara una importante cantidad de dinamita, cosa que Trashorras empezó a hacer a pequeña escala en enero de 2004, utilizando como correos a varios jóvenes delincuentes asturianos, que transportaban pequeños cargamentos de Goma 2 hasta Madrid en autobús.

Sin embargo, a finales de febrero de 2004, Jamal Ahmidan le dice a Trashorras que hay que acelerar el transporte. Para ello, el marroquí se desplaza a Asturias con dos de sus hombres el fin de semana del 28 de febrero y Trashorras le facilita el robo de unos 200 kilos de explosivos de Mina Conchita. Jamal Ahmidan se llevó aquella dinamita a su finca de Morata de Tajuña y con ella preparó las bombas que sembrarían de horror los trenes madrileños.

¿Qué hay de cierto en esa versión oficial? Algunas cosas, pero las mentiras y las medias verdades superan con creces a los hechos contrastados. Es cierto que Suárez Trashorras traficaba con todo tipo de cosas, incluida la dinamita, pero no es menos cierto que lo hacía contando con una importante protección policial, puesto que él y su cuñado trabajaban como confidentes para los servicios del Estado. Trashorras estaba estrechamente controlado por un comisario de Avilés (Manolón), con quien hablaba por teléfono y en persona con una frecuencia extraordinaria.

Manolón es quien consigue a la mujer de Trashorras un trabajo como guardia de seguridad. Los datos del sumario muestran que Trashorras y su controlador hablaron de manera intensa en fechas clave anteriores a los atentados. Varios de los contactos telefónicos entre Trashorras y Manolón se producen inmediatamente antes o, inmediatamente después, de que Trashorras y Jamal Ahmidan sostuvieran, a su vez, conversaciones telefónicas. Por tanto, hiciera lo que hiciera Suárez Trashorras no pudo hacerlo sin conocimiento de su controlador. Y probablemente lo hiciera por su encargo.

A esto hay que unirle otro hecho fehaciente: uno de los mineros imputados por formar parte de la trama asturiana (Javier González, El Dinamita) ya fue condenado en 1979 por suministrar 400 kilos de explosivo a Terra Lliure a través de un intermediario de ETA. Todo apunta a que esa trama asturiana era un tinglado montado por los propios servicios del Estado para suministrar dinamita marcada a grupos terroristas.

Está comprobado que hubo, efectivamente, varios transportes entre Asturias y Madrid en enero y febrero de 2004, unos en autobús y otros en coche. Y son varias las evidencias que apuntan a que en esos viajes se transportó dinamita. Aparecieron, por ejemplo, restos de un componente de la Goma 2 ECO en uno de los coches. Sin embargo, esa dinamita no se utilizó para volar los trenes. Es posible que la dinamita se empleara en el piso de Leganés, en el falso atentado contra el AVE a principios de abril de 2004 e incluso en la falsa mochila de Vallecas, pero todo ello forma parte de las cortinas de humo. Trashorras sería responsable de tráfico de explosivos, pero no de la muerte de 192 personas.

Cortina de humo

Pero entonces, si la dinamita de Asturias no se utilizó para volar los trenes, ¿a quién iba destinada? Éste es uno de los interrogantes para los que aún no tenemos respuesta. Lo que está claro es que Jamal Ahmidan era un delincuente común que nada tenía que ver con el islamismo radical. Puede que actuara de transportista, pero el destinatario final de los explosivos no era él. ¿Para quién trabajaba? ¿Fue ese transporte de finales de febrero de 2004 algo más que una cortina de humo cuidadosamente dispuesta antes de los atentados?

Las declaraciones de Suárez Trashorras en la entrevista concedida a Fernando Múgica están hechas desde la óptica de alguien que intenta defenderse del horizonte judicial que se le echa encima. En ese sentido, trata de mantener su inocencia por el procedimiento de negar varios de los hechos, e incurre en el camino en numerosas contradicciones. Sin embargo, sus declaraciones nos desvelan claves importantes a la hora de entender cómo se construyó la cortina de humo asturiana.

Trashorras parte del convencimiento -falso- de que fue su dinamita la que se usó para volar los trenes, y trata de convencernos, para librarse de responsabilidad, de que él no suministró dinamita alguna. Pero las declaraciones y pruebas periciales que obran en el sumario demuestran que sí suministró esa dinamita. Y, de hecho, Trashorras se contradice de manera escandalosa al afirmar, por un lado, que no suministró explosivos a Jamal Ahmidan y al sostener, por otro, que el mismo día 12 de marzo ya sospechaba que Jamal Ahmidan pudiera estar detrás de los atentados del 11-M. Si lo único que suministraba a ese marroquí era droga, ¿qué le llevó a suponer que fuera un terrorista?

Trashorras señala -con razón- que varias de las evidencias que existen contra él son cuestionables. Así, por ejemplo, existen contradicciones en las declaraciones de El Gitanillo (uno de los correos usados para transportar la dinamita en autobús). Sin embargo, se olvida de mencionar que otras declaraciones y análisis periciales confirman que sí hubo un suministro de explosivos.

Trashorras se defiende también argumentando que él trabajaba para la Policía y que todo se hizo bajo control de los servicios del Estado, y en esto tiene toda la razón. Si fuera verdad que la dinamita suministrada por Trashorras se hubiera utilizado en los trenes, entonces estaríamos inevitablemente ante un golpe de Estado, puesto que la entrega de esa dinamita probablemente marcada fue realizada bajo estricto control de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.

La sensación general que se tiene al leer las declaraciones de Trashorras es que este ex minero busca desesperadamente que le aclaren de qué va toda la película. Durante los dos años largos que ha pasado en prisión, ha visto cómo lo que inicialmente era una colaboración con la Policía se transformaba en una imputación por colaboración con banda armada. Imputación probablemente pactada al principio con la propia Policía, pero que ha ido agravándose a medida que las nuevas revelaciones obligaban a apuntalar la versión oficial con datos cada vez más precisos. Y el único que queda a los pies de los caballos es él, ya que su cuñado Antonio Toro y Manolón se van de rositas.

Trashorras no se atreve a desacreditar definitivamente la versión oficial (sigue insistiendo, por ejemplo, en el supuesto islamismo de Jamal Ahmidan). ¿Pesa acaso sobre él la figura de su esposa, Carmen Toro, a quien también se le ha permitido irse de rositas y cuya situación procesal podría cambiar si Trashorras se lanza a tumba abierta? Es posible. Pero lo que sí hace Trashorras es lanzar un toque de atención, por si alguien ha pensado seriamente en que cargue él solo con todas las culpas.

Nos confirma cosas que ya conocíamos por revelaciones periodísticas anteriores, como las presuntas relaciones de Jamal Ahmidan con ETA. Nos dice cómo la Policía filtró sus primeras declaraciones para que desapareciera toda referencia a los etarras. Nos cuenta también cómo la Policía y el CNI intentaron utilizarle para incriminar a otros presuntos implicados, a los que ni siquiera conocía. Finalmente, Trashorras trata de establecer, con ayuda de su abogado, varias líneas de defensa, por si su esquizofrenia no llegara a resultarle eximente. Lo que Trashorras nos viene a decir es: «Yo no suministré la dinamita y, si la suministré, lo hice por encargo de mi controlador».

Lo cierto es que las cosas se están torciendo para Trashorras. A estas alturas, con una versión oficial cada vez más cuestionada, la jugada de dejar libre al ex minero por falta de pruebas o por la esquizofrenia, ya no sería aceptada por una opinión pública ni por unas víctimas que no están dispuestas a tragar con que los únicos responsables sean los muertos de Leganés. Así que Trashorras se enfrenta a una larga condena en prisión por suministrar un explosivo que no fue utilizado para la masacre, pero que nos han hecho creer que lo fue.

El ex minero asturiano está pidiendo a gritos un pacto. Y para ello cuenta una parte de lo que sabe. Sin embargo, a estas alturas, es posible que quienes le convencieron de avalar inicialmente la versión oficial no estén ya en condiciones de ofrecerle un pacto, ni de cumplirlo.

El papel del Ejecutivo

La posición del Gobierno no es menos comprometida. Las declaraciones de Trashorras colocan la versión oficial en un punto prácticamente insostenible de cara a la opinión pública. Si es verdad que la dinamita de Trashorras se utilizó para volar los trenes, ¿cómo explicar el hecho de que Trashorras trabajara codo con codo con la Policía? ¿Cómo explicar el hecho de que la trama asturiana hubiera sido utilizada en el pasado para suministrar explosivos a otros grupos terroristas? ¿Cómo explicar que la caravana de Asturias a Madrid no fuera detenida por la Guardia Civil, a pesar de ser interceptada? Y si en los trenes no estalló la dinamita de Trashorras, ¿dónde queda la versión oficial?

Si se presta credibilidad a la autoinculpación inicial de Trashorras, ¿por qué se eliminaron de esas declaraciones iniciales las referencias a ETA? Y si Trashorras mentía en cuanto a esos contactos con ETA, ¿por qué no hemos de pensar que también mentía en otros aspectos, por encargo de unas fuerzas policiales que parece que no han tenido ningún reparo en fabricar pruebas falsas?

Las contradicciones de Trashorras, las contradicciones de otros implicados, la demostración de que la Policía colocó pruebas falsas... apuntan en una dirección que está exigiendo de manera perentoria que el Gobierno salga a la palestra: casi todo lo que se nos ha contado sobre el 11-M es mentira, y ya va siendo hora de que alguien nos dé una visión creíble y coherente de los atentados. Ya va siendo hora de que alguien nos aclare, por ejemplo, qué fue lo que estalló en los trenes. De que alguien nos aclare cuál fue el papel de ETA y qué relación tiene ese papel con el proceso de negociación. De que alguien nos aclare por qué casi todos los implicados en el 11-M eran confidentes o estaban controlados por nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.

El Gobierno puede seguir escudándose en el silencio. Pero esa postura va a ser cada vez más insostenible ante una opinión pública que empieza a percibir como posible la hipótesis del golpe de Estado. Además, ese escudo de silencio resulta, de todas formas, inútil. Primero, porque Trashorras ha sido el primero en hablar, pero no será el último. Y segundo, porque los medios de comunicación independientes seguiremos arrojando luz allí donde el Gobierno quiera ocultar la verdad.

Durante más de dos años han conseguido que no miráramos a los trenes, pero la función de teatro ya se ha terminado. Y los españoles están volviendo la vista hacia esos amasijos de metal retorcido. Que es justo lo que no querían que hiciéramos. ¿Terminará también Trashorras mirando hacia los trenes?

El PP obliga a Rubalcaba a responder por el 11-M



El PP obliga a Rubalcaba a responder por el 11-M

martes, 5 de septiembre de 2006

EMILIO SUAREZ TRASHORRAS (2ª PARTE)



EMILIO SUAREZ TRASHORRAS (2ª PARTE)
«Comuniqué a la Policía y al CNI que Jamal era amigo de uno de los etarras de Cañaveras»

EL MUNDO publica hoy la segunda parte de la entrevista en exclusiva con uno de los hombres clave en torno a los atentados. En la versión que ahora defiende, asegura que contó a la Policía para la que trabajaba que Jamal Ahmidan tenía contactos con ETA y que uno de los etarras de Cañaveras era amigo suyo.

FERNANDO MUGICA
MADRID.- EL MUNDO publica hoy la segunda parte de la entrevista realizada en exclusiva a uno de los principales implicados en los atentados del 11-M, Emilio Suárez Trashorras. La versión que ahora da de los hechos que se vivieron antes y después de la tragedia difiere completamente de la versión oficial.

Al margen de su lógica proclamación de inocencia, aporta nuevos datos sobre sus relaciones con Manuel García Rodríguez, Manolón, el inspector de policía responsable de estupefacientes de la comisaría de Avilés para el que trabajaba.

Asegura que desde el primer momento comunicó a la Policía que Jamal Ahmidan, a quien Emilio conocía como Mowgli, tenía contactos con gente de ETA. Confirma el dato publicado por Fernando Lázaro en nuestro periódico el 7 de marzo de 2006 según el cual Trashorras contó a los que le interrogaban que Mowgli le había dicho que conocía a uno de los etarras detenidos en Cañaveras. La Guardia Civil los capturó en la noche del 29 de febrero de 2004, en una carretera secundaria de la provincia de Cuenca a bordo de una furgoneta en la que se transportaban más de 500 kilos de explosivos.

Trashorras insiste en que los policías y el agente del CNI, al que había identificado Manolón como tal, le comentaron que les interesaba implicar a los moros y dejar aparte a ETA.

El episodio que el ex minero explica menos es el referente a los encargos que recibió del propio Manolón en torno a personas que estaban interesadas por la compra de explosivos. A la pregunta de si vendieron explosivos a ETA, contesta de forma ambigua: «Recibimos encargos similares». Por supuesto que se apresura a decir que no se llevaron a cabo «esos encargos» porque, a la hora de la verdad, «cuando las conversaciones estaban muy avanzadas y había que aportar algo para que siguieran», recibió la orden de abortar la operación.

COCHE ROBADO

Trashorras afirma con rotundidad que aportó datos sobre la infraestructura de ETA en Asturias.

No puede facilitar ninguna explicación sobre el hecho de que los etarras robaran un coche, con el que cometieron un atentado en Santander en 2002, en el callejón de la Travesía de la Vidriera de Avilés donde él tenía un trastero.

Pero tal vez su afirmación más rotunda la pronuncia cuando asegura que el que quiere eliminar a Lavandera «tiene nombre y apellido y se llama Manolón. Lavandera les estaba estropeando los negocios paralelos que tenía la Policía».

Es evidente que todo lo que dice Trashorras no debe convertirse en una verdad irrefutable. Pero en sus respuestas aporta datos suficientes como para que nos suscite una profunda inquietud. Es fácil descalificar sus afirmaciones de una forma global. Pero habría que advertir, al que tenga la tentación de hacerlo, que en su día le creyeron a pies juntillas cuando declaró que había visto explosivos en el coche de Jamal Ahmidan. Si ahora no tiene ninguna credibilidad, ¿por qué la tenía entonces? Debemos recordar que la versión oficial, en todo el tema de los explosivos y su relación con los marroquíes imputados como autores materiales, se basa esencialmente en su testimonio.

¿Alguien se imagina lo que hubiera sucedido si todas las afirmaciones que hace ahora las hubiera planteado con nombres y apellidos en la Comisión de Investigación?

En cualquier caso, esto es lo que defiende Emilio Suárez Trashorras dos años y medio después de los atentados. Y esto es lo que, presumiblemente, defenderá de cara al próximo juicio.

Pregunta.- ¿Les encargó alguien de las Fuerzas de Seguridad, a Antonio Toro o a usted, que trataran de vender explosivos a ETA o a los marroquíes en el año 2001?

Respuesta.- Personalmente, he recibido encargos similares por parte de Manolón en los años 2001 y 2002. Pero no se llevaron a cabo. Aunque sí es cierto que he aportado datos sobre explosivos y personas vinculadas a ETA en Asturias.

P.- ¿Llegaron a darles explosivos controlados?

R.- Lo primero que quiero dejar claro es que en los años 2001 a 2003 no han existido los explosivos de los que se ha hablado. Es mentira que yo tuviera un zulo con armas y explosivos. Reto a cualquier persona a encontrar ese zulo. No existe. Es mentira que en el año 2001 dispusiéramos de 150 kilos de dinamita tal y como dice Nayo, o de 400 kilos, tal y como afirma Francisco Javier Lavandera.

Sí es cierto que ha existido un operativo policial para buscar explosivos en mi entorno. Yo mismo encontré a la Guardia Civil en una de las propiedades de mi padre en Cogollo y los expulsé por no tener orden de registro, por cierto. Todas las operaciones que han llevado a cabo tanto la Guardia Civil como la Policía me las comunicaba inmediatamente Manolón cuando éstas iban dirigidas contra mi persona.

P.- ¿Le dio usted a Rafá Zouhier una muestra de explosivo en Madrid en el año 2003?

R.- Todo lo referente a la entrega de una muestra de explosivo a Rafá Zouhier el día 20 de febrero de 2003 es totalmente falso. Se puede comprobar fácilmente por el movimiento de mis tarjetas de crédito y débito, como consta en el sumario. Yo no viajé a Madrid en esa fecha. Lo mismo ocurre con el detonador que les explotó en las manos. Dice Zouhier que le fue entregado en el mes de septiembre. Pero ese mes tampoco viajé a Madrid, como puede comprobarse. El juez tiene constancia de todos mis viajes durante el año 2003 a Madrid, León, Marbella y Valencia.




FURGONETA

Es ridículo que personas que disponen de grandes cantidades de explosivos, tal y como dicen de nosotros, facilitáramos una pequeña muestra de explosivo en mal estado. No íbamos a ser tan idiotas. La muestra se pudo obtener de sus amigos de Almería. Ellos iban a ir a una mina de mármol a sustraer explosivos, Goma 2, tal y como ha relatado un testigo protegido al juez instructor.

P.- ¿En la noche de su detención, o en cualquier otro momento, mencionó usted a la Policía que Jamal Ahmidan, Mowgli, conocía a los etarras que detuvieron en Cañaveras con 500 kilos de explosivos en una furgoneta el 29 de febrero de 2004?

R.- Desde el primer momento en que comenzaron las conversaciones con los agentes de Madrid y del Centro Nacional de Inteligencia, cuando me llamaron a comisaría el 17 de marzo de 2004, les comuniqué que Mowgli tenía contactos con ETA y que me había dicho en una ocasión que uno de los etarras que luego resultaron detenidos en Cañaveras era amigo suyo.

Los agentes de la Policía y del CNI tomaron nota de ello, aunque ya me hicieron expresa mención a que a ellos les interesaba implicar a los moros y dejar a ETA aparte, alegando el momento político que se estaba viviendo en España. El más interesado en implicar a los moros y dejar a los etarras aparte era el agente del CNI. Estaba en el grupo de los que me interrogaron. Era una persona de unos 45 años, con poco pelo de color negro y peinado hacia atrás. No llevaba ni bigote ni barba. Su altura era más o menos como la mía, 1,80 metros. Llevaba traje y era una persona educada y amable. Jamás pronunció su nombre ni se identificó. Fue Manolón el que me dijo que era del CNI y lo reafirmó en el careo.

ALIJO DE DROGA

P.- ¿Por qué cree usted que los etarras robaron un coche para cometer un atentado en Santander en el año 2002, precisamente en el callejón de la Travesía de la Vidriera, en Avilés, donde tenía usted el trastero?

R.- Que miembros o colaboradores de ETA tenían infraestructura en Avilés y Asturias lo puse en conocimiento de Manolón en los años 2001 y 2002. La información provenía de contactos realizados en aquella época en el club Horóscopo de Gijón. Entre esos contactos estaba Javier Lavandera y un grupo de vascos, así como un agente de la Guardia Civil. Estos mismos datos los han facilitado Nayo y un testigo protegido. No sé por qué los etarras robaron el coche en la Travesía de la Vidriera, pero no creo en las casualidades. Nada en este mundo sucede porque sí. Todo tiene una explicación y un razonamiento. Zapatero dio en su momento una versión que era la que le exigía el momento político.

P.- ¿Cuáles fueron los principales trabajos que hizo usted para la Policía?

R.- Se pueden comprobar todos los trabajos que yo hice para Manolón. En el año 2001 participé en la aprehensión de un alijo de cocaína y heroína. Entre los detenidos estaba Nayo.

En 2002 participé en la incautación del mayor alijo de pastillas de éxtasis capturado en Asturias hasta aquel momento. Ese mismo año comenzó la operación por la cual se detuvo a gente en Avilés y Valencia incautándose 180 kilos de cocaína. La operación culminó en 2003.

En ese mismo año colaboré en el seguimiento de un holandés que se dedicaba a introducir drogas de diseño en Asturias. La operación concluyó en el año 2004 con la aprehensión de una gran cantidad de speed.

Durante estos años también he aportado datos puntuales para otras operaciones a más pequeña escala.

En los años 2003 y 2004, tal y como ya he dicho, estaba participando en el seguimiento de las actividades de Mowgli y su banda con el desgraciado resultado que todos sabemos.

P.- ¿Todavía piensa usted que la Policía para la que trabajaba le va a salvar?

R.- Por supuesto que no. Se han tratado de salvar ellos. Sólo lo han conseguido a medias, porque con la Comisión del 11-M se vio claramente que todo era solamente una farsa, una puesta en escena. Nos impidieron asistir a los que más datos teníamos, a los confidentes.

P.- ¿Quien cree usted, a día de hoy, que hizo el 11-M?

R.- No pongo en duda que los autores materiales fueran musulmanes, pero seguro que recibieron ayuda externa. Es imposible que se lleve a cabo una operación de esa envergadura estando todos, absolutamente todos, controlados por el CNI, UDYCO, UCO, UCIE, por las comandancias de la Guardia Civil de Gijón y Oviedo y por la Comisaría de Avilés. Es imposible que los autores actuaran sin el beneplácito de las Fuerzas de Seguridad, teniendo como tenían seguimientos telefónicos y personales, y a confidentes infiltrados.

P.- ¿Considera que quedan temas por aclarar?

R.- Muchos. Tienen que aclararnos el tema de los explosivos, la furgoneta Kangoo, la mochila de Vallecas, la metenamina y el Skoda Fabia. Alguien debe de explicar cómo es posible que un Toyota Corolla, presuntamente cargado de explosivos, en un viaje conocido por las Fuerzas de Seguridad y con los conductores identificados de antemano, pueda atravesar la Península sin documentación, sin seguro, siendo un vehículo robado y con las placas dobladas y con un conductor con la documentación falsificada y sin carné de conducir.

P.- ¿Cree usted que Mowgli se llevó explosivos de Asturias?

R.- Lo desconozco sinceramente. No tengo información ni en un sentido ni en otro. Lo que sí queda claro a lo largo de todo el sumario es que Mowgli era un delincuente habitual, y, sobre todo, era una persona dedicada al tráfico de estupefacientes. No daba para nada el perfil de un terrorista islámico.

P.- ¿Qué hay de las tres bolsas con explosivos que llevaron en autobuses de línea tres jóvenes desde Asturias a Madrid?

R.- Lo primero que quiero dejar claro es que esos viajes estaban controlados por Manolón y que única y exclusivamente transportaban hachís. Así se lo dije al juez.

Por cierto que el viaje del Gitanillo se produjo también en el mes de enero y no a primeros de febrero, como figura en el sumario. Es sencillo de comprobar. El Gitanillo no pudo viajar a Madrid en la primera semana de febrero de 2004 porque estaba cumpliendo esos días una sentencia, la 535/03 del expediente de ejecución 645/03 con la educadora Belén Ojeda Casero en el Centro Trama, dedicado al trabajo para la integración social, situado en la Plaza de Foncalada 21, de Oviedo.

Si fuese verdad que las mochilas de esos viajes iban llenas de explosivos y si añadimos la dinamita que dicen que se llevaron de Asturias a finales de febrero se habría puesto a disposición de Mowgli una cantidad superior a los 315 kilos. Sólo se incautaron o se usaron en los atentados 210 kilos, por lo tanto sobrarían o faltarían, según se mire, 100 kilos. Según el juez, el presunto suministrador de esos explosivos sería Raúl González. Pues bien, en aquellas fechas no trabajaba en Mina Conchita, de donde dicen que se robaron los explosivos. Trabajaba en las minas de Arbodas, desde diciembre de 2003, y a estas explotaciones no llegaron las numeraciones de varias partidas usadas presuntamente en los atentados.

Por si fuera poco, las numeraciones de los cartuchos corresponden a remesas suministradas por la empresa Canela Seguridad a partir del 23 de enero y el primer viaje que se hizo en los autobuses fue el 5 de enero. De las numeraciones entre las fechas del 23 de enero al 9 de febrero solamente se han encontrado los envoltorios correspondientes a 3,444 kilos y El Gitanillo dice que transportó una bolsa que contenía aproximadamente unos 15 ó 20 kilos.

P.- ¿Cree entonces que El Gitanillo mintió al juez?

R.- Ya se han publicado en el diario EL MUNDO, y con detalle, las contradicciones en las que incurrió El Gitanillo. Dijo, por ejemplo, que yo había ido a la mina con él un día en que precisamente yo me encontraba regresando de mi viaje de novios. El Gitanillo intentó retractarse ante el juez de su primera declaración pero no se lo permitieron. Es evidente que su primera manifestación era falsa en todas sus afirmaciones. Fueron las presiones de la fiscal las que le llevaron finalmente a no cambiar su declaración.

En los viajes realizados por los tres jóvenes en los autobuses de línea se transportaba droga. Ya conté ante el juez que era una partida que devolvía a Jamal porque el material era de muy baja calidad.

MINEROS

Jamás me entrevisté en ningún lugar cercano a la mina con trabajadores de Mina Conchita. Con el único minero que mantenía relaciones era con Raúl González y ya he dicho que trabajaba en Mina Arbodas.

Aún no han podido identificar a los dos mineros con los que dice El Gitanillo que me entrevisté en Mina Conchita por la sencilla razón de que no existen. No pude entrevistarme con ellos el miércoles o jueves 25 y 26 de febrero de 2004 como dice El Gitanillo porque el 25 estaba de excursión por la isla de Tenerife y el 26 llegué a Asturias pasadas las siete de la tarde y ya era completamente de noche.

Han analizado las botas que presté a Mowgli y no han podido encontrar ni una sola muestra que pruebe que esas botas hayan estado en Mina Conchita. Lo mismo sucede con las muestras que recogieron de puntas y tornillos. No coinciden con ninguno hallado como metralla.

Es falso que me llamaran desde la mina porque allí no hay cobertura de móviles. Mowgli y sus amigos estuvieron más de dos horas parados en la localidad de Salas aquella noche del 28 de febrero de 2004 y aún nadie ha sabido explicar por qué.

Javier González, El Dinamita, no pudo acompañarme a Mina Conchita a robar explosivo puesto que jamás ha estado conmigo en Tineo y se puede probar por los BTS de telefonía móvil. Tampoco pude ir con Javier González a Madrid en Navidades en el Ford Scort, pues en aquella época ya no tenía ese vehículo. Tampoco pude ir con el Opel Calibra con los moros en el mes de febrero porque antes de aquel mes ya había vendido ese coche.

La noche del 28 de febrero yo no andaba con un Ford Scort ni en el Toyota, pues yo andaba con el Lancia que es de mi propiedad y que tiene todos los papeles en regla.

Tampoco envié a El Gitanillo a recuperar el Toyota a Madrid el 4 de marzo de 2004, ya que el coche no era mío. El que pretendía vendérmelo era Mowgli. Fui yo quien acudió a la Jefatura de Tráfico para comprobar, a finales de diciembre, la situación de ese vehículo. Al ver que figuraba como de otra persona, una mujer de Madrid, se lo devolví a Mowgli y por eso se lo llevó.

El Gitanillo, como ya he contado ante el juez, me pidió un vehículo para ir a ver a su tío en Toledo, que estaba enfermo. Yo le pagué un billete a Madrid en autobús el día 4 de febrero y le dije que llamaría a los moros para ver si le podían dejar un vehículo. Le dejaron el Toyota y fue con ese con el que tuvo el accidente, esa noche, en la carretera de Madrid a Toledo.

Después de la detención de Mowgli, yo le dejé mi coche Lancia a Javier González para que pudiera ir a Madrid a recoger al Gitanillo.

P.- ¿Pudieron ofrecerle algo al Gitanillo a cambio de que le implicara a usted?

R.- Las ofertas que pudo recibir pudieron ser múltiples. Desde sacar a su padre de la cárcel, que estaba en la prisión de Villabona, a quitarle de entrar en el centro de menores que tenía pendiente de la sentencia 535/03. Podría haber sido también una promesa económica para poder mejorar la situación familiar, que era muy precaria, Su madre estaba a punto de dar a luz. O simplemente pudieron darle un piso en propiedad y sacarlos del que viven que es de Asuntos Sociales. El Gitanillo es una persona muy vulnerable y con demasiados problemas para su edad.

P.- ¿A qué achaca que a Antonio Toro, su cuñado, no le pidan los mismos años que a usted?

R.- Es incomprensible. Si todos los relacionados en la mal llamada trama asturiana estamos acusados de transporte y tenencia de sustancias explosivas, la pena impuesta debería ser la misma para todos.

P.- ¿Trabajaba Toro para las Fuerzas de Seguridad?

R.- Estoy seguro de que no, porque cada vez que tenía un problema me llamaba a mí para que le ayudase Manolón, bien fuese en temas de coches robados o en temas de narcotráfico. Lo que no pongo en duda es que intentara negociar con la Guardia Civil en el momento en que me detuvieron a mí. Las informaciones que tenía Toro me las pasaba a mí y yo se las pasaba a Manolón. En concreto fue él quien propició el encuentro con Lavandera.

P.- ¿Es cierto, como asegura Rafá Zouhier, que usted buscaba a alguien para matar a Lavandera?

R.- Rafá Zouhier ha manipulado la información sobre la posibilidad de deshacerse de Lavandera a su manera. Lo primero es que se contradice sobre quién se lo ordenó. En el careo con el guardia civil que le controlaba dice que estábamos Toro y yo. Y en el careo con Toro dice que estábamos mi mujer y yo. Pues bien, mi mujer jamás ha estado presente en ninguna conversación transcendente y mucho menos relacionada con ningún tema ilícito.

INFORMACION FALSA

A mí me transmitió Manolón, y el subinspector Juan que iba siempre con él, que Lavandera era confidente de la Guardia Civil. Éstos son los dos policías a los que hizo referencia Rafá Zouhier. Las informaciones que pasaba a la Guardia Civil Lavandera eran, en mi opinión, falsas y nada detalladas. Estábamos al corriente de todas ellas porque me las transmitía Manolón desde el primer momento en que se enteró de que éramos investigados tanto por la Guardia Civil como por la Policía.

P.- ¿Conocía Manolón la existencia de Lavandera?

R.- En el año 2001, tal y como ya he declarado, Manolón estaba al corriente del interés de determinadas personas en la adquisición de sustancias explosivas. Se me ordenó en un primer momento mantener contactos y tenerle informado, lo que se hizo ejemplarmente. Más tarde, cuando las conversaciones ya estaban muy avanzadas y había que dar un paso importante en los contactos, pues no se podían mantener más sin aportar algo a la negociación, entonces se me ordenó directamente abortar la operación y dejarla en un segundo plano pues los temas de armas y explosivos los lleva la Guardia Civil.

Esos contactos eran con gente del País Vasco y fueron realizados en el club Horóscopo. El intermediario era Lavandera, como ha dicho Nayo desde Santo Domingo, y un testigo protegido que declaró ante el juez, tal y como consta en el auto de procesamiento. Manolón, en un careo conmigo, manifestó que nunca le había hablado de ningún Lavandero. Manifestó también que en esas fechas, en el año 2001, trabajaba con un subinspector y que habían estado repasando sus anotaciones internas y que en ninguna salía nada de Lavandero. O sea, que conservaban notas internas del año 2001 y sin embargo habían perdido [en el año 2004] las notas internas de hacía unos meses relacionadas con Mowgli y ni tan siquiera conservaban el Documento Nacional de Identidad falso de Mowgli que les proporcioné.

P.- Que usted sepa, ¿alguien de las Fuerzas de Seguridad quiere eliminar a Lavandera?

R.- Ese alguien tiene nombre y apellido y se llama Manolón. Lavandera aportaba informaciones diversas, pero les estaba estropeando los negocios paralelos que tenía la Policía. Además el propio Lavandera participaba en los negocios de armas, explosivos, drogas y prostitución. Lo que yo creo que ocurrió es que en el año 2001 cogió miedo e intentó protegerse en la Guardia Civil. Todos sabíamos cómo era y cómo actuaba Lavandera.

En 2001 financió un vehículo marca Renault Clio en Los Campos (Corvera de Asturias) presentando una nómina falsa. Por eso no pudo contestarme ante Del Olmo dónde trabajaba en el 2001 para poder financiar el vehículo. Tampoco sabe responder por qué se le dejó el Saab 9000 en el 2001 y por qué teníamos su carné de identidad. En mi declaración de junio de 2004, antes de que el nombre de Lavandera saliera en los medios de comunicación, ya se lo había dicho al juez Del Olmo con nombre y apellidos, pero nadie lo investigó entonces porque no querían abrir nuevas líneas de investigación. En el sumario hay un testimonio de un testigo protegido que pone de manifiesto la rápida evolución económica de Lavandera al conocernos a Toro y a mí.

P.- ¿Se considera usted inocente en relación a los atentados del 11-M? ¿Por qué se dejó implicar?

R.- Soy totalmente inocente. No tengo ningún motivo para participar en el atentado ni para colaborar con los islamistas. Somos de ideas políticas diferentes, de diferente religión. No se han detectado movimientos de dinero que provengan del pago de los explosivos ni se han incautado de droga alguna que pudieran haberme dado. Denuncié a los moros en el año 2003. Si no los detuvieron antes del 11-M fue por incompetencia o negligencia. Jamás participaría con ellos, ni con nadie, en nada parecido. Me implicaron, no me dejé implicar. Buscaban un chivo expiatorio para presentar a la opinión pública. Con todo esto del atentado nadie ha ganado más que el PSOE, por eso no quieren investigar la verdad de todo lo que pasó.

http://www.elmundo.es/diario/espana/2020514.html

YA ES INELUDIBLE INVESTIGAR A FONDO EL PAPEL DE ETA EN EL 11-M



EDITORIAL: YA ES INELUDIBLE INVESTIGAR A FONDO EL PAPEL DE ETA EN EL 11-M

No es la misión de un periódico sino de los jueces decir si Emilio Suárez Trashorras es inocente o culpable, pero no cabe duda de que el testimonio cuya publicación concluimos hoy tiene una relevancia informativa insoslayable y una enorme importancia para la investigación. Al margen de lo discutibles que sean algunas de sus opiniones, el asturiano aporta datos inéditos que evidencian las más aparatosas lagunas del sumario y que deberían obligar al juez a volver sobre sus pasos y a practicar nuevas diligencias.

En la primera parte de la entrevista, Suárez Trashorras denunciaba cómo la policía había tratado de orientar y manipular su declaración prometiéndole un piso, dinero e inmunidad judicial y haciéndole creer que gozaba del status de testigo protegido. Es llamativo que el objetivo de los agentes fuera la implicación de El Tunecino y Zougam, a quienes Trashorras no había visto en su vida. El primero daba el perfil de fanático religioso del que carecía El Chino. El segundo era en ese momento el único detenido por la masacre y sólo le incriminaba la tarjeta hallada en la mochila de Vallecas, manipulada probablemente en Ifema según sabemos hoy por los propios informes policiales. Sin duda los agentes que interrogaron a Trashorras aquella noche de marzo de 2004 necesitaban su testimonio contra uno y otro para apuntalar su versión de los hechos.

De lo publicado ayer, es especialmente importante también el relato que el confidente hace de su relación con Manolón y de la información detallada y constante que le suministró sobre las actividades de la banda de El Chino. Al contrario de lo que el inspector de Avilés declaró en el Congreso, su relación se intensificó en los meses previos a la masacre y Trashorras le proporcionó nombres, móviles, matrículas y hasta el DNI falso con el que Jamal Ahmidan se movía en aquellos días y que el policía dice ahora haber extraviado. Queda por saber si el confidente traficó con explosivos o si tras el equívoco término «sustancias ilícitas» se esconde sólo el hachís con el que solía trapichear El Chino. En cualquier caso, si lo hizo fue en todo momento con el conocimiento de la policía, como lo prueba el hecho de que el Toyota fuera parado hasta tres veces en su recorrido de la noche del 28 de febrero y que la dueña del coche cuya matrícula fue falseada fuera despertada por la policía a altas horas unos días antes del 11-M.

Pero siendo importante lo publicado ayer, lo es aún más lo de hoy, en la medida en que aporta datos concretos que ponen de nuevo a ETA en el centro de la trama. Trashorras reconoce que en 2001 Manolón le encargó que ofreciera explosivos a ETA, lo que encaja con los testimonios de Nayo y de Lavandera. Es posible que las Fuerzas de Seguridad intentaran entonces ponerle una trampa a la banda, pero si Toro y Trashorras tenían contactos al mismo tiempo con ETA y con el grupo de El Chino, ¿por qué no podrían unos y otros haber entablado una relación sin intermediarios?

Trashorras confirma que la noche en que fue detenido reveló a los policías que El Chino le había dicho que era amigo de uno de los etarras de Cañaveras. Sus palabras dan un nuevo relieve a la coincidencia en el tiempo de las dos caravanas y confirman los contactos de El Chino con ETA, ya apuntados en 2005 por su lugarteniente Omar. La confesión de Trashorras corrobora algo que EL MUNDO publicó meses antes de contactar con él y demuestran que es falsa la rectificación que hizo Interior entonces. Como en el caso de la manipulación de la mochila de Vallecas, el Gobierno debe explicar por qué ha mentido a los ciudadanos e investigar a fondo si ETA está o no relacionada con la masacre. Si no lo hace, será comprensible que la opinión pública empiece a asumir las tesis del inquietante personaje del CNI que aparece en el relato de Trashorras, según el cual la conexión de la banda con el 11-M no convenía al «momento político en España».

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