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martes, 15 de marzo de 2005

11-M: 'El Chino' trabajaba para un gran narco marroquí que operaba desde Marbella



11-M LA INVESTIGACION
'El Chino' trabajaba para un gran narco marroquí que operaba desde Marbella

El traficante Hicham, conocido como 'El Ciego', colocaba mensualmente toneladas de cannabis en España - Antonio Toro y Suárez Trashorras transfirieron importantes sumas de dinero a cuentas controladas por 'El Chino' en entidades con sede en la localidad malagueña - La droga sirvió para comprar la dinamita del 11-M

ANTONIO RUBIO

MADRID.-
El marroquí Hicham, El Ciego, el auténtico jefe del terrorista Jamal Ahmidam, El Chino, y del narcotraficante Lotfi Sbai, tiene su centro de operaciones en la ciudad de Marbella.Hicham, que se encuentra huido de su país porque está considerado como un enemigo de la monarquía alauí, es uno de los mayores narcotraficantes de Marruecos y abastecía de hachís, hasta hace poco, a todos los miembros de la banda de El Chino y de Lotfi.Hicham, que ha salido a la luz pública después de que Lotfi Sbai hablara de él en la Audiencia Nacional, también utiliza Marbella como punto de refugio y de inversión de los beneficios que consigue por la venta de hachís.

Según ha podido saber EL MUNDO, El Ciego es originario de Casablanca y, además, es el auténtico cabecilla de Jamal Ahmidan -que se inmoló el 3 de abril en Leganés-, Lotfi Sbai -detenido por narcotráfico e imputado en el 11-M por su presunta vinculación con las armas que tenía El Chino- y Mohamed Rida -lugarteniente de Sbai, arrestado en mayo por tráfico de hachís-.

Además, El Ciego era también el jefe de Abdelilah el Fuad -detenido el mes de abril en Ceuta por sus relaciones con El Chino y por haber estado en la casa de Morata de Tajuña- y del marroquí Yassim, gran amigo de Carmen Toro y Emilio Suárez Trashorras.

La ciudad de Marbella ya salió relacionada con el hachís y con algunos miembros del 11-M el pasado mes de julio. El confidente Rafá Zouhier reveló que Antonio Toro y Emilio Suárez Trashorras enviaban periódicamente importantes cantidades de dinero a unas determinadas cuentas bancarias de aquella ciudad. Esas cuentas estaban controladas por El Chino y sus socios.

Zouhier también reveló que El Chino tenía su cuartel general en Marbella y que allí cambiaban por droga los vehículos robados por los asturianos y otros. Mohamed Rida, lugarteniente de Lotfi Sbai, también trabajaba y preparaba sus envíos desde la capital de la Costa del Sol.

El Ciego, como conocían sus allegados a Hicham, proveía a todo ese grupo del mejor hachís de Marruecos. Sbai era un personaje importante dentro de la estructura de Hicham y se encargaba de almacenar y distribuir la mercancía en Madrid y el País Vasco.

Sbai, que según Zouhier facilitó armas a El Chino, llegó a controlar o disponer de más de siete pisos y locales comerciales por todo Madrid.

Hicham, que fue apodado con el alias de El Ciego por sus allegados porque lleva unas gafas con bastantes dioptrías, es un hombre discreto, de 35 años, alto, fuerte y entrado en carnes.

Una de sus principales virtudes, según las pocas personas que lo conocen, reside en que es muy cuidadoso en todos los asuntos que trata. «No duerme dos noches seguidas en el mismo sitio y suele utilizar hoteles de tres o cuatro estrellas, donde se presenta siempre con documentación falsa. De esa forma no llama la atención», comentó a EL MUNDO una de las pocas personas que ha tenido la ocasión de encontrarse y tratar con el auténtico jefe de El Chino y Lotfi.

En un auto del juez Juan del Olmo, de fecha 19 de julio de 2004, se recogía que «existe una conversión o transformación de personas integradas en redes delincuenciales comunes en directos implicados en actuaciones terroristas».

El magistrado de la Audiencia Nacional iba aún más lejos cuando indicaba que los autores materiales de los atentados traficaban con drogas, documentos falsos y vehículos robados, y que todas esas ganancias sirvieron para financiar y organizar el 11-M.

Hicham, El Ciego -que durante unos años estuvo considerado como uno de los hombres más poderosos de su Casablanca natal- coloca, mensualmente, toneladas de hachís en España. Para ese tráfico, el marroquí dispone de camiones trailers y de embarcaciones rápidas que trasladan, con suma facilidad, la mercancía desde la zona rifeña de Ketama a nuestro país.

Marbella 'connection'

Se da la circunstancia de que Hicham suele frecuentar y moverse muy bien por la ciudad de Marbella. Allí también solían operar Lotfi Sbai, Jamal Ahmidam, El Chino, y Mohamed Rida.

El juez Del Olmo también planteaba en ese mismo auto que la célula que había llevado a cabo los atentados del 11-M había sido «total o parcialmente» desmantelada. Sin embargo, el magistrado reconocía que esas células podían ser sustituidas por otras de apoyo: «Podría generarse una actitud de sustitución por parte de esas iniciales células de apoyo ante la caída de la célula operativa».

Los expertos policiales y de los servicios de inteligencia españoles consultados por este periódico están de acuerdo en que «todavía existen células durmientes que se podrían transformar en activas en cualquier momento».

Pero lo más importante, y donde coinciden ambos servicios de Inteligencia, es en que «esas células se siguen financiando mediante actos delictivos y, en especial, del tráfico de hachís que viene de Marruecos».

En una serie de documentos localizados por la policía en uno de los últimos domicilios que tuvo Lotfi Sbai en Madrid se refleja quiénes eran sus colaboradores, lugartenientes o clientes en el mundillo del tráfico de hachís. La mayoría de ellos es de origen marroquí y está vinculada con el mundo de la noche y los porteros de discotecas.

La relación de colaboradores y socios, que asciende a un total de 26 personas, está encabezada por Karate, y, en quinto lugar, aparece El Chino. El número más importante de esos 26 colaboradores vive y se mueve por las zonas madrileñas de Lavapiés y Vallecas.

Una de las personas que aparece en el listado de Lotfi Sbai, con nombre español, vive en la localidad de madrileña de Valdemoro y, además, es amigo del guardia civil Pedro García. Ese miembro del Instituto Armado, según declaró el confidente Zouhier en la Audiencia Nacional, facilitó armas a Lotfi Sbai. Así, según la policía, todo el hachís del que disponía Sbai procedía de los cargamentos que enviaba Hicham, El Ciego, desde Marruecos.

Los narcotraficantes suelen colocar sobre cada fajo de hachís una marca o señal, a semejanza de como se hierra el ganado, para saber, en caso de pérdida, de quién es cada cargamento.

Más caro en el norte

Hicham, El Ciego, según se refleja en el estadillo que tenía Lotfi Sbai, solía trabajar fundamentalmente con dos tipos o calidades de hachís: New y DH.

Según los expertos consultados por este periódico, la modalidad New, que era la que solía vender El Chino, es de una calidad media. Y la DH, que era la más baja o de peor calidad, la trabajaba el amigo del guardia civil Pedro García.

Un kilo de hachís de la calidad DH puede costar en Madrid unos 600 euros. Ese precio se incrementa cuando la mercancía sale de la capital de España en dirección al norte. En el País Vasco ese mismo kilo alcanza los 800 euros.

Mohamed Rida, lugarteniente de Lotfi, un tal César y El Chino -según las notas que obran en poder de este diario- eran los mejores compradores o distribuidores del hachís que Hicham, El Ciego, traía para Lotfi Sbai.

Sbai, que fue detenido en los primeros días del mes de mayo de 2004, solía frecuentar la zona norte de España, incluido el País Vasco. Existen pruebas documentales y gráficas de algunos de los viajes de Lotfi a lugares de San Sebastián y Vitoria.

Entre los colaboradores de Lotfi Sbai, y según consta en el listado del marroquí, estaba Yassim. Ese magrebí era muy amigo de Carmen Toro y de Emilio Suárez Trashorras, imputados por vender Goma 2 a los terroristas de Lavapiés.

Existen unas fotos, que están depositadas en la Audiencia Nacional, donde aparecen, amistosamente abrazados, Yassim y Carmen Toro.

Según las personas que mejor lo conocen, Hicham, El Ciego, sólo tenía una debilidad: «Cada vez que venía a Madrid solía visitar unos chalés que hay cerca del estadio Santiago Bernabéu y allí se pasaba la tarde en compañía de algunas señoritas».

Este periódico también ha podido saber que, en los últimos años, Hicham, El Ciego, mantuvo muy buenas relaciones con la mafia marsellesa.



El dinero del hachís

Durante muchos años, las guerrillas suramericanas, especialmente las colombianas, utilizaron el tráfico de cocaína como principal sistema de financiación. Ahora se puede decir que parte de los islamistas radicales de la zona del Magreb se sirven del tráfico de hachís para llevar a cabo sus atentados en Europa.

Ese hachís de Ketama, que se cultiva en la zona alta del Rif marroquí, entra y llega a Europa a través de España.

Los expertos policiales antidroga consultados por EL MUNDO calculan que cada día los narcos marroquíes cuelan por las costas andaluzas una tonelada de hachís como mínimo.

Esta tonelada, puesta en Europa, tendría un precio aproximado a los tres millones de euros. Los expertos antidroga calculan que por España pasa el 65% del hachís marroquí que va hacia el continente.

Los servicios de Vigilancia Aduanera y las Fuerzas de Seguridad españolas reconocen que ellos sólo alcanzan a decomisar una pequeña parte de todo el hachís que entra en nuestro país procedente de Marruecos.

Las estadísticas del Plan Nacional sobre Drogas han demostrado que el hachís ha sido la única droga que ha mantenido una progresión ascendente en los últimos años, tanto en ventas como en decomisos.

De esa forma, es fácil seguir utilizando esta droga para financiar atentados terroristas.

Editorial en página 3

EDITORIAL
PARAISOS FISCALES, MAFIAS ORGANIZADAS

Jesús Gil puso en marcha la maquinaria policial de Marbella para acabar con la inseguridad y la delincuencia en las calles pero cerró los ojos a las mafias organizadas, que encontraron un refugio seguro en la ciudad andaluza para blanquear el dinero de sus actividades delictivas.

De aquellos polvos, vienen estos lodos. La investigación de la Policía Nacional, que comenzó hace año y medio, ha descubierto la punta del iceberg de una red de lavado de dinero negro que pasaba por el bufete del abogado chileno Fernando del Valle, que administraba capitales de EEUU, Rusia, Gran Bretaña y otros países europeos.

Según los datos que se han filtrado del sumario, Del Valle creaba sociedades radicadas en paraísos fiscales como Gibraltar, a las que eran transferidos activos inmobiliarios, fondos, acciones y dinero en efectivo procedentes de actividades delictivas o del mundo de la droga. No es, con toda seguridad, el único bufete de Marbella que presta este tipo de servicios, pero sí el más importante, ya que los investigadores hablan ya de sumas blanqueadas superiores a los 500 millones de euros.

Uno de los clientes de Del Valle era la petrolera Yukos, que presumiblemente utilizó a este abogado para pagar comisiones o desviar importantes sumas hacia dirigentes políticos que se han hecho ricos por sus favores. De ahí la resonancia que este caso ha tenido en Rusia.

La libertad de movimientos de capitales, la globalización y las nuevas tecnologías permiten mover grandes cantidades de dinero en muy pocos segundos. Es muy difícil fiscalizar estas transacciones, pero si las mafias han elegido Marbella y su entorno como centro de operaciones es por la sensación de impunidad y por la falta de controles. Marbella, además, ha contado con la ventaja adicional de la cercanía a Gibraltar, donde están inscritas muchas de las sociedades que manejan estos delicuentes.

EL MUNDO revela hoy que Hicham El Ciego, uno de los mayores narcotraficantes marroquíes, operaba en Marbella, donde invertía los beneficios de sus fechorías. El Ciego había reclutado a Jamal Ahmidan El Chino, miembro del comando de Lavapiés, para que vendiera el hachís suministrado por su jefe. El Chino tenía cuentas en Marbella.Y se sabe que la droga que le proporcionaba El Ciego -con vínculos en Casablanca- sirvió para comprar la dinamita utilizada en la masacre del 11-M. Otra razón más para investigar ese entramado financiero que presta cobertura a distintos tipos de delincuencia.

Fiscales de media docena de países van a viajar a la Costa del Sol en los próximos días para conocer las ramificaciones de la red y recabar datos que les permitan indagar la trama urdida por Del Valle. No será fácil llegar hasta el final, ya que, como ha sucedido en casos como Ibercorp y Gescartera, la identidad de los propietarios del dinero negro se oculta en paraísos fiscales donde la ley protege el secreto bancario.

Uno de los grandes anacronismos de nuestro tiempo es la existencia de esos paraísos, con los que se podría acabar si EEUU y la UE adoptaran una firme política disuasoria, sancionando a quienes se niegan a colaborar con la Justicia.


domingo, 13 de marzo de 2005

CARTA DEL DIRECTOR | PEDRO J. RAMÍREZ: «Eppur si muove»



CARTA DEL DIRECTOR PEDRO J. RAMÍREZ:
«Eppur si muove»

En los días felices en que gozaba de la protección de la Florencia de los Medici la obsesión de Galileo era que se fabricara el mayor número de telescopios para que el mundo entero pudiera compartir sus descubrimientos astronómicos. Y cuando a uno de esos despectivos filósofos de la Universidad de Pisa que siempre rehusaron mirar por el maldito chisme por miedo a ver algo que alterara su noción preconcebida del universo le llegó la hora de la muerte, no se le ocurrió otra forma de expresar su pésame que la de desear que el finado descubriera en su camino hacia el cielo las estrellas que se había negado a contemplar desde la Tierra.

Se ha dicho que la verdad es para el entendimiento humano lo mismo que la música para el oído o que la belleza para la vista.Y por propia experiencia puedo añadir que su mera búsqueda es ya de por sí una inagotable fuente de felicidad intelectual.Por incierto que sea su destino y desenlace, quienes hemos probado el veneno de ese viaje nunca abandonaremos el barco de la duda ni arriaremos la vela de la indagación, pues no hay nada equiparable en la vida a la satisfacción de descubrir y divulgar la morfología de una tierra ignota.

Un año después de la masacre que cambió la Historia de España el estado de la cuestión sobre el 11-M se parece bastante al de la pugna que mantenían a comienzos de aquel siglo XVII la inmensa mayoría de partidarios de la ortodoxia etnocentrista, proclamada por Ptolomeo y Aristóteles, y el puñado de herejes que, siguiendo el surco abierto pocas décadas antes por el clérigo polaco Nicolás Copérnico, sostenían que el Sol y no la Tierra era el eje sobre el que giraba todo el universo.

Mientras los primeros, arropados por el poder fáctico de la Iglesia, mantenían una idea cerrada del mundo en la que el remedio final para cualquier inoportuna incongruencia era la apelación a las Sagradas Escrituras -Jehová había ordenado que se detuviera el Sol para que Josué pudiera dar cumplida cuenta de los enemigos de Israel-, la minoría disidente admitía que no entendía por qué pasaban muchas cosas, pero subrayaba que sólo podían pasar si era la Tierra la que se movía. Por ejemplo, las mareas, las estaciones o las fases de la Luna.

Frente al esquema hermético que convierte al terrorismo islámico, espoleado por la impopular política de Aznar sobre Irak, en el único principio, itinerario y fin de la conspiración del 11-M, un puñado de inconformistas alegamos que, aun no sabiendo qué es lo que de verdad ocurrió, sólo una trama más compleja puede dar encaje a evidencias que no estamos dispuestos a amortizar como meras expresiones del azar. Por ejemplo, la pretensión de los asturianos de montar bombas con móviles desde 2001, el robo del coche de ETA en el callejón de Trashorras, o las múltiples vinculaciones de los implicados con la Policía, la Guardia Civil y el Reino de Marruecos.

De la misma manera que el Papado, los príncipes cristianos y la cátedra del momento defendían la visión de un mundo plano e inmutable en el que el carro del sol recorría la bóveda del celeste, el Gobierno, la mayoría de los grupos parlamentarios y, por desgracia, un juez instructor que huye de las complicaciones como del agua hirviendo están avalando ahora una versión estereotipada y monolítica en la que para que todo encaje, cuando no saben algo se lo inventan. Y, por supuesto, el papel de la Inquisición persiguiendo al disidente lo cumple a la perfección la policía del pensamiento periodístico organizada por el grupo Prisa.

La doctrina oficial sobre el 11-M es una explicación superficial y rudimentaria que, en definitiva, remite todas las decisiones clave sobre la obvia intencionalidad política de lo ocurrido al reino de las sombras de ese terrorismo al que se apellida «internacional» para desligarlo incluso de sus raíces concretas más incómodamente cercanas. Sólo desde ese limbo en el que se hace abstracción hasta de lo más tangible puede comprenderse la presencia del rey de Marruecos en los actos del primer aniversario de la matanza, pues incluso si dejáramos a un lado los indicios de que los servicios de Rabat como mínimo sabían lo que estaba en marcha, quedaría la responsabilidad de su régimen al crear las condiciones objetivas de miseria, ignorancia y fanatismo en las que germina el integrismo islámico.

Es inaudito que Zapatero haya celebrado el nivel de cooperación antiterrorista de Marruecos cuando nuestra policía ni siquiera ha recibido aún respuesta a su solicitud de información sobre el tipo de explosivo utilizado hace dos años en los atentados de Casablanca, a pesar de sus concomitancias con el 11-M. E inaudito es que el juez Del Olmo se conforme con las explicaciones marroquíes sobre las andanzas del mismo Mohammed Hadad a quien testigos presenciales sitúan en uno de los trenes el día del atentado y que ahora alega tener una coartada en Tetuán, en lugar de reclamar su entrega o al menos su interrogatorio mediante comisión rogatoria.

En todo caso el abismo cultural, político y económico en el que se halla sumido un país cuya renta per cápita es 16 veces más baja que la española -la mayor diferencia del planeta entre dos estados fronterizos- es el mejor caldo de cultivo imaginable para que proliferen las vocaciones a morir matando por Alá. Parece mentira que un Gobierno tan de esa izquierda avant la lettre que siempre que mira a Palestina culpa a Israel, y por extensión a Estados Unidos, de estar generando las circunstancias materiales que empujan a los jóvenes de Hamas o Fatah hacia el terrorismo, agasaje complacientemente al principal responsable de ese atraso marroquí que tanto amenaza a nuestra seguridad. Una cosa es que el antagonismo de los últimos años de Aznar debiera dar paso a una relación más realista y correcta, y otra blanquear a Mohamed VI incluso de sus responsabilidades políticas respecto al auge de un integrismo que se engendra allí y asesina aquí.

Pero las perplejidades e incertidumbres van mucho más allá de la cuestión marroquí. Galileo dedicó 10 años de su vida a escribir el Diálogo en el que sometió a contraste el sistema de Ptolomeo con el de Copérnico. Aunque sus preferencias y convicciones estaban claras, tanto para dar una apariencia de distanciamiento intelectual como para tratar de burlar la censura de la Inquisición optó por camuflarlas bajo la apariencia de un debate entre tres personajes encerrados durante cuatro jornadas en un palacio veneciano para discutir sobre la estructura del universo. Ese era el sentido de nuestra Comisión de Investigación parlamentaria: servir de marco institucional al toma y daca argumental entre la visión lineal del 11-M auspiciada por el PSOE y sus aliados y la interpretación abierta y compleja a la que se ha aferrado el PP con el ahínco con que un náufrago agarra el último tablón.

De igual forma que el Diálogo de Galileo establecía las premisas de ambos bandos, permitía profundizar en los respectivos argumentos y explicitaba los escollos lógicos de cada discurso -sólo el movimiento de la vasija podía explicar las mareas, alegaba el portavoz de los copernicanos; ¿pero si la Tierra era redonda por qué los océanos no se vertían durante la rotación?, replicaba su antagonista aristotélico-, así las sesiones de la Comisión del 11-M nos habían permitido identificar la agenda de la discusión.Millones de españoles estaban formando su criterio sobre si el Gobierno del PP mintió en el intervalo entre la masacre y las urnas, sobre si la oposición manipuló el sentimiento popular, sobre si los islamistas contaron con otras complicidades y muy especialmente sobre si hubo sectores de las fuerzas de seguridad que pudieron evitar los atentados y por negligencia u otros motivos peores no lo hicieron.

El cierre en falso de la Comisión, ejecutado a cámara lenta desde la comparecencia de Zapatero en diciembre -llegó el comandante y mandó parar-, equivale al bloqueo por la Inquisición de la difusión de la obra de Galileo. Cuanto mayor sea la perspectiva más irracional resultará el aborto de esta labor indagatoria sin tan siquiera haber escuchado a quienes como Zouhier, Lavandera, Campillo o Nayo estuvieron en el teatro de los hechos y han mostrado su disposición a cooperar en su esclarecimiento. O sin tan siquiera haber hecho ni la más tímida tentativa de aclarar las significativas contradicciones en las que incurrieron algunos mandos policiales durante sus comparecencias. Unase a ello la vergonzosa inhibición del juez instructor y desembocaremos en la inquietante circunstancia de que la investigación de lo que en definitiva es la madre del cordero del 11-M, es decir la trama de los explosivos, haya quedado en las exclusivas manos de una Fiscalía tan supeditada como siempre a la conveniencia del Ejecutivo.

Ni siquiera Pilar Manjón, tan a la medida de las necesidades del Gobierno en casi todo lo demás, ha podido soslayar este bajonazo.En definitiva cualquier persona a quien le importe el descubrimiento de todo lo ocurrido tendrá que admitir, sea cual sea su ideología, y al hilo de nuestras últimas pesquisas, que hoy por hoy no conocemos ni, por supuesto, quién decidió que se cometiera una masacre en Madrid 72 horas antes de las elecciones generales, ni de dónde salió la dinamita que explosionó en los trenes, ni en qué lugar, quién y cómo montó las bombas con los móviles. Respecto a esto último sólo contamos, a modo de indicio, con la conclusión de Pedro el Tedax, el hombre que se jugó el pellejo al desactivar la mochila bomba de Vallecas: quien lo hizo era un profesional.Y, por lo que se sabe, ninguno de los detenidos o suicidados reunía tal condición.

El miércoles 22 de junio de 1633, vestido con un sayal blanco como su faz demudada, en el convento dominico de la Minerva de Roma un anciano y achacoso Galileo Galilei fue obligado a firmar, de rodillas, el escrito de retractación de sus ideas. Los historiadores más rigurosos dudan que en aquel contexto osara murmurar al levantarse la famosa frase -«Eppur si muove», «Y sin embargo se mueve»- que tanto ha contribuido a inmortalizar su figura. Pero no cabe duda de que lo pensó, pues aquel arrepentimiento no fue sino el fruto de un pacto para evitar males mayores.

Cuatro siglos de civilización occidental no han pasado en balde y, afortunadamente en la España de ZP no parece que a los inconformistas heterodoxos se nos vaya a obligar como a Galileo ni a abjurar de nuestras dudas ni a renunciar a la expresión pública de nuestras conjeturas. Los nuevos inquisidores creen que bastará con el ostracismo social. Pero no tienen, sin embargo, en cuenta que así como Galileo murió nueve años después de aquello sin que la verdad hubiera resplandecido -falleció en enero de 1642, 11 meses antes del nacimiento de Isaac Newton quien con su descubrimiento de la ley de la gravedad lograría encajar cada pieza en su sitio-, aquí y ahora las cosas no tienen que ir necesariamente tan despacio.

pedroj.ramirez@el-mundo.es

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