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jueves, 11 de noviembre de 2004

11-M: LA CINTA DE CANCIENES/ La Trama Asturiana/ General Laguna/ Tirar de la manta/ Bombas con móviles/ Operación Serpiente



EDITORIAL
LA CINTA DE CANCIENES Y LOS LACIOS GALONES DEL GENERAL LAGUNA

Este periódico publica hoy la transcripción íntegra de la conversación que mantuvieron en el verano de 2001 el confidente Lavandero y un agente de Información de Gijón llamado Campillo. Su lectura pone los pelos de punta. No sólo es la prueba definitiva de que efectivamente el confidente avisó a la Guardia Civil de que Trashorras y Toro traficaban con Goma 2 y buscaban a alguien «que supiese montar bombas con móviles», sino que además aporta un nuevo dato, igual de estremecedor. El confidente también avisó de la intención de los asturianos de «marchar para Marruecos» en cuanto Toro saliera de la cárcel por la operación Pípol: «Ya lo tienen todo preparado para dirigir la cosa desde allí». Si, como todo indica, esa «cosa» era un atentado como el 11-M, cabría preguntarse qué ventaja podía tener organizarlo desde Marruecos. Una hipótesis es que, antes del 11-S, ya tuvieran contactos con núcleos islamistas.Más verosímil, sin embargo, es que en Marruecos tuviesen la protección y el apoyo para desarrollar sus planes.

En todo caso, ni ésta ni otras incógnitas pudieron en su día ser aclaradas porque la Guardia Civil y la Policía actuaron con una negligencia que produce vértigo. Dos sindicatos policiales pidieron ayer la «inmediata suspensión cautelar» en sus funciones del general Laguna y de su sucesor interino en la comandancia de Asturias, Fernando Aldea. Además denunciaron presiones a los agentes que se empeñaron en que la cinta llegara a la luz pública y que, como el propio Campillo, son quienes realmente representan el honor de la institución.

La comparación de la literalidad de la transcripción de la cinta con lo que declararon Laguna y Aldea ante la Comisión del 11-M debe desembocar, como mínimo, en la apertura de un expediente disciplinario. Ambos mandos se escudaron en la Policía, dando a entender que ésta se hizo cargo de la operación Serpiente aunque sabían perfectamente que no era cierto. Lavandero se lo había dejado claro a Campillo: «Fui a la Policía. La verdad es que me tomaron a coña. Sí, sí, todos de cachondeo riéndose». Asimismo, ambos infravaloraron la trascendencia de la información que recibieron.Aldea aseguró que se hablaba de tenencia «pero no de venta ni de tráfico» de explosivos, cuando lo cierto es que Lavandero había relatado con detalle cómo un día Trashorras le dijo que tenía que deshacerse de 400 kilos de Goma 2 «urgente», y como unos días después ya había colocado 200. Laguna, por su parte, afirmó que nunca recibió «denuncias de mineros que llevaban explosivos».¿O no sabía que Trashorras era minero? También dijo que la operación se abandonó porque el confidente era contradictorio y «parecía que les engañaba», descripción que no encaja para nada con la actitud sincera que éste demuestra en su conversación con Campillo.

Anoche, la dirección general de la Guardia Civil hizo pública una nota tan lamentable como inverosímil en la que viene a responsabilizar de la falta de resultados de las investigaciones tanto al agente Campillo -al que reprocha no haber incluido la expresión «bombas con móviles» en su informe- como al confidente Lavandero, al que atribuye falta de colaboración. Desde luego, cualquiera que lea las transcripciones no sacará esas mismas conclusiones de la actitud de ambos. Queda por explicar, además, por qué las cintas sólo se van a remitir ahora al juzgado, 25 días después de que fuera entregada a los mandos de la Guiardia Civil.

En todo caso, resulta inaudito que Laguna no actuara para desbaratar la trama asturiana del 11-M cuando él mismo ha reconocido que se enteró de las denuncias de Lavandero en febrero de 2003. Es decir, cuando ya conocía las de Nayo sobre la venta de explosivos a ETA por parte de los mismos Toro y Trashorras, y poco antes de saber por la UCO de las de Zouhier. Con esta trayectoria, resulta imposible entender, primero, que Laguna haya sido ascendido tras el 11-M y, segundo, que hoy siga luciendo esos galones de general, tan súbitamente lacios.

LA TRAMA ASTURIANA DEL 11-M
«Tirad de la manta hasta que salga todo»

PATRICIA DEL GALLO. Corresponsal

OVIEDO.-
Tensa calma es lo que se respiraba ayer en los cuarteles de la Guardia Civil de Gijón y Cancienes tras la revelación de EL MUNDO de que en éste último había aparecido una casete en la que se demostraba que el cuerpo conocía desde 2001 el interés de Toro y Trashorras por montar bombas con móviles.

Los agentes releían las primeras páginas del diario sin darle aparentemente importancia. «Leemos todo lo que habla de nosotros y ya no nos sorprende nada». Sin embargo, el Sindicato Unificado de la Guardia Civil afirmaba que, desde ayer, en este cuartel «llueven chuzos de punta».

Y es que para los agentes de este pueblo asturiano no hay tregua.Primero se vieron asombrados por las revelaciones de una cinta que hablaba de los planes delictivos de Toro y Trashorras, más tarde vieron perplejos cómo sus mandos no hacían alusión al tema en su comparecencia ante la Comisión del 11-M, y ahora se ven sometidos a una caza de brujas.

Ayer, altos mandos de la Guardia Civil asturiana mantuvieron reuniones en Gijón y Oviedo, «no para depurar responsabilidades, sino para encontrar a quien ha filtrado la existencia de esa cinta».

«Tienen ganas de matar al mensajero». Así de contundente era el comentario de algunos miembros del sindicato. Desde ayer, todos los agentes de Cancienes están sometidos a una «gran presión», porque «saben que no pararán hasta que den con el que ha dejado a los mandos con el culo al aire».

El sindicato, que ratificó la información aparecida en EL MUNDO, sostiene que «alguien ha mentido en sus declaraciones ante una Comisión de Investigación y quizá por eso le daban mareos, porque sabía lo que se le venía encima».

Un ambiente similar se respiraba por la mañana en la comandancia de Gijón. «Hoy todos hablan de lo que publica el periódico, pero no sabemos nada; y aunque lo supiéramos, tampoco podríamos decirlo, esto es la Guardia Civil». Eso sí, bastaba una simple frase: «Vosotros seguid tirando de la manta hasta que salga todo».

Unos dicen que se ha demostrado que en la Guardia Civil «hay indicios de falta de profesionalidad». Otros van más allá: «En un cuerpo como éste, donde prima el honor, éste ha caído por los suelos».

Ahora algunos miembros del Instituto Armado esperan represalias con todo el que sepa algo sobre la cinta. «Se cortarán cabezas, pero porque esto haya salido a la luz, no porque, de haberse investigado a tiempo, se habría evitado una masacre como la del 11-M».

LA TRAMA ASTURIANA DEL 11-M / LAS REACCIONES
La Guardia Civil asegura que hasta ayer no supo que pretendían hacer bombas con móviles


MADRID.- La Dirección General de la Guardia Civil difundió a última hora de ayer un comunicado en el que asegura que el agente de Información Jesús Campillo realizó una transcripción incompleta de la cinta que grabó al confidente Lavandero. Añade que en la transcripción se omitía la referencia a que Trashorras le había preguntado si conocía alguien «que supiera montar bombas con móviles».

Según la Guardia Civil, una vez que se ha vuelto a escuchar la cinta han podido comprobar esta información. La nota -que da los nombres completos tanto del guardia civil de Cancienes que encontró la cinta como del confidente- reconoce que hasta ayer no se dio orden de enviar la cinta a la Audiencia Nacional pese a que el guardia la entregó a sus mandos el pasado 16 de octubre.

Este es el texto de la nota:

«La Dirección General de la Guardia Civil, ha ordenado hoy investigar con carácter urgente las circunstancias que rodean a la grabación realizada en agosto de 2001 por el agente Jesús Campillo Veiga.De acuerdo con las primeras informaciones recibidas en la tarde de hoy por el director general, esta cinta fue encontrada a mediados del año 2003 por el guardia del puesto de Cancienes (Gijón) [sic], David Robles Ramos, en el interior de un cajón de una mesa que había pertenecido al Servicio de Información de la Comandancia de Gijón.

La cinta fue grabada el 28 de agosto de 2001 por Jesús Campillo Veiga, del Servicio de Información de la Comandancia de Gijón, durante una entrevista con Francisco Javier Lavandero, quien dos días antes había realizado una llamada telefónica al COS de la Comandancia ofreciendo información sobre explosivos.

De esta cinta al día siguiente, el mismo agente realiza una única transcripción que obra en la misma Comandancia y que, al parecer, podría estar incompleta. El 16 de octubre de 2004 el guardia David Robles entrega la cinta a sus superiores. El Jefe de la Comandancia ordenó su escucha y su custodia.

En agosto de 2001 en esta grabación, según las informaciones remitidas al director general, F. Javier Lavandero asegura que alguien que se identificó como socio de Antonio Toro le señaló que quería deshacerse con urgencia de 400 kg. de Goma 2. Previamente, Antonio Toro le había enseñado en el maletero de un vehículo entre 40 y 50 kilos de Goma 2. Entonces decidió contárselo al Cuerpo Nacional de Policía. Posteriormente, se entera de que Toro ha sido detenido en el marco de la operación Pipol, en la que se incautaron drogas y explosivos y en la que fueron detenidas otras 20 personas.

Como consecuencia de la entrevista, entre septiembre y octubre de 2001 la Guardia Civil trató de identificar a los componentes del grupo de Antonio Toro y no se alcanzó ningún resultado, pues faltó la colaboración de Lavandero, quien alegó no haber vuelto a ver a ninguno de ellos, presuntamente detenidos en el marco de la operación citada anteriormente.

Se realizaron vigilancias durante estos meses en un establecimiento de compra-venta de vehículos usados y de importación situado en la localidad de Piedras Blancas. Apenas se constató actividad alguna porque los principales promotores fueron detenidos en la misma operación del Cuerpo Nacional de Policía. Durante ese tiempo se investigó a siete personas y se efectuaron diferentes seguimientos.

En noviembre de 2001 se decide finalizar el operativo, dado que las investigaciones se encontraban en punto muerto y que el CNP ya había incautado drogas y explosivos en la citada Operación Pipol.

En la información facilitada hoy, se asegura que escuchada nuevamente la cinta Lavandero dice: «Me preguntaron que si había alguien que supiera montar bombas con móviles». Esta expresión no aparece en la transcripción realizada por el guardia entrevistador el 29 de agosto de 2001.

La Dirección General de la Guardia Civil ya ha dado las instrucciones oportunas para que sea remitida la documentación concerniente (incluida la cinta) al juzgado central de instrucción nº 6 de la Audiencia Nacional».


LA TRAMA ASTURIANA DEL 11-M / LAS REACCIONES
Asociaciones de guardias civiles piden que se investigue a los mandos de Asturias

Exigen a Interior y a los tribunales que aclaren qué pasó con la cinta que Información grabó en 2001 - Denuncian que se está presionando a los agentes que escucharon la grabación y a sus familiares

FERNANDO LAZARO

MADRID.-
Asociaciones de la Guardia Civil exigieron ayer con contundencia investigaciones, tanto a nivel político como judicial, para esclarecer posibles actuaciones irregulares en torno a la cinta que grabó la Guardia Civil en 2001 de la que se deduce que Antonio Toro y Emilio Suárez Trashorras intentaban montar bombas para activarlas por móviles, como las utilizadas en el 11-M.

Así, la mayoritaria Asociación Unificada de la Guardia Civil pidió la suspensión cautelar de funciones para los oficiales de Asturias que presuntamente tuvieron conocimiento de la existencia de esta grabación y no le dieron el cauce adecuado.

La AUGC indica que «de confirmarse la existencia de una cinta que demuestra que el personal de Información de la comandancia de Gijón tenía conocimiento de la implicación de Antonio Toro y de Emilio Suárez Trashorras en la venta de explosivos desde 2001, se pondría de manifiesto que el general Laguna, y el teniente coronel Fernando Aldea, jefe de la comandancia de Asturias, mintieron ante la Comisión parlamentaria o, en el mejor de los casos, ocultaron información trascendente que, indudablemente, dadas sus responsabilidades en aquellos momentos, tenían necesariamente que conocer».

La AUGC reclama al Ministerio del Interior «la inmediata suspensión cautelar de sus funciones al general Laguna, al teniente coronel Fernando Aldea, y al capitán José Antonio Bermejo, que ocupan directa y superior posición jerárquica sobre los guardias de Cancienes». «Miembros de este puesto y algunos familiares se han puesto en contacto con esta asociación y nos han trasmitido su inquietud, nerviosismo y preocupación. Hay constancia ya de presiones sobre estos guardias. Presiones encaminadas a dificultar la investigación de los hechos publicados y, en concreto, la existencia de la cinta magnetofónica citada».

Por su parte, la Unión Profesional de Guardias Civiles (UPGC) también reclama un «profundo esclarecimiento por parte de Interior en lo concerniente a las posibles negligencias en que pudieran haber incurrido los máximos responsables de la Guardia Civil en Asturias».

«Negligencia»

Considera que, «cuanto menos», ha existido negligencia por parte de estos mandos «en el ejercicio de sus funciones». «El respeto y memoria de las víctimas exige la urgente adopción de cuantas medidas sean precisas para esclarecer los comportamientos de quienes velan por la seguridad de la sociedad».

«Con independencia de la investigación interna, desde la UPGC entendemos que los hechos publicados requieren la inmediata apertura de una investigación judicial pues, indiciariamente, pudieran haber incurrido en supuestos constitutivos de ilícitos penales, ya que tanto el entonces coronel y en la actualidad general Laguna, como el teniente coronel Aldea, jefe de la comandancia de Oviedo, presuntamente mintieron u omitieron información trascendente».

Desde los partidos políticos, el PP coincidió en que algunos mandos no contaron todo lo que sabían a la Comisión de Investigación, informa Agustín Yanel. El diputado popular Vicente Martínez-Pujalte reclamó que, con carácter urgente, la cinta, «de extraordinaria importancia», sea remitida a la Comisión. Por contra, el diputado socialista Victorino Mayoral, además de decir que hay quien intenta «interferir» en la Comisión, acusó al PP de estar «soltando muchos conejos por ahí para ver si la gente se despista y coge un camino equivocado, pero todos los datos demuestran lo que pasó en España».


LA TRAMA ASTURIANA DEL 11-M / LAS DECLARACIONES ANTE LA COMISION
«Estuvieron un mes o dos con la 'operación Serpiente' y no se llegó a ninguna conclusión»

Exigen a Interior y a los tribunales que aclaren qué pasó con la cinta que Información grabó en 2001 - Denuncian que se está presionando a los agentes que escucharon la grabación y a sus familiares

FERNANDO LAZARO

MADRID.-
Asociaciones de la Guardia Civil exigieron ayer con contundencia investigaciones, tanto a nivel político como judicial, para esclarecer posibles actuaciones irregulares en torno a la cinta que grabó la Guardia Civil en 2001 de la que se deduce que Antonio Toro y Emilio Suárez Trashorras intentaban montar bombas para activarlas por móviles, como las utilizadas en el 11-M.

Así, la mayoritaria Asociación Unificada de la Guardia Civil pidió la suspensión cautelar de funciones para los oficiales de Asturias que presuntamente tuvieron conocimiento de la existencia de esta grabación y no le dieron el cauce adecuado.

La AUGC indica que «de confirmarse la existencia de una cinta que demuestra que el personal de Información de la comandancia de Gijón tenía conocimiento de la implicación de Antonio Toro y de Emilio Suárez Trashorras en la venta de explosivos desde 2001, se pondría de manifiesto que el general Laguna, y el teniente coronel Fernando Aldea, jefe de la comandancia de Asturias, mintieron ante la Comisión parlamentaria o, en el mejor de los casos, ocultaron información trascendente que, indudablemente, dadas sus responsabilidades en aquellos momentos, tenían necesariamente que conocer».

La AUGC reclama al Ministerio del Interior «la inmediata suspensión cautelar de sus funciones al general Laguna, al teniente coronel Fernando Aldea, y al capitán José Antonio Bermejo, que ocupan directa y superior posición jerárquica sobre los guardias de Cancienes». «Miembros de este puesto y algunos familiares se han puesto en contacto con esta asociación y nos han trasmitido su inquietud, nerviosismo y preocupación. Hay constancia ya de presiones sobre estos guardias. Presiones encaminadas a dificultar la investigación de los hechos publicados y, en concreto, la existencia de la cinta magnetofónica citada».

Por su parte, la Unión Profesional de Guardias Civiles (UPGC) también reclama un «profundo esclarecimiento por parte de Interior en lo concerniente a las posibles negligencias en que pudieran haber incurrido los máximos responsables de la Guardia Civil en Asturias».

«Negligencia»

Considera que, «cuanto menos», ha existido negligencia por parte de estos mandos «en el ejercicio de sus funciones». «El respeto y memoria de las víctimas exige la urgente adopción de cuantas medidas sean precisas para esclarecer los comportamientos de quienes velan por la seguridad de la sociedad».

«Con independencia de la investigación interna, desde la UPGC entendemos que los hechos publicados requieren la inmediata apertura de una investigación judicial pues, indiciariamente, pudieran haber incurrido en supuestos constitutivos de ilícitos penales, ya que tanto el entonces coronel y en la actualidad general Laguna, como el teniente coronel Aldea, jefe de la comandancia de Oviedo, presuntamente mintieron u omitieron información trascendente».

Desde los partidos políticos, el PP coincidió en que algunos mandos no contaron todo lo que sabían a la Comisión de Investigación, informa Agustín Yanel. El diputado popular Vicente Martínez-Pujalte reclamó que, con carácter urgente, la cinta, «de extraordinaria importancia», sea remitida a la Comisión. Por contra, el diputado socialista Victorino Mayoral, además de decir que hay quien intenta «interferir» en la Comisión, acusó al PP de estar «soltando muchos conejos por ahí para ver si la gente se despista y coge un camino equivocado, pero todos los datos demuestran lo que pasó en España».

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miércoles, 10 de noviembre de 2004



LOS AGUJEROS NEGROS DEL 11-M (VII)
Toro y Trashorras intentaban en 2001 'montar bombas con móviles' y la Guardia Civil lo sabía

El confidente 'Lavandero' reveló al agente Campillo que Trashorras le había preguntado si conocía a alguien que dominara esa técnica terrorista y que Toro le había mostrado «40 o 50 kilos de Goma 2», tras ofrecerle 400

Por FERNANDO MUGICA

Que las Fuerzas de Seguridad habían recibido avisos antes del 11-M de que Antonio Toro y Emilio Suárez Trashorras ofrecían grandes cantidades de dinamita es algo que ya ha quedado demostrado. Pero EL MUNDO revela hoy una información aún más inquietante: la Guardia Civil supo que Trashorras buscaba a alguien «que supiera montar bombas con teléfonos móviles».Así lo sostiene el confidente del Instituto Armado 'Lavandero', al que el propio el ex minero le había hecho la petición. Esta 'búsqueda' tuvo lugar en el verano de 2001, cuando todavía faltaban más de dos años para los atentados de Madrid. Un agente de Información de la Guardia Civil dejó constancia de todos los datos en una cinta que, por casualidad, llegó a manos de otro compañero del Cuerpo en el pequeño cuartel asturiano de Cancienes. La revelación arroja muchas dudas sobre las explicaciones ofrecidas por los mandos de la Guardia Civil ante la Comisión de Investigación del 11-M, donde no hicieron referencia alguna al asunto. Fue precisamente ese silencio el que ha llevado al agente que se hizo con la cinta a hacer pública su existencia.


CANCIENES (ASTURIAS).- Para los guardias civiles de a pie, sobre todo en Asturias, el pasado 15 de octubre era una fecha muy importante.Todos estaban pendientes de la televisión, aunque fueron muy pocos los que pudieron acercarse hasta un local en el que estuviera conectada la cadena CNN plus. Era la única que retransmitiría la sesión de la Comisión de Investigación del 11-M que se iba a celebrar en el Congreso.

Las palabras del general Pedro Laguna, de su sucesor interino, Fernando Aldea, y del jefe superior de Policía de Asturias, el comisario Juan Carretero, fueron cayendo como gotas de mercurio incandescente sobre las conciencias de muchos agentes.

Especialmente sobre la de uno de ellos, un hombre que guardaba un secreto en su corazón que desde el 11-M le pesaba como un fardo insoportable.

Laguna, Aldea y Carretero fueron desgranando sus disculpas por no haberse enterado de la trama de los explosivos que se había desarrollado en el territorio bajo su responsabilidad, despreciando todos los indicios que les habían ido llegando.

Los tres explicaron que José Ignacio Fernández, Nayo, un delincuente que había sido detenido junto a Antonio Toro en la llamada operación Pípol, había contado en abril de 2002 en dos ocasiones a las Fuerzas de Seguridad que Toro y el que más tarde sería su cuñado, Emilio Suárez Trashorras, estaban poniendo a la venta grandes cantidades de explosivos.

¡Patrañas!, comentaron los mandos ante la Comisión. Sólo se trataba, en su opinión, de las maquinaciones de la mente calenturienta de un hombre al que le movía la venganza por haber sido abandonado a su suerte por sus antiguos compinches. Nayo quería acogerse a beneficios de cara al juicio que le aguardaba y por salir de la cárcel era capaz de echar toda la porquería sobre los hombros de sus colegas. Nada serio. No era un testimonio fiable, y tras algunas averiguaciones se descartó su veracidad.

El comisario jefe fue más lejos y declaró ante la Comisión que aquellas manifestaciones de Nayo eran simplemente «cuentos chinos».El general Laguna, antes de su oportuno mareo, ya había declarado que mientras se vigiló a Toro y a Trashorras «no cometieron ningún acto delictivo ni se halló la dinamita». «Yo creo que esos explosivos no existían y que la delación fue para perjudicar a quien perjudicó a nuestro informante [Nayo]», añadió. Aldea insistió: «Nayo estaba en la cárcel porque Toro y Suárez se chivaron a la policía por una cosa de drogas».

LA DECISION MAS DIFICIL

Hablaron también de la operación Serpiente, en la que un confidente les había informado sobre actividades de Toro y Trashorras relacionadas con dinamita, pero de nuevo, y tras unas pesquisas de dos meses, habían llegado a la conclusión de que era una falsa alarma.

Todas esas palabras retumbaban en el interior de la cabeza de un simple guardia civil que no podía dar crédito a lo que estaba escuchando. Sus jefes, aquéllos que representaban la cúspide del estamento al que había dedicado su vida, estaban, en su opinión, mintiendo descaradamente y él tenía las pruebas de ello.

Acababa de tomar la decisión más difícil de su vida. Se acercó hasta un cajón de su cómoda y sacó una pequeña cinta magnetofónica que había guardado durante todo un año. La microcasete sólo tenía una anotación escrita a mano idéntica por las dos caras: «Campillo».

Durante mucho tiempo había tenido la tentación de destruirla.Sólo el instinto y un inevitable amor por la verdad le habían hecho conservarla. La apretó en su mano y se dirigió hacia el pequeño acuartelamiento de la Guardia Civil en Cancienes, donde él trabajaba, en el término municipal de Corvera de Asturias.Una vez en el cuartel, reunió a algunos de sus compañeros, sacó el pequeño magnetófono que después de unos meses le había devuelto una compañera que lo necesitaba para hacer el curso de la UCO -la Unidad Central Operativa- y con cierta solemnidad puso en marcha el aparato.

En los dos primeros minutos apenas sí se oían unas voces confusas.Alguien preguntaba a una señorita por un señor. Los guardias civiles que escuchaban la cinta se impacientaron. De pronto, la audición se hace mucho más nítida. Es cuando alguien se presenta a otra persona y dice: «Hola, buenos días. Soy Campillo, de Información».Y a partir de ahí la debacle.

Durante 21 minutos, un confidente de la Guardia Civil cuenta con pelos y señales a Jesús Campillo Veiga, un guardia civil de Información de la comandancia de Gijón, la implicación de Toño -Antonio Toro- y Emilio Suárez Trashorras, su socio, en la venta de explosivos a gran escala. El confidente, un hombre que tiene una serpiente tatuada en su brazo y que figura en los archivos de la Guardia Civil relacionados con la operación Serpiente con el nombre de Lavandero, explica que trabaja en un club nocturno donde se manejan serpientes para adornar el espectáculo de striptease de las bailarinas. El Horóscopo es un club de Gijón donde supuestamente pueden darse cita, además de los clientes normales, todo un elenco de gente relacionada con el hampa. Allí se pueden intercambiar informaciones sobre drogas, armas o cualquier otra actividad delictiva.

Según quienes la han oído, en la cinta se escucha cómo el confidente, un hombre que ha sido minero y que ha pertenecido durante cinco años a las fuerzas especiales, insiste en que Toro le ha pedido que le busque un comprador para 400 kilos de dinamita. El propio confidente, que al principio recela del ofrecimiento, tiene la ocasión de comprobar la veracidad del mismo cuando Toro le enseña en el maletero de un coche, en una calle de Gijón, 40 o 50 kilos de explosivo en perfecto estado. El ha sido minero y sabe distinguirlo.Se trata de dinamita marca Goma 2, como la que se utilizará en el 11-M.

LA POLICIA NO LE CREE

Más adelante, el confidente explica que ya ha ido con el soplo a la policía, pero que prácticamente se han reído de él y no le ha hecho ningún caso. En la cinta se relata cómo a Toro lo meten en prisión por un asunto de drogas y dinamita (sin duda la operación Pípol de febrero de 2001) y de cómo se presenta al confidente un socio de Toro, Emilio, para ofrecerle con urgencia una gran cantidad de dinamita. Comenta que ya ha conseguido colocar 200 kilos, pero que le urge la venta de otros 200 porque si no se le van a estropear y tendrá que tirarlos.

Los guardias civiles que escuchan la cinta en Cancienes no salen de su asombro. «Conforme estábamos escuchando se nos estaban quedando las caras pálidas. Con cada palabra estábamos cada vez más acojonados».

Pero lo más grave, el punto sin retorno de todo esto, el detalle que puede dar un giro espectacular a la investigación del 11-M, es que el confidente confiesa con toda claridad, (escucharlo pone los pelos de punta): «Emilio me preguntó si sabía de alguien que supiera montar bombas con teléfonos móviles».

Por diversos datos que se escuchan en la cinta, se puede deducir que la grabación está hecha en el verano de 2001, un período en el que Antonio Toro estaba en la cárcel. Toro permaneció en la prisión de Villabona desde julio hasta diciembre de 2001.

Es decir, que antes del 11-S, antes de que nadie hablara de invadir Irak, antes de que Aznar apoyara a Bush y, sobre todo, antes de que ellos conocieran a ninguno de los miembros del comando de Leganés, Toro y Trashorras ya vendían grandes cantidades de explosivos y buscaban a «alguien que supiese montar bombas con teléfonos móviles».

El revuelo en el cuartel de Cancienes es mayúsculo. Hay quien insinúa que la cinta debería ser destruida de inmediato. Pero ya es tarde. Llega un segundo turno de guardias y también escuchan la cinta. Ya la ha oído demasiada gente (al menos siete guardias) como para pararla. Al manejarla, alguien le ha dado involuntariamente en dos ocasiones y durante dos segundos a la tecla de grabar, por lo que se han perdido un par de detalles de la conversación.Para evitar que pueda seguir deteriorándose, los guardias deciden romper las dos pestañitas laterales. Con ese sistema ya no se podrá borrar el original de una forma accidental.

El que ha desvelado la cinta sabe que ya no tiene más que una forma de cubrirse, y es entregarla oficialmente a sus superiores por el conducto reglamentario.

Así lo hace a la mañana siguiente, el 16 de octubre. Todo el acuartelamiento está pendiente del revuelo que se va a montar.Hay una buena ración de morbo y muchos comentarios en torno a la cara que se le va a quedar al sargento cuando se entere del asunto. En efecto. A la mañana siguiente, el primero en escuchar la cinta es el sargento del puesto, Francisco Salvador Prieto.No puede dar crédito a lo que escucha. Su primera reacción, al margen del estupor, es dudar de que sea auténtica. No puede entender que haya permanecido oculta hasta ahora, ya que le comunican que fue encontrada por el agente que la ha llevado al cuartel hace al menos un año, es decir, antes de octubre de 2003.

APARECE LA CINTA

El relato del hallazgo parece inverosímil, pero es tan rocambolesco que nadie en su sano juicio inventaría una coartada semejante.

La cinta aparece en el cuartel de Cancienes durante un traslado de muebles. Se ha renovado parte del mobiliario de la comandancia de Gijón y, ya se sabe, las mesas más viejas van a parar a los puestos más olvidados. Fue así como un camión llevó hasta Canciones, entre otras pertenencias, una mesa de oficina, la que había ocupado el teniente de Información de Gijón. La mesa estaba teóricamente vacía, ya que se habían limpiado los cajones en el lugar de origen antes del traslado.

En ella habían trabajado el teniente Montero, que durante un tiempo simultaneó el puesto de teniente en las dos facetas de Policía Judicial e Información. La renovación de su mesa se produjo mientras su sustituto en Información, el teniente Jesús Gómez Suárez, se encontraba destinado como fuerza expedicionaria en Mozambique. En la actualidad, Jesús Gómez ha sido ascendido a capitán y se encuentra en expectativa de destino.

El traqueteo del transporte hizo que la cinta, que sin duda se encontraba camuflada en la mesa, se desprendiera antes de llegar al patio de Cancienes. Uno de los guardias civiles la encontró y no resistió la tentación de quedársela: «Somos muy cotillas», dice uno de los agentes, «no sé si lo da la profesión, pero no podemos resistir la tentación de husmear en esas cosas».

La cinta permaneció en casa del guardia civil que la encontró hasta que, como ya hemos dicho, el 15 de octubre decidió sacarla a la luz.

El sargento Francisco Salvador Prieto sabe que el asunto es muy grave. Acaba de escuchar algo que desbarata las explicaciones de sus jefes. Además de Nayo y del confidente de la UCO Rafá Zouhier, hay una tercera persona que antes ya había advertido a la Guardia Civil de la trama de los explosivos, con el agravante de que en esta ocasión el interlocutor de Emilio les ha puesto en alerta sobre dos conceptos claves en el 11-M: bombas y teléfonos móviles.

Se suma a la reunión -donde está el sargento con la cinta y el resto de los guardias- el capitán José Antonio Bermejo Rodríguez, responsable del acuartelamiento. Llega acompañado por el entonces teniente de Información de Gijón Jesús Gómez Suárez.

Ordenan salir a todos los guardias menos al que la ha encontrado y de nuevo ponen la cinta desde el principio para escucharla.El capitán manda detenerla cuando se da cuenta del contenido y escucha la palabra Toro. Dice que se niega a oír nada más, que no quiere saber nada del tema y se sale de la habitación para que quede claro que no ha escuchado el resto de la grabación.

Al principio, el teniente, que ya ha reconocido que la mesa es la suya, al ver la cinta dice que no le suena de nada y que no debe de ser de su departamento. Pero cuando comienza a escucharla confiesa abiertamente: «Sí, ese que habla es Campillo, uno de mis guardias de Información. La cinta debe de ser nuestra». Pero insiste en que él no ha sabido nunca nada de su contenido. La importancia del material la confiesa en la propia grabación el agente Campillo, cuando reconoce en ella que las revelaciones del confidente son de gran importancia y que hay que investigar todos los datos uno por uno.

El que ha desvelado la existencia de la cinta tiene preparados dos folios a modo de recibos en los que se especifica la fecha de la entrega de la cinta a sus superiores y el contenido de la misma con los nombres de los implicados, Toro y Trashorras, la venta de dinamita y la petición de ayuda para fabricar bombas activadas por teléfonos móviles. Se hacen fotografías de la cinta donde se ve claramente la palabra escrita a mano «Campillo» y se entrega oficialmente al sargento. Este firma un recibo y a su vez se la entrega al teniente, que firma el segundo recibo.El capitán no firma nada porque no quiere aparecer en el caso.

Lo que sólo algunos de los que han escuchado la cinta saben es que la noche anterior el agente que la ha desvelado se la llevó a su casa presa de un ataque de pánico. Alguien le advierte: «Si se enteran los especiales de que la tienes tú, te crucificarán y luego destruirán la cinta». Por eso, hace que alguien se la lleve para custodiarla. Entonces es cuando se hacen varias copias que se llevan varias personas, con lo que será ya prácticamente imposible destruirla. Tendrían que neutralizar a demasiada gente.

Pasan los días y no se produce ninguna reacción oficial. El capitán Bermejo se ha reunido con todos sus hombres para hacerles una advertencia seria. Se trata de un asunto de una trascendencia gravísima, algo muy delicado que no admite ninguna filtración.La amenaza es directa: el que filtre algo, que se atenga a las consecuencias.

NINGUNA FILTRACION

Los guardias civiles son militares y saben que están sometidos a un régimen militar muy estricto. Se multiplican los casos de penas en una prisión militar por causas que a un civil le pueden parecer infantiles. Por ejemplo, tres meses de calabozo por ausentarse a ver a la novia a Barcelona, saliendo de la demarcación en donde trabaja el agente sin dar el parte correspondiente.

En ese ambiente de opresión y temor, nadie quiere imaginarse lo que puede suceder si alguien filtra una sola coma de la cinta.Pero lo sabe ya demasiada gente, hay muchos que tienen una copia y que consideran un deber, por encima de cualquier otra consideración, el que se divulgue. Está en juego nada menos que la verdad sobre lo que sucedió el 11-M.

Pasan las semanas y nadie llama a declarar al hombre que dio a conocer la existencia de la cinta. Es la mejor demostración de que se ha optado por la ocultación del hecho. Y este es simple y evidente: la Guardia Civil conocía ya desde mediados de 2001 la existencia de una trama delincuencial formada por Antonio Toro y Emilio Suárez Trashorras en la que no sólo se vendían enormes cantidades de explosivos, sino que expresamente se intentaba obtener información sobre cómo activar bombas a través de teléfonos móviles.

Y todo ello sucedió en el territorio bajo responsabilidad del jefe de la Zona de Asturias, recién ascendido a general, Pedro Laguna; de los jefes de las comandancias de Gijón y Oviedo, Bolinaga y Aldea; y del comisario jefe de la Policía, Carretero. El Gobierno del PSOE ascendió a Laguna a general el 11 de junio, justo tres meses después de los atentados del 11-M. El comisario jefe ha sido confirmado en su puesto.

Los guardias civiles de Cancienes saben que están metidos en una vorágine de la que ya no pueden evadirse. Esperan con impaciencia la llamada de sus superiores y la del juez para ratificar y confirmar cada uno de los puntos que se describen en esta información.«La verdad no debe asustar a nadie. Y estamos dispuestos a ratificarla allí donde se nos exija. A la vista de lo que ahora sabemos, estamos convencidos de que la masacre pudo ser evitada. Que cada uno asuma, al menos, sus responsabilidades».

La fecha de la grabación, en el verano de 2001, y el conocimiento del contenido de la misma por los mandos de la Guardia Civil años antes del 11-M abren nuevas incógnitas cada vez más escalofriantes sobre los atentados. Quedan muchos agujeros negros, pero cada vez serán más difíciles de tapar.



Ver también http://e-pesimo.blogspot.com/2004/11/11-m-la-cinta-de-cancienes-la-trama.html

EDITORIAL
UN ATENTADO 'LLAVE EN MANO' QUE ALGUIEN PREPARO DURANTE TRES AÑOS

Este periódico revela hoy la existencia de una cinta que puede suponer la apertura de una nueva dimensión en la investigación del 11-M, pues arroja una luz desconocida sobre los atentados.Lo esencial de esta séptima entrega de la serie sobre Los Agujeros Negros es que en el verano de 2001 -es decir, antes del 11-S, antes de que Irak estuviera en ninguna agenda política, antes de que Aznar se hubiera identificado con la política exterior de Bush, antes de que Toro entrara en contacto con Zouhier en la cárcel, antes de que ninguno de ellos conociese a miembros del comando de Leganés y cuando Lamari estaba todavía entre rejas- Toro y Trashorras no sólo estaban implicados en la venta de grandes cantidades de dinamita, sino que además estaban buscando «a alguien que supiese montar bombas con teléfonos móviles».

Esta frase estremecedora salió de la boca de un confidente conocido como Lavandero y fue transmitida a la persona que la escuchó y grabó, un agente de Información de la comandancia de Gijón llamado Jesús Campillo. Siguiendo la cronología de su relato, la primera pregunta que habría que hacerse es quién adquirió los 200 kilos de dinamita que según Lavandero los asturianos lograron colocar en unos días. Pero más importante aún es averiguar por encargo de quién buscaban a alguien que supiera montar bombas con móviles porque ello posiblemente permitiría esclarecer quién ha sido el cerebro del 11-M.

Una cosa parece clara: los asturianos no fueron sólo suministradores de explosivos al servicio de una trama montada por otro, sino también piezas clave de una especie de atentado llave en mano que alguien preparó durante al menos tres años. Esta sospecha hace todavía más difícil de entender la decisión del juez Del Olmo de excarcelar a Toro, que era el jefe de la banda asturiana.Pero sobre todo quienes deben dar una explicación urgente son los mandos de la Guardia Civil. ¿Cómo es posible que no desbarataran la célula de Avilés cuando fueron alertados hasta tres veces de lo que tramaban Toro y Trashorras. Lavandero avisó en 2001 de que vendían Goma 2 y buscaban expertos en teléfonos bomba.El abogado Tejeda avisó en 2002 de que, según Nayo, estos mismos individuos tenían oculto un cargamento de explosivos para ETA.Y Zouhier avisó en 2003 a la UCO -y ésta a la comandancia de Asturias- de sus trapicheos con dinamita y de su sospechosa amistad con unos moritos.

La acumulación de avisos e indicios de que Toro y Trashorras estaban implicados en una trama terrorista resta credibilidad a la hipótesis de que los mandos de la Guardia Civil no se enteraron de nada. En este sentido, es muy relevante que la cinta apareciera en la mesa del jefe de Campillo, quien a su vez debió informar de su existencia a sus superiores. Un indicio de que lo hizo es que, ante la Comisión del 11-M, el entonces jefe de la comandancia de Asturias, Pedro Laguna, y el jefe de la policía asturiana, Juan Carretero, aludieron a la operación Serpiente, así bautizada por un tatuaje de Lavandero. Claro que lo hicieron de forma ambigua, más como un control de daños que para informar de ella a la Comisión.Lo que no sabemos todavía es si han puesto en conocimiento del juez la grabación descubierta en Cancienes.

En todo caso, los datos apuntan a que determinados mandos policiales incurrieron o en una negligencia culposa -que merece medidas disciplinarias drásticas- o en algo mucho peor. Para llegar al fondo de este asunto es imprescindible una nueva ronda de citaciones ante la Comisión. Deben comparecer desde Lavandero hasta Laguna, pasando por todos los agentes que estuvieron implicados o tuvieron algún conocimiento de la operación Serpiente.

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